DETALLES DE LA COLONIA

La colonia Narcisse Leven tiene 40.000 hectáreas, de las cuales se

cultivan año a año un término medio de 30.000. El resto del campo, con

pastos naturales o viejos rastrojos, se destina a la ganadería--vacunos

en su mayor parte.--Hay, además, 800 hectáreas de alfalfar.

Pueblan la colonia, actualmente, 265 familias que constituyen un total

de 2.075 almas. Los agricultores colonizados son 1.852 y emigrantes 223,

rusos todos, salvo algunos rumanos.

--¿Y en qué condiciones se establecen los colonos?--interrogamos al

administrador.

--Se formaliza un contrato de arrendamiento, fuera del cual se otorga al

colono un crédito de 3.000 pesos correspondiente a tres anualidades.

Este crédito comprende menesteres rurales, la casa del poblador,

alambrados, implementos, etc. Pagadas las tres anualidades, se hace un

contrato de promesa de venta. Cada chacra tiene una extensión de 150

hectáreas, costando al colono, al finalizar el contrato de venta,--es

decir, en un término de 15 años--90 pesos más o menos. En esta cantidad

están involucrados los intereses del 4%.

--¿Y qué elementos de labor entrega la compañía al colono?

--En primer término, le proporciona la población, consistente en dos

habitaciones y cocina de chapas de fierro. Sobre este cuerpo, puede el

colono hacer ampliaciones que quedan para la asociación, si no llega a

finalizar su contrato y a hacerse propietario efectivo de su chacra. Se

le da, además, 2 vacas, 10 o 15 yeguarizos, un carro ruso, un arado, una

rastra y los elementos necesarios para alambrar su predio y una hectárea

junto a la población, a manera de corral.

Nos llama la atención que a pesar de que la colonia lleva ocho años de

establecida, sólo un colono ha podido pagar los 3.000 pesos que

corresponden a su contrato de arrendamiento, para quedar en condiciones

de formalizar el contrato de promesa de venta.

--Esta circunstancia--nos dice el administrador--hay que atribuirla a

las malas cosechas. Con un buen año como el que asoma, es probable que

la mayoría de los colonos apresuren sus pagos de locación, adelantándose

en la propiedad definitiva. Tiene usted un síntoma que habla por sí

solo: desde la fundación de la colonia a la fecha, sólo se han retirado

diez familias, mas dos o tres que ha sido necesario desalojar por ser

elementos de disgregación. Otro detalle sugerente sobre el arraigo a que

aspira el colono, es que muchos que no están al día en sus compromisos

con la colonia, han construído casas con materiales completamente nuevos

y se han rodeado de ciertas comodidades de carácter definitivo.

Pensamos, sin contrariar la palabra respetable de nuestro interlocutor,

que estos síntomas tienen más atingencia con el espíritu previsor de

ciertos colonos, que con el propósito de arraigo en una colonia a la que

están sujetos por compromisos severos y dilatorios. Y una prueba de ello

es que cada colono busca, cuando puede, su pequeño desahogo en la

ganadería: compra sus vaquitas y sus pocos lanares, para defenderse en

los momentos de apremio. Si por necesidad y por ingratitud de las

cosechas, está obligado a permanecer hasta que la tierra le pertenezca

en patrimonio, nada más justo que trate de buscar un poco de holgura

para pasarlo mejor. Es así cómo se explica que, aparte de la tendencia

general por la monocultura, muchos colonos dedican atención a la huerta,

plantan árboles, crían aves de corral y hasta se dan el lujo de una

porqueriza. Se cita el caso de un colono que ha comprado 300 frutales

con su propio peculio; y, según cálculos, hay en la colonia alrededor de

veinte y cinco quintas, cultivadas todas con buen éxito.

La administración se ha interesado mucho en las plantaciones. Ha

comprado árboles en el vivero de Argerich, distribuyéndolos entre los

colonos y ha ensayado con dedicación el cultivo de tunas sin espinas

traídas de Puerto Militar y con destino a cercos vivos. La quinta de la

administración, antiguo plantel de la estancia La Esmeralda, está

rodeada de frondosos tamariscos, cuyos cortes de poda son plantados

junto a los deslindes y caminos, organizando así un sistema de

arborización y defensa cuyos resultados serán de gran importancia para

la zona.

El cultivo general de la colonia es trigo, aparte de pequeños retazos

dedicados a otras gramíneas. La maquinaria agrícola es diversa. Se

prefieren los arados Secretario reformado y Molinet, que hacen una labor

de una hectárea y media, si tiene dos rejas, y dos hectáreas, si tienen

tres, término medio. La roturación de estas tierras se practica en los

meses de marzo, abril y mayo. Se utiliza la sembradora Superior de

veinte discos, que puede trabajar ocho hectáreas por día. Muchos colonos

poseen sembradoras adquiridas directamente en las casas importadoras de

Buenos Aires y Bahía Blanca. Funcionan en la colonia 130 cosechadoras

marca Golondrina y Australiana, con peines. Se están ensayando las

cosechadoras a cuchillo que parece dan mejores resultados.

El agua del subsuelo varía en la colonia, entre los 8 y 100 metros de

profundidad. Las fluctuaciones en los precios de las cañerías--según nos

informa el administrador--han sido óbice para ensayar pozos surgentes,

que, tenemos la intuición, hubieran dado resultados, como ha ocurrido en

Guatraché. La tosca se encuentra entre los cincuenta centímetros y un

metro y medio de profundidad.

Para el servicio de cada dos casas hay un molino a viento. Este

condominio suele ser a veces, manzana de discordia. No siempre una

distribución equitativa de tan preciado bien, mantiene la paz vecinal.

Pero para estos pleitos hay una comisión de arbitraje dentro de la Unión

Cooperativa Agrícola, constituída por los colonos, con autonomía propia

y a título de fomento y economía social. Para evitar estos diferendos,

hay colonos que han preferido construír su molino--que ya lo dijera la

Escritura--“cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera".

En la proximidad de la administración se han construído una veintena de

casillas de chapas de fierro, destinadas al elemento emigrador, a

negociantes y peones. Los letreros de esta alquería, alineada a ambos

lados de la calle de acceso al edificio central, denuncian el mercadito,

el almacén, la tienda y el taller de calzado.

--¿Y las escuelas?--interrogamos al administrador.

--En eso estamos bien--nos responde con cierto énfasis.--Hay seis

escuelas en la colonia. Además, muchos niños de los colonos van a

recibir instrucción a Bernasconi. Las escuelas primitivas tenían tres

grados. Ahora la enseñanza se ha reducido a dos. Hace un par de meses

que estos establecimientos se han puesto bajo la dirección oficial del

gobierno. De manera que sus maestros son nacionales, como, asimismo, la

instrucción que se suministra. Hay en cada escuela alrededor de sesenta

educandos. Los edificios constan de dos aulas y de dos casas separadas,

una para cada maestro.

Y ampliando sus informaciones, pone en nuestras manos el convenio

suscripto con la inspección nacional, por el cual la compañía entrega al

Estado por un plazo prudencial los edificios y útiles escolares de que

dispone. En cambio, la empresa queda con el derecho de dictar sus clases

de religión y de hebreo en la misma aula. Este sistema heterogéneo de

enseñanza no nos parece ni pedagógico ni moral. Tutelada la escuela por

el gobierno de la nación, no cabe otra enseñanza que la dispuesta por

los programas vigentes. Ni se concibe tampoco, que después de abandonar

el aula el maestro argentino, que cultiva el sentimiento argentino, en

aquellos niños, argentinos también, ocupe el mismo pupitre un maestro

ajeno a nuestro plan de estudios que va a instruir en lenguas exóticas y

religión, contraviniendo al sistema laico de nuestra enseñanza.

Este detalle que conviene conozca el ministerio de instrucción pública,

se atempera un tanto con otra nota simpática.

--La administración de la Jewish--nos dice el encargado--cedería de muy

buen grado al ministerio de agricultura 25 hectáreas en Bernasconi para

establecer una chacra experimental. Con este objeto contribuiría la

compañía con una casa de dos piezas, molino, alambrados, etc. Esta

chacra podría transferirse por un plazo largo y no sería difícil que la

compañía contribuyera con una subvención.

En compañía del administrador recorremos la huerta y la quinta de

frutales. Prosperan los eucaliptus, los sauces, los coníferos y las

acacias. La horticultura rinde bien, pero no se significa por una

dedicación especial. Apena la quinta de frutales con más de diez

hectáreas de extensión, con los árboles sin podar aun y en el más

completo abandono. Fué, sin duda, un primor en manos de su dueño

primitivo, que alineó con esmero los camellones y se prodigó en

selección y variedad. Esta quinta, cuya formación costó más de 30.000

pesos, revela el espíritu emprendedor del señor Basset, entusiasta

francés que dedicó sus más nobles energías al progreso del territorio.

--No me dan peones para su cuidado--nos dice el administrador, en

justificación de aquella orfandad en que agoniza el huerto.

Y pensamos, que sacrificar las plantas es contravenir los manes del

ilustre altruísta Hirsch, que buscaba la felicidad de los hombres en el

arraigo, en el hogar, a la sombra de la familia y del árbol bienhechor.

Pero el amargo sedimento se disipa pronto. Ha vuelto a correr nuestra

máquina por los campos. Cruzamos el valle bordeando los trigos, y cuando

ganamos el repecho, una visión de grandeza, se apodera del espíritu. Se

domina el amplio panorama de la colonia, salpicado de casitas y matizado

de cultivos. La línea de las lomas se quiebra suavemente,

insensiblemente. Una brisa suave pasa acariciando las sementeras como el

aliento de Dios...

Nuestra Pampa; libro de lectura · 第 30 / 233 题