En este punto embarazoso de la visita, Gracián se hizo anunciar
discretamente, y á poco entró en la estancia con un feliz gesto de
vanidad y triunfo.
Tomó entonces la conversación giros alegres, y recayó en el próximo
viaje de ambas familias á un mismo pueblo montañés.
--Pueblo de pesca--exclamó Gracián, festivo--; yo creo, señoras, que
debemos tomarle á pequeñas dosis, en clase de medicina corporal,
pero con precaución, para que el ánimo quede ileso de nostalgias y
enfermizos decaimientos... Debemos ir con frecuencia á la playa de la
ciudad, que va á estar muy animada, según mis noticias.
--Yo estoy invitada en _Las Palmeras_ con mucho empeño--dijo la
de Villamor, y dirigiéndose á María, que permanecía silenciosa,
añadió:--Tú irás también.
--No le tengo cariño á aquella casa--respondió, la señora con un tono
muy desusado en ella.
Eva, con intención astuta, se apresuró á decir:
--Creí que guardaría para ti adorables recuerdos...
Y dirigió á Gracián una mirada, viva y fugaz, como estival relámpago.
Después continuó hablando con su amiga:
--¿No estás con tus tíos en buenas relaciones?
--Ni buenas, ni malas... Siempre les he querido poco.
--Pues á ti bien te quieren.
--Me quiere Rafael.
--¿Y eres ingrata?--interrogó, muerta de risa, Eva.
Sin alterarse ni dejar de mirar atentamente la punta fina de su bota
imperial, María dijo:
--No soy ingrata, que también le quiero yo.
--Ya lo oye usted, Gracián--exclamó Eva, un poquito burlona.
Y éste, con sorna, aseguró riendo:
--Me está dando un cuidado terrible esa noticia.
Indiferente á estas bromas punzantes, la dama rubia seguía contemplando
con suma atención sus botitas menudas, y Eva, picada por aquella
actitud y aquel mutismo, dijo de pronto, con penetrante acento:
--Pues yo iré á divertirme á _Las Palmeras_ si el niño sigue bien.
Y se levantó para marcharse.
--Procuraremos que se divierta usted--repuso con intención Gracián.
Y, muy galante, quiso acompañarla, porque era ya de noche, y una mujer
bonita, sola por la calle en Madrid...
Aceptó Eva sin excusa la interesada oferta, y entonces á María se le
ocurrió decir:
--También va á _Las Palmeras_ Casilda Manrique.
La miró Gracián con fijeza y encono, replicando:
--Y hará una excursión á tu casa del valle; en honor suyo daremos una
fiesta.
La de Villamor, poco enterada de mundanas intrigas en aquel tiempo,
sintióse llena de curiosidad por descubrir aquélla, cuyo velo se alzaba
casualmente ante sus ojos.
María la preguntó, sin contestarle nada á su marido:
--¿Qué título le pone á su novela Diego?
--Uno muy triste: _Caminos de dolor..._
Ya en el vestíbulo, Rosita, un poco pálida, le presentó el sombrero al
señorito y abrió la rica puerta de bisagras de bronce y esmerilados
cristales.
Extremando los cumplidos con Eva, se la llevó del brazo el caballero.
Bajaban la elegante escalera muy alegres, en ovante coloquio; y sola en
su cuarto, María se acercó á la ventana abierta sobre un breve jardín
lleno de flores, y alzó al cielo los ojos, murmurando:
--¡Caminos de dolor... crueles caminos!