CONCLUSIONES SINTÉTICAS 219

=Introducción=

I. Los médicos de Molière, el gusano simulador y la simulación

de la locura.--II. Ideas científicas directrices; correlaciones

bio-sociológicas; la filogenia de la simulación en la lucha por la

vida.--III. Desarrollo, en series, de los fenómenos de simulación.

I.--Solicitado, de ha tiempo, nuestro espíritu hacia el estudio de las

ciencias antropológicas y sociales, atrájonos especialmente la fase

patológica de la vida individual y colectiva, tan interesante, por

cierto, como sus manifestaciones normales.

Es método en las ciencias biológicas, llegar al conocimiento de la

función normal por el estudio de su patología; examinando las lesiones

de los centros nerviosos enfermos y relacionándolas con los síntomas

previamente observados, ha podido inferirse la fisiología normal de

esos centros. De igual manera las ciencias sociales han aprovechado el

estudio de complejos problemas de patología social, conflictos internos

y externos, crisis, violencias y otras perturbaciones de la evolución

social. En las ciencias psicológicas, por fin, el análisis de las

anormalidades de la actividad mental, ha permitido comprender mejor las

funciones psicológicas normales; lo que ha sido elevado por Ribot a

método de investigación.

Convergiendo, pues, hacia la psicología individual por el camino de la

psicopatología, y hacia la sociología por el estudio de los fenómenos

de patología social, penetramos en los dominios de la locura y del

delito. En la encrucijada de ambos fenómenos--conjunción sabiamente

observada por Maudsley en un libro feliz,--donde la anomalía psíquica

del individuo se convierte en causa determinante de su actividad

antisocial, encontramos la dolorosa legión de fronterizos y alienados

para quienes se entreabre la puerta sombría del delito, como si un

destino inexorable los apresara entre las mallas funestas de la

criminalidad; la locura y el delito, justamente emparentados por Morel

en su visión sintética de las degeneraciones humanas, entrelazan sus

tentáculos nefastos, engendrando ese personaje magistralmente burilado

por Shakespeare en su Hamlet: el alienado criminal.

De particular manera--y por especiales razones de observación--nos

preocupaban los casos de _locura simulada por delincuentes_, máxime

al advertir su frecuencia desde que la justicia reconoció la

importancia de la psicopatología criminal y el examen psíquico se

consideró indispensable para determinar la responsabilidad de algunos

delincuentes.

Tal era la estática de nuestra mente. De sobre el velador tomamos,

una noche, el _Malade Imaginaire_, de Molière, para continuar su

comenzada lectura, con el higiénico propósito, entre otros, de no

adormecernos bajo la influencia poco grata de una monografía sobre

"Nuevos tratamientos de los bolos fecales", cuya lectura acabáramos

en el _British Medical Journal_. Teníamos para ello nuestras razones;

estudiando la psicopatología de los sueños, habíamos visto que la

naturaleza de las impresiones recibidas en el período prehípnico,

influye de manera intensa sobre el carácter agradable o desagradable

de los sueños[1].

Las peripecias de Argan--a quien hoy no consideraríamos un "enfermo

imaginario", sino un caso de neurastenia gastro-intestinal, como

demostró ha poco tiempo el profesor Debove en una hermosa conferencia

a los estudiantes de la Sorbona--prolongaban nuestra vigilia más

allá de sus límites habituales. Seguíamos ávidamente las operaciones

"científicas" de Purgon y de Diaforius, que "saben bellas humanidades,

hablan en buen latín y designan con nombres griegos todas las

enfermedades; pero en cuanto a curarlas, carecen de toda noción". Y

con deleite asistíamos a las inagotables lavativas de Mr. Fleurant,

competidor, sin desventajas, de las purgas y sangrías del primero,

mientras Diaforius daba a su hijo Tomás una lección clínica, en

presencia del mismo Argan, felicitándole ardientemente por haber

seguido sus huellas, permaneciendo "fiel a las opiniones de los

antiguos", negándose a prestar la menor atención a las razones y

experiencias de los "pretendidos" descubrimientos y teorías de la

época...

Sonaba involuntariamente en nuestro oído la invectiva de Cicerón:

"Neque imitare malos medicos, qui in alienis morbis profitentur tenere

se medicinae scientiam, ipsi se curare non possunt." (Ad fam., IV, 5,

5). En ese momento Mr. Fleurant empuñaba de nuevo el instrumento que

sintetizaba toda su profundidad científica. Tuvimos la percepción de

algo dibujado en el campo periférico de nuestra retina, cuya mácula

lútea estaba enfocada a las líneas del libro. Volvimos la mirada; a la

altura de los ojos, adherido a la pared, vimos uno de esos copos de

algodón y polvo que suelen formarse en los rincones de los aposentos.

Poco nos interesó esa observación. Volvimos nuevamente la vista al

libro, para seguir asistiendo, con la voluptuosidad intelectual del

caso, a las operaciones científicas de los médicos de Molière.

Excitada ya por la reciente percepción, nuestra retina encontrábase

en condiciones favorables para descubrir, durante la lectura, que el

copo algodonoso se movía, ascendiendo lentamente por la pared. Fijamos

de nuevo la vista en el objeto: vímosle ya mucho más alto, después de

pocos minutos.

Creímos fuese ilusión óptica, por el agotamiento de una retina fatigada

en lecturas excesivas; mas no existiendo motivos para esa duda, ni

razones satisfactoriamente explicativas, optamos por desprender el copo

de la pared y observarlo detenidamente.

Tal es, por otra parte, la buena línea de conducta ante cualquier hecho

difícil de explicar. Y en este caso la observación fué, como siempre,

fecunda de provechosas enseñanzas.

Dentro del copo descubrimos un conducto, espeso y resistente, que

difícilmente hubiérase adivinado no desprendiendo el copo de la pared;

dentro del conducto se alojaba un gusano, el cual, mediante las

dos extremidades de su cuerpo, se fijaba a la pared y la recorría,

arrastrando consigo su curioso ropaje.

Darwin--presente siempre en nuestro espíritu estudioso--nos dió la

explicación del hecho. Ese disfraz servía al animal para escapar a las

miradas peligrosas de sus enemigos; la simulación resultaba, para él,

un medio simple y excelente de _lucha por la vida_.

La explicación nos satisfizo.

Hubiéramos continuado la lectura de Molière; pero en nuestro cerebro

estaban sometidas a la elaboración de la cerebración inconsciente,

múltiples cuestiones relativas a los alienados criminales, y, de manera

especial, a los delincuentes simuladores de una enfermedad mental.

Los neurones de asociación hicieron lo demás.

Entre el gusano disimulador de su cuerpo bajo un copo de algodón

y el delincuente disimulador de su responsabilidad jurídica tras

una enfermedad mental, debía lógicamente existir un vínculo: ambos

disfrazábanse para defenderse de sus enemigos, siendo la simulación un

recurso defensivo en la lucha por la vida.

* * * * *

II.--Entre las verdades definitivamente adquiridas por la ciencia e

impuestas como guía a los pensadores y estudiosos contemporáneos,

hay dos fundamentales, que jamás debiera olvidar quien se aventura

en la selva--aún "selvaggia ed aspra e forte", en decir del poeta

florentino--de la ciencia: _Determinismo y Evolución_.

Dentro de esos conceptos, cuyo desarrollo hemos ensayado en otros

estudios y fuera inoportuno repetir aquí, cimentóse como verdad

científica la noción del transformismo biológico y social. Por él

conocemos la génesis y sucesión de las formas biológicas como resultado

de la acción combinada de la herencia, tendiente a reproducir los

caracteres de los antepasados, y la variabilidad, tendiente a crear

caracteres nuevos, en armonía con la evolución de las condiciones

del medio en que "luchan por la vida" todas las especies vivas.

Los fenómenos sociales, además, siguen un proceso constante de

transformación, a semejanza de los fenómenos biológicos; la sucesión

de las formas de organización social y de las diversas instituciones

es presidida, en primer término, aunque no exclusivamente, por la

adaptación de los grupos sociales a las transformaciones del doble

ambiente natural (cósmico) y artificial (económico).

Esta manera de ver, simple aplicación del concepto evolucionista,

tiene su comprobación en las cuatro grandes ramas de los conocimientos

humanos. Laplace lo estableció para los fenómenos del mundo cósmico;

Lyell, para los fenómenos geológicos; Darwin, para los biológicos;

Spencer, para los sociales, que llama superorgánicos. Otros estudiosos

confirmaron esa verdad general en grupos fenoménicos parciales.

En esas _series_ de fenómenos, cuyo desenvolvimiento es sucesivo e

integral, existen vínculos estrechos, fácilmente reconocidos mediante

una observación inteligente. Así, por ejemplo, el perfeccionamiento

progresivo de las funciones corresponde a una creciente complejidad

morfológica y a la mayor división del trabajo en los organismos,

conforme se asciende en la serie evolutiva. Por eso es posible

descubrir, en cualquiera especie, en forma larvada y rudimentaria, las

funciones que alcanzan mayor desenvolvimiento en las que son superiores

a ella dentro de la misma serie.

Puede reconstruirse la filogenia de cualquier función de los seres

vivos; es decir, encontrar los diversos grados de su integración

progresiva a través de cuantas especies la preceden en la evolución de

la serie biológica. Las más complejas operaciones psíquicas elaboradas

en el cerebro humano, no son sino el perfeccionamiento alcanzado por

funciones progresivamente desenvueltas en la serie animal. El "alma" de

los metafísicos es un perfeccionamiento de funciones inherentes a la

substancia viva, al protoplasma; la memoria, por ejemplo, encuéntrase

en formas progresivamente complicadas, desde la amiba hasta el hombre.

Con los fenómenos sociológicos ocurre lo mismo; todas las instituciones

sociales tienen su filogenia perfectamente determinable. El sentimiento

de solidaridad social, verbigracia, aparece ya en la primera asociación

de seres vivos, y evoluciona, integrándose progresivamente, hasta

alcanzar sus actuales proporciones, permitiendo inducir que en futuras

transformaciones sociales se equipararán todos los individuos ante las

condiciones de lucha por la vida, para alcanzar el desenvolvimiento

máximo de su propia individualidad. También podría aplicarse a los

fenómenos sociales, además de ese concepto de filogenia, el principio

determinado para los fenómenos biológicos por Haeckel, según el cual

la evolución ontogenética corresponde aproximadamente a la evolución

filogenética. Lo saben, a ciencia cierta, cuantos sociólogos, Loria en

primera fila, proponen estudiar en el rápido desarrollo de las colonias

contemporáneas el lento y progresivo desarrollo ocurrido antes en los

pueblos de adelantada civilización.

Pero estos puntos, necesarios de fijar para el desenvolvimiento

consecutivo de nuestra tesis, no podemos dilucidarlos aquí con

la amplitud deseable. Bástenos mencionar, y nadie la niega,--aun

no aceptando la teoría orgánica de las sociedades, enunciada por

Spencer--la existencia de cierta analogía, imposible de olvidar, entre

las leyes que rigen los fenómenos biológicos y los sociológicos,

pudiendo, casi siempre, encontrarse una correlación en el conjunto y

las modalidades de unos y otros.

* * * * *

III.--Para cuantos saben lo expuesto (saber en sentido relativo, sin

olvidar la frase de Grocio: "Nescire quaedam magna pars sapientiae

est") y para quienes lo acepten, aparece lógico y estrecho el vínculo

entre el gusano simulador, aparecido en nuestra retina periférica,

mientras leíamos a Molière, y el delincuente simulador de la locura.

Para quienes vivieran en el mundo feliz de los Fleurant, los Purgon y

los Diaforius, ese vínculo no aparecería jamás.

_Evolución, Lucha por la vida_, _Filogenia_, pareceríanles palabras

poco científicas y faltas de sentido; el mismo efecto nos produjo un

libro escrito en japonés, que tuvimos entre manos: era, sin embargo, un

libro importante y condensaba muchos conocimientos. Nuestra la culpa si

ignorábamos el japonés.

Idéntico sería el caso de cuantos no vieran el vínculo filogenético,

desde la simulación del gusano hasta la del delincuente; la frase es

vieja, pero siempre útil: ellos no lo verían, no por ser incierta su

existencia, mas porque su falta de amplitud y disciplina científicas

les condenaría a una eterna ceguera intelectual.

¡Y, sin embargo, cuántas cosas ve el pavo en la fábula de La Fontaine,

donde el mono enseña las proyecciones de la linterna mágica...

apagada!...

En nuestro concepto--inexacto, acaso, pero larga e intensamente

pensado--el vínculo existe.

Solamente el estudio de la _Simulación_, como fenómeno general, puede

dar la ley de conjunto donde se encuadra el fenómeno particular de la

_Simulación de la locura_. Idéntico móvil preside, en general, todas

las manifestaciones conscientes de la simulación, así como una misma

finalidad orienta todas las manifestaciones de la memoria en los

seres biológicos, y todas las formas del sentimiento de asociación

y solidaridad en la lucha, en las sociedades animales en general y

particularmente en las humanas.

La _Simulación en general_, siguiendo las ideas científicas expuestas,

debe estudiarse, primeramente, por sus manifestaciones en la serie

biológica: sólo después encontraremos sus manifestaciones conscientes

bien desarrolladas en la vida superorgánica, en las sociedades humanas.

En éstas hallaremos la clave para estudiar las _simulaciones humanas de

toda índole_, unificadas por el mismo propósito de la mejor adaptación

del simulador a las condiciones del ambiente donde lucha por la vida.

Entre ellas discerniremos, como hecho general, _la simulación de

estados patológicos_, una de cuyas formas--la más importante para la

psiquiatría y la medicina legal--es la _simulación de la locura en

general_.

Sólo entonces estaremos habilitados para estudiar provechosamente _la

simulación de la locura por los delincuentes_, en sus relaciones con la

psiquiatría, la sociología criminal y la medicina legal.

Simulación en general

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En el mundo biológico

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│ En la vida humana

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Simulación de estados patológicos │

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│ Simulación de la locura, en general

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Simulación de la locura en los delincuentes

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[Ilustración]

Con otros métodos y por otros caminos consideramos imposible llegar

a una comprensión clara de la materia a estudiar, y, _a priori_,

predeterminaríamos su insuficiencia.

En suma, el presente ensayo constituye un estudio general de _la

simulación como medio de lucha por la vida_, estudiándola desde sus

primeras manifestaciones inconscientes, en el mundo biológico, hasta

sus complejas modalidades en la vida de los hombres civilizados.

Complementando tal estudio intentaremos el análisis de la _psicología

de los simuladores_, clasificando las variedades más notables de este

grupo, compuesto por individuos en quienes la tendencia a simular

constituye el rasgo dominante de su carácter y su medio predilecto de

lucha por la vida.

Por fin, determinaremos la _evolución de la simulación en las

sociedades humanas_, valiéndonos de las más recientes inducciones de la

sociología y usando el más severo método científico.

En su concepto fundamental, y en algunas cuestiones parciales, esta

síntesis desea ser novedosa; incompleta o deficiente, es ya fruto de

la observación y de estudio asiduo. Si el ensayo no resultara tan

convincente como deseamos al escribirlo, podríamos, por lo menos,

repetir el verso dirigido a Virgilio por el Alighiero, al reconocerle,

en el primer canto de su Infierno:

_Vagliami il lungo studio ed il grande amore._

Buenos Aires, 1900.

La simulación en la lucha por la vida · 第 12 / 56 题