Acabamos de visitar la bodega de mayor capacidad del alto valle.
Como todas las de la zona, esta bodega se inició con cubas de madera, de
mucha capacidad, elemento no muy favorable en Río Negro para la buena
fermentación. Actualmente ha construído y sigue construyendo pilones de
mampostería de dimensiones, tipo y paredes comunes. Quedan, sin embargo,
algunas cubas de madera del país, lo que prueba que hay maderas
argentinas, de clima frío, aptas para suplir ventajosamente a las
antiguas cubas de álamo, siempre que se atienda con esmero la
construcción. Estas cubas pueden contener 80 hectólitros y dan un
resultado excelente, según nos manifiesta el administrador. La madera de
que están construídas es raulí patagónico. Sus duelas ofrecen algunas
vetas muy porosas. Esta condición hace sospechar que la madera no sería
muy eficaz para la construcción de cascos comunes. Ignoramos si se ha
ensayado en esta clase de vasijas.
La maquinaria de este establecimiento vinícola es absolutamente moderna.
Llama, sin embargo, la atención, de que no se disponga de un alambique
que le permita agotar sus orujos, perdiendo, en consecuencia, un
porcentaje elevado de vino y por ende, de alcohol y cremor tártaro. No
obstante, se ha iniciado la elaboración de algunos tipos de imitación
licorosos, que requerirán mejoramientos.
Gustamos en la bodega algunos vinos de tipo corriente, gruesos. Se ha
iniciado la elaboración de un clarete y otros más delicados y armónicos
que no admiten “bautismos” ni desdoblamientos en el mostrador...
Un vino blanco, nos sabe a bueno. También nos agrada un pinot de tres
años. Probamos, asimismo, un tipo licoroso, discreto.
Nos inicia en esta recuesta--pase el arcaismo--el viejo bodeguero,
marchito por los años, pero alegre y parlador, como conviene a un amigo
de Baco--en el amable decir.
Se percata del juicio técnico con cierta inquietud. Pero tiene fe en su
pericia. Más que con la boca nos pregunta con los ojos:
--¿Le agrada?
--Sí--respondemos.
--Este blanco--asegura el ingeniero A.--es de “folle blanche” y
semillón...
--Justo...--confirma el viejo.
Y a renglón seguido interroga:
--¿Usted es de Mendoza?... Yo he estado en Mendoza... ¡Ah, qué
tierra!... ¿Conoce la bodega de Escudero... de don Isidro?... Pues
allí...
El vinificador de ley, añoraba, con emoción sin duda, el hermoso país de
las vides. Allí aprendió a enderezar sus mostos y a hacer néctares
nobles con la ciencia que dá el duro bregar.
Recorremos la bodega. Nos llama la atención, en primer término, las
condiciones del techo, sistema cuyano, con cabriadas de pino tea,
tirantería de álamo, y cubierta de varillas de sauce embarrado, hecho
impermeable con una delgada capa exterior de argamasa. Lamentamos que
este techo no se asiente sobre paredes de adobe, en vez de mampostería,
que son más durables pero que no reunen, como las paredes “criollas”,
las condiciones exigidas por la temperatura.
Esta bodega elabora, actualmente, 5.000 bordelesas. Este año elevará su
producción a 7.000. Sus plantaciones abarcan 170 hectáreas, con 100 de
viñedos y el resto de frutales.
Dedicamos preferente atención a los cultivos. Nos entusiasma, en verdad,
el esmero con que se cuidan las viñas, la clasificación ordenada y la
disposición regular de sus liños de tres alambres. Sin duda, este
plantío es de los más florecientes y armoniosos de la zona. Los postes y
varillas de sostén son de cemento armado con alma de hierro. Los
cabeceros cuestan 1 peso m|n. y tienen 2.50 metros de alto (1 metro va
bajo tierra); y las varillas son de 70 centímetros. Esta clase de
material se ha comenzado a usar en Mendoza con buenos resultados. Es
más económico y tan seguro como el de madera. Tratándose de terrenos
lavados, sin salitre ya, es seguro que esta clase de puntales se difunda
en la región. Las principales variedades que comprende este viñedo son
malbec, semillón, pinot y cabernet. Hay también un poco de criolla, que
según el administrador de la finca--contrariamente a la opinión
vulgarizada en la zona--da un vino de primera. Es original, sin duda,
este resultado, pues la uva criolla de vino, sazona demasiado tarde y no
sería difícil que en esta parte del valle tuviera un formidable enemigo
en las heladas de otoño con su anticipo cruel. Ya lo dijo el adagio
español: “vendimia enjuto, cogerás vino puro”, aconsejando la cosecha de
las vides antes de las lluvias y heladas otoñales.
El cultivo de las viñas en este establecimiento, se practica por
administración. Sin embargo, parece resuelto que se pondrá en práctica
en adelante el procedimiento usado en Mendoza y San Juan, es decir, por
intermedio de contratistas al porcentaje de la producción.
La huerta de frutales comprende diversas variedades de durazneros,
manzanos, perales y ciruelos. Existe el propósito de secar la producción
de duraznos, para lo cual se ha adquirido un secador moderno. El resto
de la fruta será destinado a exportación o conservación, según convenga.
Como este año se ha perdido totalmente la fruta de esta zona del valle,
debido a las heladas de primavera, el problema de su industrialización
queda postergado para la nueva cosecha.