diversos puntos del golfo de Guinea, pero mas principalmente del Congo,
Macuá, Lucumí, Carabalí y Arará, reinos ó naciones del Africa, que mas
se han prestado á esta clase de comercio humano.
Escasos de inteligencia y predominando en todos ellos, en general, el
elemento material; apenas se descubre en ellos una leve chispa de su
espíritu, esa divina antorcha que la voluntad del omnipotente coloca en
la grosera envoltura de cada uno de sus hijos, para que ilumine sus
pasos por la senda de la vida terrenal; pero con todo, en instintos y
cualidades morales, se notan entre ellos, como decíamos anteriormente,
muy marcadas diferencias, segun podrá observarse por el retrato que de
cada uno damos á continuacion, producto del detenido estudio que de
ellos hemos hecho y de los varios informes y noticias que hemos tomado
de personas respetables del pais.
El negro Congo, es de entre los de su raza, el ser mas inteligente y el
que con mas facilidad se adapta á nuestro lenguaje, usos y costumbres;
pero á la vez es perezoso para el trabajo material: voluble, adulador y
embustero; presuntuoso y vano, amigo de componerse de bayles y
diversiones y de agradar á las hijas de Eva. Generalmente se saca mas
partido de ellos dedicándolos al servicio doméstico, que á los trabajos
del campo.
El Macuá, es de muy limitada inteligencia; tardío en amoldarse á
nuestros hábitos y á nuestro idioma; de carácter arrebatado é
irascible, aunque muy fácil de calmar en sus accesos y sobre todo es
buen trabajador.
El Lucumí, es ardiente y belicoso; duro para el trabajo; enérgico y
altivo, aunque como todos, de escasa inteligencia; lujurioso en el mas
alto grado y aficionado en estremo á las bebidas alcoholicas, en las que
á veces gasta cuanto posée.
El Carabalí, es avaro; de carácter sombrio y poco comunicativo con los
demas negros que no son de su nacion; arraigado hasta el fanatismo á sus
creencias religiosas y dotado de animales instintos, mas que de
inteligencia.
Y por último, el Arará, dotado de medianas luces, es de carácter
bondadoso, sencillo y franco; sumiso y aplicado al trabajo, descuella
pronto en el ramo á que se le dedica, por que procura adelantar para
cuando sea libre: comprende la ventajosa diferencia que hay de esta vida
civilizada á la vida semi-salvaje de su pais y prefiere la primera.
Amante de su familia, trabaja para ellos con ardoroso afan: cobra á su
amo un estremado cariño y por nada del mundo le abandona ni descuida sus
intereses que son para él sagrados. En fin, el negro Arará, es sin
disputa el mejor de entre los que de su raza se conocen en esta Isla.
Las dotaciones de los cafetales, ingenios y demás fincas rurales; se
componen de negros de nacion, ó sean los importados del Africa y de
negros criollos, ó sean los nacidos aquí; sin que la ley establezca
ninguna diferencia entre unos y otros, respecto á las condiciones de su
esclavitud. Ambos se hallan protegidos igualmente bajo su salvadora
égida; y los cuarenta y ocho artículos del _Reglamento de esclavos_,
comprendido en el _Bando de Gobernacion y política_ expedido en esta
Isla por el Excmo. Sr. Don Gerónimo Valdés, Gobernador Superior Civil,
y publicado en 14 de Noviembre de 1842, hoy vigente; dan una idea de la
tierna solicitud con que el gobierno ha atendido siempre á esta raza,
enseñándole á amarnos como bienhechores y amigos y no á odiarnos como
despóticos señores.
Vamos á dar ahora una ligera idea de la interpretacion y cumplimiento
que dan, la generalidad de los hacendados que poséen esclavos, al
Reglamento antes citado; y se comprenderá el fundamento que tuvimos al
emprender la publicacion de estas páginas.
Al llegar un negro bozal á una finca, se le hace entrega de un cerdo y
del pedazo de tierra que él puede trabajar, al que se dá el nombre de
_Conuco_.
A cada uno de los antiguos, instruidos ya, se les designan dos de los
recien llegados ó _bozales_, para que cuiden de enseñarles los sanos
principios de nuestra religion y prepararlos así para el dia en que se
hayan de bautizar. Estos, á la vez les enseñan nuestro idioma, nuestras
costumbres, el medio de procurarse su redencion por medio del trabajo,
las leyes que los protejen y sobre todo, la justicia con que el amo
premia al que es bueno y castiga al que es malo: les presentan el
ejemplo de otros compañeros, un tiempo _bozales_ como ellos y gozando ya
del bienestar y de la dicha que en su modesta esfera, pueden
proporcionarles la posesion de un capital adquirido con el sudor de su
frente; y esto al lado de una mujer querida y rodeado de sus hijos: que
el amo cuida de la crianza de estos con esmero y atiende á todos en sus
enfermedades con médico, botica, buenos caldos y cuanto sea necesario
para su curacion.
Respecto al negro _criollo_ ó nacido en la finca; desde que viene al
mundo, ya tiene su principio de riqueza; pues el amo al presentarle la
negra á su hijo, le entrega, para ella, una ó dos onzas y para el hijo,
un cerdo y un pedazo de tierra contiguo al de la madre y que solo separa
de ella cuando se casa, para unirlo á lo que posée la que vá á ser su
mujer.
Terminado el tiempo de la lactancia, se reune con los demas de su clase
en una casa que se designa _casa de criollos_, á cargo siempre de una,
dos ó tres negras que por su moralidad, instruccion, edad y buenas
costumbres, merecen ocupar este puesto, y las cuales les enseñan los
misterios y saludables preceptos de nuestra religion; las buenas
costumbres; el amor al trabajo, fuente de toda riqueza; el respeto y
sumision á sus amos y la conformidad y resignacion con la suerte que les
cupo al nacer.
El batey ó centro en que se hallan reunidas todas las fábricas de un
ingenio, por ejemplo, se compone en general, de la casa-vivienda, casa
de administracion, casa-mayordomia, casa de mayoral, casa de criollos,
casa-enfermeria, casa de molienda, casa de purga, casa de calderas, casa
de bagazo y por último, del barracon, que es el que habita la dotacion
de la finca.
Este último, está dividido en su interior, no solo para la debida
separacion de los dos sexos, si que tambien para los matrimonios, que
ocupan cada cual su habitacion separada.
El edificio está bien situado, y goza de buenas condiciones higiénicas;
y durante la noche se halla constantemente alumbrado.
La dotacion se halla dividida en tres cuadrillas diferentes, á saber:
La _primera_, es la de los _matungos_ ó ancianos, que solo se ocupan ya
en faenas propias á su cansado vigor.
La _segunda_, es la de los _fuertes_ ó jóvenes, que son los que ejecutan
los trabajos mas duros de la finca.
Y la _tercera_, es la de los _criollos_, compuesta de jóvenes de 9 á 15
años y que se emplean en labores adecuadas á sus escasas fuerzas.
Las mujeres forman cada una, segun su edad, entre las tres cuadrillas
que dejamos apuntadas, pero los mayorales y contramayorales (estos
últimos nombrados de entre ellos mismos), cuidan de que ellas no
ejecuten nunca trabajos superiores á sus fuerzas relativamente y á su
sexo.
Las horas y reglas del trabajo en _tiempo muerto_, ó sea desde Junio á
Noviembre, son las siguientes:
Al toque del _Ave-Maria_, se levantan y forman para pasar lista y
dividirse las cuadrillas, marchando cada una hácia el lugar del trabajo,
que solo empiezan cuando ya es completamente de dia. A las nueve lo
suspenden durante media hora para almorzar y á las once se vienen al
batey para formar de nuevo y recibir cada uno su racion diaria, que se
compone: de 16 onzas de carne, buniatos, plátanos, yuca, malanga
(especie de patata) ó harina de maiz (que llaman _funche_ despues de
cocinada), todo esto alternado y en porciones muy suficientes para el
alimento de una persona.
Desde dicha hora, hasta las dos de la tarde, se ocupan en comer, cuidar
sus cerdos ó gallinas y en reposar en el barracon, á esta hora vuelven á
formar y á distribuirse como por la mañana, emprendiendo cada cuadrilla
su interrumpido trabajo hasta el oscurecer, en que regresan por última
vez al batey y despues de pasar lista, depositar en las caballerizas el
haz de yerbas, que cada cual al volver del campo trae siempre para los
animales, y de entregar en la mayordomia los machetes y demas útiles y
herramientas de labranza, se recojen á comer y con libertad de andar
por la finca hasta las nueve de la noche, en que se toca la campanada
del silencio, y media hora despues todos se hallan recojidos en el
barracon, donde despues de rezar se entregan al descanso.
En _tiempo de zafra_ ó molienda, ó sea desde Diciembre hasta Mayo,
escepto los que cortan la caña y los que la conducen á la casa de
molienda, los demas se ocupan en la fabricacion del azúcar y sus horas
de trabajo varian algo, pues las cuadrillas se subdividen entre sí y se
relevan de dia y de noche en razon á que las máquinas no cesan de
funcionar durante una época dada. El pequeño aumento que tienen así en
las horas del trabajo, lo soportan fácilmente, pues este es mas bien una
ocupacion que un trabajo corporal, comparado con el de siembra, chapeo y
demas labores del campo en el _tiempo muerto_.
Hay grandes barracones ambulantes, tirados por bueyes, que acompañan á
las cuadrillas al campo y donde se guarecen estas cuando llueve, lo que
con frecuencia sucede todos los dias.
Los domingos descansan de las fatigas de la semana, pero entonces se
ocupan ellos desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, en
trabajar su _conuco_, lavar su ropa y cuidar á sus animales, lo cual
hacen en provecho propio y por via de entretenimiento.
Casi todos los domingos, hay algun grupo de parientes ó amigos, que
solicitan y obtienen permiso para pasar al pueblo inmediato á oir alguna
misa mandada decir en sufragio del alma de sus difuntos.
Cada año, despues de concluida la _zafra_, el cura del pueblo á que
pertenece la finca, pasa á ella á verificar los bautizos de los nacidos
y de los bozales llegados desde el año anterior, así como los
casamientos contratados para dicha época, todo lo cual se celebra con
grandes fiestas y regocijos.
Cada una de las cuadrillas encargada de una faena, solicita del amo al
concluirla, una gratificacion; pero no pidiéndola de viva voz, sino
valiéndose de señales que signifiquen la expresion de sus deseos, siendo
esta con mas frecuencia, análoga á la que emplean los albañiles cuando
acaban de techar una casa. Coloca cada cual una bandera en la
casa-vivienda, diferentes entre sí, y el amo ata en una de sus puntas
una cantidad cualquiera ó nada si es su voluntad ó no ha quedado
satisfecho de la faena; y al dia siguiente, vuelve cada cuadrilla á
recojer su bandera, alegrándose naturalmente si una de sus puntas
encierra algo, pero conformándose y reconociendo que no lo habrán
merecido, si por el contrario, aquella flota con sus dos puntas sueltas.
Al deternos algun tanto en ciertos detalles, se comprenderá que lo hemos
hecho, nó para los hijos de esta Isla, que todos se los saben de
memoria; sino para que sus compatriotas de allende el Occéano, puedan
formar un juicio aproximado de la vida y trabajos del esclavo, objeto de
estas líneas.
Del mismo modo que al tratar de las clases proletarias, presentaremos
tres cuadros de distintos episodios, acaecidos entre los esclavos y que,
como los anteriores, vienen á probar la verdad de nuestros asertos y
sirven de base al paralelo que pensamos establecer.
VIII.
Cambia la decoracion.--Nuevos cuadros,
CUADRO PRIMERO.
EL ESCLAVO DE UN INGENIO.
Nicolás llegó con otros muchos al ingenio T... del señor A... cuando
apenas contaba doce años, procedente y natural de Arará, en donde habia
sido cautivado y vendido despues á un buque negrero, que allá por los
años de 184... hacia el comercio de _ébano_ en la costa de Africa.
Pasada la primera impresion que en él habia de hacer naturalmente, el
método de vida regimentado y uniforme á que se le sujetaba, aquella
naturaleza salvaje se fué amoldando poco á poco; fué despertando su
dormida inteligencia de las densas tinieblas en que yacia, y á los
veinte años de edad, ya se habia captado las simpatias de sus amos,
administradores y mayorales, así como de sus compañeros de dotacion.
Su laboriosidad y aplicacion en el trabajo; su carácter bondadoso y
sumiso, servian de poderoso estímulo á los demas negros; y su _conuco_
era citado como modelo en toda la finca, por la gran extension de
terreno que comprendia, y que labraba él solo en las horas libres y
dias festivos; así como por la abundante cosecha que recojia, merced al
cuidadoso esmero con que lo cuidaba.
Cada año criaba uno ó dos cerdos y algunos hasta tres, y á la vez
multitud de gallinas; de lo cual destinaba lo mejor para regalárselo á
su amo, segun es costumbre y por lo cual recibia siempre doble importe
de su valor, así como las cosechas que tambien aquel le compraba.
En _tiempo muerto_, trabajaba en el campo como uno de tantos, animando
con sus jocosidades, sus gritos y sus estrambóticos gestos al resto de
la cuadrilla de los _fuertes_, en que figuraba de los primeros, dando
así á aquellos monótonos coros que incesantemente cantan los negros al
compás del azadon ó guataca, cierta _sal_ y _pimienta_, que enardecia á
los mas débiles ó perezosos en el trabajo.
En la época de molienda ó _zafra_, se habia dado tal maña trabajando al
lado del _pailero_, que con frecuencia suplia á este cuando por
enfermedad ú otros accidentes no podia asistir, sin que en nada se
echase de ver su falta; lo cual, ademas de las naturales
consideraciones, le valia por parte de sus amos una buena gratificacion
al concluirse aquella.
Todo esto, reunido á su vida arreglada y económica, aumentó de tal modo
sus ahorros, que al cumplir veinte y cinco años, se encontraba en
posesion de un capital de _tres mil pesos_ y pensó en reunir este y su
_conuco_, por medio del matrimonio, al de una negrita criolla llamada
Felicia, que tenia el suyo contiguo y con quien estaba en amores hacia
dos años. Es verdad, que el _conuco_ de su futura era reducido y solo
tenia _tres onzas_ por todo capital; pero era bonita, tenia quince años
y estaba enamorado de ella; y sobre todo, consideraba que no era preciso
que la mujer aportara al matrimonio tanto como el marido. Así pues,
maduró su proyecto de acuerdo con ella; pidieron el competente permiso á
sus amos y aquel mismo año, cuando á la conclusion de la _zafra_ llegó
el cura de N... al ingenio para verificar los casamientos y los bautizos
de los nacidos y los _bozales_, Nicolás y Felicia se unieron en
indisoluble lazo, obteniendo de sus amos, con este motivo, un buen
regalo.
Nicolás y Felicia tenian ya con qué comprar su libertad, pero ¿qué
conseguían con rescatarla? ¿A dónde irian que tuvieran tan asegurada su
subsistencia y la de sus hijos, si los tenian? Si Dios les enviaba una
enfermedad, ¿quién les cuidaria con el esmero y atencion con que asisten
á los enfermos en la casa-enfermeria, donde nada se escasea? Si les
faltaba el trabajo, ¿de qué vivirian? Por otra parte: ¿cómo abandonar á
sus amos que hacian con ellos las veces de padres y por los cuales
sentian el mas tierno y respetuoso cariño?
Todas estas y otras reflexiones análogas se hacian los esposos, preñados
los ojos de lágrimas, cada vez que sus amitos les indicaban que estaban
en posicion de libertarse, protestando una y mil veces, que aun cuando
les concedieran esta graciosamente no la admitirian, pues preferian
vivir esclavos en el ingenio á encontrarse libres fuera de él.
Hoy tiene él treinta y nueve años y ella veinte y nueve. Han tenido
varios hijos, de los cuales, uno trabaja al lado de su padre, dos en la
cuadrilla de criollos y los restantes juegan todo el dia en el patio de
la _casa de criollos_ con los demas pequeñuelos de su edad. Su _conuco_
y su capital han aumentado considerablemente, pues tiene mas terreno y
mas brazos que le ayuden á fomentarlo, y por último, Nicolás y Felicia
no cambian su posicion y su dicha por la de ningun potentado de la
tierra.
Cuando se le pregunta á él si volveria gustoso al Africa con su mujer y
sus hijos, contesta sonriendo y enseñando su blanca dentadura, que el
negro que ha vivido algun tiempo como _persona_, no puede volver á vivir
como _fiera_.
Este no es un caso aislado: hay muchos otros en condiciones análogas á
la del tipo que hemos presentado en Nicolás y Felicia. Hemos hablado con
ellos, tomado nuestros informes y adquirido el conocimiento exacto de la
verdad.
IX.
CUADRO SEGUNDO.
LA VIUDA DE UN ESCLAVO.
En el ingenio A... del Sr. S. A... vivia hacia ya muchos años, un
matrimonio de esclavos pertenecientes á la dotacion de aquella finca.
Ambos eran procedentes del Africa desde la menor edad, naturales de
Carabalí, desde donde ya se conocian y llegados á esta Isla en la misma
expedicion. El cargamento de que se componia esta, se habia dividido en
lotes, y la casualidad hizo que ambos fueran comprendidos en uno mismo,
de suerte que fueron á poder del mismo amo y á habitar bajo el mismo
techo en la finca que ya hemos mencionado. Tambien fueron bautizados en
el mismo dia, recibiendo ella el nombre de Filomena y él el de Cayetano.
Este último, que en los primeros años de su estancia en el ingenio,
habia probado varias veces á recobrar su perdida libertad, procuraba
siempre arrastrar en sus locas tentativas á la negrita Filomena, hácia
la que sentia una vehemente inclinacion; pero esta, aunque mas jóven que
él, se resistia siempre á acompañarle y aun intentaba disuadirle de sus
ideas, que le habian acarreado los castigos y trabas consiguientes á su
temeridad y el inherente calificativo de _cimarron_. Apenas se escapaba,
al momento era hecho prisionero, porque como no conocia el terreno, se
extraviaba en el monte y por donde quiera que huia.
Supersticioso y fanático, mas de una vez hubiera atentado contra su
existencia, á no detenerle la idea de que Filomena no querria tampoco
acompañarle en esta expedicion y de que quedando sola podria casarse con
otro.
La luz de la razon fué iluminándole poco á poco y el ejemplo de la vida
apacible y resignada de sus demas compañeros de dotacion, empezó á
despertar en su alma el deseo de gozar tambien de aquella felicidad de
que él carecia tan solo por su culpa.
Dedicóse, pues, á trabajar su _conuco_, casi abandonado hasta entonces;
dió á sus amos seguridades y garantias de mejorar su conducta y como sus
obras correspondieron á sus promesas, aquellos suavizaron el rigorismo
con que era tratado, hasta el punto de olvidarse por completo que
Cayetano habia sido _cimarron_.
Esta nueva era de su vida de esclavo, empezó favorablemente para él:
recojió muy buenas cosechas y crió muchos animales que le valieron
algunos pesos y este resultado, despertando su ambicion, le hizo
comprender que para llegar á hacer fortuna necesitaba hacer algo mas que
trabajar la tierra de su _conuco_ y criar sus animales: aguzó el
ingenio; formó sus planes, que consultaba siempre con Filomena, muy
dispuesta entonces á escucharle y por último, pidió á sus amos permiso
para casarse con ella y obtenido, lo realizó, como de costumbre, á la
conclusion de _zafra_ de aquel año.
Una vez casado y reunido su _conuco_ y sus ahorros á los de Filomena,
empezó á comprar y vender cochinos, á relacionarse con compradores y
vendedores y de aquí á tratar con ellos de las compras y ventas de
otros, arreglando sus diferencias y transacciones: en una palabra, se
hizo corredor de cerdos y llegó á cobrar tal fama en aquellos contornos,
que ninguno hacia una operacion de compra ó venta, sin valerse de él
como intermediario, por supuesto, mediante la retribucion de su
correduria por una y otra parte.
Aprendió mal que bien á leer, escribir y contar, para lo cual robaba al
sueño una hora cada noche y cuando se halló en posesion de estos
conocimientos y con su capital medianamente aumentado, se dió á prestar
dinero á interés, mediante pagarés á plazo mas ó menos largo y con la
garantia de cosechas ó animales, llegando de este modo á hacerse el
hombre indispensable entre los suyos que contínuamente le buscaban ya
como _corredor_ ó ya como _prestamista_.
El éxito mas satisfactorio fué coronando los esfuerzos de esta especie
de pequeño Rothschild africano; y no era ya por cierto Cayetano el
_cimarron_ huido constantemente y castigado con el cepo y el grillete;
tan _bravo_, tan supersticioso, tan incorregible y siempre pugnando por
recobrar una libertad que ahora despreciaba y que aunque podia recuperar
ni siquiera soñaba en ella, ni la hubiera admitido aunque se la
ofrecieran.
Tuvo en su matrimonio numerosos hijos, á quienes veia con placer crecer
á su lado y por último, á los cincuenta y nueve años de edad murió de
una congestion cerebral; querido de su familia, de sus amos, de sus
compañeros y de cuantos en vida le trataron, y dejando en la finca un
buen ejemplo de laboriosidad y de honradez.
Filomena lloró inconsolable la pérdida de su querido y dulce compañero;
se hizo cargo de los papeles y metálico que dejó aquel al morir, y
pasados los primeros dias de luto, solicitó permiso para bajar á la
Habana y ver á su amo á quien, como heredero natural de su marido,
queria entregar aquella herencia que á ella no le pertenecia.
El amo recibió de sus manos aquellos valores, para no barrenar el
derecho ó costumbre que por tradicion se reconoce al amo para heredar á
sus esclavos, pero despues de poner en claro aquellos documentos que
eran pagarés, cuentas de corretajes, &a, saldar algunas y contar el
dinero, en presencia de la viuda, le volvió á hacer entrega de todo,
diciéndole que se lo regalaba para ella y sus hijos, como una prueba de
afecto hácia su difunto marido.
El capital en metálico y papel, realizable á muy corto plazo, que
Cayetano habia dejado al morir y que el Sr. S. A.... donó á su viuda,
ascendia á la suma de _¡trece mil pesos!_
Creemos que esto no necesita comentarios.
X.
CUADERNO TERCERO.
EL ESCLAVO EN EL SERVICIO DOMÉSTICO.
En casa de un rico hacendado y propietario de esta capital, con cuya
amistad nos honramos, tenian, entre otros un negro esclavo criollo,
llamado Antonio y que desde su menor edad estaba dedicado al servicio
doméstico.
Ya el padre del actual jefe de esta casa; persona notable por la nobleza
de sus sentimientos y por hallarse dotado de un talento poco comun, de
una vastísima erudicion y de un profundo conocimiento del corazon
humano, habia distinguido á Antonio con su afecto y adivinado que bajo
aquella negra corteza, se albergaba un alma susceptible de las mas
bellas acciones y un corazon franco y leal.
Mantúvole á su lado por espacio de muchos años, dispensándole su
confianza y colmándole de dones y de regalos; y cuando asuntos de grave
interés para la patria, le llamaron á la corte, donde habia de hacerse
un lugar preferente; quiso, como recuerdo de despedida, concederle su
libertad; pero Antonio que amaba aquella casa con entrañable cariño,
pidió á su amo, que le permitiera continuar siendo su esclavo; y si no
ya á su inmediato servicio, puesto que se marchaba, al de uno de sus
hijos, en los cuales estaba seguro de hallar el mismo afecto y
consideracion.
Cuantas reflexiones le hizo su amo para convencerle á admitir la
libertad, fueron inútiles, y conmovido este al ver aquella inmensa
prueba de adhesion y de cariño, despues de hacerle un buen regalo, le
dejó en casa de uno de sus hijos, recomendándoselo muy particularmente.
Pero los hijos poseian como el padre un bellísimo corazon y ademas,
Antonio se recomendaba por sí solo; de suerte, que al poco tiempo ocupó
en la casa de su nuevo amito, el mismo puesto de confianza que habia
merecido en la del padre.
Antonio vestia decentemente y hasta con lujo; recibia sus regalos ó
propinas y tenia su piquillo depositado en la _Caja de ahorros_, donde
acumulaba cada año los intereses al capital, así como las nuevas
imposiciones que hacia y algunos premios que habia sacado en la loteria
de esta Isla; y esto lo hacia desahogadamente, puesto que para cubrir
sus atenciones y necesidades, para nada le hacia falta su dinero.
En los viajes, diversiones ó cacerias, Antonio acompañaba siempre á su
amo, gozando y disfrutando de todo; siempre atento y solícito al menor
deseo de aquel, por quien á su vez era tratado con suavidad y con
cariño.
Nada faltaba á su dicha: los dias trascurrian serenos y apacibles para
él; sin esa afanosa ansiedad del que viviendo con el escaso producto de
su trabajo ó industria; del que, en una palabra, está sujeto
esclusivamente á sus propios recursos, se desvela y apura, pensando en
el _mañana_ siempre nebuloso y oscuro para el pobre y á veces hasta para
el rico.