Yo soy de una tierra de eternos verjeles,
do en grutas sombrosas de altivos laureles
se aspira la gloria del nombre español;
do corren las fuentes por cauces de flores,
do vagan rientes graciosos amores,
do brilla cual oro la lumbre del sol.
Do alienta la vírgen de tez africana
de espíritu ardiente, cual lava que emana
del cráter profundo de hirviente volcan,
la luz en la frente del alba serena,
el fuego en los ojos que al alma enajena
en dulce mirada de lánguido afan;
el seno que alienta potente latido,
que inquieto, al impulso del fuego escondido,
el alma revela que sueña el amor;
la leve sonrisa del labio hechicero
que fresco y purpúreo ya exhala agorero
un triste gemido de vago dolor;
la planta que leve las flores no mata;
la crencha sedosa que el viento desata
y rico perfume difunde al flotar;
la dulce morena de acento suave,
gacela que trisca, fantástica ave
que el alma adormece con blando cantar;
magnolia en que toma su esencia la brisa,
suspiro del cielo, divina sonrisa
del ángel que guarda la dicha sin fin;
hurí que en los sueños vagó de Mahoma;
arcángel humano que esconde en su loma
velado por flores el alto Albaicin.