Después de visitar diversos pueblos de la línea de Pico, hemos pasado a
Victorica. En la proximidad de Conhello comienzan los montes de caldén,
de vegetación uniforme. Está la comarca en plena explotación. La leña,
en parvas interminables, se alínea junto a los alambrados del
ferrocarril. En Luan Toro, el stock de consideración, aguarda tren
rodante para volcarse en la capital federal. Cruzamos las “hachadas” de
M. de P. y T. Las industrias agropecuarias poca vitalidad dan todavía a
la zona. Se está en la faena primitiva de descuajar el bosque para
entregar los campos a la roturación.
[Illustration]
El día es espléndido. Se visten de alegría el cielo azul, el monte y la
pradera. El cardo asnal levanta sus mitras constelando de pompones el
campo de tréboles y gramillas. El paisaje silvestre se tonaliza de vez
en cuando con el pequeño alfalfar, el desmonte, el labrantío. Muy de
tarde en tarde, asoma de entre el monte tupido, un ranchujo cimarrón
mezcla de toldo y de vivienda suburbana. El terreno se quiebra en
collados, pero sin brusquedad, con elegancia. En algunos potreros
advertimos la vacada de criollos, de tipos torvos y violentos, pero con
las primeras intentonas de mestización; algún rebaño pampa, a medio
seleccionar y algún hato caprino triscando alegre entre los árboles.
No es necesario descender del tren para dar juicio sobre la aptitud de
los campos. La cebadilla agreste difundida en copiosos matorrales, nos
habla con elocuencia de la fertilidad del suelo. Las lluvias de este año
han sido frecuentes y abundosas.
Los campos de Victorica, por sus condiciones agrológicas, son buenos
para cultivos de forrajeras. La tierra, arenosa y morena, es propicia a
la alfalfa.
Los primeros alfalfares los inició en la región y en 1898, don Máximo G.
Estos ensayos en su establecimiento Carro Quemado, fueron una
comprobación. Le siguieron en la prueba, don Alberto S. en La Isabel;
don Alfonso C.--el pujante francés--en sus campos de Telén; Von B., en
Poitahué, y Armando L., en La Morocha. Actualmente la superficie
alfalfada de Victorica puede calcularse en una extensión de 80.000
hectáreas.
Sin duda alguna, el más empeñoso cultivador ha sido don Máximo G., quien
por la excelencia de sus semillas, obtuvo premios de valía en el
concurso organizado por el ministerio de agricultura en 1909, y en los
de la Bolsa de Cereales de 1910 y 1913.
Para el cultivo de una hectárea de alfalfa en Victorica se calcula una
inversión de 30 pesos. Por las faenas de arar, sembrar y rastrear, se
paga 7 pesos. Se dan, generalmente, tres cortes anuales, destinando el
primero para semilla, cosa de que si fracasa se pueda asegurar el
segundo. La alfalfa se acondiciona en parvas y almiares. No se han
ensayado aún los silos en esta región, debido a que los resultados del
forraje, en estos tres últimos años--salvo el presente--han sido
precarios, por escasez de lluvias.
El maíz se cosecha con éxito en toda la comarca. Predomina el tipo de
maíz amarillo.
Este año se han iniciado los primeros tanteos en trigos, con pequeñas
extensiones de 100 y 200 hectáreas, en ruso y barletta. Y a fe que este
cereal y su poco de avena, han dado rendimientos alentadores. Son
italianos, españoles y criollos los labriegos que acaban de tentar esta
nueva orientación para los cultivos rudimentarios de la comarca. De este
ensayo arrancará la corriente colonizadora que ha de iniciar la
evolución agraria en Victorica.
--Quien está poniendo mucha atención en estos preliminares
agrícolas--nos dice el gerente del Banco de la Nación--es el señor
Enrique K., en su campo La Fe. El señor K. ha traído colonos del sur de
Buenos Aires. Su ubicación es reducida pero ha resultado eficaz. Son
tres familias, solamente, las fundadoras de la chacra, con un cultivo de
300 hectáreas. El trigo y la avena prometen dar óptimo rendimiento. Con
tan buenos auspicios, el propietario del campo aumentará sus colonos el
año entrante. El campo La Fe está situado a seis leguas del ferrocarril.
El señor K. no cobra arrendamiento por el campo destinado a agricultura.
Lo hace, simplemente, a título de ensayo.
La industria ganadera tiene viejo arraigo en la zona. En materia de
ganado vacuno, la tecnificación comienza hace quince años, con los
primeros tipos importados en toros y vaquillonas. Actualmente predomina
el tipo Durham. Se calcula en más de 250.000 el número de cabezas en el
departamento. Estas haciendas se destinan a los mercados del litoral y a
frigoríficos. Como un dato significativo sobre el mercado de haciendas,
diremos que en los remate-ferias de Telén y Victorica hay ventas
mensuales, sobre totales de 1.000 cabezas como término medio, exclusión
hecha del ganado lanar. En ovino, se ha reformado mucho también, con
cruzas de Lincoln y Rambouillet. Las majadas aborígenes, salvo uno que
otro plantelito de propiedad de criadores retrógrados, están en Santa
Isabel y Colonia Mitre para afuera. Son limpias, en general, las lanas
de la zona. Hay un poco de roseta, sin embargo. No hay abrojo grande. No
hay garrapata. No hay lombriz. La sarna es benigna, y para ello tienen
los establecimientos sus comodidades zootécnicas. La cosecha de lana
este año está calculada en 2.000.000 de kilos. Los últimos precios
alcanzados hasta ahora--escribimos este capítulo a principios de
noviembre--han oscilado entre 20 y 25 pesos.
Creemos que bastan estos apuntes como semblanza general del
departamento. La tierra es generosa y feraz, apta como la mejor del
territorio para las industrias rurales. ¡Lástima que no esté lo
suficientemente subdividida! Pero las necesidades agrícolas han de
formalizar con el tiempo la evolución, tonificando el progreso de la
zona.
El comercio regional es nutrido y honesto. Las casas de Victorica tienen
un extendido radio de acción en el noroeste, llevando sus mercaderías
hasta las colonias Mitre y Epumel y gran parte de la sección 13. Hay
establecimientos comerciales que merced a su empeñosa labor, y sin ser
excesivos en los precios, han doblado su capital en un año. Unase a esto
el dato de que el Banco de la Nación sostiene un movimiento no inferior
a 15.000.000 de pesos, según informes oficiosos que recogemos, y se
tendrá una noción aproximada de la validez comercial de este centro.
La evolución de Victorica es hacia la agricultura. Ya se diseñan los
primeros albores. Departamento criollo--el más criollo de la Pampa--y
ganadero, en consecuencia va ganando el oeste, mientras la agricultura
de importación, se apodera de los gramillales y fracciona en chacras la
heredad. La línea de Toay a Victorica, cuando vaya, revolucionará los
predios y constelará de colonias el camino.