Hemos llegado de noche a la estancia La Barrancosa. Nos recibe su
administrador, don Sotero R., con esa llaneza tan sin reatos y tan
amplia, propia de nuestros viejos hombres de campo. Y efectivamente, el
señor R., que acaba de ser elegido munícipe de Pico por el consenso de
dos fracciones en lucha, es un espécimen del criollo de antaño, abierto
y suspicaz, tipo inteligente del ganadero, que sin dejar las modalidades
sencillas del pasado--virtud tradicional de raza--adopta la reforma,
buscando en el tecnicismo de importación, todo lo que contribuya a
ennoblecer y acrecentar nuestras industrias rurales. Los yankees lo
ejemplarizarían como un “ranchman” modelo. Nuestro espíritu de
argentinidad, experimenta la sensación de un desahogo al lado de este
hombre.
Conjuntamente con uno de sus hijos, su yerno y el agrónomo, damos razón
de una buena comida, prevista por ese apetito campero trabajado por el
aire libre de la pampa. Es larga y afectiva la sobremesa. El señor
R.--lector asíduo de los diarios de Buenos Aires--sigue paso a paso el
proceso del país y los acontecimientos europeos, dedicando especial
atención a las referencias de la estadística. Está al cabo del
movimiento del mercado mundial en productos, precios y relación
financiera de los grandes países. Sigue con gran interés el giro de la
conflagración europea, anticipando deducciones tan propias y atinadas
que revelan una afinada sagacidad. Se habla de política, y como se ha
establecido una corriente de simpática camaradería, se habla... “a
calzón quitado”, según la expresión criolla. No siempre es suave la
premisa. Algún concepto fogoso lastima la epidermis. El juicio sobre
hombres y cosas, es ágil, sutil, a veces puntiagudo... Y como el señor
R. es militante, tiene que sacarse el lazo a menudo. Y lo hace con
bizarría, con entereza, con elegancia, buscando la expresión adecuada,
el concepto final lleno de filosófica sencillez.
Al día siguiente, temprano, después de saborear una docena de mates
amargos, echamos a andar por el campo en un “buggy”, vehículo de lo más
cómodo para campaña. Queríamos recorrer, en compañía de don Sotero, los
diversos cuadros del campo.
Consta este establecimiento de 5.000 hectáreas divididas en 38 potreros,
con 12 molinos y tanques australianos para 400.000 litros cada uno. Este
campo fué poblado hace seis años con destino a agricultura. Hace cuatro
y medio años que se aprovecha en ganadería. Está completamente
alfalfado. Tiene el agua a 5 metros de profundidad, como término medio y
carece en absoluto de tosca.
En la actualidad La Barrancosa posee 6.000 cabezas de ganado, habiendo
alcanzado a 10.000, raza Durham, producto de padres puros, por pedigree
y madres puras por cruza. Los toros progenitores son importados de
Inglaterra por intermedio de la casa Bullrich.
Por productos de este establecimiento se ha obtenido en el frigorífico
La Plata (Compañía Swift de La Plata), el más alto precio de la zona:
222.70$ por novillo. El máximum de peso alcanzado ha sido de 852 libras
de carne y en novillos de tres años. Un animal que da este peso, tendría
vivo, alrededor de 665 kilos.
Sobre el funcionamiento de la manga moderna y sus accesorios, nos da, en
pleno local, una explicación detallada el señor R. El sistema de
compuertas, corrales, apretadores y palancas, juega en forma sencilla,
bajo la acción de un ingenioso mecanismo. Esta manga es sistema
“Cremona”, patentado, pero los corrales han sido construídos de acuerdo
con indicaciones prácticas del señor R., simplificando el procedimiento
en los apartes y embretadas.
Visitamos los potreros. Es imposible superar la lozanía de estos
alfalfares, ni un tipo más uniforme y parejo en las vacadas. Los
abrevaderos están colocados en la intersección de los alambrados, de
manera de favorecer cuatro potreros a la vez, correspondiendo a cada uno
por sectores.
[Illustration]
Nos encanta, a las diez de la mañana, el concierto ganaderil, frente al
agua cristalina, formado por las haciendas de cuatro cuadros, que vienen
mansamente a la hora habitual. Desde lo alto del molino, presenciamos la
interesante romería que se va congregando poco a poco, y cuyos grupos
rezagados apenas se divisan entre el verde pastizal del horizonte.
La Barrancosa practica los silos aéreos, a manera de almiares, revocados
con una capa de tierra de 30 a 40 centímetros, sobre cuya capa se pone
otra de pasto como abrigo para atemperar la fuerza del sol. Opina el
señor R. que éste es el silo más práctico y económico que se pueda
realizar, facilitando la operación de corte y de reparto.
Actualmente hay en el establecimiento 10 silos, del año anterior. Con el
corte de alfalfa en una superficie de 1.000 hectáreas, se formarán en
seguida de 50 a 60 silos.
Tiene muy pocos médanos este campo. En general, han desaparecido con los
cultivos apropiados; y las pocas dunas que quedan en algunos potreros,
se utilizan como reparo para los novillos gordos, en las noches de
invierno, cuando el frío anticipa la nevazón. Se improvisan comederos en
los huecos de arena y los ganados no sienten tanto los efectos de las
noches crueles que suelen desmejorar la presentación de las reses.
Regresamos a medio día, a la estancia, complacidos de aquella gratísima
excursión que nos dió la pauta de las ponderables energías del señor R.,
puestas en acción para la cultura del predio y la selección de los
ganados.
Después del almuerzo, departimos amigablemente bajo el corredor, cuando
anuncian por teléfono de Pico, haber recibido un telegrama de Buenos
Aires, para La Barrancosa. Se levanta el señor R. para atender la
comunicación.
--¿Novedades?--le interrogamos al verle regresar con semblante jubiloso.
--Nada...--nos responde.--Me informan que en la exposición de ganado
gordo de la Sociedad Rural, en Palermo, se ha pagado 900 pesos por cada
ejemplar de La Barrancosa.
Era el martes 13 de noviembre.