LAS HUERTAS PROVIDENTES

El porvenir agrícola de Victorica tendrá un valiosísimo factor en la

viticultura, y en consecuencia la industria derivada del vino. Es

excepcional su tierra para esta clase de cultivos. El obstáculo, que

puede salvarse, tratándose de extensiones reducidas, es el régimen de

las lluvias. Las lluvias no obedecen a una regularización más o menos

aproximada. Pero esta condición meteorológica del clima, tiene su

compensación con el riego artificial y el molino. Puede asegurarse que

casi no hay quinta ni propiedad urbana que no tenga su parralito o su

espaldero. ¡Y qué productos! Un hortelano, cuya finquita es un pequeño

paraíso--el italiano Pascual M.--envió hace algunos años al general

Victorica, cuatro racimos, hijos de una moscatel rosada ya provecta.

Diez y seis kilos bien medidos pesaba esta lujuriosa cosecha.

Los viduños fundadores, primitivos como los de Noé, datan de veinticinco

años atrás. La crónica de entonces trae hasta nosotros la nómina de los

ensayadores. Después prosiguen otros. Popularizado el éxito, se difunden

los cultivos, se tecnifican las clases, se perfeccionan las

instalaciones y se organizan viveros con buen resultado. Esta

comprobación tienta a la empresa. Y por ahí queda en arreglos una

cooperativa que hubo de sentar tienda con capitales y prácticas

adquiridas en Mendoza.

De muy buen grado visitamos los viñadores de significación,

distribuyendo nuestra mañana entre las huertas principales.

M. tiene una hectárea que compró en 1897. Posee además, una chacra de 88

hectáreas, sobre la que no le ha caído en gracia, como a todos, el

título definitivo.

--¿Cómo inicié mi viñedito?--nos dice con modestia.--Pues, desde

Mercedes de San Luis hice venir un manojo de sarmientos. Eran diez

varillitas de moscatel blanca y negra. Llegaron en diligencia. Las

planté y rindieron. Las podas de esas plantas me sirvieron después para

extenderme. Ya ve usted. Y no está tan mal que digamos. ¿No le parece?

El año pasado me las dejó arruinadas la langosta. No me quejo este

año...

Y en verdad que están pampanosas y frescas las vides. No obstante, de

vez en cuando, la mirada investigativa descubre entre el follaje alguna

hoja donde la antragnosis ha puesto su carcoma color de tabaco. Pero es

sencilla la profilaxis para el parra enfermo y M. que es horticultor de

cepa, sabe utilizar los recursos del sulfato y la cal para prevenirse.

Están magníficos los perales y los almendreros. El duraznero no da los

resultados apetecidos en la comarca. Vive cuatro o cinco años. A los dos

produce fruta. Luego se achaparra y se muere. M. opina que es por la

flojedad de la tierra. Los almendros sí que rinden y se vuelven viejos.

De cuatro plantitas que tiene por vía de ensayo, ha recogido el año

anterior cuatro bolsas de 45 kilos cada una.

Estos datos sencillos y veraces, son una comprobación de la excelencia

agrológica del suelo para determinados cultivos. Nos despedimos de este

simpático trabajador.

--Esto que usted ve--nos dice M. al cruzar la huerta llena de sombra,

acompañándonos hasta nuestro coche--era un monte de caldenes cuando lo

adquirí. Ahora hay viñas y perales. Pero créame, señor, no se ayuda el

esfuerzo y a uno se le va, a veces, hasta el coraje de trabajar...

El viñedo de don Domingo L. es un parral elegante y cuidado. Parece un

vergel. Se explica que medie más un propósito deportivo en cultivar esta

plantación que en sacarle utilidad. L. es comerciante antiguo y goza de

buena posición pecuniaria.

También sus sarmientos vinieron como los de M., de Mercedes. Predomina

la uva moscatel aun cuando tiene un poco de francesa.

Este vecino, uno de los hombres más caracterizados y más antiguo de la

población, tiene fe en el porvenir que le está reservado a la

viticultura.

Otra de las quintas que merece mención especial es la de don Medardo B.,

vecina a la estación del ferrocarril y cuyo producto no sólo se

relaciona con la viña y los árboles frutales, sino con las hortalizas.

Es un cultivo este, donde su propietario ha puesto en práctica los

procedimientos aconsejados por la tecnificación agrícola; y es por ello

que la tierra remunera su labor con productos excepcionales.

Nuestra Pampa; libro de lectura · 第 103 / 233 题