_DEDICATORIA_
_Quiero dedicarle este pequeño libro a Ricardo Baroja, como prueba de
amistad. Ricardo Baroja es, a mi entender, un original y ameno artista;
en sus charlas he encontrado muchas sutiles paradojas y un recio
espíritu de independencia. Yo siento que mi ofrenda no sea más
consistente; pero la vida de mi amigo Antonio Azorín no se presta a más
complicaciones y lirismos. Porque en verdad, Azorín es un hombre vulgar,
aunque_ Correspondencia _haya dicho que "tiene no poco de filósofo". No
le sucede nada de extraordinario, tal como un adulterio o un simple
desafío; ni piensa tampoco cosas hondas, de esas que conmueven a los
sociólogos. Y si él y no yo, que soy su cronista, tuviera que llevar la
cuenta de su vida, bien pudiera repetir la frase de nuestro común
maestro Montaigne:_ Je ne puis tenir registre de ma vie par mes actions;
fortune les met trop bas: je le tiens par mes fantasies.
_J. M. R._