En Macachín hemos visitado la colonia La Mercedes, poblada por familias
rusas. Se nota, desde luego, en este centro agrícola, una notoria
selección, manifestada en el sistema de cultivos, en el aprovechamiento
de la tierra, en el deseo bien noble, de poseer en propiedad los
elementos de labor y de tonalizar un poco la vida con el modesto halago
del hogar. Estas características que definen un núcleo de agricultores
sagaces, en armoniosa convivencia con el predio, tienen su explicación
en el medio administrativo en que se desenvuelve la colonia. Modificar
el carácter, generalmente hosco y desconfiado del colono ruso--sea
ortodoxo o judío--no es un problema, cuando se da con el propietario
tolerante, incapaz del abuso, buen consejero y amigable protector. La
Mercedes está en estas condiciones. Desenvuélvense en este campo de
10.000 hectáreas, alrededor de cincuenta familias con un total de 400
almas, estando la colonia completamente cultivada.
Nueve años lleva de iniciativa La Mercedes y hace dos que está en manos
de don Enrique P., un verdadero pioneer iniciador del florecimiento
agropecuario de la comarca.
Apartándonos del alambrado de ocho hilos--lo mejor y más firme que hemos
visto en nuestras giras--hemos recorrido de linde a linde la colonia,
cortando por las abras estrechas el inmenso trigal. ¡Qué tonificante
impresión de belleza, de vida, de color! La tierra nutritiva y amplia,
se da toda entera al mar de las gramíneas, sin flaquezas, sin limpiones,
pródiga de humus y de generosa maternidad. Se inclina el campo en suave
planicie hacia la hoyada de una laguna; y es de ver la línea panorámica
curveando graciosamente hasta perderse en el infinito sobre el pálido
boceto de una duna!...
La impresión más elocuente que nos ha dejado este paseo matinal, es el
aprovechamiento de la tierra. ¡Bien-haya el arado avaro que ha venido a
meter su diente hasta en el mismo salitral!
--¡Siembren... siembren!--les ha aconsejado el propietario a sus rusos.
--¿Y si viene mal?--pensaron al principio, tímidamente, los colonos.
[Illustration]
Después echaron de ver que la tierra no tenía reparos para rendir
parejo; que no faltó la semilla, ni la maquinaria, ni el crédito para
sufragar la existencia durante la larga expectativa, desde la roturación
a la cosecha y al troje. Y sembraron hasta el último estadal, hasta el
monte mismo, hasta agargantar al médano en estrecho dogal y desafiar el
ingrato cabú de la salina.
El estímulo del propietario ha operado el optimismo y la cultura
especial de sus colonos. Sólo la laguna puede detener la sementera, con
sus arbustos grisáceos de jumen, sus cachiyuyos y sus matas de trébol de
olor. Esta perseverancia, que ha creado la selección en los cultivos,
dando rendimientos excepcionales en peso y calidad, ha tenido su noble
premio en trigos de una densidad de 83½ por hectólitro, casi el
desiderátum. La perspectiva se repite con esperanza augural en los
trigales de este año, sanos, sin plagas, sin isoca, llenos de lozanía y
de vigor.
Todos estos factores han creado una base moral en los colonos de La
Mercedes. El trato administrativo y la propia confianza en la obra,
sintomatizan un suave bienestar, ageno de sobresaltos y propicio a la
labor y a la estabilidad. Saben estos buenos rusos, que si nace el sol,
nace para todos; y que el sudor que humedece la gleba, no ha de ser
estéril sacrificio, si fecunda en la espiga. La cultura industrial--y
social si se quiere--de esta colonia, tiene su punto de apoyo en la
comunidad de acción y de miras, entre el arrendatario y el arrendador.
El señor P. ha hecho su aprendizaje desde abajo. Ama estos campos,
porque los ha vivido en toda su intensidad y en todo su proceso
civilizador; porque ha contribuído, como nadie, a la reforma del predio,
desde el pasto salobre hasta el forraje artificial y el silo; desde el
jagüel pampa hasta el surgente y el molino. En esta escuela ruda, que es
toda una vida, se ha afianzado el concepto de solidaridad, capaz de
forjar nuevos horizontes a la colonización rusa, de contínuo tan
zarandeada, demostrando al propio tiempo, que es posible modificar el
temperamento colectivo de esos núcleos rurales, cuando se procede con
tolerancia y buena fe.
Los colonos de La Mercedes poseen en propiedad sus maquinarias y
elementos de labor. Plantan sus arbolitos de sombra--frutales a veces--y
no descuidan sus hortalizas para el uso casero. Elaboran su pan, que
es, sencillamente, blanco, suave, delicioso; y se atreven a un poco de
cecina y tal vez a un jamón que dura una eternidad. Gustan de instruir a
sus muchachos; y cuando se producen reuniones educativas sobre temas
rurales, no tienen reparos para salvar largas distancias y asistir a
estos concursos donde pueden adquirir conocimientos nuevos. A la cita
convocada en Macachin, en preparación del congreso agrícola de la Pampa,
concurrieron todos estos colonos. Al paso de nuestro coche nos cruzamos
con sus bateas peculiares, arrastradas por caballos fuertes y clinudos.
Cinco leguas tuvieron que salvar esa mañana para encontrarse a las diez
en el coche de la delegación...