CANTO DECIMO-TERCIO.

_Entra Rui Diaz en el Carcarañà, baja à Martin Garcia, pretende

Yamandú dar en la isla, padece Garay naufragio en el Uruguay._

Jamas fortuna dió contentamiento

Que no fuese mezclado con dolores;

De á donde el disfavor es fundamento

De todo buen suceso de favores.

Tambien el favorido pensamiento,

Por fin muy cierto tiene disfavores,

Por lo cual Salomon, sigue, decia,

El dia de tristeza al de alegría.

¡Cuanto dolor, tristeza y amargura,

Y cuanto sobresalto ha pasado

La gente zaratina sin ventura!

Pues quien con atencion bien lo ha notado

Verá, que al mayor mal en coyuntura

Un buen suceso ò gusto ha acompañado:

Que no haber de esta suerte sucedido,

Hubiera el resto Zárate perdido.

¡Qué pena, qué dolor no mitigára

El ver al buen Garay por aquel llano!

La barbara nacion que se juntaba,

No pudiera escaparse de su mano.

Si el bravo y crudo Marte se hallára

Con tal gente de guerra, tan ufano

Y altivo se sintiera, que en la tierra

A todos los mortales diera guerra.

La trompa y atambor les ayudaba,

Los caballos calor iban tomando:

Contento grande, cierto, que causaba

Aquesta gente allí escaramuzando.

Rui Diaz con los suyos lo miraba,

Viniendo su viage navegando;

Y llegando dó aquesto se hacia

Mandó soltar la flaca artillería.

Al fin tomaron puerto, y recontada

La cosa de una parte á otra pedida,

La carga de las balsas descargada,

Caray parte en demanda de comida.

El Melgarejo sale desplegada

Con gran placer su vela y descogida.

En tanto que uno baja y otro queda

Me fuerza Yamandú vuelva la rueda.

Llegado este tacaño con las cartas

Al isla, con placer fué recibido;

El Juan Ortiz le dió cuchillos, sartas,

Y de paño de grana un buen vestido.

De dádivas y dones fueron hartas

Sus manos, por pensar lo ha merecido,

Y él pretende entregarse á suelta rienda

En vida del cristiano y de hacienda.

Pues tiene la traicion así ordenada,

Que dadas estas cartas, vuelva luego

Al rio Igapopé, que es la morada

De un indio, que se dice _Grande Fuego_,

Y de otros que allí viven de coplada,

Con Aguazó, que es guia de este juego.

Allí tiene la cosa de ordenarse

Por dó el cartero dá priesa á tornarse.

Y dice: "volveré yo con comida,

Que así con mis amigos lo he ordenado,

Aquesta cosa quiero sea sabida,

Porque en vernos ninguno sea alterado:

Que aquesta tierra toda está rendida

A mi diccion, é yo la he sujetado."

Con esto Yamandú se suelta en breve,

Y con mas brevedad volver se atreve.

Con diez ú once canoas esquifadas

La vuelta dá el malvado, procurando

Que no esten las personas recatadas,

Mas antes las ocupa rescatando.

No quiero referir, pues, cuan turbadas

Lo estaban, segun supe, y cuan temblando:

Mas con todo se dieron tanta maña,

Que no quajó el cartero su maraña.

En un fuerte la gente recogida,

Porque de esta traicion tienen aviso,

De todo lo posible guarnecida,

Salió el indio que estaba ya arrepiso.

De humos gran señal ha parecido

El rio arriba, y luego de improviso

Los indios que en la gente dar pensaban,

Con gran priesa á su isla se tornaban.

Quedaron los cristianos, como cuando

Levanta un huracan muy espantoso

Las olas en la mar, y vá bufando

El viento con un impetu furioso:

El piloto sagaz está temblando,

Vencido del trabajo y temeroso:

Mas viendo que el peligro está pasado,

Veréisle presumir del esforzado.

O como aquel mancebo que ha cogido

El toro furibundo entre sus manos,

Que siendo de la muerte escabullido,

Huyendo á pura pata por los llanos,

Blasona de la maña que ha tenido,

Y hace en talanquera fieros vanos.

No menos nuestras gentes aquí estaban,

Y al moro muerto gran lanzada daban.

Rui Diaz, como dije, navegando

Salió de _Sancti Spiritus_, y viene

En breve dó le estaban esperando.

A mi me ha parecido me conviene

Quedarme con Garay que và triunfando,

Y Zárate que hambre siempre tiene.

Rui Diaz Melgarejo, pues, allega

Al isla, y la comida les entrega.

Garay de á dó digimos sale á priesa

Con su gente, y las balsas que llevaba,

Lo que en esta salida le interesa

Es el buscar comida que faltaba.

Tambien se procuraba hacer presa

En el falso Terú que allí moraba:

Y oid lo que sucede un dia de Ramos,

Que de vista es el cuento que contamos.

Por un pequeño rio de boscage

Las balsas y la barca caminaban,

Cuando vimos venir un gran salvage.

La canoa en que viene gobernaban,

Al parecer, dos ninfas de buen trage;

En vièndonos á priesa se tornaba:

Y désque al Paraná grande llegaron,

En medio de un remanso se pararon.

Allí nos esperaron grande pieza;

Y así como la barca hubo llegado,

El salvage se estira y endereza,

Y un escudo grandísimo ha embrazado:

Por yelmo un cuero de anta en la cabeza,

El escudo era concha de pescado,

Y el baston que este bárbaro tenia,

Servir de antena en nave bien podia.

Hablando con soberbia encrudecida,

Pregunta por aquel que tiene cargo

Del Armada, que dice que la vida

Le tiene de quitar con fin amargo:

Y dice: "no penseis que fué huida

La mia, por salir aquí á lo largo,

Que quise aquí sacaros al anchura,

Por dar á todos ancha sepultura."

Queria arremeter el can rabioso,

Y en esto dos pelotas le tiraron;

La popa nos volvieron sin reposo

Las faunas, y espantados nos dejaron,

Que con un dulce canto armonioso

A priesa de nosotros se apartaron,

Y á muchos el sentido enternecieron,

Y en un punto de vista se perdieron.

En esto un bergantin vimos venia,

El cual á Santa Fé ha descendido,

Y viendo que Garay bajado habia,

En seguimiento suyo habia venido.

Con socorro el Teniente se le envia

De la Asumpcion, que aquesto hubo subido:

Juntòse con nosotros el navio,

Y dimos en un hondo y chico rio.

El navío à la boca se ha quedado

Con toda la mas gente del Armada:

El Capitan con veinte dentro ha entrado

En la barca de todo pertrechada:

Por tierra los caballos hubo echado,

Del gran Terú se busca la morada:

Hallóse, mas sus indios, al estruendo,

Con mugeres é hijos van huyendo.

Las balsas aquí cargan de comida;

La gente de á caballo vá por tierra

Siguiendo la victoria conocida,

Con ánimo y codicia de la guerra.

Abscóndese la gente dolorida,

Que el temor del caballo la destierra:

Saquea el Español allí las casas,

Y en un punto veréislas hechas brasas.

El Capitan de aquí presto saliendo

Penoso, por no haberle indio parado,

Sus balsas y su gente recogiendo,

A Añanguazú acomete, indio afamado.

Los indios son valientes, y al estruendo

Salieron con esfuerzo denodado,

Y siendo preguntados ¿porque huyen:?

Con la razon del uno así concluyen.

"Dejadnos ya, que estamos temerosos,

Y contra vuestras fuerzas no podemos:

Y vosotros, sobrinos animosos,

A los mancebos dicen, ¿qué os hacemos?

Mirad que á nuestros hijos amorosos

Criar, ni sustentar ya no podemos,

Pues carga de mugeres tan penosa

No espera á vuestra diestra poderosa."

Diciendo aquesto, estaban muy metidos

En un atolladar y gran pantano:

Garay no permitió fuesen heridos,

Que mas de uno probar quiso la mano.

Causaban gran dolor los doloridos,

Que mugeres é hijos por el llano

Sin órden, á gran priesa, iban huyendo,

So tierra lo que tienen abscondiendo.

De aquí el rio abajo navegando,

El Armada se sale á remo y vela:

Un temporal se viene levantando,

Que las yerbas del campo arranca y vuela.

Del isla grande priesa me estan dando,

Que parece la gente se recela.

Pues vamos allá agora, que esta Armada

Aquí queda segura rancheada.

El isla parecia que se hundia,

Y el cielo que venia de caida.

El sud-oeste, viento que corria

Con una fuerza grande desmedida,

Los árboles y piedras conmovia

Por dó la gente andaba dolorida:

Porque tanto ruido levantaba

El viento, que al infierno figuraba.

De dos naves que habia del Armada,

No quiere perdonar esta tormenta

A alguna; que á la zabra que cargada

Està de la comida, la revienta,

Y la abre por cien partes: mas varada

Aquesta fué en el isla; la otra avienta

A tierra firme, y tan metida queda,

Que dudo en algun tiempo salir pueda.

Pues dime, Juan Ortiz: ¡no te conmueve

El ver aquestos trances peligrosos!

¡O duro corazon! á quien no mueve

El temor de los fines sospechosos.

No vemos ser prudente el que se atreve

A perder lo ganado en los dudosos

Y peligrosos casos: lo mas cierto

Es ir siempre á buscar seguro puerto.

A nuestra Armada vuelvo, que metida

Quedaba en un juncal y una ensenada,

La cual halló segura su guarida:

Y el bergantin, tomando una enconada,

Del otra banda está, que de caida,

Allí, por se abrigar, hizo parada,

A dó con Cherandies ha tratado,

Y el tiempo que allí estuvo, rescatado.

Garay con los Beaguas de otra banda

Muy gran trato y rescates ha tenido:

A Caytuá, cacique, dice y manda,

(Pues, para aqueste fin ha descendido)

Que diga á los Beguaes, como él anda

En busca de cristianos, que ha sabido

Que tienen muchos ellos en su tierra,

Habidos de rescate, y no de guerra.

Aqueste Caytuá es comarcano

Al pueblo Santa Fé, y muy vecino:

Garay le trata bien como á su hermano,

Y así con gran contento con él vino.

El cacique no anduvo paso en vano,

Que yendo á los Beguaes de camino,

Cuatro cristianos trajo rescatados

Por anzuelos y espejos muy quebrados.

De aquí salió Garay: con el navio,

Que está de la otra banda, se ha juntado.

Despáchale á la isla por el rio,

Que dicen de las Palmas, afamado.

No vá de bastimentos tan vacio,

Que al fin le han de decir: "bien seais venido:"

Que están como los pollos ya piando,

Y solo por comida suspirando.

El Armada se vá por un estero

Que llaman de Beguaes, que no lleva

La fuerza y la corriente del primero,

A quien él vá á buscar á que le beba:

Y tanto vá sin él á cual postrero,

Que en mas de veinte leguas no le prueba;

Al cabo, porque en breve yo me sume,

Aqueste el Paraná se le consume.

Yendo por este estero navegando

Diez dias, que los tiempos no ayudaban,

Por tierra los soldados van cazando,

Que muy poco las balsas caminaban.

De noche estan con liñas esperando,

Pescando de los peces que picaban:

Aquí pica el Patí, allí el Armado,

Aquí tambien el Blanco y el Dorado.

En una bella noche muy serena,

Habiendo el sueño dado ya sus puertas

A los que nuestra cama era el arena,

Estando centinelas muy alertas,

Con grande dulcedumbre una Sirena

Comenzó de cantar; y cierto, ciertas

Y humanas parecian sus canciones,

Bastantes á mover mil corazones.

Es tan ameno y bello este parage,

Que las hijas de Pierio bien podrian

Dejar de Tracia el monte y su boscage,

Que aquí mas soledad cierto tendrian.

Y aquellos que siguiesen su lenguage

En breve de sus ciencias mas sabrian,

Y en metro y dulce verso el casto coro

Al mundo descubriera su tesoro.

Aquí la gran maldad la Filomena

Lamenta de Teseo, su cuñado,

Con su lengua arpada bien resuena,

Y con canto suave y agraciado

Publica á todo el mundo su gran pena,

Y dice: "pues la lengua me has cortado,

Aquesta gran maldad, cruda tirana,

Labrando contaré toda á mi hermana."

Aquí la sacra fuente cabalina

Sus cristalinas aguas vierte y riega:

Aquí la gran Minerva á la contina

Sus tesoros reparte y los entrega

A todos con largueza muy benina;

Y aquí muy de ordinario en esta vega

La bella y casta Diosa se pasea,

Y con sus compañeras se recrea.

Mas al isla conviene dar la vuelta,

Dejando aquesta Armada en este punto.

Pasada la tormenta y revuelta,

Segun digimos ya en breve trasunto,

El bergantin que fuera á vela suelta,

Llegando toma puerto luego junto,

Y dando de nosotros nueva cierta,

La cosa de esta suerte se concierta.

En busca de Garay luego volvieron

Aqueste bergantin y Melgarejo,

Y aquellos que al presente adolecieron

Llevaron, y mugeres, y es consejo,

Que allá en el Uruguay (adonde fueron)

Se pueble, donde hubiere el aparejo;

Que para los navios está cierto,

Que muy cerca hallará seguro puerto.

Llegados á la punta de este rio,

Quedóse el bergantin grande esperando;

El otro atravesó, que vá vacio,

Garay en esto viene navegando.

En breve se encontró con el navio,

Que estaba en una vuelta ya esperando:

La noche se apresura, el viejo Apolo

Nos huye, y viene airado el grande Eolo.

En un punto vereis que se levanta

Un sur tan riguroso, que atormenta

Con su grave furor cualquiera planta,

Y fuera del lugar propio la abrenta.

El Armada se afierra bien y planta,

El bergantin del lado no se absenta,

Con cabos, guindaletas amarrados,

Estan todos del viento contrastados.

El otro que esperando habia quedado,

Cargado de mugeres, como vido,

El cielo todo andar alborotado,

Camina el rio arriba, y ha tenido

Ventura en se mudar; que haber tardado,

La carga hubiera toda sumergido:

Mas no pudiera ser, que en el Armada

Jamas vide muger ser mal parada.

En tanto que venia el sur bravoso,

Huyendo con presteza su fiereza,

El capitan Rui Diaz valeroso

Caminaba el rio arriba sin pereza.

Lloraran las mugeres sin reposo,

Pensando ya fenece su belleza,

Y que ha de ser á peces entregada,

Y en vida só las aguas sepultada.

Garay en una isla empantanada,

Que dicen por renombre _de la Espera_,

Tenia ya su gente rancheada;

Del bergantin no sale gente fuera.

La enojosa tormenta, pues, pasada,

Al punto que la noche se viniera,

Las balsas desamparan este puesto,

Y oid lo que sucede, pues, de aquesto.

Desta isla dó digo que salieron

Las balsas, se atraviesa la corriente

Del rio, que Uruguay, indios pusieron

Por nombre: tierra firme está de frente;

Las balsas allá van, mas no pudieron

Las olas contrastar, que no consiente

La fuerza del canal remo ni pala,

Que todo lo abandona y lo desvala.

El sur se ha levantado en este punto,

Y hace que el canal ande alterado,

El corriente con fuerza viene junto,

Y el sur, lo que corre encontra, ha hinchado,

¡Ay Dios! que en este punto yo barrunto,

Que el dia de mi fin es ya llegado.

La barca se nos iba trastornando,

Las balsas todas siete trabucando.

Al dia del postrer juicio figuraba

Aquel naufragio nuestro doloroso.

Cual indio de la balsa se arrojaba

Por ir nadando á tierra codicioso;

Cual vuelve dó la balsa se anegaba

En busca del Señor que está lloroso.

Las indias dicen todas que llamemos

A nuestro Dios, pues todos perecemos.

Los caballos ya sueltos van nadando.

Y no tienen peligro, sino afierra

El cabo en parte alguna, que colgando

Le llevan por el agua hasta tierra.

La barca sale en salvo, y descargando

La ropa y aderentes de la guerra,

En busca de las balsas torna á prisa,

A donde todos andan sin camisa.

El que es buen nadador, aunque con miedo,

Al agua desnudandose se arroja:

Quien no sabe nadar estáse quedo,

Y en la balsa metido bien se moja.

Mas ya yo de nadar hablar no puedo:

La gente sale á tierra dó se aloja,

Tendida por la fria y dura arena:

Dejemoslos, que entiendan en su cena.

La Argentina, o La conquista del Rio de La Plata. Poema histórico · 第 35 / 77 题