NIÑOS Y ESCUELAS

El proceso escolar que viene desenvolviéndose en la Pampa, no se puede

concebir sino sobre la base de la evolución agrícola. Es un problema

sociológico que sólo el tiempo podrá resolver. País de inmigración por

excelencia, mientras el consorcio de los pueblos sea en su seno una

amalgama y no una fusión, mientras el entrevero no haya fijado en

definitiva el tipo pampeano--que será sin duda, de tez morena y ojos

claros--mientras un régimen social no concierte los fundamentos básicos

de la colectividad y se codeen a la ventura, razas, lenguas y

religiones, no pasarán de ensayos precarios las tentativas de

armonización, de étnica fundamental. Pero como quiera que es mucho pedir

la sustanciación de este proceso, no abreviado en América ni con la

civilización vertiginosa de los Estados Unidos, tomemos la Pampa tal

como se presenta en su florescencia virginal, mientras se asientan en su

seno los pueblos inmigrantes, y los factores tiempo, ambiente,

convivencia y legislación se encargan de plasmar su arquetipo.

Lo que no admite discusión es que el proceso evolutivo se ha comenzado

ya, a raíz de los primeros cimientos. La generación pampeana de hoy, que

recibe los beneficios de la enseñanza pública, es decir, el primer

germen de la vitalidad autóctona del territorio, se significa en un

sello propio de inteligencia y sagacidad. La explicación de esta premisa

está en el dominio de la psicología elemental. Todo pueblo migrador es

inteligente. Los pueblos estacionarios, incapaces de difundirse por el

orbe, son por lo común, retrógrados. Sólo el indolente o el chato, se

muere de viejo en su fanegada del valle, sin alzar la cabeza por sobre

la montaña para mirar el horizonte azul donde se extiende el porvenir.

Un hombre pobre, ruso o español, italiano o inglés, que cruza con su

familia el mar, en viaje a lo desconocido, buscando un horizonte para

labrar fortuna, es una fuerza, es un carácter. Y de esta clase de

hombres está poblada la Pampa, esa gran Pampa, que consagra hoy el

vaticinio augural de ser “nuestro más pingüe patrimonio". Y si esta es

la simiente esparcida por todo el haz del territorio ¿cuáles serán los

frutos que cosechará el porvenir? Ya se diseñan; ya los encontramos por

los campos en las faenas rurales, en la brega ardorosa; ya los sentimos

en el trajín de los negocios y en el dominio esforzado de la tierra sin

mancilla; ya los vemos--bravos mocetones--en los predios civilizados de

la colonia y en la cabaña--técnicos y no rutinarios, agricultores y no

labriegos.--Pero donde el espectáculo de esta naciente uniformidad se

presenta augural y tonificante por el sello inconfundible de su

argentinismo promisorio, es en las aulas de la escuela nacional.

Aquellos niños rubios o morenos, de ojos azules o castaños, hijos de

españoles o italianos, alemanes o rusos, católicos, protestantes o

judíos, pampeanos todos, se unifican al pasar por el crisol de la

escuela. ¡Y qué almácigo! La semilla, fecundizada por el trabajo,

eclosiona en la brava progenie en cuyas manos y en cuya inteligencia la

constitución nacional confiará el porvenir de una de las primeras

provincias argentinas.

La colonización de la Pampa se ha venido produciendo en forma análoga

aunque superior a la de Estados Unidos. Aquí está el “Far West”

argentino en vías de moldear sus improvisaciones y manifestarse en la

mayoridad otorgada por las fuerzas vivas que se desenvuelven en su seno.

Ha alcanzado una etapa en su desarrollo; y si hasta ayer libró sus

energías a la ruda labor de la tierra, comienza hoy a sentir

preocupaciones de carácter institucional y político, síntoma elocuente

de que acaba de terminar el proceso vegetativo de su organización, y

siente, como el árbol, la necesidad de florecer y fructificar. Su

población no es ya el componente del híbrido, segregado de todas las

latitudes, incapaz de la convivencia redentora por la acción del

trabajo. El sedimento que nos trajo Europa en su marejada, a semejanza

del desborde de los grandes ríos, ha dejado su barro fertilizante en las

campiñas, y es azul en los linos, oro en las mieses y verdura en los

alfalfares. Y ninguna población más valerosa que este pueblo colonizador

que acaba de asegurar su estacionamiento definitivo en el territorio. El

agricultor pampeano no tiene reatos para sus cultivos. Se extiende con

energía y con abundancia, en la seguridad que ha de conseguir su

independencia económica. Si persevera y salva su situación, se

enriquece; si fracasa no se siente vencido ni se acobarda. El horizonte

se abre como una providencia a su brazo y a su iniciativa. Y como la

ayuda oficial fué siempre relativa--precaria a veces--hay un orgullo

ingénito, trabajo personal, a la obra privada de cada colono. Y como el

territorio es tan grande, tan generoso, tan pródigo en tierras de

panllevar, si la suerte es avara en un sitio, se recurre a otro. Basta

esta ligera semblanza para orientar el juicio sobre el temperamento de

la masa escolar, retoño de buscavidas y base de una raza armoniosa, que

ha de manifestarse en el porvenir con estas cualidades máximas: valor,

inteligencia, sagacidad.

En nuestro viaje de estudio a través del territorio, hemos visitado

numerosas escuelas, comprobando la existencia de estos elementos básicos

que definen los prodromos de un pueblo homogéneo, a pesar de la

diversidad de sus componentes. En todas partes hemos encontrado niños

decididos, inteligentes, cuidadosos; audaces y no gazmoños; activos y no

escurridizos ni negligentes. Y este patrón del mundo infantil es

universal en el territorio. Lo hemos comprobado en la observación y el

ejemplo. Un distinguido hombre público que visita una escuela infantil,

elije al azar, entre los educandos de una clase inferior, un niño.

--Escriba en el pizarrón esta frase--le dice.

Y le dicta:

“La Pampa, por la bondad de su clima y la feracidad de su suelo, está

llamada a ser una de las primeras provincias argentinas.”

El niño, sin vacilar, escribe de corrido. Al llegar a la palabra

“feracidad”, se detiene. Recuerda de un tirón la frase, pero no ha

colegido bien la vocalización de esta palabra. Es listo, pero teme el

error, por propia emulación de sus camaradas, por orgullo instintivo.

El mentor, que penetra la lucha interna del rapazuelo, se apresura a

repetir la frase, puntualizando los sonidos de la palabra “feracidad”,

desconocida para el alumno. Y basta el detalle para salvar el obstáculo

hasta el final, sin un error.

--¿Y por qué será la Pampa una de las primeras provincias

argentinas?--interroga a la clase el improvisado preceptor.

--Porque la Pampa tiene que ser provincia--responde sin discrepancia el

concurso infantil.

Entrar en detalles sería inoficioso. Saben los niños que “ser provincia”

es más que “ser territorio”; y ellos, que son argentinos, como los demás

hijos de la nación, no pueden admitir que aquel “gran territorio” no

pueda “ser provincia". Es una lógica de hierro.

Ejemplos parecidos a este que dan medida del espíritu abierto de la masa

infantil, hemos podido observar en toda ocasión y en todo lugar. El

sentimiento suele tener a flor de labio la expresión despectiva de “la

Pampa siempre es la Pampa"--por desconocimiento craso de este territorio

y de la levadura que se amasa en su seno--debía sentir la arrogante

respuesta franca y honda, de sus niños, cuando se les interroga sobre el

lugar de su nacimiento: “¡soy pampeano, señor!"--con todo el orgullo de

un hijo de la república de los Gracos: “ciudadano de Roma"...

Y nada de extraño tiene esta característica, que semblantea las aristas

firmes de este pueblo. Los niños de la Pampa no sólo son localistas por

atavismo, por ambiente y hasta por necesidad, si se quiere, si no

también por instrucción. La escuela normal de Santa Rosa que constituye

el organismo educacional más completo del territorio, da su cosecha

anual de maestros, pampeanos todos, y que se diseminan por la Pampa a

cumplir su apostolado. Nada más lógico que este granero magisterial,

lleve su amorosa semilla a todos los ámbitos del terruño e inicie a sus

niños en el afecto nativo, capaz de ser más grande cuanto más alejado se

ve al territorio del concierto fraternal dentro de los destinos de la

nación.

La escuela normal se fundó en 1909, el 28 de junio, con carácter de

escuela rural, con dos cursos. En 1914, bajo la administración del

consejo nacional, se completó con cuatro cursos. Este establecimiento ha

dado maestros rurales en 1910, 11, 12 y 13. El año 1914, que

correspondió a la reforma, no diplomó. En 1915 y 1916 dió los primeros

maestros normales. De entonces a la fecha, han egresado numerosos

maestros. El primer grupo fué de 5; el segundo de 10. El año

anterior--1917--se han recibido 18. A estos resultados hay que agregar

los maestros rurales del comienzo. El personal docente fundador de la

escuela, estuvo constituído por profesores normales para los cursos

superiores y maestros para los grados de aplicación.... Actualmente, en

el personal hay dos médicos, dos abogados, un doctor en filosofía y

letras, profesores normales, profesores de enseñanza secundaria y

algunos maestros normales. Del sexo de los maestros normales que se

forman en esta escuela, un 90 por ciento corresponde al femenino. En los

cursos de aplicación están equilibrados.

El colegio nacional, que está llamado a desempeñar un papel

importantísimo en el territorio como base de cultura profesional, ha

comenzado recién su primer curso. Su primer aula se ha llenado de

educandos. Este año se tonificará con nuevos elementos que han salvado

su instrucción preliminar. Debemos hacer notar que había un poco de

pesimismo a raíz de la fundación de este establecimiento. Este ambiente

de resistencia, se afirmaba en el precedente de otras localidades. En la

mayor parte de las capitales de provincia, al inaugurarse sus colegios

nacionales, rara vez se pudo ordenar de inmediato el funcionamiento de

su primer curso, dado la escasez de educandos. El colegio nacional de

Santa Rosa resultó una revelación en tal sentido, pues su registro de

matrículas cubrió con creces el número requerido para comenzar las

clases con regularidad.

En el territorio de la Pampa hay más de 100 escuelas de carácter y

dependencia nacional. El personal de todas, sin excepción, es diplomado.

Los maestros están equiparados a los de la capital federal, con sueldos

correspondientes a las categorías 1.ª, 2.ª y 3.ª: 240, 216 y 190 pesos,

respectivamente. Es decir que tienen haberes más remunerativos que los

de las escuelas Láinez. Una característica que hemos podido comprobar,

es que el personal docente de las escuelas es homogéneo. Hasta el seno

de la escuela no ha llegado aún la influencia política, lo que no puede

decirse de la mayor parte de las provincias. Los establecimientos de

educación tienen carácter idéntico a los de la provincia de Buenos

Aires, y es común encontrar escuelas con personal preparadísimo y en

donde la enseñanza sigue el camino progresivo de las mejores

iniciativas. No faltan los edificios de primer orden como el de la

escuela elemental de Santa Rosa, donde se han llenado cumplidamente las

necesidades de la pedagogía moderna; ni edificios primorosos como la

escuela de Santa Aurelia, en Pico; ni establecimientos donde al buen

local y mejor enseñanza, se une una otra segunda escuela de la palabra

escrita--el periódico infantil--como ocurre en la urbana de Jacinto

Arauz.

La acción privada, contribuye por otra parte, muy eficazmente a la

cultura del mundo infantil. Son numerosos los establecimientos

particulares distribuídos en los principales núcleos de población. Pero

como tipo-modelos, ahí están las escuelas salesianas con asiento en

diversas poblaciones y en donde una numerosa masa escolar recibe

instrucción sana y fecunda. La escuela salesiana de General Acha, que

hemos tenido oportunidad de visitar, es un establecimiento de primer

orden y nos hacemos un deber en aseverarlo, desposeídos de todo

prejuicio.

No hemos de entrar en mayores detalles sobre la instrucción pública en

el territorio. La organización completa del organismo escolar llenará

los claros paulatinamente. Lo importante, lo inmediato y que corresponde

al campo de la sociología, es saber que en la entraña de este gran

territorio, se está fundiendo una raza nueva que será, tal vez, la más

definida de todas en nuestras provincias. Y si por sus contornos

generales encontramos que el entrevero moldea y uniforma su étnica

especial, no hay razón para pensar que el pueblo que sabe organizarse

por sí mismo no esté capacitado para gobernarse por sí mismo dentro de

las mayores franquicias de la constitución.

Nuestra Pampa; libro de lectura · 第 121 / 233 题