Todo este dia me mantuve parado en este punto de Palantelen, esperando
la reunion de tropas atrasadas; à quienes, luego que iban llegando,
se les comunicaba la órden de marchar libremente á los lugares de su
procedencia. Asimismo despaché á los milicianos que de diferentes
Guardias habian seguido la expedicion, segun es costumbre, dejando las
carretas armadas de lanzas: siendo del cargo de los mismos troperos
entregarlas en la capital al tiempo de conducir la sal al Exmo. Cabildo.
En este dia pasé oficio à la superioridad por medio del ayudante mayor
de la expedicion, de haberla disuelto en el punto dado por S. E., y que
marchaba al siguiente dia á la frontera, desde donde daria igualmente
parte. Asimismo dí permiso al cirujano y padre capellan para pasar à
la guardia, y de allì à la capital. En este dia recogimos una india,
mayor de 30 años, que en la Cabeza del Buey se me presentò de noche,
conducida por los indios amigos, á quienes rogó que la protegiesen
contra los suyos que querian matarla, creyéndola hechicera y causa de
las muertes y desgracias ocurridas ùltimamente en sus toldos: por cuya
razon la habian arrastrado, y dejàdola en el campo, (trayendo aun en el
pescuezo las señales del dogal): que habia seguido la expedicion por
mas de 15 dias, mantenièndose con huevos de avestruz y yerbas. Oida
esta relacion, la admitì, é hice ocultar en una carreta, sin ser vista
mas que del peon, á fin de que no lo trasluciesen los indios y causase
alboroto. En este punto son todos los indios muy celosos; bien que ella
pidiò ser cristiana, y para poderla manifestar se le vistió del mejor
modo posible: lo que causó mucha novedad á toda la expedicion, que
ignoraba el caso.
A las 12 del dia se formó una terrible tormenta por el oeste, y
fijándose luego por el sud-sud-oeste, descargó en un fuerte aguacero,
que duró hasta las 4 de la tarde; y à la oracion quedó completamente
despejado el horizonte. Por esta razon no pudieron reunirse las tropas
atrasadas, hasta las 10 de la noche, en que recibí parte del capitan de
retaguardia, de venir caminando sin novedad, y de estar á tres leguas,
refaccionadas enteramente las carretas.