El valle del Río Negro

Con la conquista del desierto y la llegada de las armas de la Nación a

los grandes ríos patagónicos, se inician en el valle del Alto Negro las

primeras labores agrícolas. Venía el ejército jalonando de pueblos la

pampa. Por el norte se echaban las bases de Victorica, con Racedo, de

jefe, y los soldados de la caballería por población. Era menester

afianzar los dominios del sur, con una nota civilizadora y pacífica que

clausurara dignamente el epílogo de Choele-Choel. Fué así, que a renglón

seguido de la jornada militar, vienen al valle los primeros

agricultores, militares también.

Iniciada la colonización que fué, conviene decirlo, ensayo cultural y

premio a la fatigosa labor de las tropas, se tira el primer canal de

regadío, hecho a ojo de buen cubero, sin bases planimétricas ni

fundamentos de nivelación. Pero, aún estos estudios preliminares, que no

admitiría hoy, en nuestro progreso, la más insignificante obra

hidrológica, llenó el canal las necesidades para que había sido trazado,

sirviendo, veinticinco años después, de base al sistema de riego que

beneficia, bajo el carácter de cooperativismo, las tierras de Allen y

General Roca. El viejo canal, cavado por presos y “milicos”, arrancaba

seis kilómetros arriba del puente del F. C. S. sobre el Neuquen (margen

izquierda) y venía a morir en el pueblo viejo de General Roca, después

de un recorrido de más de 50 kilómetros.

Por largos años, el canal del ejército, acequiado previsoramente, cubrió

las exigencias de aquella agricultura cuasi aborígen, tan abandonada por

el calor oficial. Pero debían por fin el desarrollo de la región y la

conquista del riel, orientado desde Bahía Blanca a las Cordilleras,

sacudir la molicie de los poderes públicos y abrir un nuevo horizonte

para estas tierras feraces. Por decreto de 27 de septiembre de 1907, el

Poder Ejecutivo de la Nación reglamenta la concesión de chacras en la

Colonia General Roca, iniciando con ello el verdadero ciclo cultural de

la zona.

Se afianza esta disposición gubernativa en la conveniencia pública de

establecer condiciones especiales de población para esta colonia.

Considera, pensando con simpática tolerancia, que las sinuosidades del

terreno exigen erogaciones pesadas en las labores de nivelación, antes

de ser entregadas a la agricultura. Esta circunstancia y la

característica arborescente del suelo, constituyen factores negativos

que se oponen al arraigo de los colonos sin capital.

Observa el ejecutivo, que debido a estas circunstancias, han permanecido

baldías muchas tierras de la colonia, a pesar del buen propósito de sus

propietarios de someterlas a la labor. En cambio, las chacras de los

colonos pudientes denuncian una sintomática prosperidad. Conviene

entonces, a juicio del decreto, limpiar y perfeccionar el viejo canal de

riego, aumentando su caudal y prolongándolo de manera que pueda permitir

el riego de numerosas chacras que no gozaban de sus beneficios. Estas

obras, según el gobierno, debían ser ejecutadas por los mismos

propietarios, ya que el Estado no estaba, momentáneamente, en aptitud

para su realización.

En el decreto, al propio tiempo que se encarrilaba la acción oficial

tendiente a incrementar la Colonia General Roca, tan injustamente

olvidada hasta entonces, se anticipaban los fundamentos de una

cooperativa de riego, dando calce a la sociedad que debía organizarse

incontinenti.

Con este aliciente, auspiciado por el compromiso gubernamental, se funda

una Cooperativa de Irrigación Limitada, en General Roca. Las primeras

acciones de la Cooperativa responden a un capital de 800.000 pesos que

importan la diferencia entre el precio fijado de 50 pesos por hectárea y

la reducción al mínimum de 2.50 pesos, de acuerdo con el artículo 5.º El

gobierno, por su parte, recién extiende títulos definitivos cuando los

colonos estuvieran en las condiciones establecidas por el decreto, es

decir con sus propiedades alambradas, desboscadas y niveladas,

abarcando los cultivos, por lo menos, una cuarta parte de la extensión

total de sus predios.

A partir de esta época se significa el florecimiento de la Cooperativa

como entidad económica. Su primer servicio reglamentado abarca una

extensión de 1.200 a 1.300 hectáreas. Esto ocurría durante los años 1910

y 11. Paulatinamente va bifurcando sus canales y distribuyendo por el

valle su red de acequias hasta llegar a completar un servicio aproximado

de 17.000 hectáreas, que es la superficie actual bajo su beneficio.

He aquí una ligera estadística de los cultivos comprendidos en la

extensión irrigada por la Cooperativa: Alfalfa, 11.000 hectáreas; viña

en producción, 1.600; viña nueva, 150; avena y cebada, 450; trigo, 500;

arvejas, 400; maíz, 300; frutales, 350; hortalizas, 700; cultivos

nuevos, 1.400. Total: 16.850 hectáreas.

La red completa de los canales y acequias de la Cooperativa, tiene una

extensión de 400 kilómetros. El canal matriz tiene 65 kilómetros de

longitud y se extiende a lo largo del valle, por la parte prominente,

desprendiendo diez canales secundarios, de los cuales dos van hacia el

norte y los demás al sur. Es de boca-toma provisoria. No tiene dique.

Esto no sería un inconveniente, si se conociera a ciencia cierta el

régimen de las aguas del río. Pero las investigaciones hidrológicas

relacionadas con el Neuquen, puede decirse que recién se inician con

método y objetividad.

Los 800.000 pesos iniciales que formaron la base de la institución,

fueron suma exigua para la expansión de la zona regable y el aumento

vertiginoso de los plantíos. Fué menester entonces, recurrir a un

empréstito bancario de 300.000 pesos, dinero que fué invertido en

importantes obras de ampliación y mejoramiento. Esta deuda sigue sin

tropiezos su amortización regular, según se desprende de los últimos

balances. Bastarían sólo estos detalles numéricos para demostrar el

acierto con que se desenvuelve la Cooperativa vigilando el interés de

los asociados y colonos y propendiendo a incrementar la zona con la

civilización del agua.

El canon de riego fijado por la Cooperativa, es de 8 pesos por hectárea

para los accionistas y 10 pesos para los no accionistas. Estos últimos,

tienen sometido a riego una extensión de 4.000 hectáreas,

aproximadamente.

En compañía del administrador, recorremos los canales, deteniéndonos en

algunos saltos y compartos donde la obra de mampostería revela cautelosa

previsión contra los arrebatos del caudal. En algún punto, donde el agua

se vuelca y cambia de nivel, la corriente ha socavado los bordes

amenazando continuar con su derrumbe. Viene allí, de inmediato, la

reparación disciplinando la corriente que lleva toda la impetuosidad de

un río.

Y, realmente, parece río esta arteria vital que se derrocha en las

huertas por la raigambre circulatoria de sus acequias. Pero un río

rumoroso y alegre, festoneado de verdura y ensombrecido por el fresco

alamedal cuyas paralelas se proyectan eternamente, bajo la serena

grandeza del cielo siempre claro y azul.

Nuestra Pampa; libro de lectura · 第 136 / 233 题