Donde se refiere la variedad de los juicios humanos, y se confirma con
el exemplo de nuestro famoso Predicador Sabatino, que no hay fatuidad,
que no tenga sus protectores.
Assí se despidió el bellacon del Capitan del bueno de Fray Gerundio,
haviendo echado un jarro de agua á todas las complacencias, con que
se hallaba el Santo Varon por los vítores y aplausos de la Iglesia, y
dexándole triste, desconsolado, y pensativo. Pero, como en esta vida
ni los gustos ni los disgustos son muy duraderos, el que le causó la
satyrilla viva y desenfadada del señor Oficial, le duró poco; porque
apénas subió de la Sacristía á la Celda, quando se le entró en ella
toda la mosquetería del Convento, es decir la gazapina de Colegiales,
Choristas, Legos, y gente moza. Como este, por lo comun, es uno de
los vulgos mas atolondrados del mundo, y por lo mismo uno de los mas
perjudiciales, no es ponderable el porrazo, que dió á casi todos la
tal Plática; porque, no distinguiendo de colores, y governándose solo
por el boato y por el sonsonete, á los mas les pareció un milagro del
ingenio.
2. Entraron, pues, de tropel en la Celda de Fray Gerundio, con
tal zambra, gresca, y algazara, que parecia venirse á tierra el
Convento; y, como todos havian sido sus Condiscípulos, siendo, con
corta diferencia, de una misma edad, aunque él era ya Sacerdote y
Predicador, no acertaban á mirarle con respeto, con que dexaron correr
las expressiones de su gozo con toda la libertad de una familiaríssima
llaneza. Unos le abrazaban, otros le vitoreaban; estos le hablaban
por un lado, aquellos por el otro; algunos le tiraban por el Hábito
y por las mangas, para que les contextasse, y no faltaron otros, que
le levantaban en el ayre, aclamándole ya por el mayor Predicador,
que tenia la Orden; tanto que uno, que era segundo Vicario de Choro,
exclamó con voz gruesa y corpulenta: _Hasta ahora creía yo, que en el
mundo no havia otro Fray Blas; pero bien puede aprender otro oficio,
porque todo quanto predica, aunque tan exquisito, tan conceptuoso,
y tan raro, es bazofia respecto de lo que hoy hemos oído á Fray
Gerundio._ A un Lego anciano, sencillo, y bondadoso, que havia sido
refitolero mas de quarenta años, y le estaba mirando de hito en hito,
se le caían las lágrimas de puro gozo y ternura. El despensero le dixo,
que tenia á su disposicion todo el vino de la Despensa, porque á quien
tanto honraba el Santo Hábito, era razon que todo se le franqueasse;
el Cocinero se le ofreció muy de veras á su servicio; y hasta el
Procurador, que no suele ser gente muy bizarra, le regaló desde luego
_in voce_ con dos barriles de sardinas escavechadas, y esto sin
perjuicio de regalarle con otros dos de otras, quando las tuviesse, en
prendas de su amor y complacencia.
3. Déxase á la consideracion del pio y curioso Lector quanta seria
la de nuestro Fray Gerundio al oírse alabar con tantas aclamaciones,
por quanto no era hombre insensible á sus aplausos, ni tampoco era
de parecer, como el otro Orador afilosophado, que el grito de la
muchedumbre inducia fuertes sospechas de grandes desaciertos.
4. Pero ves aquí, que, quando la gente del chilindron estaba en lo
mejor de su trisca, y el bendito Fray Gerundio mas engolfado en sus
glorias, entraron en su celda el Prelado, el Maestro Fray Prudencio,
y los demas Padres graves á darle la que llaman la acenoria, esto es,
la enhorabuena de la funcion, como loablemente se estila en todas las
Religiones. Al punto cessó la algazara de los mozos, y cada qual se
compuso lo mejor que pudo, metiendo las manos debaxo del Escapulario,
y arrimándose hácia las paredes con los ojos baxos y con reverente
silencio. El Prelado se contentó con decirle, que descansasse, y
haviéndose detenido un breve rato, sin hablar mas palabra, se retiró
luego: de los demas Maestros, unos solo hicieron el ademan de baxar un
poco la cabeza, murmullando entre dientes una especie de enhorabuena
estrujada, que no se entendia; otros se la dieron con palabras claras,
pero tan equívocas, que algun malicioso podia interpretarlas con poca
benignidad, como el que le dixo: _Fray Gerundio, cosa grande! por el
término no la he oído mayor, ni espero oírla igual, sino que sea á
tí._ Dos ó tres de ellos, que eran algo encogidos, y un si es no es
taciturnos, solamente le dixeron: _Dios te lo pague, Fray Gerundio, que
lo has trabajado mucho_; y el bueno del Fraylecito quedó muy solazado,
pareciéndole que era lo mismo trabajarlo mucho, que trabajarlo bien.
5. A todo esto callaba el Maestro Prudencio, sin hacer mas que mirarle
de quando en quando con unos ojos entre compasivos y severos; mas,
luego que se retiraron los otros Padres Maestros, viendo que los
Colegiales amagaban hacer lo mismo, los dixo: «Esténse quietos, que
ahora tengo yo que platicar á nuestro Padre platicante, y mi plática
tambien puede ser provechosa para ellos.» Sentóse en una silla, hizo
á Fray Gerundio, que se sentasse en otra, y, volviéndose hácia él, le
habló de esta manera:
6. «Fray Gerundio, has perdido el juicio? Estabas en él quando
compusiste una sarta de tanto disparate, y quando tuviste valor para
predicarla? Es esto lo que me ofreciste al despedirte de mí en la
Granja, diciéndome, que perdiesse cuidado, que por esta vez pensabas,
que havias de acertar á darme gusto? Pues qué? piensas que podia yo
gustar del mayor texido de locuras y de despropósitos, que he oído en
los dias de mi vida, sino que le exceda ó le compita la desatinada
Salutacion del Sermon de Santa Ana. Y esto en una funcion de suyo
tan seria, tan tierna, tan dolorosa, en que todo debiera respirar
compuncion, lágrimas, gemidos, y penitencia! Estoy por decir, que,
quando no se huviera cometido otro pecado que el de tu Plática, él solo
merecia que nos castigasse Dios con el terrible azote de la sequedad
y de la esterilidad, que padecemos. Pero no me atrevo á decir tanto,
porque conozco, que no pecas de malicia, sino de ignorancia ó de
innocencia.»
7. «Ven acá, hombre; tu Plática se ha reducido á otra cosa que á
atestarnos los oídos de Fábulas ridículas, insulsas, é impertinentes,
verificándose á la letra lo que ya dixo en profecía el Apóstol por tí y
por otros Predicadores como tú, que huirian de la verdad y convertirian
toda su atencion á las Fábulas, transcendiendo este depravado gusto
á los oyentes: _A veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem
convertentur?_ Qué fuerza han de tener estas para movernos á hacer
penitencia por nuestras culpas, y aplacar por este medio el rigor de la
Divina Justicia, tan justamente irritada contra ellas?»
8. «No tendrian mas eficacia los exemplos verdaderos de la Sagrada
Escritura y de la Historia Eclesiástica, una y otra atestada de los
horrendos castigos temporales, con que Dios en todos tiempos ha
escarmentado los pecados de los hombres, sin dexar el azote de la mano,
hasta que se le diesse satisfaccion por medio del dolor, de la emienda,
y de la penitencia? Los dilubios, las inundaciones, las guerras, las
hambres, las pestes, las esterilidades, los terremotos, los volcanes, y
todos los demas movimientos extraños de la naturaleza, governados por
el Supremo Autor de ella, han nacido jamas de otro principio, ni han
tenido otro fin?»
9. «Qué siglo de oro? ni qué siglo de estaño? ni qué siglo de hierro?
ni qué embustes de mis pecados? No ha havido mas siglo de oro que
la estrechíssima duracion del estado de la innocencia, reducida,
segun los mas á pocos dias, y segun algunos á pocos instantes. Entre
la innocencia y la malicia no huvo medio. Desde que comenzaron á
multiplicarse los hombres, comenzaron á multiplicarse los pecados, de
suerte que estos solamente fueron pocos, miéntras fueron pocos los
que podian pecar. Y desde entónces comenzó Dios sus amorosos avisos,
castigando á unos para escarmentar á otros, hasta que extendida la
maldad, sin dexarse reconvenir del escarmiento, fué tambien menester
que se extendiesse el castigo.»
10. «Si el tiempo, que has perdido miserablemente en leer ficciones,
le huvieras dedicado á ojear, aunque no fuesse mas que de passo, la
Sagrada Biblia, en ella encontrarias historias infalibles en que fundar
tu exhortacion, sin el ridículo y aun sacrílego recurso á patrañas
fabulosas. Esterilidad, nacida de falta de agua y de sobra de pecados,
encontrarias en Egypto en tiempo de Pharaon y de Joseph. Esterilidad,
procedida del mismo principio, encontrarias en Israel, en tiempo del
Profeta Elias. Esterilidad, originada de la misma causa, encontrarias
en el Reyno de Judá, en tiempo de los dos Joranes cuñados. Y si,
despues de la Historia Sagrada, huvieras siquiera passado los ojos por
la Eclesiástica y por la Profana, apénas hallarias Siglo, que no te
ofreciesse á docenas los exemplares en diversos Reynos y Provincias,
con la circunstancia de que no cessó el castigo, miéntras no cessaron ó
se disminuyeron los pecados. Pues, á que fin el recurso á los sueños, á
las Fábulas?»
11. «No quiero decir, que el estudio ó la noticia de estas sea
inútil, y que no tenga su uso. Tiénele, y muy loable, assí para la
inteligencia de los Autores Gentiles, especialmente Poetas, como para
la comprehension de la Theología Pagana, que toda estaba reducida al
systema fabuloso. Pero en el Púlpito no debe tener otro uso, que el de
un altíssimo desprecio. Si tal vez se toca alguna, que fuera mejor no
hacerlo, debe ser tan de passo y con tanto desden, que el Auditorio
conozca la burla que el mismo Predicador hace de ella. Es bueno que los
Gentiles, como escribe Tertuliano, hacian tanta de nuestros Sagrados
Mysterios, que solamente los tomaban en boca en los Theatros, para
hacer irrision de ellos; y ha de haver Predicadores Christianos, que
hagan tanto aprecio de sus Fábulas, que apénas se valgan de otros
materiales en los Púlpitos, para engrandecer nuestros Mysterios, ó para
persuadir las verdades mas terribles y mas ciertas de nuestra Religion!
Como se puede persuadir con solidez una verdad por medio de una
mentira? Ni qué parentesco pueden tener los Mysterios de Jesu-Christo
con los embustes de Belial? _Quæ conventio Christi ad Belial?_»
12. «Pero supongamos, que en la Fábula se halle algun remedo, como
en muchas de ellas se halla en realidad, de nuestras verdades ó de
nuestros Mysterios: qué fuerza añade á unas, ni qué explendor aumenta á
otros este ridículo remedo? Adelanto mas: quiero suponer, que la Fábula
tenga la mayor semejanza imaginable con algunos de los Mysterios, que
creemos y adoramos, como por exemplo: el nacimiento de Minerva, Diosa
de la Sabiduría, que se fingió haver nacido del cerebro de Júpiter, con
la generacion del Verbo, que es Sabiduría Eterna, que fué engendrado
desde la eternidad de la mente del Padre. Y qué sacamos de esso? Se nos
hace mas creíble ó mas respetable esta verdad, porque encontremos un
borron ó una obscuríssima sombra suya en aquella disparatada mentira?»
13. «Ya sabemos todos, que el Demonio, á quien llama no sé qué Santo
Padre perniciosíssima Mona, para confundir mas los Mysterios de
la Fé, ó para hacerlos ridículos, introduxo algunos rasgos ó como
algunos vislumbres de ellos en las supersticiones Paganas, pero tan
embueltos entre estas, y tan mezclados de hediondeces, despropósitos,
y extravagancias, que se conoce el diabólico artificio con que tiró á
obscurecerlos, ó á hacerlos enteramente risibles. Y es possible, que lo
que el Diablo inventó para burlarse de lo que creemos, y de lo que él
mismo cree con fé tan experimental, ha de servir para que nosotros lo
apoyemos!»
14. «Pero, si el valerse de Fábulas en el Púlpito para persuadir
nuestras verdades, siempre es cosa intolerable, y en cierta manera
especie de sacrilegio, lo es mucho mas, quando se predica á gente
vulgar y sencilla. El Auditorio discreto da á la Fábula el valor, que
se merece, recíbela por su justo precio, y en fin sabe, que la Fábula
es mentira. Respecto de él, no hay mas inconveniente, que mezclar
lo Sagrado con lo Profano, y lo fabuloso con lo verdadero: sobrada
monstruosidad es esta mezcla, pues hasta en los Pintores y los Poetas,
cuyas licencias son tan amplias, la calificó de intolerable el mejor de
los Satýricos:
_Sed non ut placidis coeant immitia, non ut_
_Serpentes avibus geminentur, tigribus agni._
Mas, quando se predica á un concurso compuesto por la mayor parte de
gente del campo, inculta, y sin letras, hay el gravíssimo inconveniente
de que entienda la Fábula por Historia, la ficcion por realidad, y por
verdad la mentira. Dígalo si no el testamento de aquella vieja, que,
por haver oído á su Cura, en los Sermones que hacia á sus Feligreses,
hablar muchas veces del Dios Apolo, dexó en él este legado: _Item,
mando mis dos gallinas y el gallo al bendito Señor San Pollo, por la
mucha devocion que le tengo, desde que oí predicar tanto de él al Señor
Cura_. Parécete, que será impossible, que entre tantos pobres hombres,
de que se compone la Cofradía de la Cruz, á la qual has platicado, no
haya algunos, y aun muchos, que vayan persuadidos á que Céres, Júpiter
Amon, Bacco, y los demas avechuchos que citaste, son unos grandes
Santos, y los tengan por especiales abogados de la lluvia?»
15. «Y qué te diré de aquel texido de dislates, tomado de la Mythología
Americana, en que pareció consistia lo fuerte de tu Plática, segun te
inculcaste en ello, y segun el esponjamiento y la satisfaccion, con que
lo representaste? No creí, que ni aun tú fuesses capaz de desvarrar
tanto; y mira, que esta es una grande ponderacion. Quien diantres te
deparó aquellas noticias, ni como tuviste la poca fortuna de tropezar
con ellas para hacerte mas ridículo? Cierto que tienes singular talento
de dar con lo peor de los Libros, y gracia conocida para aprovecharte
de ello. Valga la verdad: tú quisiste hacer ostentacion de tu memoria
y de tu feliz pronunciacion, quedándote con aquellos nombres bárbaros,
exóticos, y estrafalarios de _Tlaloc_, _Tozoztli_, _Hueytozotli_,
_Magueys_, _Xuchiles_, _Chivalticue_, y _Citeolt_, pareciéndote, que
esto era una gran cosa, y que dexabas aturdido al Auditorio. Con efecto
assí fué, porque aquella pobre gente no distingue de colores, y la
basta no entender lo que se dice para admirarlo.»
16. «Pero, no me dirás, qué gracias ó qué chiste tiene esso? La memoria
local y material suele ser prenda muy comun de los mas rudos. Y en
fé de que yo lo soy, la posséo tan feliz, aun siendo un pobre viejo,
que, á la primera vez que oí essos nombres, me quedé con ellos, como
lo acabas de ver. Pues, qué mucho los huviesses aprendido tú, á costa
quizá de un ímprobo trabajo?»
17. «No quiero decirte nada del estilo pueril, atolondrado, necio, y
pedantesco, porque es perder la obra y el aceyte. Fray Blas y esse
maldito Florilegio, que debiera quemarse en una hoguera, te tienen
infatuado el gusto y todo conocimiento de lo que es Idioma Castellano
puro, castizo, y verdadero. El que usas en el Púlpito, ni es Romance,
ni es Latin, ni es Griego, ni es Hebréo, ni sé lo que en suma es. Díme,
pecador, por qué no predicas como hablas?»
18. «Qué quiere decir _aurífera edad, trámite no interrupto, lethálica
culpa, borron nigricante, candidez primeva, paralogizar la correccion,
espontanear las fruges, mádido colono_, y toda la demas retahila de
nombres y verbos latinizados, con que empedraste tu Plática, que la
entenderian los Cofrades, como si los huvieras platicado en Syriaco ó
en Armenio? No conoces, desdichado de tí, que essa es una pedantería,
que solamente la gastan los ignorantes y aquellos pobres hombres, que
ni siquiera saben la lengua en que se criaron? No merecias que, al
acabar la Plática, en lugar de los vítores, con que te aclamaron los
simples, te huviessen aplicado este otro vítor, que te venia tan de
molde como al Padre Fray Crispin, que sin duda debió de ser el Fray
Gerundio de su tiempo:
_Vítor el Padre Crispin,_
_De los cultos culto Sol,_
_Que habló Español en Latin,_
_Y Latin en Español._»
19. «De propósito he querido decirte lo que siento á presencia de todos
estos mozos, y para esse fin los hice detener; porque, sobre estar
ya cansado de hacerte algunas advertencias privadas y haver visto,
con grande dolor mio, que son inútiles mis correcciones particulares,
hice juicio, que debia hablarte ya mas en público, para que no
transcendiesse á ellos tu mal exemplo. Mis años y mis canas me dan
licencia para esto; y la parte, que tuve en que se te dedicasse á esta
carrera, que tanto apetecias, me obliga en cierta manera á dar esta
satisfaccion, porque nunca se piense apruebo lo que abomino.»
20. «Ni creas que solo yo soy de este dictámen; pues en esse caso se
podia atribuir á la mala condicion, que regularmente se achaca á los de
mi edad, aunque, por la misericordia de Dios, la mia no está reputada
por la peor. Acompáñanme en él todos los Padres graves de la Comunidad,
esto es, los únicos que tienen voto en la materia. Todos se lastiman,
igualmente que yo, del malogro de tus prendas; y en la sequedad y
seriedad, con que se presentaron á darte la enhorabuena, pudiste
conocer lo mucho que los havia desazonado tu Plática. Si no todos te
hablan con la claridad que yo, será ó porque no todos te estiman tanto,
ó porque no concurren en ellos las particulares circunstancias, que
concurren en mí para no lisongearte, ó porque en las Comunidades tiene
grandes inconvenientes el oficio de Desengañador, tanto que hasta los
Prelados necessitan exercitarle con mucho tiento, no obstante que su
empléo les precisa á practicarle. Yo atropello por todo, pesando ménos
en mí quanto tu puedas pensar, otros discurrir, y muchos murmurar, que
el deseo de tu estimacion, el bien de las almas, el decoro del Púlpito,
y el crédito de la Orden.»
21. Y al decir esto se levantó de la silla, tomó la puerta, se salió
de la Celda, y se fué á la suya. Fray Gerundio quedó pensativo, los
Colegiales por un largo rato silenciosos, y los Legos mirando á estos
y á aquel. Unos escupian, otros gargajeaban, algunos se sonaban las
narices, y ninguno se atrevia á hablar palabra. Hasta que un Colegial,
Theólogo del quarto año, (como lo dexó notado un Autor curioso,
indagador, y menudo,) el qual era alegrete, vivaracho, intrépido, y
decidor, rompió el silencio diciendo: _Quien va tras el viejo con
vizcochos y vino, y á hacerle mudar camisa, porque el Sermon ha estado
largo, pathético, moral, y fervoroso?_ Riéronse todos, ménos Fray
Gerundio, que aún se mantenia suspenso, cabiz-baxo, y como medio
corrido.
22. Pero presto le consoló el Theologuillo; porque, llegándose á él y
dándole dos palmadas sobre los hombros, le dixo: «Ola, Fray Gerundio,
_sursum corda_. Pues qué? haces caso de las misiones de nuestros Padres
Matusalenes? No ves, hombre, que tienen ya el gusto con mas cazcarrias
y lagañas, que ojos de aprendiz de Bruja? Qué saben ellos como se ha de
predicar, si ya casi se les ha olvidado como se ha de vivir? Todo lo
que no les huele á antaño los ofende, y ellos nos apestan á los demas
con sus antañadas. Ellos conocieron al mundo assí, y dado les ha, que
se ha de mantener el mundo como ellos le conocieron, sin hacerse cargo
de que la bola da vueltas, que por esso es bola. Como ya no pueden
lucir, rabian quando otros lo lucen, á manera de aquellos árboles secos
de puro carcuezos, que en tiempo de Primavera, al llenarse los otros
de flores y de verdes hojas, ellos parece que se secan mas, de pura
embidia.»
23. «Hablan de los Sermones, como de las modas y de los bayles. Un
corbatin los espirita, por quanto ocupa el lugar, que debiera ocupar
una balona, y no pueden mirar sin furor unos calzones ajustados,
acordándose de sus zaragüelles. La mariona, la pabana, y las folías
valen para ellos mas que todos los paspieses del mundo, y todos los
Valencianos juntos los darán gana de vomitar, en comparacion de un
zapateado. Ni mas ni ménos en los Sermones: erudicion, mythología,
elevacion de estilo, cadencia harmoniosa, pinturas, descripciones,
chistes, gracia, todo los provoca á vómito; y es que tienen el estómago
del gusto tan destituído de calor como el del cuerpo: nada pueden
digerir sino que sean papas, puches, picadillos, y á lo sumo Carnero y
Baca cocida.»
24. «Hay cosa como querernos persuadir, que las Fábulas no se hicieron
para el Púlpito? Pues, para donde se hicieron? Para los Estrados y
para los Locutorios de Monjas? Puede haver gracia mayor ni mayor
ingenio, que probar una verdad con una mentira, y calificar un Mysterio
infalible con una ficcion? Aquello de _salutem ex inimicis nostris_, no
es del Espíritu Santo? Y lo otro de _contraria contrariis curantur_, no
es del divino Hypócrates? Y lo de mas allá de _opposita juxta se posita
magis elucescunt_, no es del profundo Aristóteles? Quando está mejor
ponderada la virtud del Sacramento del Bautismo y la del Agua bendita,
que poniéndola al lado de la que fingian á las aguas lustrales, con
que se purificaban los Gentiles para disponerse á los Sacrificios?
_Lustravitque viros_, que dice el incomparable Virgilio. Ni como es
possible explicar con gracia la que tiene el Sacramento del Matrimonio,
sin hacer una bella descripcion del Dios Hymenéo, Presidente de las
Bodas, ó el Dios Casamentero, jóven bizarro, de estatura heróyca,
blanco y roxo como un Aleman, pelo blondo, su hacha encendida en la
mano, y coronado de rosas? Y para ponderar la fineza de Christo en el
Sacramento de la Eucharistía, se ha encontrado hasta ahora razon mas
convincente, ni se ha inventado en el mundo pensamiento mas delicado,
que el de aquella Fabulilla de Cupido, quando, para rendir á cierto
corazon un poco duro, despues de haver apurado inútilmente todas las
flechas del aljava, él se flechó en el arco, y él se disparó á sí
mismo, con lo qual quedó el susodicho corazon blando y derretido como
una manteca?»
25. «Dice el Padre Maestro, que usar de Fábulas en el Púlpito es de
ignorantes y de pobres hombres. Esso seria allá quando su Paternidad
nació, y se usaba el bayle de las paraletas, pero hoy, que está el
mundo mas cultivado, es otra cosa. Yo tengo en mi Celda varios Sermones
impressos de un famoso Predicador de estos tiempos, que assombró en
Aragon, aturdió en Navarra, y atolondró en Madrid, tanto que se ponian
Soldados á las puertas de los Templos donde predicaba, para evitar
la confusion y el desórden en el tropel de los concursos: y este tal
Predicador, á quien no negará el Padre Maestro, ni hombre mortal se
lo ha negado, que es ingenio conocido, apénas predicaba Sermon, cuyas
pruebas no se reduxessen á encajonar una Fábula entre un lugar de la
Sagrada Escritura; y en verdad, en verdad, que no perdió casamiento,
y que no como quiera le aplaudieron los vulgares, sino tambien muchos
hombres, que tenian Señoría.»
26. «Entre otros me acuerdo de cierto Sermon, que predicó en la
Profession de dos ciertas Señoras muy distinguidas, y luego se dió á
la Prensa como cosa grande, en el qual, porque el Hábito de la Orden
es de color negro, las comparó con grandíssima propiedad á la Diosa
Vesta, que, sobre la fé y palabra de Cartario, vestia tambien de este
mismo color: _Factum est ut nigra appellaretur propter vestem nigram_.
Despues dixo, y dixo muy bien, que Minerva havia sido la Primera
Fundadora de la enseñanza de las niñas, citando unas palabras del mismo
Cartario, que, aunque solo prueban, que Minerva fué la inventora de las
labores mugeriles, hilar, coser, devanar, etc., porque Cartario no dice
mas, pero harto dice, para que creamos, que tambien se las enseñaria á
otras, pues el que estas fuessen niñas, ó fuessen ya mugeres casaderas
y aún casadas, no hace para el intento, y siempre se verifica haver
sido la fundadora de la enseñanza, que es la substancia del negocio.»
27. «Finalmente, mas allá trahe una comparacion gallarda, para probar,
quanto se enamora Dios de las almas Religiosas, que viven en Clausura;
pues cita con la mayor oportunidad del mundo la Fábula de Danae, hija
de Arcrisio, Rey de los Argivos, á la qual, siendo doncellita, encerró
su Padre en una Torre, donde no pudiesse tener comunicacion alguna
con los hombres, para que no se verificasse el fatal pronóstico del
Oráculo, que le intimó havia de morir á manos de un nieto suyo. Pero
Júpiter se la pegó al astuto viejo; porque, enamorado de la Señorita,
se transformó en lluvia de oro, se caló en la Torre, y la doncella
parió á su tiempo á Perseo, que, yendo dias y viniendo dias, finalmente
vino á cumplir el fatídico Oráculo, quitando la vida á su Abuelo. Y no
hay que reparar en que la lluvia se introduxesse por la Torre, porque
podian estar abiertas las ventanas, ó, aunque fuesse Torre de un Rey,
no hay repugnancia en que tuviesse algunas goteras.»
28. «Quien creyera, que una Fábula, al parecer tan sucia, pudiesse
jamas servir de prueba para una cosa tan limpia como es el especial
amor, que professa Dios á las almas castas, que viven en clausura?
Pues, aquí está el ingenio: nuestro sutilíssimo Orador la aplicó con la
mayor delicadeza y con la mayor energía: _En Danae_, dice, _contemplo
una alma retirada, que vota permanencia en la clausura: en Júpiter
transformado en lluvia de oro, á Christo, que baxa como lluvia y Pan
del Cielo_. Y luego al márgen un par de textecitos literales; para la
palabra _Pan_: _Panis de Cœlo descendens_; para la palabra _lluvia_:
_Et nubes pluant justum_. Puede haver cosa mas bien dicha? Ni pudiera
imaginarse invencion mas propia ni mas feliz? Porque ahora, que Danae
no fuesse la doncella mas casta, ni mas recatada del mundo, como lo
acreditó el efecto, y que Júpiter fuesse un Dios bellaco y estrupador,
esse es chico pleyto. Ello: hay Vírgen, hay clausura, hay un Dios que
visita á la doncella, sea por lo que se fuere, que esso no nos toca á
nosotros averiguarlo; pues, qué mas se ha menester para probar, que
Christo professa una ternura muy especial á las Vírgenes encerradas, y
para _contemplarlas_ á estas Danaes, y Júpiter á aquel? Que es sin duda
una contemplacion, sobre ingeniosa devota, y pia.»
29. «Assí pues, amigo Fray Gerundio, ríete de las vejeces de nuestro
Padre Maestro, déxale que gruña; créeme, que los viejos, por lo comun,
se disgustan de todo lo que ellos no saben hacer, y que á los mas se
les puede aplicar, con la variacion de una sola palabra, aquello de
... _Nam quæ non fecimus ipsi,_
_Vix ea recta voco._
Y tú, prosigue predicando como has comenzado; que, si continúas assí,
llegarás sin duda á ser la honra de tu Patria, el crédito de la Orden,
el Oráculo de los Pueblos, y, en fin, el hombre del mundo.»
30. No se puede ponderar el aplauso, con que fué recibida de toda
aquella juvenil mosquetería la harenga del Colegialillo barbiponiente y
bullicioso. Despues de haverle vitoreado casi tanto, como los Cofrades
de la Cruz havian vitoreado la Plática de Disciplinantes, repitieron
los plácemes y las enhorabuenas á Fray Gerundio, aun con mayor algazara
que ántes, exhortándole todos á que siguiesse el milagroso rumbo de
predicar, á que havia dado tan dichoso principio, y pidiéndole los mas,
que les diesse el papel de la Plática, para sacar muchos traslados.
Con esto, no solo respiró nuestro abochornado Fray Gerundio, sino que
se esponjó, se empabonó, se encaramó, se llenó de vanidad, y quedó tan
persuadido á que el modo de predicar era aquel, y á que qualquiera otro
modo era una pobretería, que ya no le sacarian de su error Frayles
Descalzos. Pero lo que le acabó de rematar fué un Soneto, en elogio
suyo, que salió el dia siguiente, y decia assí: