[1] La edición in-folio contendrá además el _Análisis razonado_ de los
materiales de que me he valido para construir los mapas y los perfiles
hipsométricos.
[2] Præ lætitia prosiliisse te, vixque á lachrymis præ gandio
temperasse, quando literas adspexisti meas, quibus de antipodum orbe
latenti hactenus, te certiorem feci, mi suavissime Pomponi, insinuasti.
Ex tuis ipsis literis colligo, quid senseris. Sensisti autem, tantique
rem fecisti, quanti virum summa doctrina insignitum decuit. Quis namque
cibus sublimibus præstari potest ingeniis isto suavior? quod condimentum
gratius? A me facio conjeturam. Beari sentio spiritus meos, quando
accitos alloquor prudentes aliquos ex his qui ab ea redeant provincia
(Hispaniola insula). Implicent animos pecuniarum cumulis augendis miseri
avari: nostras nos mentes, postquam Deo pleni aliquandiu fuerimus,
contemplando, huyuscemodi rerum notitia demulceamus.--Esta carta, que
con tanto acierto pinta los placeres de la inteligencia, ha sido
escrita, conforme á la común opinión, á fines de Diciembre de 1493.
(_Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis, Protonotarii
Apostolici, Prioris Archiepiscopatus Gratanensis, atque á consiliis
rerum Iudicarum Hispanicis_). Amstelodami, 1670; Epíst. CLII, página 84.
[3] Acerca de los trabajos científicos de este hombre extraordinario,
véase Capmany, _Memorias históricas del comercio de Barcelona_. Quæst.
II, pág. 68.
[4] La suposición de que Asia se extendía hacia el Oriente más allá de
los 180 grados de longitud. Véase también RENNEL, _Geography of
Horodotus_, pág. 685.
[5] NAVARRETE, _Viajes de los españoles_, t. I, pág. LXXIV.
[6] Capítulos V al IX. No ha sido posible descubrir hasta ahora el
original español de esta biografía, cuyo manuscrito puso el nieto de
Cristóbal Colón, D. Luis, Duque de Veragua, en manos de un patricio
genovés llamado Fornari. De una copia que sin duda era bastante
defectuosa fué traducido en 1571 al italiano por Alfonso de Ulloa, y
retraducido del italiano al español en 1749, para insertarlo en la
colección de _Historiadores primitivos de Indias_, de González Barcia
(t. I, pág. 128). Compárese también Antonio de León, _Epitome de la
Biblioteca Oriental y Occidental náutica y geográfica_, 1629, pág. 62; y
SPOTORNO, _Códice diplomático Colombo Americano_, 1823, página LXIII.
[7] Es la que llegó á ser célebre por la reimpresión italiana que hizo
Morelli, bibliotecario de Venecia, en Bassano en 1810. Había sido ya
impresa en español en los primeros años del siglo XVI. (ANTONIO DE LEÓN
PINELO, _Biblioteca Occidental_, 1738, t. II, pág. 566), y aun en
italiano, según Bossi, en Venecia en 1505.
[8] Documentos diplomáticos, n. CXL. _Libro de las Profecías que juntó
el almirante D. Cristóbal Colón, de la recuperación de la santa ciudad
de Hierusalem, y del descubrimiento de las Indias._ (NAVARRETE, t. II,
páginas 260, 265, 272). En Septiembre de 1501 envió Colón este
manuscrito teológico que, á pesar de la diferencia de países y de
siglos, recuerda involuntariamente las graves discusiones del inmortal
Newton, sobre el undécimo cuerno de la cuarta fiera de Daniel (BREWSTER,
_Life of Newton_, 1831, pág. 279), á un cartujo, el P. Gaspar Gorricio,
para que lo perfeccionara y adornara con sabias citas. Sitúo este suceso
diez y ocho meses antes de la muerte del Almirante, ocurrida en 20 de
Mayo de 1506, porque al final del manuscrito de las _Profecías_ se trata
del eclipse de luna que observó Colón cerca del cabo oriental de la isla
de Haití el 14 de Septiembre de 1504. Pero hay otra parte de las
_Profecías_, por ejemplo, la que trata del peligro del próximo fin del
mundo, anterior á 1501. «San Agustin, dice Colón, diz que la fin deste
mundo ha de ser en el sétimo millenar de los años de la creacion dél:
los sacros Teologos le siguen, en especial el cardenal Pedro de Ailiaco
(Pedro d’Ailly, nacido en Compiegne en 1350). De la criacion del mundo ó
de _Adam_ fasta el avenimiento de Nuestro Señor Jesucristo son cinco mil
é trescientos y cuarenta é tres años y trescientos y diez y ocho dias,
por la cuenta del rey D. Alonso, la cual se tiene por la más cierta, con
los cuales, poniendo mil y quingentos y uno imperfeto, son por todos
seis mil _ochocientos_ cuarenta y cinco imperfetos. Segund esta cuenta
no falta salvo ciento é cincuenta y cinco años para complimiento de
siete mil, en los cuales _digo_ arriba, por las autoridades dichas, que
habrá de fenecer el mundo.»
[9] Poco antes, sin embargo, en la misma carta á sus Soberanos explícase
Colón con la mayor ingenuidad acerca de su propia erudición, cuya
importancia, al parecer, desconoce. «De muy pequeña edad entre en la mar
navegando, é lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien
le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de
cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega,
todo lo he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia,
eclesiásticos é seglares, latinos y griegos, judios y moros, y con otros
muchos de otras setas.
»A este mi deseo (conocer los secretos de este mundo) fallé á Nuestro
Señor muy propicio, y hobe dél para ello espirito de inteligencia. En la
marinería me fizo abondoso; de astrología me dió lo que abastaba, y así
de geometría y arismética; y engenio en el ánima y manos para debujar
esferas y en ellas las cibdades, rios y montañas, islas y puertos, todo
en su propio sitio.
»En este tiempo (en su juventud) he yo visto y puesto estudio en ver de
todas escrituras, cosmografía, historias, corónicas y filosofía, y de
otras artes ansí que _me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano
palpable, á que era hacedero navegar de aquí á las Indias, y me abrió la
voluntad para la ejecucion dello; y con este fuego vine á V. A._ Todos
aquellos que supieron de mi impresa con risa la negaron burlando: todas
las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon ni las antoridades de
ellas: en solo V. A. quedó la fe y constancia, ¿quién dubda que esta
lumbre que fué del Espíritu Santo, así como de mí, el cual con rayos de
claridad maravillosos consoló con su santa y sacra Escritura á Vos muy
alta y clara con cuarenta y cuatro libros del viejo Testamento, y cuatro
evangelios con veinte é tres epístolas de aquellos bienaventurados
Apóstoles, avivándome que yo prosiguiese, y de contino, sin cesar un
momento me avivan con gran priesa?» Fol. IV de las _Profecías_. Leyendo
estas líneas llenas de candorosa ingenuidad, se comprende la dificultad
de traducir con la energía propia de la antigua lengua castellana los
escritos de un hombre que con excesiva modestia se llama á sí mismo:
_lego marinero, non doto en letras y hombre mundanal._
[10] MUÑOZ, _Historia del Nuevo Mundo_, lib. II, párrafo 21. NAVARRETE,
t. I, páginas LXXIX-LXXXI. REMESAL, dice en su _Historia de Chiapa_
(lib. II, cap. VII), que desde 1486 estaba Colón al servicio de España,
y que á fines de dicho año se verificaron las disputas cosmográficas de
Salamanca en el convento de San Esteban, durante las cuales los monjes
dominicos se mostraron más tratables é instruídos que los profesores de
la Universidad.
[11] Las Casas estudió derecho en Salamanca y pasó con Ovando á Haití.
Poseía muchas cartas del Almirante y hasta un escrito autógrafo, «sobre
indicios de tierras occidentales, reunidos por pilotos y marineros
portugueses y españoles». Fernando Colón contaba catorce años de edad
cuando acompañó á su padre en el cuarto y último viaje, y aunque en
general es mejor crítico y más juicioso historiador que Bartolomé de Las
Casas, muéstrase muy reservado y de un laconismo que á veces desespera
en todo lo que se relaciona con el origen genealógico y las aventuras
del Almirante antes de 1492.
[12] HERRERA, _Historia de Las Indias Occidentales_, dec. I, lib. I,
cap. VI.
[13] Primera y segunda carta de Pablo Toscanelli á Cristóbal Colón.
(_Colección diplomática_, núm. 1.º, en NAVARRETE, t. II, páginas 1 y
3.)
[14] BERNÁLDEZ, _Historia de los Reyes Católicos_, cap. VII. El motivo
de visitar las tierras del Gran Khan, para enseñarle, _conforme á su
deseo_, la fe cristiana, se expresa en la carta al Rey y á la Reina,
puesta al frente del Diario del primer viaje de Colón, según la copia de
Las Casas. _Vuestras Altezas ordenaron que no fuese por tierra al
Oriente (á la India y á los pueblos del Gran Kan), por donde se
acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta
hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie_. La instrucción Real
dada á Amerigo Vespucci el 15 de Septiembre de 1506, copiada por Muñoz
en los Archivos de la _Contratación_ de Sevilla, habla también de la
_armada que el Sr. D. Fernando mandó hacer para ir á descubrir el
nacimiento de la especería_. (NAVARRETE, t. I, pág. 2; _Códice
diplomático_, núm. CL, t. II, página 317.)
[15] También Las Casas, _Historia de las Indias_, lib. I, capítulo CII,
dice que iba vestido como fraile franciscano.
Herrera refiere que el famoso navegante Alonso de Ojeda, que acompañó á
Colón en su segundo viaje, se hizo fraile franciscano. Este aserto
carece de fundamento. (NAVARRETE, t. III, página 176.)
[16] _Memoir on Sebastian Cabot, illustrated by documents of the rolls,
now first published_, 1831, pág. 10.
[17] NAVARRETE, t. I, pág. 2. Véase también la relación del viaje en el
miércoles y en al sábado (páginas 16 y 17), donde Colón dice «que no se
quiso detener, pues su fin era pasar á las Indias, y si se detuviera no
fuera buen seso.» Y más adelante (haciendo distinción entre el
continente de Asia y las islas que lo rodean), añade, «que si erraban la
isla de Cipango no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una
vez ir á tierra firme y después á las islas.»
[18] Véase el _Diario del Almirante_, en NAVARETTE, t. I, página 58. En
el Diario copiado por Las Casas se lee: «_Miércoles_, _14 de Noviembre
de 1492_. Dice el Almirante que cree que estas islas son aquellas
inumerabiles que en los mapamundos en fin del Oriente se ponen.» Dice
también Colón que creía que el grupo de estas islas se extendería y
ensancharía hacia el Sud, y que en ellas encontraría «_grandísimas
riquezas y piedras preciosas y especería_.» El Atlas de mapas catalanes
de la Biblioteca Real de París, que data del año 1374, y del que
poseemos minucioso estudio debido á la sagacidad de Mr. Buchon, tiene
una leyenda relativa al mar de la India, que indica la existencia en él
de 7.548 islas, «ricas en piedras finas y metales preciosos.» En el
mapamundi de Martín Behaim, terminado en 1492, se encuentra una cita de
Marco Polo (lib. III, cap. 42), de 12.700 islas, «con montañas de oro,
de perlas y doce clases de especias» (_mit vil Edelgestain, Perleim und
Golt Peragen, 12 lei Spezerey und wunderlichem Volck, davon lang zu
schreiben_), dice Behaim en su antiguo y enérgico lenguaje. GOTTL. VON
MURR, _Diplom. Gesch, von Martin Behaim_, 1778, pág 37. La cita de Marco
Polo no es exacta. El viajero veneciano habla de 12.700 islas (lib. III,
cap. 38), aludiendo á las Maldivas (ed. de Marsden, pág. 717), Behaim
transporta este grupo de islas al Nordeste, lo cual influyó en las
opiniones de los navegantes al fin del siglo XV.
[19] MALTE BRUN, _Geographie Universelle_, 1831, t. I, página 616.
[20] Dec. I, lib. I, cap. 1 al 6.
[21] _Almagrurim_ significa mejor _engañados en sus esperanzas_, y la
raíz de esta palabra es _meghrur_.
[22] PLUTARCO, _De plac. phil._, III, 12. Pasaje repetido por Galieno,
_De Phil. Historia_, cap. 21, ed. Kühn, 1830, t. XIX, pág. 294. Esta es
una de las causas indicadas por Demócrito y que recuerda la falta de
equilibrio que, según un mito javanés, Batara Guru, el Ser Supremo,
observaba en la tierra inclinada al Oeste, al cual puso remedio
trasladando algunas montañas.
[23] «Lo que hay más bello en la tierra habitada se encuentra en las
extremidades», dice Herodoto, lib. III, cap. 107; quien, como Thales y
Anaximenes, no cree en la forma esférica de la tierra (lib. V, cap. 92).
[24] BREDOW, _Untersuch. über alte Geschichte und Geographie_, 1800,
pág. 78. UKERT, _Geographie der Griechen und Römer_, vol. II, parte
1.ª, páginas 234-243.
[25] En la época mítica de la expedición de los argonautas todavía se
sospechaba que el _mar interior_ tenía también comunicación por el
Nordeste con el gran _río Océano_.
[26] STRABÓN, lib. III, pág. 224. En el pasaje del lib. I, página 82, la
restricción «poco después de la época del sitio de Troya» refiérese á la
fundación de las colonias.
[27] La primera expedición griega más allá de las columnas de Hércules
es la de Colæus, posterior sin duda á la época de Homero; sería, pues,
posible que los fenicios hubiesen transmitido á los helenos la noción
del mar exterior y la frase que la designa.
[28] Lib. IV, cap. 152. Fundándose Voss en la época de la colonización
de Cyrene, sitúa la expedición de Colæus antes de la diez y ocho
Olimpiada, más de 708 años antes de nuestra era. Según las recientes
investigaciones de Mr. Letronne, la expedición de los de Samos
corresponde al primer año de la Olimpiada treinta y cinco.
[29] Sobre Scylax y la verdadera época de la redacción del Periplo que
ha llegado hasta nosotros, véanse NIEBUHR (_Kleine Schr._, J. I, 1810,
pág. 105); UKERT (_Geographie der Griechen und Römer_, 1816, t. I, Abth.
2, páginas 285-297); M. LETRONNE, _Journal des Savants_, Febrero-Mayo,
1825.
[30] SCYL. CARYAND, _Peripl._ (Hudson, t. II, págs. 53 y 54); ARISTOT.,
_De mirabil. auscultat._, pág. 1157.--ARISTOT., græce, ex recensione
Bekkeri, 1831, pág. 844, párrafo 136. En este último pasaje, del cual me
ocuparé también más adelante al examinar la posición del _Mar de
Sargazo_ de los navegantes portugueses, háblase de la abundancia de
atunes que la mar arroja con el sargazo, y que salados y puestos en
toneles eran llevados á Cartago. Paréceme que esta indicación confirma
lo que dice M. de Köhler (_Tarichos ó Recherches sur l’Histoire et les
Antiquités des pécheries de la, Russie Meridionale_, 1832, pág. 22),
sobre el comercio en _tarichos_ (pescados salados) de la ciudad de
Turdetania y sobre las pesquerías fuera de las columnas de Hércules.
[31] _Relation historique_, t. III, pág. 236. Las divisiones que
especifica Aristóteles (_De Mundo_, cap. III; Bekk., pág. 393) sólo se
refieren á los golfos y sinuosidades del _Mar Interior_ comparados á un
puerto en que, entrando por el estrecho las aguas del Océano, llegan á
estar más tranquilas.
[32] Véase una Memoria de Mr. Letronne, llena de elevadas
consideraciones acerca de la historia de la geografía antigua (_Essai
sur les idees cosmographiques qui se rattachent au nom d’Atlas_, pág. 9
y 10; en Mr. de FERUSSAC, _Bulletin Universel des Sciences_, Marzo 1831,
sección VII). Prueba el autor que la expedición de Colæus, realizada en
una época en que los helenos de Thera ignoraban hasta la posición de la
Libia, sólo precedió en setenta años á la composición del poema
_mítico-político_ de Solón sobre la Atlántida que ocasionó la
transformación del personaje de Atlas, el Titán, en Atlas montaña,
situada fuera del estrecho, y sosteniendo el cielo. Acerca de este Atlas
montaña, he hecho algunas conjeturas en mis _Tableaux de la Nature_, t.
II, pág. 150.
[33] Copérnico, en la dedicatoria á Paulo III del tratado de
_Revolutionibus orbium cœlestium_, atribuye, quizá menos por falta de
erudición que por ocultar su audacia, su propio sistema de la revolución
de los planetas alrededor del sol á los Pitagóricos, ora á Hicetas y á
Heraclides del Puente, ora á Philolao y á Ecphanto. Pero en la
antigüedad sólo fueron verdaderos copernicanos Aristarco de Samos y
Seleuco de Erythrea, no empleando ni _Hestia_ ni _Autichthon_.
[34] _De Cœlo_, lib. II, cap. XIV, págs. 297 y 298 (ed. Bekk.).
[35] STRABÓN, lib. I, pág. 103, y lib. II, pág. 162 Alm.
[36] En el Periplo de Hannón háblase de existencia de elefantes á media
jornada de navegación al Sur del cabo Espartel (Véase BREDOW,
_Untersuch. über alte Geschichte und Geographie_. St. I, pág. 33, y mi
_Relation historique_, t. I, pág. 172), Á menos de extender
considerablemente hacia el Sur el conocimiento que los antiguos tenían
de la costa occidental de África, y de que el gran río Chremestes
(_Meteor._, lib. I, cap. 13, pág. 150) sea el Senegal, no podría
aceptarse la idea de que Aristóteles conocía el Oeste de África hasta el
paralelo de Agisymba, al Norte del cual no admite Ptolomeo, acaso sin
haber visto el diario de Hannón, ni elefantes, ni rinocerontes, ni
negros de cabello rizado (Véase PTOLOMEO, _Geogr._, lib. I, cap. 9. y
las discusiones de Mr. Letronne sobre la tradición de Halma en el
_Journal des Savans_, Abril, 1831, pág. 274). Refiérome sólo en esta
nota á los elefantes, al Norte del Sahara, en las costas oceánicas
occidentales de África ó en el reino de Fez. Estrabón (lib. XVII, pág.
1.183 Alm., pág. 827 Cas.) nombra también los cocodrilos, completamente
iguales á los del Nilo, y nada dice de la antigua existencia de
elefantes en el Atlas mediterráneo oriental, reconocida por Eliano (VII,
2), y acerca de la cual Mr. Cuvier (_Ossemens fossiles_, ed. 2.ª, t.
I, pág. 74) ha presentado interesantes observaciones. Todo esto
pertenece á la _Historia de los animales_, es decir, á los cambios
sufridos por consecuencia del transcurso de los siglos en la
distribución geográfica de los animales en el globo; historia muy
distinta de la parte descriptiva, vulgarmente llamada _Historia natural
de los animales_.
[37] ARISTOT., _De Mundo_, cap. 3, pág. 392, Bekker, y _Meteor._, lib.
II, cap. 5, pág. 362.
[38] COSMAS, _Chistianorum opinio de mundo_, en MONTFAUCON, Collectio
nova Patr. et Script. græc., 1706, t. II, páginas 113-315 (el mapa, pág.
189), WILLIAM VINCENT, _Commerce and navigation of the ancients_, t. II,
páginas 533, 537, 567. BREDOW, St. 2, páginas 786 y 797. MANNERT,
_Einleit. in die Geographie der Alten_, 1829, páginas 188-192.
Atribuíase al mismo Cosmas una obra menos teórica (_Cosmographia
universalis_), en la que debía haber tratado especialmente de la tierra
situada más allá del Océano. Más adelante hablaré de las analogías que
presenta la circunvalación de montañas que suponían los Padres de la
Iglesia más allá del Océano homérico, con los mitos de la India, el
mundo Kaf de los árabes, y algunas opiniones helénicas antiquísimas.
[39] STRABÓN, II, pág. 182 Alm., pág. 121 Cas.
[40] GOMARA, _Hist. General_, cap. 8, pág. 110. Véase sobre los
fundamentos de esta hipótesis y las censuras que ocasionó á Colón aun
durante su vida, mi _Relation historique_, t. I, pág. 506.
[41] DANTE, _Purgatorio_, canto I, v. 22; canto IV, v. 139, _Infierno_,
canto XXVI, v. 100-127 (_Divina Comedia, col comento de G. Biagioli_,
1818, t. I, páginas 484-487).
[42] HERODOTO, lib. V, cap. 49.
[43] MONTFAUCON, l.c., pág. 37 (_Tzinistam Oceanas ad orientem ambit._
COSM., lib. XI). En la geografía de Tolomeo, el _Sinarum Sinus_ (parte
del _mar de Sin_ de Edrisi), era la embocadura del _Sinus Magnus_, y
Thinæ estaba situada en la costa occidental del extremo del continente
asiático, que, reuniendo al Oeste el Prasum Promontorium de África,
formaba la costa meridional del mar interior de la India. Al contrario,
en el sistema más antiguo de Eratosthenes, Thinæ estaba situada en el
mismo paralelo de Rodas en la costa oriental de Asia, y la embocadura
del Ganges se encontraba en esta misma costa figurada, inclinándose de
Nordeste á Sudoeste.
[44] También en COSMAS cree advertir Montfaucon la primera indicación
del Malabar, «región muy comercial en la que se cría la pimienta y donde
hay cristianos como en Sieledivar (Ceylan).» Es _la Malé_ del
Indicopleustes (lib. III, pág. 178; lib. XI, pág. 337).
[45] EDRISI, _Geogr. Nub._, París, 1619, pág 148. Es probable que en
esta fábula del canal abierto por _Dhoulcarnaïn_ (que tiene dos
cuernos), y de _Kheder_, ó más bien _Chidr_ (el personaje verde), que,
según Djevhari, fué uno de los compañeros de Moisés, estén mezcladas y
confundidas, como en otras tradiciones antiguas populares de Arabia,
ideas semíticas (fenicias) é ideas griegas, y que esta fábula sea
resultado de observaciones náuticas y geológicas sobre la dirección
constante de la corriente oceánica del Oeste al Este, y de la
continuidad de una cordillera calcárea. Gabriel Sionita, el traductor
latino de Edrisi, dice: «Is enim ad populos Andalusiæ cum pervonisset et
continuas eorum quas cum incolis. _Sus_ (terræ Barbarorum metropolis,
Hartmann) habebant pugnas audivisset, operariis atque geometris ad se
convocatis suum de arida illa terra fodienda et canali aperiendo animum
explicuit, precipitque illis, ut terræ solum cum utriusque maris æquore
metirentur; quod ubi præstitere, deprehenderunt _á Mari magno_
(tenebroso) _parum superari altitudinem Damascenum_. Viene después la
descripción de los diques artificiales construídos por Dhoulcarnaïn
«cuyos restos vió Edrisi en las épocas de aguas bajas». Acerca del
personaje principal de este mito, véase HERBELOT, _Bibl. Orient._ (art.
_Escander Dhoulcarnaïn y Kheder ó Khedber_), y EDRISI, _África_, ed. de
J. M. Hartmann, 1796, pág. 313.
[46] Páginas 6, 39, 147 (Hartmann, pág. 7). M. Kurtzmann, en una Memoria
premiada por la Facultad filosófica de Gottinga (_Comment. de Africa
geograph. Nub._, 1791, pág. 8), explica el nombre de _Mare Tenebrosum_
por la tradición de una nube vista al Oeste de Porto Santo, que
descansaba en la superficie del mar, _visión_ análoga á la de la
fabulosa isla de San Borondón ó Brendan que los habitantes de Madera y
de la Gomera veían todos los años al Oeste, y que llamó singularmente la
atención de Colón, cuando antes de 1492 buscaba por todas partes
argumentos en que apoyar su sistema.
[47] EDRISI, páginas 36 y 37. Este es el notable pasaje en que se
menciona la grande isla _Malai_ (Malaca?), muy extensa de Este á Oeste,
y _Soborma_ ó Sumatra, que es la _Java minor_ de Marco Polo. Edrisi
terminó su obra el año 1153, unos ciento sesenta años antes que
Abulfeda. Así, pues, las islas Vac-vac, mejor dicho _Uac-uac_, eran en
el siglo XII la última tierra conocida al Oriente, y por tanto, envuelta
en fabulosas tradiciones, como al Oeste lo estaban, en los tiempos de
Homero y Hesiodo, el Elíseo, las Hespérides y las Gorgonias. No deben
confundirse las islas _Vac-vac_ del mar de Sin con una isla del mismo
nombre, cerca de Sofala, en la costa oriental de África (Hartmann,
páginas 104-109). Las primeras, según Bakui y Ebn Tophaïli, comentado
por Eichhorn, son «tan ricas de oro, que los monos llevan collares de
este metal, y el árbol que grita _uak uak_ á los que desembarcan (sin
duda cuando algunos grandes Psittaceas anidaban en ellos), tienen en la
extremidad de sus ramas, primero abundantes flores, y después, en vez de
frutos, bellas muchachas que llegaron á ser objeto de exportación, y que
Masudi Khothbeddin llama _puellas vasvaskienses_».
[48] El final de este pasaje (Edrisi, pág. 3) casi recuerda la imagen
cosmogónica que empleaba la escuela de Thales; sin embargo, Edrisi
construyó para el rey Roger II de Sicilia un _globo_ terrestre de plata,
según d’Herbelot y Pococke, de 800 marcos de peso (WILLIAM VINCENT,
_Commerce and navigation_, t. II, pág. 568), y en las primeras páginas
de sus _Relaxationes animi curiosi_, admite: _Terram esse rotundam globi
instar, ac non habere perfectam rotunditatem quia sunt in illa
declivitates, et aqua fluit ab acclivi ad declive._ La circunferencia de
la tierra está indicada en Edrisi conforme al _cálculo de los indios_,
expresión que aumenta el número de testimonios dados por los Sres.
Colebrooke, Guillermo de Schlegel, y recientemente Federico Rosen (en su
traducción y comentario del álgebra, de Mohamed Ben Musa), de lo
cosechado por los árabes en la literatura más antigua de los indios.
[49] _Creaturæ omnes sunt septemtrionali terræ parte_, etc. (Edrisi,
pág. 2).
[50] ALBERTI MAGNI GERMANI, _Philosoph. principis, Liber cosmographicus
de natura locorum_, Argentor, 1515, fol. 14 _b_ y 23 _a_.
[51] Los razonamientos de Alberto el Grande sobre el calor más ó menos
grande producido por el ángulo de incidencia de los rayos solares,
variable con las latitudes y las estaciones, como sobre los efectos
frigoríficos y caloríficos de las montañas (loc. cit., lib. III, fol. 23
_b_.) son muy exactos y parecen no pertenecer á la época en que vivía
este hombre eruditísimo.
[52] Esta fe en la erudición astronómica de los indios en un provincial
de los dominicos, que ignoraba hasta el nombre de sanscrito, es muy
notable.
[53] Su muerte, como lo ha comprobado Muñoz con documentos auténticos,
ocurrió en Sevilla el 22 de Febrero de 1512, y no como pretende el
biógrafo de Vespucci, Bandini, en 1516, en Terceira. Si es cierto que
Vespucci vió, como él asegura, en su tercer viaje (desde Mayo de 1501 á
Septiembre de 1502) la constelación de la Osa Mayor en el horizonte,
llegó en las costas orientales de América hasta el grado 26 de latitud
austral, y no hasta el 32 como él mismo afirma. Más cierto es que Juan
Díaz de Solís navegó en 1508 hasta el grado 40 Sur, sin ver, no
obstante, la embocadura del Río de la Plata, que descubrió en un segundo
viaje, partiendo del puerto de Lepe en Octubre de 1515.
[54] FRATRIS ROGERI BACON, ORD. MINORUM, _Opus majus_, Londini, 1733,
páginas 445, 447. Al hablar de este grande hombre del siglo XIII, no
necesito recordar que la libertad de espíritu de Roger Bacon no le
emancipaba completamente de las quimeras de la química de las
transformaciones y de la afición á la astrología. Esperaba, sin embargo,
hacer ésta «menos engañosa por el perfeccionamiento de las tablas
astronómicas.»
[55] Obispo de Cambray desde 1396, y citado frecuentemente en tiempo de
Colón con la denominación de _Cardenalis Camaracensis_. El Almirante le
llama _Pedro de Ailiaco_, y su hijo don Fernando, en la _Vida_ de su
padre, _Pedro de Heliaco_.
[56] Después de su tercer viaje llegó Colón á Haití el 30 de Agosto de
1493. Los buques que trajeron la carta á que aquí me refiero, partieron
el 18 de Octubre del mismo año. (MUÑOZ, libro VI, § 43).
[57] Este volumen en folio, que he estudiado cuidadosamente y comparado
con las grandes ediciones de Alberto el Grande y de Roger Bacon, ni está
paginado, ni contiene indicación del lugar donde vió la luz; pero se
sabe, con bastante exactitud, que el tratado _De Imagine Mundi_ ha sido
escrito en 1410 é impreso por primera vez en 1490 (JOANNIS LAUNOII
CONSTANTANTIENSIS, _Regii Navarræ Gymnasii Parisiensis Historia_, 1677,
tomo II, pág. 478). Existe también, de Pedro de Ailly, _Quæstiones in
sphærum mundi Joannis de Sacrobosco_, y _Tractatus super librum
Meteororum_ (impreso en Strasburgo en 1504, y en Viena en 1509). Las
cinco memorias: _De Concordantia astronomicæ veritatis cum theologia_,
recuerdan algunos trabajos modernísimos de _Teología hebraizante_,
publicados cuatrocientos años después del cardenal d’Ailly.
[58] Toscanelli, en su carta al canónigo Martínez (escrita en 1474), no
cita el nombre de Marco Polo, ni se le encuentra en los escritos de
Cristóbal y de Fernando Colón. Tengo algunas dudas acerca de las
nociones que, según Ximénez, Muñoz y Navarrete, debe haber sacado de los
capítulos 68 y 77 del lib. II de Marco Polo, relativamente al Quinsay y
á Zaitun. Más adelante veremos lo que puede corresponder á este viajero
ó á Nicolás de Conti, de quien nos ha dejado Pogge algunos fragmentos,
por desgracia muy incompletos. No negaré que el uso de las copias
manuscritas fuese bastante común en la época en que preocupaban á Colón
sus proyectos de descubrimientos, es decir, entre 1471 y 1492. La
impresión más antigua de Marco Polo es la traducción alemana. Publicóse
en Viena en 1477, tres años después que la carta de Toscanelli, y sin
duda quedó desconocida é ininteligible para el sabio florentino. También
es poco probable que Colón pudiera sacar partido de esta versión
alemana; y si no vió la versión latina de Marco Polo, sin fecha ni lugar
de impresión, conservada en el Museo Británico (versión que se supone
ser de 1484 ó de 1490), debe creerse que antes de su primer viaje sólo
pudo aprovechar copias _manuscritas_ de Marco Polo, probablemente de la
traducción latina del monje Pepino ó Pepuri de Bolonia, hecha en 1320,
que circulaba unida á antiquísimas versiones manuscritas italianas. Las
impresiones más antiguas del viajero veneciano son: en alemán de 1477;
en latín de 1490 (_Marco Polo translated by Marsden_, páginas 57, 62,
70, 74, 75). Respecto á Aristóteles y á Strabón, que cita Colón con
tanta frecuencia, pudo ver ediciones latinas del libro _De Cœlo_ (Padua,
1473) y de la _Geografía de Strabón_ (Venecia, 1472); pero es más
verosímil, según he dicho, que el Almirante citara los autores antiguos
por los extractos que de ellos encontró en Alliaco y otros cosmógrafos
italianos, españoles ó árabes que habitualmente consultaba.
[59] Esta frase de monte Sopora á donde Salomón envió sus exploradores
al fin del Oriente, es bastante singular. Sin embargo, Colón, al nombrar
el monte Sopora, se refiere sin duda á Ophir, nombre que los Setenta
escriben _Sophira_, _Sophir_, _Sophara_. La última forma ha hecho que se
relacionara con la Sofara de Edrisi, célebre por su abundancia de oro.
[60] Son las propias palabras de Roger Bacon en el _Opus majus_, páginas
190, 231, 233.
[61] Según las investigaciones de KLAPROTH (_Journal Asiatique_, 1822,
t. I, pág. 264), los primeros asignados de los tártaros, grabados en
madera, y las primeras cajas de descuento para el papel moneda datan del
año 1155 (un siglo antes de la misión de Rubruquis á Asia). El papel
moneda existía ya en China desde fines del siglo X. Los primeros naipes
grabados en madera son del año 1120. La imprenta china (con caracteres
no móviles) publicó el primer libro impreso sobre letras grabadas en
madera en 952. Esta _editio princeps_ precedió 484 años al
descubrimiento del ingenioso artífice de Guttenberg, descubrimiento que
pudo hacerse á fines del siglo XIII, á la vuelta de Marco Polo si este
viajero, en su _Millione_, hubiera llamado seriamente la atención del
lector acerca de la imprenta en la China. Pero no menciona lo que llegó
á serle muy familiar, y en este caso están la imprenta y el uso del té.
Además, al nombrar Marco Polo el papel moneda chino, indica
indirectamente el procedimiento de la impresión en caracteres no
móviles. Josaphat Bárbaro, que recorrió la Persia en 1436, el mismo año
que se cree ser el del descubrimiento de nuestra imprenta, y que conoció
esta moneda, introducida en China por los mogoles, dice expresamente:
«In quel luogo si spende moneta di carta laquale ogn’anno si muta con
nuova stampa; é la moneta vecchia, in capo del anno, si porta alla zecca
dove gli é data altra tanta di nova é bella, pagando tutta via due per
centi di moneta d’argento buona.»
[62] Parece que el Cardenal tenía á la vista el pasaje de Strabón, t.
II, pág. 161.
[63] L. C. _Mapa Mundi_, sección VIII, _de quantitate terræ_.
La prueba de que Colón medía la distancia recorrida en millas italianas
encuéntrase en el diario de su primer viaje, viernes 3 de Agosto de
1492, donde dice «_sesenta millas que son quince leguas_». Las leguas
marinas españolas son de tres millas. Tomás Parcacchi (_Isole più famose
del Mundo_), cuya segunda edición es de 1576 recuerda que diez y siete y
media _leguas_ ó 70 _millas_ de Italia forman un grado. No se usaban por
tanto en los siglos XV y XVI las antiguas millas romanas que en número
de 75 formaban un grado ecuatorial.
[64] «Memoria ó anotación que hizo el Almirante, mostrando ser
habitables todas las cinco zonas con la experiencia de la navegación.»
BARCIA, _Historiadores primitivos de Indias_, tomo I, páginas 4, 6.
[65] «Estando el Almirante en Portugal, empezó á conjeturar que del
mismo modo que los portugueses navegaron tan lejos al Mediodía, podría
navegarse la vuelta de Occidente y hallar tierra en aquel viaje; y para
confirmarse más en este dictamen, empezó de nuevo á ver los autores
cosmógrafos que había leído antes, y á considerar las razones
astrológicas que podían corroborar su intento, y consiguientemente
notaba todos los indicios de que oía hablar á algunas personas y
marineros por si en alguna manera podría ayudarse de ellos. De todas
estas cosas supo también valerse el Almirante, que vino á creer por sin
duda que al Occidente de Canarias y de las islas de Cabo Verde había
muchas islas, que era posible navegar á ellas y descubrirlas; y para que
se vea de cuán débiles argumentos llegó á fabricarse ó salir á luz una
máquina tan grande, y para satisfacer á muchos que desean saber
distintamente los motivos que tuvo para venir en conocimiento de estas
tierras y tomar á su cargo esta empresa, referiré lo que he hallado en
sus escritos sobre esta materia.»
[66] ¿Por qué medios? Sin duda comparando las altitudes obtenidas á los
resultados de la estima, y considerando los rumbos en los cuales se
singlaba. Inútil es recordar aquí de cuántos elementos inciertos
dependía este cálculo, sobre todo añadiendo á estas incertidumbres la
imperfección de la medida del surco por la corredera ó cadena de la
popa, y el efecto de la influencia de las corrientes y de la declinación
variable de la brújula. En la carta á los Monarcas Católicos donde hace
la relación del tercer viaje de descubrimiento, vemos al Almirante
practicar la valuación del valor de un grado _equinoccial_, según
Alfragan. Aplica esta valuación aunque confusamente á la _longitud_ del
Golfo de las Perlas (Golfo de Paria) y á la distancia de este golfo á
las islas Canarias. NAVARRETE, t. I, página 258.
[67] Dos páginas extraordinariamente raras que publicó por primera vez
Muratori conforme á un manuscrito conservado en Génova (_Rerum
Italicarum Scriptores_, 1733, t. XXIII, página 302). El mismo Antonio
Gallo ha escrito _De Rebus Genuensium_, 1466-1478. Se vanagloria de
haber redactado el breve comentario _De Navigatione Columbi_ conforme á
las cartas firmadas por el Almirante (_epistolas quas vidimus manu
propria Columbis subscriptas_).
[68] El verso 5.º, que contiene las siguientes palabras: _Et in omnem
terram exibit senus eorum et in fines orbis terræ verba eorum_, dió
ocasión á este raro episodio, que no se esperaba por cierto encontrar en
un salterio.
[69] _Vida de D. Cristóbal Colón_, cap. X. Al fin de este capítulo se
trata del mapamundi que Bartolomé Colón dibujó en Londres en 1488 para
el rey Enrique VII, y de los versos exámetros que el dibujante se
atribuye haber compuesto:
_Pingitur hic etiam nuper sulcata carinis_
_Hispanis, zona illa, prius incognita genti,_
_Torrida, quæ tandem nunc est ab nottisima multis._
La exactitud histórica exigiría en estos versos el elogio de los
portugueses, quienes visitaban entonces más que los españoles las costas
tropicales de África.
[70] _Vida de D. Cristóbal Colón_, cap. II. Aunque D. Fernando muestra
generalmente altivez de sentimientos y declara que el hijo de Cristóbal
Colón no necesita más gloria hereditaria que la que puede legar un
grande hombre, su ira contra el obispo Giustiniano la exitó, según
parece, un motivo poco filosófico. El Obispo había dicho en el salterio
«que la familia del Almirante ejercía pobremente un oficio manual».
[71] NAVARRETE. _Viajes y descubrimientos de los españoles_, tomo III.
_Colección diplomática_, págs. 539, 583, 586 y 587. «Estándo cerca de
Paria, el Almirante demandó á los pilotos el punto de viaje que
llevaban, é unos decian que estaban en la mar de España, é otros en la
mar de Escocia» (sin duda á causa del mar alto y agitado que se
encuentra en las inmediaciones de la isla de la Trinidad). «El Almirante
(dice el testigo Bernardo de Ibarra) envió á España _en una carta de_
_de marear los rumbos y vientos por donde había llegado á Paria._ Por
aquella carta se habian hecho otras é por ellas habian venido Pedro
Alonso Merino (Niño) e Ojeda.» Era más que la _pintura_ de la tierra
firme; era una carta de navegar. De igual suerte creo que lo dicho en
una carta de la reina Isabel, recibida por Colón en Septiembre de 1493
en el Puerto de Santa María, respecto á la carta de marear que el
Almirante había prometido á la Reina, y cuyo envío exige ésta con tantas
instancias, no era más que el trazado de los descubrimientos del primer
viaje. (NAVARRETE, t. II, pág. 107, núm. LXX.) Sería muy interesante
encontrar estos diseños de mano de Colón, sobre todo los
correspondientes á las tierras vistas el viernes 12 de Octubre de 1492.
[72] PLINIO II, 68. Es el elocuente párrafo sobre la extrema pequeñez de
los continentes que termina con estas palabras: «_Hæc est materia gloriæ
nostræ, hæc sedes; hic tumultuatur humanum genus, hic instauramus bella
civilia mutuisque cadibus laxiorem facimus terram._»
[73] Colón, en la carta de 7 de Julio de 1503; NAVARRETE, tomo I, pág.
300; BARCIA, t. I, pág. 6. La lectura de ciertos libros de filósofos
(dice también su hijo D. Fernando) enseñó al Almirante que la mayor
parte de nuestro globo estaba en seco.
[74] Es muy difícil clasificar, según sus épocas, los acontecimientos de
la vida de Colón antes de que llegara á España. Con pocas excepciones,
acepto el resultado de las investigaciones de Muñoz y de Navarrete.
Fernando Colón, en la _Vida del Almirante_, cap. XIII, dice que el viaje
á Thulé lo hizo en Febrero de 1477, citando una _anotación_ de puño y
letra de su padre; y Spotorno fija la fecha de una expedición á Túnez en
1478. (_Códice diplomático Colombo-Americano_, 1823, página XIII.) Si
estos datos no son dudosos, porque Spotorno quiere también que el
nacimiento de Cristóbal Colón fuera en 1447 en vez de 1436, los viajes á
Thulé y á Tunez, como también los que hizo á la costa de Guinea, se
habrían verificado después de la llegada del Almirante á Lisboa.
Discutiremos en otro sitio la cuestión de si la isla que Colón llama
Thyle ó Tile, cuyas costas meridionales se encuentran á 73 grados de
latitud, y donde «tantos negociantes de Brístol llevan sus mercancías»,
puede ser la Islandia. No cito entre las aventuras de Colón la más
extraordinaria, la que, fiando en la autoridad de Fernando Colón,
repiten tantos biógrafos modernos, como si ignoraran las observaciones
críticas del abate Ximénez y del historiógrafo D. Juan Bautista Muñoz.
Preténdese que Colón, después de navegar largo tiempo con su pariente,
el famoso corsario genovés llamado _Colombo el Mozo_, para no
confundirle con su abuelo el Almirante que había vencido á los
musulmanes, arrojóse al mar cuando el incendio de dos barcos sujetos con
garfios de abordaje en un combate contra las galeras venecianas,
verificado entre Lisboa y el Cabo de San Vicente. Fernando Colón dice
que este suceso fué causa de que su padre fijase la residencia en
Portugal, y que se refiere en la décima década del Tito Livio de su
época, Marco Antonio Sabellico, bibliotecario de San Marcos. Pero
Cristóbal Colón llegó á Lisboa en 1470, y Sabellico (_Rhapsod. hist.
en._, dec. X, lib. 8; é _Hist. ver. Venet._, dec. IV, lib. 3) dice que
el suceso ocurrió en 1485. (LEÓN XIMÉNEZ, _Del Gnomone fiorentino_,
1756, página XLVII; MUÑOZ, _Intr._, pág. VI.) Ahora bien: en 1485
encontrábase Colón hacía más de un año en España ganándose la vida con
dibujos de cartas de marear y la venta de _libros de estampas_;
probablemente habitaba en el Puerto de Santa María, en casa de su
protector el Duque de Medinaceli.
Paréceme que esta última circunstancia resulta probada por una carta del
Duque de Medinaceli, fechada el 19 de Marzo de 1493, en la que reclama
de la corte algún privilegio de comercio, «por ser el primero que dió á
conocer al Gobierno español este _Colomo_ (El Duque transforma el
apellido Colón casi en el de uno de los hombres más influyentes en
aquella época, Juan de Coloma) (_Códice diplomático Colombo-Americano_,
página 55) que ha hallado tan grande cosa». En 20 de Enero de 1486
encontramos ya al Almirante al servicio de los Reyes Católicos.
(NAVARRETE, t. I, pág. XLII, t. II, _Documentos dipl._, núm. 14, pág.
20.)
En cuanto á los estudios, parece que Colón los continuó celosamente,
viviendo en intimidad durante su permanencia en España con algunos
religiosos muy instruídos como el franciscano Juan Pérez, guardián del
convento de la Rábida, cerca de Palos, convento en el que Colón pidió un
pedazo de pan para su hijo, durante la para él triste época en que, al
exponer sus proyectos, se le respondía que _todo era un poco de aire_.
Consultó también al padre dominico Diego Deza, profesor de Teología de
la Universidad de Salamanca, que tenía á su cargo la educación del
infante D. Juan, y fué después arzobispo de Sevilla; y finalmente, al
cartujo Fr. Gaspar Gorricio, que trabajó con el Almirante en el libro de
las _Profecías_. (_Manipulus de auctoritaribus, dictis ac sententiis et
prophetiis circa materiam recuperandæ Sanctæ Civitatis et montis Dei
Sion; ad Ferd. et Helisab. reges nostros_).
Estos religiosos ayudaron á Colón á aplicar las citas de los profetas á
su empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo. Colón dice, al principio
de la relación de su tercer viaje, que cuando todos se burlaban de él,
sólo dos frailes fueron constantes amigos suyos. Las Casas en su
_Historia_ cree que el Almirante alude á Diego de Deza y á Fr. Antonio
de Marchena, que acaso sea el guardián del convento de la Rábida Juan
Pérez. El Almirante debió nombrar también al médico García Hernández (de
Palos), que asistió á las primeras conferencias de la Rábida, y que,
como testigo en el pleito con el fiscal del Rey, prestó tan señalados
servicios á D. Diego Colón y á sus herederos. (NAVARRETE, t. III;
_Colección dipl._, páginas 561, 596 y 604.)
[75] Las versiones latinas de los libros de Aristóteles _De Cœlo, De
Meteorología y De Animalibus_, hechas sobre las de Averroës, se
publicaron en 1473, 1474 y 1476. Circulaban además en la Edad Media
muchas traducciones manuscritas de los libros de física de Aristóteles,
entre ellas la versión de Miguel Scott. Strabón no fué publicado en
griego hasta diez años después de la muerte de Colón, pero pudo éste
aprovechar las traducciones latinas de Roma (1467) y de Venecia (1472).
Los clásicos latinos eran los de más circulación, especialmente Séneca,
que tanto animaba al paso desde España á la India, cuyas obras fueron
impresas en 1475; Solino, que vió la luz en 1473; Pomponio Mela en 1471,
y Plinio desde 1469.
[76] Encuéntrase en JOANNIS SCHONERI CAROLOSTAD, _Opusculum
Geographicum_, 1533, parte II, cap. I, gran número de citas falsas de
autores clásicos aplicadas «á la América que no es una parte de la
_India superior_.» Esta «_India superior_», denominación de la Edad
Media, designaba las tierras al Nordeste de la India, _extra Gangem_; y
como de muy antiguo y hasta los tiempos de Cosmas, por la confusión
homérica de la Etiopía y de la India, la India exterior abarcaba al
Oeste la Arabia y la Troglodítica (LETRONNE, _Christ. de Nub._, 1832,
páginas 33 y 130), de igual manera en tiempos posteriores fué aplicado
el nombre de India á las tierras más orientales. Esta extensión del
mismo nombre influyó en las denominaciones dadas á América. De las tres
Indias de MARCO POLO (II, 77; III, 39 y 43; _Africa_, EDRISI, pág. 81,
Hartm.), la segunda ó _media_ (la Albisinia) era la India _interior_ de
Philostorgo y de muchos escritores eclesiásticos; pero no de Cosmas,
cuya _otra India_ ó _India interior_ es el _país de la seda_, es decir,
la _India superior_ de los geógrafos de los siglos XV y XVI. El
conocimiento de estas diferencias es indispensable para el estudio de
los escritos geográficos é históricos de la Edad Media.
[77] Los resultados de esta misión más allá de Méroë pueden verse en
Plinio, VI, 29.
[78] NAVARRETE, t. II, páginas 264 y 272. El Almirante añade: «Seneca in
VII tragetide Medeæ in Choro audax nimium.» Es el final del acto
segundo.
[79] NAVARRETE, t. I, páginas 303, 309 y 312.
[80] _Historia de las Indias Occidentales_, Dec. I, lib. I, capítulo I,
pág. 2.
[81] En muchos manuscritos de POMPONIO MELA se le llama _Tile_ y _Tyle_.
[82] _Vida del Almirante_, cap. IV. Más adelante trataré este asunto.
[83] Fray Hernando de Talavera, que después fué primer Arzobispo de
Granada, y que no debe ser confundido con el Arzobispo de Sevilla, antes
Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, dominicano, sin el cual (_carta
del Almirante á su hijo D. Diego fechada el 21 de Diciembre_) «Sus
Altezas no hubieran adquirido las Indias». En efecto, después del
franciscano Fr. Juan Pérez de Marchena, guardián del convento de la
Rábida, Deza fué el amigo más fiel é íntimo de Colón.
Se cree con fundamento que la _disputa de Salamanca_ ocurrió durante el
invierno de 1487, porque el sitio de Málaga terminó el 18 de Agosto de
1487, y la época de la _disputa_ está indicada, por la estancia de los
Monarcas en Salamanca durante el invierno, después del sitio citado.
Según asegura el historiógrafo Muñoz, Colón, favorecido por los
dominicos, habitaba en Salamanca en el convento mismo de San Esteban con
el citado profesor de Teología Fr. Diego de Deza. Vemos también que las
primeras remuneraciones concedidas á Colón son de 1487 y 1488 _por
cédula del Obispo de Palencia_; sin embargo, el favor singular, pero
comodísimo para un viajero, de alojarse gratis él y los suyos en todos
los dominios de España, procede del decreto de Córdoba de 12 de Mayo de
1489.
Al hablar de estos hechos anteriores al primer viaje, debo recordar uno
curioso que Navarrete, relacionando fechas con sagacidad, ha puesto en
claro, á saber, que no fueron tanto las persuasiones y buena amistad del
Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, las que impidieron á Cristóbal
Colón volver á Lisboa y aceptar los nuevos ofrecimientos del Rey de
Portugal, contenidos en una carta de 20 de Marzo de 1488, como los
amores y el avanzado estado de preñez de una bella dama cordobesa, doña
Beatriz Enríquez, madre de D. Fernando Colón, hijo natural del
Almirante, nacido el 15 de Agosto de 1488. Esta dama sobrevivió á Colón,
quien en el testamento puso una cláusula en su favor, añadiendo
ingenuamente: «la razon dello non es licito de la escrebir aqui.» Los
biógrafos del grande hombre, como de costumbre, no han mostrado tan
virtuosa discrección.
[84] «En fin, esta isla Atlántica podría ser la isla de que Séneca hace
mención en el sexto libro de _Las Cosas Naturales_ (el pasaje
_Quæstiones Nat._, VI, 24) dice, según el pensamiento de Tucídides, que,
_pendiente la guerra de Morea_, fué sumergida enteramente ó en parte una
isla llamada Atlántica, _de que_ habla _Platón_ en el Timeo.»
[85] Estacio y Seboso que dicen..... En cuanto á las islas Hespérides de
Seboso, «el Almirante tuvo por cierto que fuesen las de las Indias». Yo
ignoro lo que sea un _Tratado Cosmográfico de los lugares habitables_
del (historiador?) Julio Capitolino, que cita Fernando Colón, cap. VII.
[86] De este error participan casi todos los hombres instruídos del
siglo XVI. Anghiera dice también (epíst. 769): «In Cassiteridibus
insulis quas Portugalensis, earum possessor, Azorum insulas nuncupat,
quæ acciderunt, audito.»
[87] Prueba esta influencia la rapidez con que se repitieron las
ediciones de la Enciclopedia de Reisch en los primeros veinte años. Me
he valido de la edición de 1503, que Panzer y Ebert consideran la más
antigua; pero después demostraré que esta obra fué escrita antes de
1496.
[88] TERTULIANO, _De Pallio_, cap. II. «Viderit Anaximander si plures
(mundos) putat: viderit si quis uspiam alius ad Meropas, ut Silenus
penes aures Midæ blatit, aptas sane grandioribus fabulis, &c. (Véase
también _Tertuliano, adversus Hermog._ cap. XXV). «Silenum illum _de
alio orbe_ abseverantem.»
[89] Según Theopompo, el mismo Saturno es entre los occidentales una
encarnación del invierno.
[90] «Quod si est _alter orbis_ suntque opositi nobis á meridie
Antichthones; ne illud quidem á vero nimium abscesserit, in illis terris
ortum amnen (Nilum) ubi subter maria cæco alveo penetraverit, in nostris
rursus emergere et hac re solstitio accrescere, quod tunc hiems sit unde
oritur.» (TZSCHUCKE, _ad Mel._, vol. II, p. _I_, páginas 226 y 334). Lo
de la oposición de la estación de las lluvias en el trópico de Cáncer y
en el de Capricornio, es la teoría de los sacerdotes egipcios expuesta
por Eudoxio (PLUTARCO, _De plac. phil._, IV, I). La hipótesis del Océano
llenando la región ecuatorial, hacía indispensable el subterfugio del
paso submarino del Nilo. Esta idea, adoptada por Philostorges en el
siglo V para unirla á las ilusiones teológicas, no era opuesta á la
física de los antiguos, que con el mayor atrevimiento suponían
comunicaciones fluviales entre el Peloponeso y Sicilia; y Cosmas
Indicopleustes hace también que nazcan los cuatro ríos del Paraíso en su
continente _transoceánico_, y lleguen por canales subterráneos á nuestra
tierra habitada.
[91] «Duo (cinguli) sunt habitabiles; quorum australis ille, in quo qui
insistunt, adversa nobis urgent vestigia, nihil ad vestrum genus. Hic
autem alter subjectus Aquiloni, quem in colitis-parva quædam est insula,
circumfusa illo mari quod Oceanum appelatis.» (CICER., Opp. edit.
Schutz. t. XVI, p. II, página 98.)
[92] «Antichtones alteram (terræ partem) non alteram incolimus.» (Mela,
I, 1, 2). Ya hemos visto antes que estos Antichtones de Mela, habitantes
del hemisferio austral, están separados de nuestra masa continental por
el Océano, que cubre el centro de la zona tórrida.
[93] La cita de Hipparco resulta dudosa (TZSCHUCKE, _ad Mela_, vol. II,
parte III, pág. 251) cuando se recuerda que más de ciento ciencuenta
años antes de Hipparco, en la expedición macedónica, Onesicrito y
Megasthenes habían reconocido Trabobana como isla (Strabón, XV, pág.
1.011; Alm. pág. 689 Cas.); opinión expresada hasta en el pseudo
Aristóteles (_De Mundo_, cap. III), donde Trabobana, como isla, es
comparada á Albión y á Jerne. El texto de MELA (III, 7, 7), está
probablemente corrompido, como lo prueban las siguientes palabras: _Sed
quia habitatur_.....
[94] JOANNIS SCHONERI Carolostadii. _Opusculum Geographicum_ (40 páginas
en 4.º) Noricæ, anno XXXIII (sic), lib. II, cap. 20. En cuanto á
_Plisæus_ (Plisacus) _Sinus_ de Juan Ruysch, en el cual desemboca el
_Policacus fluvius_, parece á primera vista reconocer en él algún rastro
de geografía antigua; pero estos nombres son sencillamente alteraciones
viciosas de _Pouli Sagam_, de Marco Polo, puente del río Sagan (el
Sangkanho de los chinos), cerca de la ciudad de Khanbalon ó Tatu
(KLAPROTH, _Tableaux historiques_ n.º 22). Latinizando se ha
convertido _Pulisangam_ en _Pulisica_, y _Pulisica_ en _Polisacus_. Mas
adelante hablaré de los nombres de las ciudades comerciales de China,
tal y como los altera Colón.
[95] MANNERT, _Einleit. in die Geogr. der Alten._, 1829, página 79.
[96] LUD IDELER, _Proleg._, 1832, pág. 6. El pasaje de Strabón, I, pág.
115 Alm., páginas 64 y 65 Cas, presenta, en efecto, una opinión de
Eratósthenes y no de Pythéas, como pretende Mr. Mannert. Véase también
RUHKOPF _ad Senecam_, t. V, pág. 11.
[97] STRABÓN, II, pág. 161 Alm., pág. 102 Cas.
[98] Cito conforme á la traducción de Léander de Cozco, por haberse
perdido para nosotros el original español, á excepción de algunos
fragmentos que Muñoz encontró en los manuscritos de Bernáldez, el cura
de Los Palacios.
[99] «Ese gran corazón que se muestra en las grandes cosas». (Hermosa
frase contenida en la misma carta de 1498.)
[100] Habiéndose perdido el texto original, solo conocemos la traducción
española. _Vida del Almirante_, cap. VII; LEONARDO XIMÉNEZ _Del vecchio
e nuovo gnomone fiorentino_, 1757, LXXIX y XCVII (Las investigaciones de
este sabio jesuíta sirvieron de fundamento al excelente artículo
TOSCANELLI, redactado por M. de Angelis en el vol. XLVI de la
_Biographie universelle_); _Journal des Savans_, Enero 1758. NAVARRETE,
t. II, páginas 1 y 4. (Véanse tambien Bossi, _Vita di Christ. Colombo_,
páginas 105 y 153; CANOVAÍ, _Viaggi di Amer. Vespucci_, páginas 355 y
370; BALDELLI, _Il Milione_, t. I, páginas 60 y 62).
[101] Humboldt traduce la palabra _físico_ por _médico_, y da la
siguiente explicación. Aunque Toscanelli fuese sin duda uno de los
astrónomos y de los físicos más célebres de su época, y aunque en Italia
se le llamaba con frecuencia _Pablo el físico_ (_Paulus phisicus_),
traduzco la palabra española _físico_ por _médico_. Dicha palabra en los
siglos XV y XVI se tomaba exclusivamente en este sentido, y fué aplicada
por ejemplo á Maestro Bernal, _físico de la carabela Capitana_ en 1502;
al amigo de Colón, García Hernández, _físico_ de Palos, etc. Podría
sorprender también el encontrar en la _Vida del Almirante_ donde no se
pone el apellido Toscanelli, la extraña adición, «_Maestro Paulo, físico
del Maestro Domingo florentin_»; pero esta es la manera casi helénica y
árabe de indicar la filiación. Pablo era hijo de Domingo, y en el
testamento de Nicolás Nicoli, hecho en 1428, encuéntrase también
nombrado entre los conservadores de la célebre biblioteca del convento
_degli Angeli de Monaci Camaldolesi: Magister Paulus Magistri Domenici
medicus_. LEONARDO XIMÉNEZ, pág. LXXIV.
[102] «El gran obstáculo para el comercio de la India por el interior de
Asia, dice un escritor del siglo XVI, consiste en la barbarie de los
pueblos tártaros que, no pudiendo atacar la India por mar, hacen
invasiones por tierra y la saquean y arruinan, como sucede á la pobre
Italia, convertida en presa de alemanes, franceses y españoles.»
(RAMUSIO, t. I, pág. 338.)
[103] _Georgicon ed._ (_Londinus_, Venet., 1520, pág. 48).
[104] La mejor prueba de la impresión profunda que esta correspondencia
con Toscanelli hizo en el ánimo de Colón, es la introducción del Diario
de ruta de su primer viaje, donde casi repite las palabras empleadas por
el geómetra florentino.