El movimiento ferroviario del sur y del oeste de la Pampa, no se da
tregua en el arrastre de convoyes leñateros, rumbo a los puertos de
Bahía Blanca y Buenos Aires. Junto a los desvíos de cada estación,
enormes parvas de calden esperan turno para el transporte, consignadas a
las grandes empresas, fábricas y frigoríficos del litoral.
En Guatraché hemos visitado detenidamente la “hachada” más importante
del territorio, industria del señor don Fortunato A., uno de los hombres
jóvenes más progresistas y emprendedores del territorio. En compañía del
administrador del establecimiento, nos internamos en el corazón del
monte, siguiendo el sendero tortuoso, ahondado por el trajín incesante
de los carros cargadores. Toda la superficie circunvecina a la vieja
estancia, está desbrozada ya. Los hachadores, distribuídos en pequeñas
cuadrillas, van derribando el bosque, sin dejar rastros de la floresta
secular. Abatido el calden, se descuaja el recio tronco, se queman las
raíces y luego se ciega el hoyo, allanando la tierra que bien pronto ha
de confundir y emparejar el arado con su tajo atrevido. ¡Y qué pocos
meses de vida tiene este bosque! Setecientos hachadores fornidos han
iniciado la obra del desmonte. Y mientras las rajas van apilándose en
verdaderas montañas--hay 50.000 toneladas de leña lista ya para
embarque--el ferrocarril se apresura a terminar su línea industrial para
dar salida a la cuantiosa producción.
Un compromiso celebrado entre el señor A. y el ferrocarril del Sur ha
ocasionado esta vertiginosa explotación que reclama sin medida,
jornaleros y celeridad. El contrato, cuyos términos generales han
trascendido, de acuerdo con la importancia del negocio, atribuye a las
partes la obligación de entregar y recibir leña por 20.000.000 de pesos,
enorme suma que se hará efectiva en el transcurso de cinco años y
mediante la explotación de diversas matas. Esta transacción, la más
importante que se ha celebrado hasta ahora en el país, ha venido a dar a
este obraje el contorno de un verdadero emporio de riqueza. Respetamos,
porque así lo exige la reserva comercial, el precio estipulado por
tonelaje y otros detalles de la operación. Baste saber, como dato
ilustrativo, que el ferrocarril del Sur tendrá, para muy en breve, listo
su ramal que empalma con el Pacífico. Esta línea tiene una longitud de
14 kilómetros y combina entre Remecó y Guatraché. La reciente huelga
ferroviaria ha venido a dilatar la inauguración de esta línea. El señor
Fortunato A. se dispone a entregar, a partir del primero de año, 1.000
toneladas diarias, como base, tratando de exceder de 600.000 al año, si
es posible, cantidad única, hasta ahora, en esta clase de operaciones,
entregada al arrastre del ferrocarril. En la actualidad el monte de A.
industrializa diariamente más de 600 toneladas, siendo probable que la
producción se duplique con el acrecentamiento de hachadores que se
producirá a renglón seguido de las cosechas.
El peón en este obraje gana un jornal de 2.50 a 3.00 pesos, según la
calidad del monte, intensidad o rarefacción de ejemplares nobles. En
medio de la maraña, suelen aparecer limpiones de monte sucio que es
necesario extirpar también. En esta operación cabe el aumento de
salario.
En la proveduría, contigua a la estancia, hemos departido con algunos
peones, quienes nos informan sobre las condiciones de labor.
--El trabajo es rudo, señor--nos dice un joven español.--Menos mal,
cuando uno es del oficio y tiene callo formado en la labor... Que no
todos pueden rendir su tonelada diaria.
--No se puede--arguye un criollo--por que en descuajar, cerrar el pozo y
quemar los raigones, que es trabajo aventado, se echa un cuarto de día,
por lo menos.
--¿Y en qué condiciones trabajan ustedes?
--Nosotros nos organizamos en cuadrillas de a cinco--continúa el español
ladino.--Tenemos que comprar los elementos de trabajo, esos cuatro
fierros que ve usted: un martillo grande, dos cuñas y el hacha. Este
lote para cada trabajador; además de la sierra grande, el pasaportodo,
que corresponde al grupo y es la herramienta de más valor.
--¿Y cómo adquieren estos elementos?
--Los fía la casa. Un total de cerca de 70 pesos en conjunto. De manera
que uno al iniciarse, entra en deuda con el patrón. Y créame que los
artículos de consumo no dejan de ser un poco pesados...
--¿A cómo?
--La carne, a 55 centavos; la galleta, a 40; el azúcar, a 75... ¿No le
parece caro?
Tenemos siempre el espíritu bien dispuesto en favor del trabajador;
pero, en este caso, no encontramos razonable la protesta. 40 centavos se
paga por la galleta en Santa Rosa; y el azúcar, posiblemente, no se
consigue a menor precio en ningún pueblo de la Pampa. En la cooperativa
de los colonos de Rivera--la Jewish Colonization Association--que hemos
visitado, se cobra a los asociados 84 centavos por el kilo de azúcar, a
pesar del mutualismo que proclaman.
De primera intención, parecería esquilmadora la medida de cobrar medio
centavo por el litro de agua entre los hachadores, mayormente teniendo
en cuenta que el agua abunda en este campo, en donde los surgentes han
sido una revelación.... Pero hay que convenir que la distribución del
agua a las numerosas cuadrillas diseminadas en el monte, importa
establecer servicios auxiliares y carros aguateros cuya circulación
irroga gastos.
En Naicó, por ejemplo, como asimismo en diversos beneficios leñateros,
en la zona del sur, los obreros trabajan en condiciones inferiores.
Ganan de 2.00 pesos a 2.20 por tonelada, o 50 centavos por metro cúbico.
Se paga 80 centavos por metro, de acarreo, hasta tres leguas--un carro
carga de 15 hasta 22 metros.--Hay que tener en cuenta que en acarreos de
tres leguas de distancia, se puede realizar un viaje cada día por medio.
El campo Los Surgentes, donde están estos montes destinados a
desaparecer en breve, será uno de los mejores de la comarca, una vez
entregado a los cultivos. Nada de difícil prever que el ramal eventual,
construído a los fines de esta explotación pasajera, sea un desahogo
para la futura colonia o estire sus rieles hasta Bernasconi, civilizando
nuevas tierras. Por lo pronto, el gran porvenir de este campo, ganado al
monte, está asegurado ya con los surgentes de agua riquísima--uno de los
cuales da más de 150 litros por minuto--y que serán manantiales de vida
para las futuras poblaciones. En la actualidad son diez los surgentes de
una profundidad de 120 a 150 metros, distribuídos con inteligencia y
previsión en todo el campo. Estos pozos, rinden constantemente, de 60 a
150 litros por minuto y cuestan cada uno alrededor de 500 pesos. Sobre
esta base del agua, se ha de afianzar la labor futura del gran
establecimiento agropecuario que se iniciará con la caída de los últimos
caldenes y sobre una extensión de 15.000 hectáreas.
Se dirá que en esta guerra sin cuartel contra la naturaleza salvaje del
terreno, no volverán los árboles magníficos y llenos de sombra a
tonalizar el valle y empenachar los collados, pensando, con dolor, en la
expresión de Tehuriet de que el monte es la poesía y el perfume de la
tierra; pero sobre el salvaje orgullo, nadie negará que se ha puesto una
nota de poesía, civilizando la heredad con la colonia y con el tren...