PRÓLOGO.

Si hubiera de manifestar en este prólogo mi dictámen acerca del mérito

poético de los _Metamorfóseos_ ó _Transformaciones_ de Ovidio, sospecho

ganaria pocas ventajas mi crédito y gusto literario en esta parte

para con algunos, que se dexan deslumbrar de los oropeles y falsas

apariencias. Diria seguramente cosas nada conformes á ciertos gustos,

que se saborean con manjares poco substanciosos y de mero deleyte.

Diria, por exemplo, que en este Poema solo se hallan tres cosas

apreciables, y aun excelentes; que son la invencion, las transiciones,

y la fluidez de los versos. Ovidio ciertamente no es inventor de

ninguna de las fábulas que componen sus Metamorfóseos, pues en su

tiempo ya contaban algunos siglos de antigüedad; pero las ilustró, las

exôrnó, y las vistió de un modo agradable y halagüeño: en una palabra,

las hizo suyas, acomodólas á su designio, amenizólas con algunas

circunstancias que llamasen la atencion de los lectores, las encadenó

con transiciones bastante naturales, y finalmente las hizo gustosas con

fáciles y fluidos versos.

Diria que Ovidio en este Poema es en exceso redundante y nimio: es

recargado y prolixo: es enfadoso, y pesado en sus descripciones; y á

las veces algo amigo de conceptillos y de jugar del vocablo; pero en

medio de estos, que me parecen lunares, hallo golpes y pinceladas las

mas maestras, y rasgos apénas imitables. Ovidio quiso decirlo todo,

y no dexar libertad al lector para que pensase y discurriese. No

sabe dexar el pincel de la mano, ni apartarle de la tabla, cargando

y recargando mas y mas sus quadros, hasta enervar el vigor de la

invencion primera. El fluxo, el arrebatado raudal de frases y palabras,

que hacia esfuerzos en su imaginacion por saltar á la pluma, no podia

ménos de cerrar en gran parte el paso á la fuerza poética, y á las

imágenes valientes que diferencia al poeta de los meros trobadores.

Las continuas repeticiones de una cosa dicha de tres ó quatro modos,

cansan á todo juicio y gusto sazonado por buena, por bien dicha que la

cosa sea. _La miel_, decia Gorgias Tarentino, _no se debe probar con

toda la mano, sino con la punta del dedo. Mel non cava manu, sed summis

digitis degustandum._

Diria en fin, que las Transformaciones de Ovidio, sin embargo de ser un

poema que no acabó de limar, es de mucho atractivo para la juventud,

y propio para formar la fantasía de buenos poetas, y mucho mas para

instruir en la Mitología á los pintores y escultores. Acaso fuera un

poema mas completo, si Ovidio le hubiera compuesto en sus últimos años.

Forjóle en el fuego de su juventud, y por lo mismo trasladó á él todo

el vigor de su imaginacion, aun no madura; y quando en su destierro

quiso quemarle ó corregirle, ya no pudo, por haberse multiplicado las

copias en Roma y otras partes.

Yo he formado juicio de que los buenos maestros, los buenos jueces

y los buenos censores en poesía son aun mas raros que los buenos

poetas, con serlo tanto estos. Igualmente he fallado para mí, que la

mayor parte de los preceptistas y escritores de artes poéticas, quando

han querido poner en execucion sus mismas reglas y preceptos, no han

producido nada de sublime, ni aun quizá han adquirido una medianía.

Quanto á lo primero, hemos visto sabios que eleváron á Estacio sobre

todos los poetas latinos: otros hiciéron á Lucano superior á Virgilio.

Respecto á lo segundo, será buen exemplar Julio César Escalígero, que

habiéndonos dexado excelentes preceptos de poesía, nos dexó tambien

poemas que corresponden bien poco á lo que debíamos esperar de aquellos

juiciosos preceptos. Sobre el modelo de Escalígero se han vaciado

despues innumerables poéticas; pero los versos de sus autores no

parecen fruto de las reglas que prescribiéron.

Pero volviendo á la prodigalidad de Ovidio en algunos lugares de sus

Transformaciones, digo, que aunque podia causar algun fastidio al

leer, por exemplo, el número y afectados nombres de los perros que

despedazáron á su amo Acteon (Libro III, verso 206); y aunque en pedir

perdon de sus errores es Ovidio cansado y enfadoso, como vemos en sus

_Tristes_, elegía 6, libro I; esta misma, que parece pesadez, es un

nuevo raudal poético por la diversidad con que lo dice.

Déxese, pues, en su lugar el mérito poético de las Transformaciones

de Ovidio, y vamos á la necesidad que tienen de ellas los profesores

de pintura y escultura, para el buen desempeño de las fábulas

que se les ofrece executar en sus facultades. Hace muchos siglos

que las inconcusas verdades de la religion cristiana corriéron

del entendimiento humano el denso velo que cubria los ojos de la

gentilidad, y el enemigo comun no pudo ya tenerla mas tiempo fascinada

con deidades mentidas, é inventadas á capricho de los hombres; quedó

demostrada con argumentos invencibles la imposibilidad y lo absurdo de

tales seres. De Júpiter que manejaba los rayos; de Juno que gobernaba

los ayres; de Vénus que repartia gracias; de Marte que vencia las

batallas, y de otros infinitos seres de igual clase, nada mas ha

quedado que sus nombres fabulosos, y la verdadera certidumbre de que

los hombres los fingiéron, y de que jamas han exîstido.

Pero los hombres sabios, aunque sobradamente desengañados de la vanidad

de tales Dioses, parece no han podido alejarles totalmente de su

fantasía. Les han conservado un distinguido lugar en la dramática, en

la lírica, en la épica, y aun mas en la pintura y escultura. Verdad

es que los profesores de estas artes solo llaman en su socorro estos

fabulosos Dioses para asuntos alegóricos, comparando sus acciones,

gusto, genio &c. con los de aquellas personas que quieren simbolizar

baxo de los geroglíficos que llaman fábulas.

¿Se han de representar las ilustres hazañas de un héroe guerrero?

Inmediatamente se piensa en Hércules, triunfador valeroso en todas sus

empresas y trabajos. ¿Se debe construir una fuente magnífica, rica y

abundante de aguas? Al punto viene Neptuno con su tridente, carroza

de conchas, caracoles y mariscos, cortejado de Nereydas, Tritones,

Delfines y demas gente de escama. Para simbolizar la liberalidad y

beneficencia de un Príncipe, he aquí que sale Júpiter, dador de todos

los bienes. Quando se quiere significar la integridad de un Magistrado,

se pintan los tres Jueces de la casa de Pluton, y Astrea con su

balanza. Marte reyna en la guerra; Mercurio en el comercio; Ceres en

los campos; Amaltea con su cornucopia demuestra la abundancia; Pluton

gobierna los infiernos; Saturno, que es el tiempo, lo destruye y

aniquila todo con su guadaña.

Estos y otros infinitos objetos alegóricos y mitológicos enriquecen la

imaginacion de los artistas; y ciertamente no tenemos escritor alguno

que mejor ni con mas gracia se les inspire y sugiera que Ovidio en

estas Transformaciones: no se contentó con referirnos la teogonia,

ó generacion de los Dioses fabulosos, como hizo Hesiodo, sino que

imitando á Partenio (poeta griego que floreció algunos años ántes que

Ovidio), y á otros dos ó tres fabulistas, fraguó sus Transformaciones,

unas tomadas de la Mitología antigua, ampliadas á su gusto y facundia

poética, y otras acomodadas á la física y cosas naturales: bien que

casi todo fingido á placer, y no solo falso, sino tambien inverosímil,

y exâgerado en extremo.

Mas esta misma variedad y travesura puede fecundizar la imaginacion de

los artistas y poetas en invenciones caprichosas, como sepan y puedan

contenerse dentro de los límites de la congruencia y decoro. Podrán,

por exemplo, representar con elegancia los errores y temeridades de

la desaconsejada juventud en Faeton, Icaro, Acteon, Merope, Neso,

Ariadna y Narciso; la vanidad y presuncion en Marsias y Aracnea;

la detestable voracidad en Caríbdis y Licaon; la bastarda avaricia

en Bato; la hospitalidad en Filemon y Baucis; la criminosa pasion

en Biblis y Macreo; la detestable fiereza y crueldad en Medea; los

desgraciados amores en Píramo, Tisbe y en Adonis: la imprudencia en

Ascalafo; la facilidad en Danae, Leda y Europa; la horrible brutalidad

en Teréo, y la constancia en Filomela &c. En suma, la lectura de

las Transformaciones de Ovidio será un mineral inagotable para los

artistas; y para los otros sobremanera gustosa sobre todos los libros

de Mitología. Aun la misma pesadez, nimiedad y redundancia, con que

procede en algunas narraciones, puede convenir á ciertos artistas de

invencion remisa y obtusa, á quienes hay necesidad de mover y estimular

con repeticiones y nuevos modos de significar las cosas. En efecto,

se hallan algunos artistas, á quienes nada sobra por mucho que una

descripcion se les repita, para que la desenvuelvan, la vistan y la

exôrnen en sus diseños.

Para los artistas seria mucho mejor esta obra si se pudiese poner en

verso castellano con el mismo fuego que tiene en el latino; pero esto,

en mi dictámen, es poco ménos que imposible. Aun quando hubiera quien

saliese con tanto empeño, se dexaria una gran parte de las bellezas

que tiene en el original, y las que pasasen á la version llegarian tan

débiles y cansadas, que no las conoceria el autor que las produxo;

pero por otra parte les seria mas perjudicial que útil, á mi corto

modo de entender; porque careciendo muchos de ellos de los principios

de la poesía, cuya sintaxîs es tan agena de la que usa la prosa; ó

no comprehenderian muchas veces lo que el poeta queria decir, ó lo

entenderian quizá muy al reves, y en tal caso seria mayor la pérdida

que la ganancia. Por esta causa he preferido esta manera de traduccion

á la de los versos, procurando hacer los esfuerzos posibles para

expresar con toda claridad el sentido del original: si lo he conseguido

ó no lo juzgarán los sabios imparciales, á los quales, si he atinado á

complacer en este trabajo, daré por bien empleados los afanes que me ha

producido.

[Ilustración: (2) Ovidio recibe de su Musa favorita una pluma arrancada

de un ala del Amor.]

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 51 / 101 题