10, SABADO.

A las 7 y media de la mañana nos pusimos en marcha hasta las 11 y

media: á las 12 se observó junto á una laguna, que por no tener nombre

se le llamó de Santa Rosa. La sierra del Guaminí quedaba al rumbo

del sud 15° sud-este, y la de la Ventana al este, cuarta sud-este. A

las 2 y media de la tarde marchamos, y á las 6 y media llegamos á la

Laguna de los Paraguayos, en donde, como á la distancia de 1,000 varas

para el sud, se hallaban 3 caciques con bastante número de indios

formados en batalla, con una bandera blanca enarbolada en una chuza:

desde cuyo punto mandaron un mensage, pidiendo permiso para entrar

á la salutacion de costumbre, que se les concedió, y recibió en el

modo acostumbrado. Estos caciques eran Millapue, Joaquin Coronel,

y Leymí, parientes parciales y amigos de Victoriano y Quinteleu, y

encargados de proteger la expedicion. Venian con recomendacion de

aquellos, para que se les otorgase un dia de trato, á que fuè preciso

condescender, y obsequiarlos como á amigos y aliados, en la tarde de

aquel dia y noche. Manifestaron todos el gran aprecio y respeto que

tenian á Quinteleu, y que estaban enterados de las miras de aquel,

cuyo sistema seguian. La impertinencia de la embriaguez fué grande en

la gente; pero los caciques se mantuvieron serenos sin mesclarse en

tales excesos, sufriendo los insultos de sus mismos indios en la tarde

y noche de aquel dia. Trageron ganados y caballos á vender, de que se

abasteció la armada necesitada, bien que á precios poco còmodos. Se

me dió parte haberse dado alta á 4 enfermos, y haber entrado un peon

mortalmente herido por haberle cogido una rueda de carreta que picaba:

se confesó inmediatamente. La noche se pasó toda sobre las armas, para

evitar desgracias y separar la mezcla de peones con los indios, lo

que se consiguió sin novedad. Tambien en este dia se recibió enviado

del cacique Antenau, pidiendo le esperase: pero se le contestó, que

no podia detenerse la marcha, por los muchos enfermos que llevaba la

expedicion; pero que si queria venir y entrar en la parada de mediodia,

lo hiciese cuando gustase. Que por esta causa no podia mandarle al

vaqueano Leyva, y dos soldados ó mas que pedia para que le acompañasen.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 27 / 69 题