=Introducción=
I. Los médicos de Molière, el gusano simulador y la simulación
de la locura.--II. Ideas científicas directrices; correlaciones
bio-sociológicas; la filogenia de la simulación en la lucha por la
vida.--III. Desarrollo, en series, de los fenómenos de simulación.
I.--Solicitado, de ha tiempo, nuestro espíritu hacia el estudio de las
ciencias antropológicas y sociales, atrájonos especialmente la fase
patológica de la vida individual y colectiva, tan interesante, por
cierto, como sus manifestaciones normales.
Es método en las ciencias biológicas, llegar al conocimiento de la
función normal por el estudio de su patología; examinando las lesiones
de los centros nerviosos enfermos y relacionándolas con los síntomas
previamente observados, ha podido inferirse la fisiología normal de
esos centros. De igual manera las ciencias sociales han aprovechado el
estudio de complejos problemas de patología social, conflictos internos
y externos, crisis, violencias y otras perturbaciones de la evolución
social. En las ciencias psicológicas, por fin, el análisis de las
anormalidades de la actividad mental, ha permitido comprender mejor las
funciones psicológicas normales; lo que ha sido elevado por Ribot a
método de investigación.
Convergiendo, pues, hacia la psicología individual por el camino de la
psicopatología, y hacia la sociología por el estudio de los fenómenos
de patología social, penetramos en los dominios de la locura y del
delito. En la encrucijada de ambos fenómenos--conjunción sabiamente
observada por Maudsley en un libro feliz,--donde la anomalía psíquica
del individuo se convierte en causa determinante de su actividad
antisocial, encontramos la dolorosa legión de fronterizos y alienados
para quienes se entreabre la puerta sombría del delito, como si un
destino inexorable los apresara entre las mallas funestas de la
criminalidad; la locura y el delito, justamente emparentados por Morel
en su visión sintética de las degeneraciones humanas, entrelazan sus
tentáculos nefastos, engendrando ese personaje magistralmente burilado
por Shakespeare en su Hamlet: el alienado criminal.
De particular manera--y por especiales razones de observación--nos
preocupaban los casos de _locura simulada por delincuentes_, máxime
al advertir su frecuencia desde que la justicia reconoció la
importancia de la psicopatología criminal y el examen psíquico se
consideró indispensable para determinar la responsabilidad de algunos
delincuentes.
Tal era la estática de nuestra mente. De sobre el velador tomamos,
una noche, el _Malade Imaginaire_, de Molière, para continuar su
comenzada lectura, con el higiénico propósito, entre otros, de no
adormecernos bajo la influencia poco grata de una monografía sobre
"Nuevos tratamientos de los bolos fecales", cuya lectura acabáramos
en el _British Medical Journal_. Teníamos para ello nuestras razones;
estudiando la psicopatología de los sueños, habíamos visto que la
naturaleza de las impresiones recibidas en el período prehípnico,
influye de manera intensa sobre el carácter agradable o desagradable
de los sueños[1].
Las peripecias de Argan--a quien hoy no consideraríamos un "enfermo
imaginario", sino un caso de neurastenia gastro-intestinal, como
demostró ha poco tiempo el profesor Debove en una hermosa conferencia
a los estudiantes de la Sorbona--prolongaban nuestra vigilia más
allá de sus límites habituales. Seguíamos ávidamente las operaciones
"científicas" de Purgon y de Diaforius, que "saben bellas humanidades,
hablan en buen latín y designan con nombres griegos todas las
enfermedades; pero en cuanto a curarlas, carecen de toda noción". Y
con deleite asistíamos a las inagotables lavativas de Mr. Fleurant,
competidor, sin desventajas, de las purgas y sangrías del primero,
mientras Diaforius daba a su hijo Tomás una lección clínica, en
presencia del mismo Argan, felicitándole ardientemente por haber
seguido sus huellas, permaneciendo "fiel a las opiniones de los
antiguos", negándose a prestar la menor atención a las razones y
experiencias de los "pretendidos" descubrimientos y teorías de la
época...
Sonaba involuntariamente en nuestro oído la invectiva de Cicerón:
"Neque imitare malos medicos, qui in alienis morbis profitentur tenere
se medicinae scientiam, ipsi se curare non possunt." (Ad fam., IV, 5,
5). En ese momento Mr. Fleurant empuñaba de nuevo el instrumento que
sintetizaba toda su profundidad científica. Tuvimos la percepción de
algo dibujado en el campo periférico de nuestra retina, cuya mácula
lútea estaba enfocada a las líneas del libro. Volvimos la mirada; a la
altura de los ojos, adherido a la pared, vimos uno de esos copos de
algodón y polvo que suelen formarse en los rincones de los aposentos.
Poco nos interesó esa observación. Volvimos nuevamente la vista al
libro, para seguir asistiendo, con la voluptuosidad intelectual del
caso, a las operaciones científicas de los médicos de Molière.
Excitada ya por la reciente percepción, nuestra retina encontrábase
en condiciones favorables para descubrir, durante la lectura, que el
copo algodonoso se movía, ascendiendo lentamente por la pared. Fijamos
de nuevo la vista en el objeto: vímosle ya mucho más alto, después de
pocos minutos.
Creímos fuese ilusión óptica, por el agotamiento de una retina fatigada
en lecturas excesivas; mas no existiendo motivos para esa duda, ni
razones satisfactoriamente explicativas, optamos por desprender el copo
de la pared y observarlo detenidamente.
Tal es, por otra parte, la buena línea de conducta ante cualquier hecho
difícil de explicar. Y en este caso la observación fué, como siempre,
fecunda de provechosas enseñanzas.
Dentro del copo descubrimos un conducto, espeso y resistente, que
difícilmente hubiérase adivinado no desprendiendo el copo de la pared;
dentro del conducto se alojaba un gusano, el cual, mediante las
dos extremidades de su cuerpo, se fijaba a la pared y la recorría,
arrastrando consigo su curioso ropaje.
Darwin--presente siempre en nuestro espíritu estudioso--nos dió la
explicación del hecho. Ese disfraz servía al animal para escapar a las
miradas peligrosas de sus enemigos; la simulación resultaba, para él,
un medio simple y excelente de _lucha por la vida_.
La explicación nos satisfizo.
Hubiéramos continuado la lectura de Molière; pero en nuestro cerebro
estaban sometidas a la elaboración de la cerebración inconsciente,
múltiples cuestiones relativas a los alienados criminales, y, de manera
especial, a los delincuentes simuladores de una enfermedad mental.
Los neurones de asociación hicieron lo demás.
Entre el gusano disimulador de su cuerpo bajo un copo de algodón
y el delincuente disimulador de su responsabilidad jurídica tras
una enfermedad mental, debía lógicamente existir un vínculo: ambos
disfrazábanse para defenderse de sus enemigos, siendo la simulación un
recurso defensivo en la lucha por la vida.
* * * * *
II.--Entre las verdades definitivamente adquiridas por la ciencia e
impuestas como guía a los pensadores y estudiosos contemporáneos,
hay dos fundamentales, que jamás debiera olvidar quien se aventura
en la selva--aún "selvaggia ed aspra e forte", en decir del poeta
florentino--de la ciencia: _Determinismo y Evolución_.
Dentro de esos conceptos, cuyo desarrollo hemos ensayado en otros
estudios y fuera inoportuno repetir aquí, cimentóse como verdad
científica la noción del transformismo biológico y social. Por él
conocemos la génesis y sucesión de las formas biológicas como resultado
de la acción combinada de la herencia, tendiente a reproducir los
caracteres de los antepasados, y la variabilidad, tendiente a crear
caracteres nuevos, en armonía con la evolución de las condiciones
del medio en que "luchan por la vida" todas las especies vivas.
Los fenómenos sociales, además, siguen un proceso constante de
transformación, a semejanza de los fenómenos biológicos; la sucesión
de las formas de organización social y de las diversas instituciones
es presidida, en primer término, aunque no exclusivamente, por la
adaptación de los grupos sociales a las transformaciones del doble
ambiente natural (cósmico) y artificial (económico).
Esta manera de ver, simple aplicación del concepto evolucionista,
tiene su comprobación en las cuatro grandes ramas de los conocimientos
humanos. Laplace lo estableció para los fenómenos del mundo cósmico;
Lyell, para los fenómenos geológicos; Darwin, para los biológicos;
Spencer, para los sociales, que llama superorgánicos. Otros estudiosos
confirmaron esa verdad general en grupos fenoménicos parciales.
En esas _series_ de fenómenos, cuyo desenvolvimiento es sucesivo e
integral, existen vínculos estrechos, fácilmente reconocidos mediante
una observación inteligente. Así, por ejemplo, el perfeccionamiento
progresivo de las funciones corresponde a una creciente complejidad
morfológica y a la mayor división del trabajo en los organismos,
conforme se asciende en la serie evolutiva. Por eso es posible
descubrir, en cualquiera especie, en forma larvada y rudimentaria, las
funciones que alcanzan mayor desenvolvimiento en las que son superiores
a ella dentro de la misma serie.
Puede reconstruirse la filogenia de cualquier función de los seres
vivos; es decir, encontrar los diversos grados de su integración
progresiva a través de cuantas especies la preceden en la evolución de
la serie biológica. Las más complejas operaciones psíquicas elaboradas
en el cerebro humano, no son sino el perfeccionamiento alcanzado por
funciones progresivamente desenvueltas en la serie animal. El "alma" de
los metafísicos es un perfeccionamiento de funciones inherentes a la
substancia viva, al protoplasma; la memoria, por ejemplo, encuéntrase
en formas progresivamente complicadas, desde la amiba hasta el hombre.
Con los fenómenos sociológicos ocurre lo mismo; todas las instituciones
sociales tienen su filogenia perfectamente determinable. El sentimiento
de solidaridad social, verbigracia, aparece ya en la primera asociación
de seres vivos, y evoluciona, integrándose progresivamente, hasta
alcanzar sus actuales proporciones, permitiendo inducir que en futuras
transformaciones sociales se equipararán todos los individuos ante las
condiciones de lucha por la vida, para alcanzar el desenvolvimiento
máximo de su propia individualidad. También podría aplicarse a los
fenómenos sociales, además de ese concepto de filogenia, el principio
determinado para los fenómenos biológicos por Haeckel, según el cual
la evolución ontogenética corresponde aproximadamente a la evolución
filogenética. Lo saben, a ciencia cierta, cuantos sociólogos, Loria en
primera fila, proponen estudiar en el rápido desarrollo de las colonias
contemporáneas el lento y progresivo desarrollo ocurrido antes en los
pueblos de adelantada civilización.
Pero estos puntos, necesarios de fijar para el desenvolvimiento
consecutivo de nuestra tesis, no podemos dilucidarlos aquí con
la amplitud deseable. Bástenos mencionar, y nadie la niega,--aun
no aceptando la teoría orgánica de las sociedades, enunciada por
Spencer--la existencia de cierta analogía, imposible de olvidar, entre
las leyes que rigen los fenómenos biológicos y los sociológicos,
pudiendo, casi siempre, encontrarse una correlación en el conjunto y
las modalidades de unos y otros.
* * * * *
III.--Para cuantos saben lo expuesto (saber en sentido relativo, sin
olvidar la frase de Grocio: "Nescire quaedam magna pars sapientiae
est") y para quienes lo acepten, aparece lógico y estrecho el vínculo
entre el gusano simulador, aparecido en nuestra retina periférica,
mientras leíamos a Molière, y el delincuente simulador de la locura.
Para quienes vivieran en el mundo feliz de los Fleurant, los Purgon y
los Diaforius, ese vínculo no aparecería jamás.
_Evolución, Lucha por la vida_, _Filogenia_, pareceríanles palabras
poco científicas y faltas de sentido; el mismo efecto nos produjo un
libro escrito en japonés, que tuvimos entre manos: era, sin embargo, un
libro importante y condensaba muchos conocimientos. Nuestra la culpa si
ignorábamos el japonés.
Idéntico sería el caso de cuantos no vieran el vínculo filogenético,
desde la simulación del gusano hasta la del delincuente; la frase es
vieja, pero siempre útil: ellos no lo verían, no por ser incierta su
existencia, mas porque su falta de amplitud y disciplina científicas
les condenaría a una eterna ceguera intelectual.
¡Y, sin embargo, cuántas cosas ve el pavo en la fábula de La Fontaine,
donde el mono enseña las proyecciones de la linterna mágica...
apagada!...
En nuestro concepto--inexacto, acaso, pero larga e intensamente
pensado--el vínculo existe.
Solamente el estudio de la _Simulación_, como fenómeno general, puede
dar la ley de conjunto donde se encuadra el fenómeno particular de la
_Simulación de la locura_. Idéntico móvil preside, en general, todas
las manifestaciones conscientes de la simulación, así como una misma
finalidad orienta todas las manifestaciones de la memoria en los
seres biológicos, y todas las formas del sentimiento de asociación
y solidaridad en la lucha, en las sociedades animales en general y
particularmente en las humanas.
La _Simulación en general_, siguiendo las ideas científicas expuestas,
debe estudiarse, primeramente, por sus manifestaciones en la serie
biológica: sólo después encontraremos sus manifestaciones conscientes
bien desarrolladas en la vida superorgánica, en las sociedades humanas.
En éstas hallaremos la clave para estudiar las _simulaciones humanas de
toda índole_, unificadas por el mismo propósito de la mejor adaptación
del simulador a las condiciones del ambiente donde lucha por la vida.
Entre ellas discerniremos, como hecho general, _la simulación de
estados patológicos_, una de cuyas formas--la más importante para la
psiquiatría y la medicina legal--es la _simulación de la locura en
general_.
Sólo entonces estaremos habilitados para estudiar provechosamente _la
simulación de la locura por los delincuentes_, en sus relaciones con la
psiquiatría, la sociología criminal y la medicina legal.
Simulación en general
━━━━━━━━━━━━━━
/│\
/ │ \
En el mundo biológico
━━━━━━━━━━━━━━
/│\
/ │ \
│ En la vida humana
━━━━━━━━━━━━
/│\
/ │ \
Simulación de estados patológicos │
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
/│\
/ │ \
│ Simulación de la locura, en general
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
/│\
/ │ \
│
Simulación de la locura en los delincuentes
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
[Ilustración]
Con otros métodos y por otros caminos consideramos imposible llegar
a una comprensión clara de la materia a estudiar, y, _a priori_,
predeterminaríamos su insuficiencia.
En suma, el presente ensayo constituye un estudio general de _la
simulación como medio de lucha por la vida_, estudiándola desde sus
primeras manifestaciones inconscientes, en el mundo biológico, hasta
sus complejas modalidades en la vida de los hombres civilizados.
Complementando tal estudio intentaremos el análisis de la _psicología
de los simuladores_, clasificando las variedades más notables de este
grupo, compuesto por individuos en quienes la tendencia a simular
constituye el rasgo dominante de su carácter y su medio predilecto de
lucha por la vida.
Por fin, determinaremos la _evolución de la simulación en las
sociedades humanas_, valiéndonos de las más recientes inducciones de la
sociología y usando el más severo método científico.
En su concepto fundamental, y en algunas cuestiones parciales, esta
síntesis desea ser novedosa; incompleta o deficiente, es ya fruto de
la observación y de estudio asiduo. Si el ensayo no resultara tan
convincente como deseamos al escribirlo, podríamos, por lo menos,
repetir el verso dirigido a Virgilio por el Alighiero, al reconocerle,
en el primer canto de su Infierno:
_Vagliami il lungo studio ed il grande amore._
Buenos Aires, 1900.