INTRODUCCIÓN.

El descubrimiento del Nuevo Mundo y los trabajos realizados para dar á

conocer su geografía, no sólo han levantado el velo que durante siglos

cubría una gran parte de la superficie del globo, sino ejercido

incontestable influencia en el perfeccionamiento de los mapas y en

general en los procedimientos gráficos, como también en los métodos

astronómicos propios para determinar la posición de los lugares.

Al estudiar los progresos de la civilización vemos constantemente que la

sagacidad del hombre aumenta á medida que se extiende el campo de sus

investigaciones. La astronomía náutica, la geografía física

(comprendiendo bajo este nombre hasta las nociones de las variedades de

la especie humana, y la distribución de los animales y de las plantas),

la geología de los volcanes, la historia natural descriptiva, todas las

ramas de las ciencias han cambiado de aspecto desde fines del siglo XV y

principios del XVI. La nueva tierra ofrecía á los marinos un desarrollo

de costas en 120 grados de latitud; á los naturalistas, nuevas familias

de vegetales y cuadrúpedos difíciles de clasificar conforme á los tipos

y métodos conocidos; al filósofo, una misma raza de hombres diversamente

modificada por larga influencia de alimentación, temperatura y

costumbres, pasando (sin el estado intermedio de pueblos nómadas

pastores) de la vida de cazador á la vida agrícola, dividida por

infinidad de lenguas de rara estructura gramatical, pero modelada en un

mismo tipo. Al físico y al geólogo presenta inmensa cordillera de

montañas, levantada por fuegos subterráneos, rica en metales preciosos,

conteniendo en su rápida pendiente y en sus escalonadas mesetas, en

espacio pequeño, los climas y las producciones de las zonas más

opuestas. Jamás, desde el principio de las sociedades, se engrandeció

por tan prodigiosa manera la esfera de las ideas relativas al mundo

exterior; nunca sintió el hombre una necesidad más apremiante de

observar la naturaleza y de multiplicar los medios de interrogarla con

éxito.

Podría creerse que estos asombrosos descubrimientos que, por decirlo

así, se secundaban mutuamente; que estas dobles conquistas en el mundo

físico y en el mundo intelectual, no fueron dignamente apreciadas hasta

nuestros días, hasta un siglo en que la historia de la civilización

humana ha sido descrita por filósofos capaces de abarcar de una mirada

los progresos de la geografía astronómica y física, el arte del navegar,

la botánica y la zoología descriptivas. Pero los contemporáneos de

Cristóbal Colón nos ponen de manifiesto cómo en su misma época había

hombres superiores que sentían profundamente el grande y maravilloso

final del siglo XV. «Cada día, escribe Pedro Mártir de Anghiera en sus

cartas de 1493 y 1494[2], nos llegan nuevos prodigios de ese _Mundo

Nuevo_, de esos _antípodas del Oeste_, que un genovés (_Christophorus

quidam Colonus, vir Ligur_) acaba de descubrir. Nuestro amigo Pomponio

Lætus (el gran propagandista de la literatura clásica romana, perseguido

en Roma á causa de la libertad de sus opiniones religiosas) no ha podido

contener las lágrimas de alegría al darle yo las primeras noticias de

este inesperado acontecimiento.» Y añade Anghiera con poética

locuacidad: «¿A quién admirarán hoy entre nosotros los descubrimientos

atribuídos á Saturno, á Ceres y á Triptolemo? ¿Qué más hicieron los

fenicios cuando en apartadas regiones reunieron pueblos errantes y

fundaron nuevas ciudades? Reservado estaba á nuestra época ver

acrecentarse de esta suerte nuestras concepciones y aparecer

impensadamente en el horizonte tantas cosas nuevas.»

Cuando se estudian los primeros historiadores de la conquista y se

comparan sus obras, sobre todo las de Acosta, de Oviedo y de Barcia, á

las investigaciones de los viajeros modernos, sorprende encontrar el

germen de las más importantes verdades físicas en los escritores

españoles del décimosexto siglo. Ante el aspecto de un nuevo continente

aislado en la vasta extensión de los mares, presentábanse á la vez á la

activa curiosidad de los primeros viajeros y de aquellos que meditaban

sus relatos, la mayoría de las importantes cuestiones que aun hoy día

nos preocupan acerca de la unidad de la especie humana y de sus

desviaciones de un tipo primitivo; sobre las emigraciones de los

pueblos, la filiación de las lenguas, más distintas á veces en las

raíces que en las flexiones ó formas gramaticales; sobre las

emigraciones de las especies vegetales y animales; sobre las causas de

los vientos alisios y de las corrientes pelásgicas; sobre el

decrecimiento del calor en la rápida pendiente de las cordilleras y en

las profundidades del Océano, acerca de la reacción de unos volcanes

sobre otros y de la influencia que ejercen en los terremotos. El

perfeccionamiento de la geografía y de la astronomía náutica (dos

objetos de los cuales nos ocuparemos con preferencia en esta obra)

empiezan al mismo tiempo que el de la Historia natural descriptiva y el

de la física del globo en general.

Vemos en el _Fénix de las Maravillas del Mundo_, compuesto por Raimundo

Lulio[3], de Mallorca, en 1286, que se usaban verdaderas cartas marinas

á fines de siglo XIII. Sin embargo, comparando los mapas anteriores de

Andrés Bianco, de Benincasa, de Jacobo de Giroldis, de Fra Mauro y de

Martín Behaim, con un mapamundi que el barón Walckenaer y yo hemos

reconocido recientemente ser de 1500 y de mano de Juan de la Cosa,

compañero de Colón, sorprende que sea bastante medio siglo para producir

cambio tan grande, no sólo en las ideas cosmográficas, sino también en

el trazado y concordancia de las líneas de yacimiento. No debe olvidarse

que Behaim, Colón, Vespucci, Gama y Magallanes eran contemporáneos de

Regiomontanus, de Pablo Toscanelli, de Rodrigo Faleiro y de otros

astrónomos célebres que comunicaban sus conocimientos á los navegantes y

geógrafos de sus tiempos.

Los grandes descubrimientos del hemisferio occidental no fueron producto

de feliz casualidad. Injusto sería buscar el primer germen en esas

disposiciones instintivas del alma á que atribuye la posteridad lo que

es resultado de larga meditación. Colón, Cabrillo, Gali y tantos otros

navegantes que hasta Sebastián Viscayno han ilustrado los anales de la

marina española, eran, para la época en que vivieron, hombres notables

por su instrucción. Hicieron importantes descubrimientos porque tenían

ideas exactas de la figura de la tierra y de la longitud de las

distancias por recorrer; porque sabían discutir los trabajos de sus

antepasados, observar los vientos reinantes en las diversas zonas,

medir la variación de la aguja magnética para corregir su ruta y lo

largo del camino, poner en práctica los métodos menos imperfectos que

los geómetras de entonces proponían para dirigir un barco en la soledad

de los mares.

La astronomía náutica continuó sin duda en la infancia hasta que se

conoció el uso de los instrumentos de reflexión y los relojes marinos.

En el arte de la navegación, tan íntimamente ligado á los adelantos de

las ciencias matemáticas y al perfeccionamiento de los instrumentos de

óptica, los progresos, por causa de esta unión, son necesariamente

lentos y á veces se interrumpen. Las prácticas de pilotaje usadas en las

grandes expediciones de Colón, de Gama y de Magallanes, que tan

inciertas nos parecen, hubieran admirado, no diré á los marinos

fenicios, cartagineses y griegos, sino hasta á los hábiles navegantes

catalanes, vascos, dieppeses y venecianos de los siglos XIII y XIV.

Desde esta época encontramos los indicios de diversos métodos de

longitud, casi idénticos á los nuestros, ideados con grandísimo trabajo,

pero impracticables á causa de la imperfección de los instrumentos á

propósito para medir el tiempo y las distancias angulares.

En este _Examen crítico_ trataré sucesivamente: primero, de las causas

que prepararon y produjeron el descubrimiento del Nuevo Mundo; segundo,

de algunos hechos relativos á Colón y á Amérigo Vespucci, como también

de las fechas de los descubrimientos geográficos; tercero, de los

primeros mapas del Nuevo Mundo y de la época en que se propuso el nombre

de América; cuarto, de los progresos de la astronomía náutica y del

trazado de mapas en los siglos XV y XVI.

La relación que tienen entre sí los materiales empleados en las

diferentes secciones de esta obra es tan íntima, que con frecuencia

necesito acudir á las mismas fuentes para poner en claro la historia de

un descubrimiento que ha influído hasta nuestros días en el destino de

los pueblos de Europa, en el perfeccionamiento de las ciencias y en la

teoría de las instituciones más ó menos favorables á la libertad.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 6 / 43 题