Fué la comarca de Trenel dominio de ranqueles, antes de la conquista
civilizadora. Hasta allí extendió su imperio el pueblo aborigen, cuyo
foco central irradiaba desde las selvas tupidas del noroeste. Trenel es
una prolongación de la planicie inquebrada de Buenos Aires. Sin ríos,
sin lagunas, sin arroyos, campos de gramillal, salpicados de trecho en
trecho por caldenares precarios, no fué, en suma, la silvestre heredad,
solar de tribus arraigadas. Sus indios, fieros y audaces, como que
tenían en sus venas sangre de Caupolicán, los cruzaron mil veces en
depredadoras caravanas.
“sobre el potro rozagante
cuyas crines altaneras
flotan al viento ligeras”,
según el clásico poema, y burlando el acecho de nuestra caballería. Sin
quiebras, sin refugios, sin el recurso montaraz del bosque inextricable,
fué, en realidad, un desierto la comarca. Por fin las armas de la
nación, escalonando sus felices jornadas, desde el foso de Alsina y los
fortines de Córdoba, Mendoza y San Luis, hasta Choele-Choel y el Limay,
quiebran para siempre la autóctona soberanía. Y el misterio cae bajo la
fuerza avasalladora de la civilización. Con las últimas dianas, se
plantan los primeros pueblos. Se allana el tránsito, barrida con pólvora
la tenebrosa heredad: carga el Estado con el rico patrimonio que ha de
subdividir y cultivar; se roturan los predios; se domina el monte
legendario; despuntan las primeras colonias; se atreven el comercio y la
industria a buscar horizontes en el nuevo país. Y mientras los pueblos
migradores, vitalizan con fuerzas promisoras la tierra conquistada,
tímidamente se orientan hacia la Pampa las paralelas del tren...
Capitales anglo-criollos ponen sobre los campos brutos de Trenel su
primer nota cultural. Es un ensayo indeciso aquella tentativa de
civilidad, no obstante el clásico empuje, valiente y engreído, del
capital inglés.
Tiene más de especulativo que de progresista el trance que corre la
South American Land Company Limited, con directorio en Londres, a base
de la ganadería elemental. Nada de selección, nada de praderías
artificiales, ni procedimientos zootécnicos que no fueran los
rudimentarios. Sobre los gramillales veleidosos de 90.000 hectáreas,
12.000 bovinos, 30.000 ovejas y algunos yeguarizos, constituyeron la
gran estancia con todo el sello de un criollismo indolente y primario,
sin aspiración a perfeccionamiento ni propósitos de colonización. En
tales circunstancias, pasa el gran fundo a manos de don Antonio D.
Consta esta propiedad de 327.500 hectáreas, o sea 131 leguas cuadradas
en un solo block. Está ubicada, casi en su totalidad, en la sección
Primera de la Pampa y vecina al Meridiano 5.º, límite entre el
territorio y la provincia de Buenos Aires.
A renglón seguido de la adquisición, que se verifica en enero de 1905,
el propietario, anheloso de dar a aquellas tierras un impulso
definitivo, tira las bases de la sociedad anónima Estancia y Colonias
Trenel, sólido organismo que debía imprimir de inmediato la
transformación cultural de la comarca. Y se inicia la transición con las
primeras colonias. Los campos pastoriles, silvestres y feraces, se
entregan a Céres sin reatos. El ferrocarril, que apenas ha iniciado la
travesía a la capital del territorio, marchando con cautela, se resuelve
por el norte, atraído por la valiente tentativa de su propietario. Y
comienza la tierra generosa a manifestarse en óptimas cosechas; y surge
como una bendición el semillero de pueblos: Trenel, Monte Nievas,
Metileo, Arata, Caleufú, Embajador Martini e Ingeniero Luiggi. He ahí,
en síntesis, la evolución de aquella extendida comarca, desde el capital
egoísta y retardatario de la South American Land Company Limited hasta
la iniciativa franca de la empresa colonizadora que llevaba la
civilización.
Veamos cómo se ha producido el proceso agrícola de los campos de
Trenel, a partir de 1905. En este año se inicia la colonización,
entregando a cultivos 80.000 hectáreas. Quedan, en consecuencia, 247.500
hectáreas de campo bruto. En 1906, el área cultivada con cereales,
alcanza una superficie de 117.500 hectáreas. En los años de 1907 y 8,
llega la labor agrícola a significarse con 137.500 hectáreas. En 1909
las sementeras ocupan más de la mitad de los campos. Se reparten así las
cifras: 160.000 hectáreas de pradera silvestre y 167.000 de chacras
perfectamente cultivadas. En los años de 1910 a 12 se insinúa la
ganadería, y la agricultura toma un impulso considerable. A 230.000
alcanza el número de hectáreas cultivadas, mientras el campo virgen se
ha reducido a 95.000 hectáreas. El año 13 asciende la agricultura a
260.000 hectáreas; el 14, a 290.000. En 1915, la colonización agraria ha
dominado por completo con sus 335.000 hectáreas bajo cultivos y 2.500
hectáreas dedicadas a la industria pecuaria. Con esta culminación se
clausura el primer ciclo de la Estancia y Colonias Trenel, iniciado y
cumplido en el breve espacio de tiempo de diez años, desde el predio
salvaje hasta la más ponderable colonización.
Obra realizada con método, con entusiasmo, con previsión, con
clarividencia, sobre todo, sus gestores han sabido utilizar
juiciosamente todos los factores capaces de asegurar un éxito
definitivo. Aventurado hubiera sido romper de golpe con la rutina
comarqueña, imbuída en el prejuicio elemental de la vieja estancia. El
plan colonizador tenía que ser prudente y decisivo, cosa de utilizar de
consuno todos los factores convergentes, tratando de seleccionar y
arraigar al colono, perfeccionar los cultivos y atraer y distribuir
convenientemente las líneas del tren. Sin duda, una de las obras más
fundamentales que trajo consigo esta empresa, fué la distribución
apropiada del sistema ferrocarrilero, ramificado en sus dominios. La
línea del Oeste, que viene de Buenos Aires por Meridiano 5.º, cruza Pico
y se interna hacia Victorica y Telén, sirve los intereses de la colonia
en la comarca de Metileo y Monte Nievas. Desde Metileo arranca un ramal
en dirección al noroeste, ramal que se interna al corazón de estos
campos y cruza por las chacras y poblaciones de Trenel, Arata y Caleufú.
La línea del Pacífico que arranca de Huinca Renancó, para rematar en
Puerto Galván de Bahía Blanca, corre por el linde oriental de las
colonias, pasa por Speluzzi, sobre los mismos alambrados, por Berg y
Pico a cinco kilómetros y por Dorila a once. Por el norte, la ferrovía
que arranca de la capital federal por Bragado y Los Toldos, sirve toda
la extensa zona de Ingeniero Luiggi y Embajador Martini. Este es, en
concreto, el sistema ferroviario que sirve cumplidamente los cuantiosos
intereses de la sociedad. Trenel queda de Buenos Aires, por la línea del
ferrocarril del Oeste, a una distancia entre 545 y 607 kilómetros, y de
Bahía Blanca a 394 kilómetros. El flete por cereales, desde las colonias
a los puertos de embarque, oscila entre 7 y 8 pesos la tonelada, según
la estación en donde se cargue. Conviene hacer notar, como dato
ilustrativo, para demostrar la ventajosa ubicación de estas líneas, que
ningún punto de las colonias está a una distancia superior a 15
kilómetros de la estación inmediata. Complementan estas ventajas del
tráfico, excelentes caminos vecinales que facilitan el transporte de las
cosechas y ponen en comunicación a todos los pueblos y chacras de la
colonia.