La simulación en los animales, representada por falsas apariencias,
equivalentes a lo que en el hombre suele llamarse fraude o astucia,
llena sin duda una de las páginas más interesantes escritas por los
naturalistas. En la incesante evolución de todo lo que vive suele
alcanzar la naturaleza expresiones magníficas de belleza, suscitando
una admiración tan intensa como los mismos productos del arte humano.
Harmonías de colores y de matices, singularidades imprevistas de
líneas y de formas, sorprendentes flexibilidades de funciones, súmanse
para adaptar los organismos a las condiciones de vida que les son más
favorables, produciendo sutiles y engañadoras ficciones que honrarían a
un artífice ingenioso; todo ello constituye un rico filón de fenómenos
sometidos a la observación del hombre de ciencia que contempla el mundo
de las especies vivas. Ellas son los términos de las series en que los
organismos elementales, complicando sus formas y sus funciones, han
evolucionado a través de etapas multiseculares, hasta transformarse en
la fauna actual, de que forma parte la especie humana.
Justo es que antes de estudiar las múltiples formas de simulación
usadas por el hombre para luchar por la vida dentro de la sociedad,
miremos un momento los fenómenos similares que se observan en las
especies animales. Todos no tienen su misma significación psicológica;
algunos carecen de ella por completo. Pero entre uno y otro extremo,
entre el insecto que se asemeja a otro como simple resultado de la
selección natural y el orador desvergonzado que finge las pasiones más
caras a su auditorio, existe una serie gradual de hechos que muestran
la relación entre lo accidental y lo consciente, entre lo instintivo y
lo voluntario.
Nuestro estudio del interesante tema biológico es fruto, en parte,
de observaciones directas; mas para su desarrollo global hemos
analizado las descripciones de los naturalistas, en cuyo vasto material
intentamos proyectar una mirada de conjunto. Procurando sistematizar
los fenómenos estudiados, ensayamos una tarea no estéril; no obstante
las bellas páginas de Wallace, ellos esperaban ser clasificados y
explicados conforme a un criterio común. El conocimiento amplio
de la bibliografía permite, en temas de esta índole, coordinar de
manera precisa la labor de los investigadores, aclarando y haciendo
comprensibles los hechos y explicaciones que, vistos en diseminado
desorden, aparecen confusos e incoordinados.
Una reseña sintética, que sea, a la vez, un esfuerzo de
sistematización, es siempre útil para los naturalistas y los biólogos.
Ver ordenado metódicamente un conjunto de hechos dispersos, es de
provecho para los estudiosos. Por nuestra parte, procuraremos obtener
el poderoso argumento de los hechos en favor de nuestras inducciones
acerca del valor de la simulación como medio de lucha por la vida.
No creemos aventurado afirmar que los fenómenos de simulación
representan uno de los medios de lucha por la vida, ofensivos y
defensivos, más generalizados en la serie animal; su difusión e
importancia no es comparable, sin embargo, con la de los medios
violentos. Como sólo estudiamos los fenómenos en conjunto, quien quiera
analizarlos y observar su desarrollo progresivo, puede ocurrir a la
interesante monografía en que Cuénot estudia los medios de defensa en
los animales.
Para dar unidad a las ideas expuestas en este capítulo y a las
observaciones en él reunidas, diremos que, en general, hay simulación,
o mimetismo, toda vez que un animal, mediante la adaptación de sus
caracteres exteriores a los seres y cosas del medio en que actúa--ya
por la forma: homotipía; ya por el color: homocromía,--se beneficia en
la lucha por la vida contra sus enemigos, contra sus presas, o contra
el medio ambiente.
Así interpretados, en su más lato sentido, esos fenómenos de
simulación--cuya finalidad en la lucha por la vida es siempre la
misma,--son numerosos y complejos; sin embargo, es posible unificarlos,
encarándolos desde el punto de vista de su rol biológico, pues _todos
desempeñan una función útil en la lucha por la vida_[3].