Hace dos días ha llegado a Petrel un señor que representa a unos miles
de hombres, que viven aquí, ante otros pocos hombres que se reúnen en
Madrid. Estos hombres se juntan en un ameno sitio llamado Congreso. En
este sitio hablan, pero de pie, inmóviles. No son peripatéticos. A pesar
de esto, a Azorín le son simpáticos todos estos hombres que hablan
siempre.
--Sarrió--ha dicho Azorín--, este hombre a quien llamamos _diputado_ es
un excelente señor. Él estrecha todas las manos, acoge todas las
demandas, contesta con una sonrisa todos los enfados. Es un hombre
simple y bueno. Y como a mí me encanta la simpleza, anoche, en un rato
de ocio, compuse en su honor una liviana fabulilla. Hela aquí: