V. SOCIALISMO Y CREENCIAS RELIGIOSAS.

Así, pues, ninguna de las tres pretendidas contradicciones entre

darwinismo y socialismo, afirmadas por Haeckel y repetidas por tantos

otros, resiste a un examen más sereno y sincero de las leyes naturales

que toman su nombre del de Carlos Darwin.

Pero quiero agregar que el darwinismo no sólo no contradice al

socialismo, sino que más bien constituye una de sus premisas

científicas fundamentales, como también, según lo veía acertadamente

Virchow, que el socialismo no es, por una parte, más que la lógica y

vivaz filiación del darwinismo, como por otra parte lo es del

evolucionismo spenceriano.

* * *

{52} La teoría de Darwin, quiérase o no, al demostrar que el hombre

desciende de los animales, ha dado un grave golpe a la creencia en

Dios, creador del universo y del hombre con un _fiat_ especial. Y es

por eso que las más encarnizadas oposiciones y las únicas que

sobreviven contra su inducción fundamental, han sido y son promovidas

en nombre de la religión.

Cierto es que Darwin no se dice ateo y que no lo es Spencer; y en

rigor, tanto la teoría de Darwin como la de Spencer pueden conciliarse

con la creencia en Dios, porque se puede admitir que Dios haya creado

la materia y la fuerza, y éstas se hayan desenvuelto luego en formas

sucesivas, siguiendo el impulso creador inicial. Pero es innegable,

sin embargo, que esas teorías que han hecho cada vez más inflexible y

universal la idea de la causalidad natural, caen inevitablemente a la

negación de Dios, porque contra esa idea queda siempre la pregunta de:

--Y a Dios ¿quién lo ha creado? --Y a la respuesta de expediente de

que Dios ha existido siempre, se le opone la misma, diciendo que

siempre ha existido el universo. --Según la observación de Ardigó, el

pensamiento humano no puede concebir que la cadena que va de los

efectos a las causas pueda detenerse en un punto dado convencional.

{53} Dios, como decía Laplace, es una hipótesis de que no ha menester

la ciencia positiva y que, cuando más, según Herzen, es una X que

resume en sí, no ya lo _incognoscible_ --como dicen Spencer y

Dubois-Reymond-- sino todo _lo que no es conocido todavía_ por la

humanidad. Y es, por lo tanto, una X variable, que se restringe y

retrocede a medida que avanzan los descubrimientos de la ciencia.

Y he ahí por qué la ciencia y la religión proceden en razón inversa,

la una debilitándose y atrofiándose tanto cuanto la otra se extiende y

refuerza en la lucha contra lo desconocido.

Ahora bien, si éste es uno de los efectos del darwinismo, es

evidentísima su repercusión sobre el desarrollo del socialismo.

Suprimida la fe en ultratumba, donde los pobres serían los elegidos

del Señor, y la miseria de este «valle de lágrimas» encontraría eterna

compensación en el paraíso, es natural que se reavive el deseo de un

poco de «paraíso terrestre» también para los miserables y los menos

afortunados, que son los más sobre la Tierra.

También fuera del socialismo, Hartmann y Guyau han notado que la

evolución de las creencias religiosas se realiza en el sentido de

{54} que mientras todas las religiones tienen en sí la promesa de

la felicidad, las primitivas admiten la realización de esa felicidad

en la vida misma del individuo, de donde las sucesivas la transportaron

por exceso de reacción, a ultratumba, y en la fase definitiva esa

realización de la felicidad se repone nuevamente en la vida humana,

pero no ya en el breve instante de la existencia individual, sino en

la permanente evolución de la humanidad entera.

Así, pues, el socialismo también por este lado, se acerca a la

evolución religiosa y tiende a sustituirla, porque justamente

quiere que la humanidad tenga en sí misma el «paraíso terrestre»

sin esperarlo en un _más allá_ que, cuando menos, es muy

problemático.

Y he ahí por qué muchos han notado que el movimiento socialista

tiene, por ejemplo, muchos caracteres semejantes a los del

primitivo cristianismo, hasta por el ardor de la fe en el que

ha desertado del árido campo del escepticismo burgués: tanto

que varios hombres de ciencia, hasta no socialistas, como Wallace,

Laveleye, De Roberty etc., admiten que el socialismo puede

sustituir perfectamente con su fe humanitaria la fe ultraterrestre

de las viejas religiones.

Pero las relaciones más directas y eficaces son {55} siempre, sin

embargo, las que existen entre el socialismo y la creencia en Dios.

Cierto es que el socialismo marxista, después del Congreso de los

socialistas en Erfurt (1891) declara justamente que las creencias

religiosas son asunto de la conciencia privada, y que por lo tanto el

partido socialista combate toda forma de intolerancia religiosa, sea

contra católicos, sea contra judíos, como yo sostuve también en un

artículo contra el _antisemitismo_. Pero esa superioridad de miras no

es, en substancia, más que el efecto de la seguridad de la victoria

final.

Justamente porque el socialismo sabe y prevé que las creencias

religiosas, si no como fenómenos patológicos de la psicología humana,

como las calificó Serbi, seguramente como inútiles fenómenos de

incrustación moral, están destinadas a atrofiarse ante la divulgación

de la cultura naturalista, aunque sólo sea elemental; justamente por

eso el socialismo no siente la necesidad de combatir de una manera

especial las mismas creencias religiosas, destinadas a perecer. Y eso

aunque sepa que una de las fuerzas más poderosas en favor suyo, es

justamente la falta o la disminución de la creencia en Dios, por

medio de la cual los sacerdotes de todas las religiones y en todas

las fases históricas, han sido los más {56} fuertes aliados de las

clases dominantes, al mantener a las turbas subyugadas por la

fascinación religiosa, como las fieras bajo el látigo del domador.

Y he ahí por qué los conservadores más clarovidentes, aunque sean

ateos por su cuenta, lamentan que el sentimiento religioso --ese

narcótico preciocísimo-- vaya decayendo entre las masas,

entendiéndolo ellos, utilitaria y farisaicamente (aunque no lo digan)

como un instrumento de dominación política.

Desgraciadamente, sin embargo, --o afortunadamente-- el sentimiento

religioso no puede restablecerse por decreto de rey ni de presidente

de república. Se va extinguiendo, no por culpa de éste o del otro, y

sin necesidad de propaganda especial, porque está en el aire que

respiramos --preñado de inducciones científicas experimentales-- que

no encuentre ya las condiciones de existencia que hallaba tan

favorables en la ignorancia mística de los siglos pasados.

Y queda así demostrada la directa influencia de la ciencia positiva

moderna --que sustituye el concepto de la causalidad natural al del

milagro y de la divinidad--, en el desarrollo rapidísimo y en las

bases experimentales del socialismo contemporáneo.

* * * * *

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Socialismo y ciencia positiva (Darwin-Spencer-Marx) · 第 9 / 20 题