El tráfico negrero, ha importado á esta Isla hombres, mujeres y niños de

diversos puntos del golfo de Guinea, pero mas principalmente del Congo,

Macuá, Lucumí, Carabalí y Arará, reinos ó naciones del Africa, que mas

se han prestado á esta clase de comercio humano.

Escasos de inteligencia y predominando en todos ellos, en general, el

elemento material; apenas se descubre en ellos una leve chispa de su

espíritu, esa divina antorcha que la voluntad del omnipotente coloca en

la grosera envoltura de cada uno de sus hijos, para que ilumine sus

pasos por la senda de la vida terrenal; pero con todo, en instintos y

cualidades morales, se notan entre ellos, como decíamos anteriormente,

muy marcadas diferencias, segun podrá observarse por el retrato que de

cada uno damos á continuacion, producto del detenido estudio que de

ellos hemos hecho y de los varios informes y noticias que hemos tomado

de personas respetables del pais.

El negro Congo, es de entre los de su raza, el ser mas inteligente y el

que con mas facilidad se adapta á nuestro lenguaje, usos y costumbres;

pero á la vez es perezoso para el trabajo material: voluble, adulador y

embustero; presuntuoso y vano, amigo de componerse de bayles y

diversiones y de agradar á las hijas de Eva. Generalmente se saca mas

partido de ellos dedicándolos al servicio doméstico, que á los trabajos

del campo.

El Macuá, es de muy limitada inteligencia; tardío en amoldarse á

nuestros hábitos y á nuestro idioma; de carácter arrebatado é

irascible, aunque muy fácil de calmar en sus accesos y sobre todo es

buen trabajador.

El Lucumí, es ardiente y belicoso; duro para el trabajo; enérgico y

altivo, aunque como todos, de escasa inteligencia; lujurioso en el mas

alto grado y aficionado en estremo á las bebidas alcoholicas, en las que

á veces gasta cuanto posée.

El Carabalí, es avaro; de carácter sombrio y poco comunicativo con los

demas negros que no son de su nacion; arraigado hasta el fanatismo á sus

creencias religiosas y dotado de animales instintos, mas que de

inteligencia.

Y por último, el Arará, dotado de medianas luces, es de carácter

bondadoso, sencillo y franco; sumiso y aplicado al trabajo, descuella

pronto en el ramo á que se le dedica, por que procura adelantar para

cuando sea libre: comprende la ventajosa diferencia que hay de esta vida

civilizada á la vida semi-salvaje de su pais y prefiere la primera.

Amante de su familia, trabaja para ellos con ardoroso afan: cobra á su

amo un estremado cariño y por nada del mundo le abandona ni descuida sus

intereses que son para él sagrados. En fin, el negro Arará, es sin

disputa el mejor de entre los que de su raza se conocen en esta Isla.

Las dotaciones de los cafetales, ingenios y demás fincas rurales; se

componen de negros de nacion, ó sean los importados del Africa y de

negros criollos, ó sean los nacidos aquí; sin que la ley establezca

ninguna diferencia entre unos y otros, respecto á las condiciones de su

esclavitud. Ambos se hallan protegidos igualmente bajo su salvadora

égida; y los cuarenta y ocho artículos del _Reglamento de esclavos_,

comprendido en el _Bando de Gobernacion y política_ expedido en esta

Isla por el Excmo. Sr. Don Gerónimo Valdés, Gobernador Superior Civil,

y publicado en 14 de Noviembre de 1842, hoy vigente; dan una idea de la

tierna solicitud con que el gobierno ha atendido siempre á esta raza,

enseñándole á amarnos como bienhechores y amigos y no á odiarnos como

despóticos señores.

Vamos á dar ahora una ligera idea de la interpretacion y cumplimiento

que dan, la generalidad de los hacendados que poséen esclavos, al

Reglamento antes citado; y se comprenderá el fundamento que tuvimos al

emprender la publicacion de estas páginas.

Al llegar un negro bozal á una finca, se le hace entrega de un cerdo y

del pedazo de tierra que él puede trabajar, al que se dá el nombre de

_Conuco_.

A cada uno de los antiguos, instruidos ya, se les designan dos de los

recien llegados ó _bozales_, para que cuiden de enseñarles los sanos

principios de nuestra religion y prepararlos así para el dia en que se

hayan de bautizar. Estos, á la vez les enseñan nuestro idioma, nuestras

costumbres, el medio de procurarse su redencion por medio del trabajo,

las leyes que los protejen y sobre todo, la justicia con que el amo

premia al que es bueno y castiga al que es malo: les presentan el

ejemplo de otros compañeros, un tiempo _bozales_ como ellos y gozando ya

del bienestar y de la dicha que en su modesta esfera, pueden

proporcionarles la posesion de un capital adquirido con el sudor de su

frente; y esto al lado de una mujer querida y rodeado de sus hijos: que

el amo cuida de la crianza de estos con esmero y atiende á todos en sus

enfermedades con médico, botica, buenos caldos y cuanto sea necesario

para su curacion.

Respecto al negro _criollo_ ó nacido en la finca; desde que viene al

mundo, ya tiene su principio de riqueza; pues el amo al presentarle la

negra á su hijo, le entrega, para ella, una ó dos onzas y para el hijo,

un cerdo y un pedazo de tierra contiguo al de la madre y que solo separa

de ella cuando se casa, para unirlo á lo que posée la que vá á ser su

mujer.

Terminado el tiempo de la lactancia, se reune con los demas de su clase

en una casa que se designa _casa de criollos_, á cargo siempre de una,

dos ó tres negras que por su moralidad, instruccion, edad y buenas

costumbres, merecen ocupar este puesto, y las cuales les enseñan los

misterios y saludables preceptos de nuestra religion; las buenas

costumbres; el amor al trabajo, fuente de toda riqueza; el respeto y

sumision á sus amos y la conformidad y resignacion con la suerte que les

cupo al nacer.

El batey ó centro en que se hallan reunidas todas las fábricas de un

ingenio, por ejemplo, se compone en general, de la casa-vivienda, casa

de administracion, casa-mayordomia, casa de mayoral, casa de criollos,

casa-enfermeria, casa de molienda, casa de purga, casa de calderas, casa

de bagazo y por último, del barracon, que es el que habita la dotacion

de la finca.

Este último, está dividido en su interior, no solo para la debida

separacion de los dos sexos, si que tambien para los matrimonios, que

ocupan cada cual su habitacion separada.

El edificio está bien situado, y goza de buenas condiciones higiénicas;

y durante la noche se halla constantemente alumbrado.

La dotacion se halla dividida en tres cuadrillas diferentes, á saber:

La _primera_, es la de los _matungos_ ó ancianos, que solo se ocupan ya

en faenas propias á su cansado vigor.

La _segunda_, es la de los _fuertes_ ó jóvenes, que son los que ejecutan

los trabajos mas duros de la finca.

Y la _tercera_, es la de los _criollos_, compuesta de jóvenes de 9 á 15

años y que se emplean en labores adecuadas á sus escasas fuerzas.

Las mujeres forman cada una, segun su edad, entre las tres cuadrillas

que dejamos apuntadas, pero los mayorales y contramayorales (estos

últimos nombrados de entre ellos mismos), cuidan de que ellas no

ejecuten nunca trabajos superiores á sus fuerzas relativamente y á su

sexo.

Las horas y reglas del trabajo en _tiempo muerto_, ó sea desde Junio á

Noviembre, son las siguientes:

Al toque del _Ave-Maria_, se levantan y forman para pasar lista y

dividirse las cuadrillas, marchando cada una hácia el lugar del trabajo,

que solo empiezan cuando ya es completamente de dia. A las nueve lo

suspenden durante media hora para almorzar y á las once se vienen al

batey para formar de nuevo y recibir cada uno su racion diaria, que se

compone: de 16 onzas de carne, buniatos, plátanos, yuca, malanga

(especie de patata) ó harina de maiz (que llaman _funche_ despues de

cocinada), todo esto alternado y en porciones muy suficientes para el

alimento de una persona.

Desde dicha hora, hasta las dos de la tarde, se ocupan en comer, cuidar

sus cerdos ó gallinas y en reposar en el barracon, á esta hora vuelven á

formar y á distribuirse como por la mañana, emprendiendo cada cuadrilla

su interrumpido trabajo hasta el oscurecer, en que regresan por última

vez al batey y despues de pasar lista, depositar en las caballerizas el

haz de yerbas, que cada cual al volver del campo trae siempre para los

animales, y de entregar en la mayordomia los machetes y demas útiles y

herramientas de labranza, se recojen á comer y con libertad de andar

por la finca hasta las nueve de la noche, en que se toca la campanada

del silencio, y media hora despues todos se hallan recojidos en el

barracon, donde despues de rezar se entregan al descanso.

En _tiempo de zafra_ ó molienda, ó sea desde Diciembre hasta Mayo,

escepto los que cortan la caña y los que la conducen á la casa de

molienda, los demas se ocupan en la fabricacion del azúcar y sus horas

de trabajo varian algo, pues las cuadrillas se subdividen entre sí y se

relevan de dia y de noche en razon á que las máquinas no cesan de

funcionar durante una época dada. El pequeño aumento que tienen así en

las horas del trabajo, lo soportan fácilmente, pues este es mas bien una

ocupacion que un trabajo corporal, comparado con el de siembra, chapeo y

demas labores del campo en el _tiempo muerto_.

Hay grandes barracones ambulantes, tirados por bueyes, que acompañan á

las cuadrillas al campo y donde se guarecen estas cuando llueve, lo que

con frecuencia sucede todos los dias.

Los domingos descansan de las fatigas de la semana, pero entonces se

ocupan ellos desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, en

trabajar su _conuco_, lavar su ropa y cuidar á sus animales, lo cual

hacen en provecho propio y por via de entretenimiento.

Casi todos los domingos, hay algun grupo de parientes ó amigos, que

solicitan y obtienen permiso para pasar al pueblo inmediato á oir alguna

misa mandada decir en sufragio del alma de sus difuntos.

Cada año, despues de concluida la _zafra_, el cura del pueblo á que

pertenece la finca, pasa á ella á verificar los bautizos de los nacidos

y de los bozales llegados desde el año anterior, así como los

casamientos contratados para dicha época, todo lo cual se celebra con

grandes fiestas y regocijos.

Cada una de las cuadrillas encargada de una faena, solicita del amo al

concluirla, una gratificacion; pero no pidiéndola de viva voz, sino

valiéndose de señales que signifiquen la expresion de sus deseos, siendo

esta con mas frecuencia, análoga á la que emplean los albañiles cuando

acaban de techar una casa. Coloca cada cual una bandera en la

casa-vivienda, diferentes entre sí, y el amo ata en una de sus puntas

una cantidad cualquiera ó nada si es su voluntad ó no ha quedado

satisfecho de la faena; y al dia siguiente, vuelve cada cuadrilla á

recojer su bandera, alegrándose naturalmente si una de sus puntas

encierra algo, pero conformándose y reconociendo que no lo habrán

merecido, si por el contrario, aquella flota con sus dos puntas sueltas.

Al deternos algun tanto en ciertos detalles, se comprenderá que lo hemos

hecho, nó para los hijos de esta Isla, que todos se los saben de

memoria; sino para que sus compatriotas de allende el Occéano, puedan

formar un juicio aproximado de la vida y trabajos del esclavo, objeto de

estas líneas.

Del mismo modo que al tratar de las clases proletarias, presentaremos

tres cuadros de distintos episodios, acaecidos entre los esclavos y que,

como los anteriores, vienen á probar la verdad de nuestros asertos y

sirven de base al paralelo que pensamos establecer.

VIII.

Cambia la decoracion.--Nuevos cuadros,

CUADRO PRIMERO.

EL ESCLAVO DE UN INGENIO.

Nicolás llegó con otros muchos al ingenio T... del señor A... cuando

apenas contaba doce años, procedente y natural de Arará, en donde habia

sido cautivado y vendido despues á un buque negrero, que allá por los

años de 184... hacia el comercio de _ébano_ en la costa de Africa.

Pasada la primera impresion que en él habia de hacer naturalmente, el

método de vida regimentado y uniforme á que se le sujetaba, aquella

naturaleza salvaje se fué amoldando poco á poco; fué despertando su

dormida inteligencia de las densas tinieblas en que yacia, y á los

veinte años de edad, ya se habia captado las simpatias de sus amos,

administradores y mayorales, así como de sus compañeros de dotacion.

Su laboriosidad y aplicacion en el trabajo; su carácter bondadoso y

sumiso, servian de poderoso estímulo á los demas negros; y su _conuco_

era citado como modelo en toda la finca, por la gran extension de

terreno que comprendia, y que labraba él solo en las horas libres y

dias festivos; así como por la abundante cosecha que recojia, merced al

cuidadoso esmero con que lo cuidaba.

Cada año criaba uno ó dos cerdos y algunos hasta tres, y á la vez

multitud de gallinas; de lo cual destinaba lo mejor para regalárselo á

su amo, segun es costumbre y por lo cual recibia siempre doble importe

de su valor, así como las cosechas que tambien aquel le compraba.

En _tiempo muerto_, trabajaba en el campo como uno de tantos, animando

con sus jocosidades, sus gritos y sus estrambóticos gestos al resto de

la cuadrilla de los _fuertes_, en que figuraba de los primeros, dando

así á aquellos monótonos coros que incesantemente cantan los negros al

compás del azadon ó guataca, cierta _sal_ y _pimienta_, que enardecia á

los mas débiles ó perezosos en el trabajo.

En la época de molienda ó _zafra_, se habia dado tal maña trabajando al

lado del _pailero_, que con frecuencia suplia á este cuando por

enfermedad ú otros accidentes no podia asistir, sin que en nada se

echase de ver su falta; lo cual, ademas de las naturales

consideraciones, le valia por parte de sus amos una buena gratificacion

al concluirse aquella.

Todo esto, reunido á su vida arreglada y económica, aumentó de tal modo

sus ahorros, que al cumplir veinte y cinco años, se encontraba en

posesion de un capital de _tres mil pesos_ y pensó en reunir este y su

_conuco_, por medio del matrimonio, al de una negrita criolla llamada

Felicia, que tenia el suyo contiguo y con quien estaba en amores hacia

dos años. Es verdad, que el _conuco_ de su futura era reducido y solo

tenia _tres onzas_ por todo capital; pero era bonita, tenia quince años

y estaba enamorado de ella; y sobre todo, consideraba que no era preciso

que la mujer aportara al matrimonio tanto como el marido. Así pues,

maduró su proyecto de acuerdo con ella; pidieron el competente permiso á

sus amos y aquel mismo año, cuando á la conclusion de la _zafra_ llegó

el cura de N... al ingenio para verificar los casamientos y los bautizos

de los nacidos y los _bozales_, Nicolás y Felicia se unieron en

indisoluble lazo, obteniendo de sus amos, con este motivo, un buen

regalo.

Nicolás y Felicia tenian ya con qué comprar su libertad, pero ¿qué

conseguían con rescatarla? ¿A dónde irian que tuvieran tan asegurada su

subsistencia y la de sus hijos, si los tenian? Si Dios les enviaba una

enfermedad, ¿quién les cuidaria con el esmero y atencion con que asisten

á los enfermos en la casa-enfermeria, donde nada se escasea? Si les

faltaba el trabajo, ¿de qué vivirian? Por otra parte: ¿cómo abandonar á

sus amos que hacian con ellos las veces de padres y por los cuales

sentian el mas tierno y respetuoso cariño?

Todas estas y otras reflexiones análogas se hacian los esposos, preñados

los ojos de lágrimas, cada vez que sus amitos les indicaban que estaban

en posicion de libertarse, protestando una y mil veces, que aun cuando

les concedieran esta graciosamente no la admitirian, pues preferian

vivir esclavos en el ingenio á encontrarse libres fuera de él.

Hoy tiene él treinta y nueve años y ella veinte y nueve. Han tenido

varios hijos, de los cuales, uno trabaja al lado de su padre, dos en la

cuadrilla de criollos y los restantes juegan todo el dia en el patio de

la _casa de criollos_ con los demas pequeñuelos de su edad. Su _conuco_

y su capital han aumentado considerablemente, pues tiene mas terreno y

mas brazos que le ayuden á fomentarlo, y por último, Nicolás y Felicia

no cambian su posicion y su dicha por la de ningun potentado de la

tierra.

Cuando se le pregunta á él si volveria gustoso al Africa con su mujer y

sus hijos, contesta sonriendo y enseñando su blanca dentadura, que el

negro que ha vivido algun tiempo como _persona_, no puede volver á vivir

como _fiera_.

Este no es un caso aislado: hay muchos otros en condiciones análogas á

la del tipo que hemos presentado en Nicolás y Felicia. Hemos hablado con

ellos, tomado nuestros informes y adquirido el conocimiento exacto de la

verdad.

IX.

CUADRO SEGUNDO.

LA VIUDA DE UN ESCLAVO.

En el ingenio A... del Sr. S. A... vivia hacia ya muchos años, un

matrimonio de esclavos pertenecientes á la dotacion de aquella finca.

Ambos eran procedentes del Africa desde la menor edad, naturales de

Carabalí, desde donde ya se conocian y llegados á esta Isla en la misma

expedicion. El cargamento de que se componia esta, se habia dividido en

lotes, y la casualidad hizo que ambos fueran comprendidos en uno mismo,

de suerte que fueron á poder del mismo amo y á habitar bajo el mismo

techo en la finca que ya hemos mencionado. Tambien fueron bautizados en

el mismo dia, recibiendo ella el nombre de Filomena y él el de Cayetano.

Este último, que en los primeros años de su estancia en el ingenio,

habia probado varias veces á recobrar su perdida libertad, procuraba

siempre arrastrar en sus locas tentativas á la negrita Filomena, hácia

la que sentia una vehemente inclinacion; pero esta, aunque mas jóven que

él, se resistia siempre á acompañarle y aun intentaba disuadirle de sus

ideas, que le habian acarreado los castigos y trabas consiguientes á su

temeridad y el inherente calificativo de _cimarron_. Apenas se escapaba,

al momento era hecho prisionero, porque como no conocia el terreno, se

extraviaba en el monte y por donde quiera que huia.

Supersticioso y fanático, mas de una vez hubiera atentado contra su

existencia, á no detenerle la idea de que Filomena no querria tampoco

acompañarle en esta expedicion y de que quedando sola podria casarse con

otro.

La luz de la razon fué iluminándole poco á poco y el ejemplo de la vida

apacible y resignada de sus demas compañeros de dotacion, empezó á

despertar en su alma el deseo de gozar tambien de aquella felicidad de

que él carecia tan solo por su culpa.

Dedicóse, pues, á trabajar su _conuco_, casi abandonado hasta entonces;

dió á sus amos seguridades y garantias de mejorar su conducta y como sus

obras correspondieron á sus promesas, aquellos suavizaron el rigorismo

con que era tratado, hasta el punto de olvidarse por completo que

Cayetano habia sido _cimarron_.

Esta nueva era de su vida de esclavo, empezó favorablemente para él:

recojió muy buenas cosechas y crió muchos animales que le valieron

algunos pesos y este resultado, despertando su ambicion, le hizo

comprender que para llegar á hacer fortuna necesitaba hacer algo mas que

trabajar la tierra de su _conuco_ y criar sus animales: aguzó el

ingenio; formó sus planes, que consultaba siempre con Filomena, muy

dispuesta entonces á escucharle y por último, pidió á sus amos permiso

para casarse con ella y obtenido, lo realizó, como de costumbre, á la

conclusion de _zafra_ de aquel año.

Una vez casado y reunido su _conuco_ y sus ahorros á los de Filomena,

empezó á comprar y vender cochinos, á relacionarse con compradores y

vendedores y de aquí á tratar con ellos de las compras y ventas de

otros, arreglando sus diferencias y transacciones: en una palabra, se

hizo corredor de cerdos y llegó á cobrar tal fama en aquellos contornos,

que ninguno hacia una operacion de compra ó venta, sin valerse de él

como intermediario, por supuesto, mediante la retribucion de su

correduria por una y otra parte.

Aprendió mal que bien á leer, escribir y contar, para lo cual robaba al

sueño una hora cada noche y cuando se halló en posesion de estos

conocimientos y con su capital medianamente aumentado, se dió á prestar

dinero á interés, mediante pagarés á plazo mas ó menos largo y con la

garantia de cosechas ó animales, llegando de este modo á hacerse el

hombre indispensable entre los suyos que contínuamente le buscaban ya

como _corredor_ ó ya como _prestamista_.

El éxito mas satisfactorio fué coronando los esfuerzos de esta especie

de pequeño Rothschild africano; y no era ya por cierto Cayetano el

_cimarron_ huido constantemente y castigado con el cepo y el grillete;

tan _bravo_, tan supersticioso, tan incorregible y siempre pugnando por

recobrar una libertad que ahora despreciaba y que aunque podia recuperar

ni siquiera soñaba en ella, ni la hubiera admitido aunque se la

ofrecieran.

Tuvo en su matrimonio numerosos hijos, á quienes veia con placer crecer

á su lado y por último, á los cincuenta y nueve años de edad murió de

una congestion cerebral; querido de su familia, de sus amos, de sus

compañeros y de cuantos en vida le trataron, y dejando en la finca un

buen ejemplo de laboriosidad y de honradez.

Filomena lloró inconsolable la pérdida de su querido y dulce compañero;

se hizo cargo de los papeles y metálico que dejó aquel al morir, y

pasados los primeros dias de luto, solicitó permiso para bajar á la

Habana y ver á su amo á quien, como heredero natural de su marido,

queria entregar aquella herencia que á ella no le pertenecia.

El amo recibió de sus manos aquellos valores, para no barrenar el

derecho ó costumbre que por tradicion se reconoce al amo para heredar á

sus esclavos, pero despues de poner en claro aquellos documentos que

eran pagarés, cuentas de corretajes, &a, saldar algunas y contar el

dinero, en presencia de la viuda, le volvió á hacer entrega de todo,

diciéndole que se lo regalaba para ella y sus hijos, como una prueba de

afecto hácia su difunto marido.

El capital en metálico y papel, realizable á muy corto plazo, que

Cayetano habia dejado al morir y que el Sr. S. A.... donó á su viuda,

ascendia á la suma de _¡trece mil pesos!_

Creemos que esto no necesita comentarios.

X.

CUADERNO TERCERO.

EL ESCLAVO EN EL SERVICIO DOMÉSTICO.

En casa de un rico hacendado y propietario de esta capital, con cuya

amistad nos honramos, tenian, entre otros un negro esclavo criollo,

llamado Antonio y que desde su menor edad estaba dedicado al servicio

doméstico.

Ya el padre del actual jefe de esta casa; persona notable por la nobleza

de sus sentimientos y por hallarse dotado de un talento poco comun, de

una vastísima erudicion y de un profundo conocimiento del corazon

humano, habia distinguido á Antonio con su afecto y adivinado que bajo

aquella negra corteza, se albergaba un alma susceptible de las mas

bellas acciones y un corazon franco y leal.

Mantúvole á su lado por espacio de muchos años, dispensándole su

confianza y colmándole de dones y de regalos; y cuando asuntos de grave

interés para la patria, le llamaron á la corte, donde habia de hacerse

un lugar preferente; quiso, como recuerdo de despedida, concederle su

libertad; pero Antonio que amaba aquella casa con entrañable cariño,

pidió á su amo, que le permitiera continuar siendo su esclavo; y si no

ya á su inmediato servicio, puesto que se marchaba, al de uno de sus

hijos, en los cuales estaba seguro de hallar el mismo afecto y

consideracion.

Cuantas reflexiones le hizo su amo para convencerle á admitir la

libertad, fueron inútiles, y conmovido este al ver aquella inmensa

prueba de adhesion y de cariño, despues de hacerle un buen regalo, le

dejó en casa de uno de sus hijos, recomendándoselo muy particularmente.

Pero los hijos poseian como el padre un bellísimo corazon y ademas,

Antonio se recomendaba por sí solo; de suerte, que al poco tiempo ocupó

en la casa de su nuevo amito, el mismo puesto de confianza que habia

merecido en la del padre.

Antonio vestia decentemente y hasta con lujo; recibia sus regalos ó

propinas y tenia su piquillo depositado en la _Caja de ahorros_, donde

acumulaba cada año los intereses al capital, así como las nuevas

imposiciones que hacia y algunos premios que habia sacado en la loteria

de esta Isla; y esto lo hacia desahogadamente, puesto que para cubrir

sus atenciones y necesidades, para nada le hacia falta su dinero.

En los viajes, diversiones ó cacerias, Antonio acompañaba siempre á su

amo, gozando y disfrutando de todo; siempre atento y solícito al menor

deseo de aquel, por quien á su vez era tratado con suavidad y con

cariño.

Nada faltaba á su dicha: los dias trascurrian serenos y apacibles para

él; sin esa afanosa ansiedad del que viviendo con el escaso producto de

su trabajo ó industria; del que, en una palabra, está sujeto

esclusivamente á sus propios recursos, se desvela y apura, pensando en

el _mañana_ siempre nebuloso y oscuro para el pobre y á veces hasta para

el rico.

El proletario en España y el Negro en Cuba · 第 3 / 4 段