A las once, en el correo, Azorín ha recibido otra carta de Verdú. (La
anterior ha llegado en las primeras horas de la mañana, por el tren
mixto.)
«Petrel...
Querido Antonio: No sé si continuar instándote para que no dejes de
venir. Creo que me dará mucho sentimiento verte, pero te quiero
tanto y tanto...
Si vienes, ven pronto.
Lo que me sucede, querido Antonio, es muy extraordinario. Ni tomo
más alimento que jícaras de caldo y leche y alguna pequeña galleta,
ni duermo más que algunos minutos, y estoy tan débil, que hace
veintiséis días que no he puesto los pies en la calle, porque no
puedo andar.