_LA EDAD DE BRONCE Y DE HIERRO._
Á las edades de oro y plata sucedió la de bronce, mas áspera que
aquellas por la crueldad de los vivientes, y pronta para las horribles
armas; pero no del todo viciada. La última edad fué la de hierro;
é inmediatamente se originó de ella toda maldad con un siglo de
peor vena.[24] Desapareciéron el pudor, la verdad y la lealtad; y
en su lugar se entrometiéron el engaño, la traycion, la violencia,
y la insaciable codicia. El piloto se entregaba á los vientos sin
conocerlos; y las naves, que por tanto tiempo habian sido el decoro de
los encumbrados montes, fuéron abandonadas á la furia de las olas no
tratadas: ya se hizo indispensable que el diestro agrimensor señalase
límites á la tierra, comun ántes á todos, como lo eran la luz y el
ayre; y no contentos con las abundantes cosechas que producia, iban
á extraer de sus entrañas las riquezas[25] que escondia, y habia
depositado en el infierno,[26] y que despues fuéron el orígen de
innumerables males.
[Ilustración: (10) La edad de bronce y la de hierro en las que se
manifestó la ferocidad del género humano.]
Ya estaba descubierto el nocivo hierro[27] y el oro aun mas
perjudicial,[28] quando se apercibe la guerra á lidiar con ámbos,[29]
y hace resonar por todas partes el estruendo de las armas con mano[30]
sanguinaria. Vivíase del hurto, y el huésped arriesgaba su seguridad.
El suegro no estaba seguro del yerno, y apénas los hermanos vivian en
paz. Velaba el marido por quitar á su muger la vida, y esta al marido:
la desapiadada madrastra hacia uso del veneno, y los hijos ántes de la
muerte de sus padres averiguaban los años que podian vivir. La piedad
estaba en el olvido, y la doncella Astrea[31] abandonó la última de los
Dioses la tierra, contaminada ya con la sangre de los malos.