NOTAS:

[1] NOTA.--Estos dos primeros capítulos se publicaron en el periódico

_La Revolucion_ de Isaac Carrillo y O'Farril. Febrero 1869, Habana, lo

demás inédito.

[2] André Cheniér poeta francés que Lamartine llama «moderno Tirteo

de la moderacion y del buen sentido» nació en Constantinopla en 1763.

Militar y diplomático, simpatizó con la revolucion, pero la combatió

cuando esta se entregó á excesos: preso por sospechoso en 1794, su

cabeza rodó bajo la guillotina con las de otros 38 de su partido.

[3] Tambien Salvador Constanzo al insertar en sus Opúsculos Literarios

_La Plegaria_ y el _Jicotencal_, incurre en el error de decir que

varios jóvenes de la Habana compraron su libertad. Charles de Mazade,

literato francés (Revue des deux mondes 13 Diciembre 1851) dice que

fué hijo de un negro, que nació en Matanzas, y que fué delatado por

una esclava suya: no es el solo que cae en tal error.

[4] Véase al final el Paralelo que no es por cierto de lo mejor que

escribió Delmonte. El Sr. Suarez Romero, gran conocedor de nuestra

literatura reconoció que habia exagerado los elogios que hizo de

Manzano en el prólogo á las obras de R. de Palma, atribuyéndole cierta

superioridad sobre Plácido de quien dijo que era de inspiracion ménos

sostenida, y ménos pura y ménos ingenua y ménos ideal que la de aquel.

Cedió involuntariamente á la amargura que siempre esperimentó leyendo

varias composiciones suyas dedicadas más á la lisonja que inspiradas

por el sentimiento de la belleza. En otro lugar (Prospecto para la

Biblioteca de autores cubanos) dijo de Plácido «Sus inspiraciones se

parecen á los relámpagos que en medio de una borrasca hienden las

lóbregas nubes y aunque incorrecto por lo comun en sus obras, quizás

en la lengua castellana no habrá ningun romance que supere á uno de

los suyos, ni hay corazon tampoco que no se contriste al repetir

las supremas palabras por él murmuradas en momentos terribles.» Con

no menor entusiasmo habló de Plácido el literato colombiano Torres

Caicedo en _Ensayos biográficos_ de escritores hispano-americanos.

[5] En el North American Review, Boston 1849, se compara esta carta á

la que Juan Padilla escribió á su esposa en idénticas circunstancias,

pero es más conmovedora la de Plácido porque son más tristes sus

circunstancias.

[6] Posteriormente la hemos visto impresa en el Mundo Nuevo de Nueva

York, en una bella biografía de Plácido por E. Guiteras: tambien

inserta el autor nota de su entrada en la Casa Cuna.

[7] Muchos han negado que existiera el más leve indicio de

conspiracion y han temido que la vindicta divina viniera á pedir

cuenta de ese crímen social: entre estos, La Luz, á quien tocó

de cerca, siempre sostuvo que en la conspiracion de la Escalera

no hubo negros criminales sino negros poseedores, ó amos que

tendrian que rescatarlos. Dos delaciones, siempre arrancadas por

el tormento, bastaban para caer en las garras de la despiadada

Comision, y numerosos fueron los casos de personas libres que al

saberse solicitadas, se suicidaron ántes que entregarse: sabian que

la inocencia no los garantizaba y que una vez en manos del horrible

tribunal, serian llevados á la escalera donde el látigo funcionaria

hasta arrancarles algunos nombres. En Güines se dió el tristísimo caso

de un hijo, forzado por el dolor, delatando á su padre, sastre honrado

y director de orquesta, que murió bajo el tormento sin hablar palabra:

todavía se recuerda allí con dolor al Maestro Pepé. En Matanzas, una

muger que á parte de ser mulata cubana era señorita, delató, inducida

por el terror, á sus dos hermanos; fué despues concubina de uno de los

fiscales y murió demente en San Dionisio, mucho ántes de la traslacion

del hospicio á Mazorra; algun dia con más datos escribirá alguno la

triste historia de Hortensia Lopez la Matancera. Cuenta un autor

peninsular que cuando la prision de Plácido ya se habian dictado 3000

sentencias sin pruebas: necesitaríamos un volúmen para narrar los

tenebrosos episodios que no han sido escritos. Jamás en Inglaterra

contra católicos, ni en Francia contra hugonotes, ni en España contra

moros ó judíos se desplegó una saña tan friamente cruel como la que

esterminó á esa raza indefensa. «Más de mil negros, dice la Revista

de Boston. (North American Review, tomo 68, 1849) murieron bajo el

látigo.» El comisionado británico Kennedy testigo presencial, dice que

pasaron _de tres mil_, á más de centenares muertos por las balas ó de

hambre en los bosques en que se escondieron. La confiscacion de bienes

era consecuencia inmediata de la prision, y las hijas en la miseria,

se vieron como Hortensia la Matancera, forzadas á la prostitucion.»

Otro autor peninsular cuya moderacion es notoria dice: «De que no hubo

la legalidad é imparcialidad que exige un pueblo culto son pruebas

manifiestas los castigos que tuvo que dictar la primera autoridad

contra muchos fiscales por su venalidad y sus escesos; el suicidio

de dos de ellos y la fuga de otro al ver descubiertas sus infamias.»

El lector sabe además, pues es voz comun en Cuba, que el fiscal de

Plácido, murió arrepentido gritando en su postrera agonía. «Plácido,

perdóname.» El mismo Salazar, delator gratuito de La Luz, de Delmonte

y tambien de Martinez Serrano y de José Noy que murieron en bartolina,

fué condenado á presidio y conducido al de Ceuta, de donde le sacó

el mismo La Luz, como se verá en la biografía de éste señor. Las

personas que Plácido citó ante el tribunal divino se dice que fueron

Francisco H. M. y Ramon Gonzalez. Se le comparaba con el mulato Ogé,

primera víctima de las turbulencias en Haity, de los de color contra

blancos «pero la criminalidad de aquel agrega alguno fué manifiesta,

y la de Plácido aparece solamente en una sentencia de fundamentos no

esplicados.» Nosotros añadirémos que Ogé fué un hombre erudito y murió

en el tormento de la rueda sin denunciar á nadie. Su muerte, culpa

de la época más que de los hombres responde á la de Plácido, como el

suplicio de la princesa Anacaona por Ovando responde al de Atuey por

Velazquez.

[8] Pero no «con el aire de un conquistador» como dijo la Revista

Norte Americana de Boston 1849: Plácido murió con el aire de un justo:

como morian sin duda los mártires del cristianismo.

[9] Puesto que aquí nada se ha escrito sobre el caso irémos á

buscar al estrangero quien nos cuente la muerte de nuestro poeta:

Mr. Jourdan, Paris 1863, la refiere del modo siguiente...... «dióse

entónces la señal, espesa nube salió de las bocas de fuego y envolvió

á las víctimas, la sangre corria y dos ó tres agonizantes se retorcian

en las convulsiones de la agonía, los soldados iban ya á romper filas,

cuando del grupo de los ajusticiados un hombre se alza y clama con

voz moribunda. Mundo, adios, no hay piedad para mí; soldados, aquí!

Aquel desgraciado habia sido herido por una sola bala en la clavícula,

una segunda descarga le dejó muerto. Era Plácido! y así pereció

asesinado judicialmente el primer poeta de la raza hispano-americana.

Por horrible que parezca esta historia es cierta, es justamente como

lo contaba el pueblo: el episodio aunque no escrito era sobradamente

conocido entre nosotros.

[10] Improvisado en una romería: existe el árbol, que es un mango

frondoso, y la fuente, á la entrada del valle del Yumurí.

[11] Entre estos _El Laberinto_, de Madrid, número 20, tomo 1º fué

de los primeros que publicaron sus últimos cantos. El Dr. Wurderman

of Columbia South Carolina en sus «Notes on Cuba» hizo una coleccion

y traduccion de Plácido, sobre la cual se escribió un juicio en

London Quarterly Review for January 1848, este no se publicó y quedó

inédito en la biblioteca de Howard College: al año siguiente tradujo

sus versos el citado North American Review, Boston 1849, tomo 68.

Además su muerte ha dado lugar á la novela _El mulato Plácido ó el

poeta mártir_, y al cuadro dramático _La muerte de Plácido_ por D. V.

Tejera, representado en Nueva York en 1876.

[12] Leido este manuscrito por algunos inteligentes amigos nos

han hecho sobre este pasage observaciones que modificando nuestro

dictámen, nos harian cambiar su redaccion, si no prefiriéramos

presentar aquellas á la consideracion del lector: hé aquí algunos

estractos de cartas que hemos recibido:

«Es mejor dar por sentado que no fué más que poeta, y nunca

conspirador en ningun sentido: su culpabilidad, por grandes razones

que tuviera para conspirar, puede no ser aceptable para muchos y

escusar el hecho de su muerte como triste necesidad: me parece que lo

más acertado es guardar silencio sobre ese punto. En todo lo demás

de su obra estamos acordes.» (_F. Valdés Aguirre_, _Habana 1868_.)

«Debe distinguirse la clase de inocencia de Plácido: él no aspiró

al dominio de la clase de color sobre la blanca, que fué el crímen

que le achacaron y aparece que fué aquel porque le mataron. Todas

sus simpatias y relaciones eran con los blancos; él, como todos los

criollos cubanos, sin distincion de razas, deseaba la revolucion que

debia sacarle de la sugecion en que se veia aherrojado. De la culpa

porque le mataron le creo pues inocente.» (_C. Villaverde_, _Nueva

York_, _carta al autor_ 1871.)

«No debe usted afirmar un hecho que el mismo poeta negaba al esclamar

en el _Adios_ á su lira _Soy inocente_. La posteridad conmovida ante

el sublime canto del poeta al borde del sepulcro lo cree inocente,

y es manchar su memoria afirmar que fué culpable cualquiera que sea

el colorido que se pretenda dar al hecho á cuyo fin se sostiene que

contribuyó poderosamente.» (_Vidal Morales_, _carta_, _Habana_ 1876.)

«............ Usted ha interpretado dignamente á Plácido, respecto al

carácter de sus versos; pero es preciso deslindar bien ese punto de

la culpabilidad honorífica que le supone: creo que el erudito aleman

tuvo razon en dar fé á su propia declaracion de inocencia.» (_Suarez

Romero_, 1875.)

«............ Mis noticias conducen á dar por sentado que la muerte

de Plácido fué un asesinato jurídico, si jurídico se puede llamar lo

que hace una comision militar, aunque sea asesinato. A esa conclusion

llegamos porque nos parece que la tal conspiracion no fué histórica,

sino un fantasma creado (sobre una pequeña base cierta) por el miedo y

el remordimiento, y exagerado por la maldad y toda la caterva de malas

pasiones que se anidan en el corazon del hombre, y salen á causar

estragos cuando se las deja sin freno. Además de eso Plácido, ni en

lo que hubo de cierto tomó jamás la menor parte, sin que el soneto

_El Juramento_ y otras composiciones signifiquen nada para probar

lo contrario........ Nuestros datos son que Plácido murió inocente

como dice el escritor francés que usted cita é impugna. Y en llamarle

inocente de esto, además de tributar homenage á la verdad histórica,

creo que se ensalza á la víctima............ La muerte de Plácido

es un delito sobre la conciencia de los que la causaron. (_J. I.

Rodriguez_, _Washington_, _Nov. 1878_.)

[13] Gan-Eden or Pictures of Cuba, Boston, 1854. Tambien el Salas y

Quiroga ya citado. Nuestro escritor, presbítero camagüeyano Fuentes

y Betancourt en una luminosa tésis escrita, 1877, para incorporarse

en la Universidad de Lima dice que quizás Plácido aventaje en

inspiracion, espontaneidad y sonoridad métrica al mismo Heredia.

Concepto semejante hallamos en una corta biografía que en 1873 publicó

_El Abolicionista_, de Madrid.

[14] Thales Bernard llama el _Adios á mi lira_ la obra maestra de

Plácido: es sin duda muy bella, y las circunstancias en que la

escribió la hacen más apreciable, pero le superan en mérito literario

el _Jicotencal, Al Yamurí_, los sonetos á Guillermo Tell, la Muerte de

Gessler.

[15] No debe llamársele _poema bíblico_, como lo hizo _La Aurora_: el

asunto es puramente fantástico. Se publicó por separado en Matanzas

1843, Imprenta del Gobierno (El hijo de Maldicion) despues se insertó

en sus posteriores ediciones.

[16] Un biógrafo, Nueva York 1875, nos dice que principió un poema _La

toma de la Habana por los ingleses_, que se estravió sin concluirse;

tambien se perdió su poesía _El eco de la gruta_, 1834, que dedicó á

Heredia entónces accidentalmente en Cuba; sin contar sus numerosas

improvisaciones ya solo, ya en certámen con el popular José del

Ocio, certámenes en que improvisaban alternativamente empezando

cada cual su décima por el último verso de la de su competidor. ¡Y

así divertian en banquetes y reuniones! Plácido desde su aurora

tuvo renombre de repentista: se le solia dar pié forzados, á veces

conteniendo un contrasentido para disolver ó una impropiedad que

debia salvarse: de aqui sus décimas que concluyen _Besar la cruz es

pecado_, _La campanilla, de qué_, _La Virgen fué gran_........» (La

Guirnalda, Diciembre 30, 1872) Siempre salia airoso de estos esfuerzos

intelectuales, por lo comun del género jocoso á que se prestaba su

carácter jovial. ¡Cuán melancólica, sin embargo, cuán sentida, amarga

y profunda, aquella improvisacion en el Festin Campestre de Iturrondo,

1834, es un arranque de dolor y de reconvencion contra la injusticia

que lo humillaba: no la hemos leido: hemos oido hablar de ella al Sr.

Bachiller que estuvo allí y que por entonces tambien escribia versos.

[17] Solo en francés hemos visto cinco versiones de las cuales tres

en verso: de estas la mejor es la de Mr. Fontaine, de aquellas la de

Villemain. Las dos citadas son anteriores á la traduccion completa de

Plácido que hizo al aleman Duzanna de Ochoa, Hannover. La plegaria fué

tambien muy bien interpretada por Longfellow, traduccion que apareció

en North American Review, Boston, tomo 68, página 129 y siguientes en

un opúsculo sobre poetas cubanos, vidas y caractéres, segun datos que

creemos su ministró el Sr. Guiteras de Matanzas. D. Narciso Campillo

y Correa, catedrático de Retórica y Poética en el Instituto del

Noviciado de Madrid, inserta en una obra suya la _Plegaria á Dios_ á

la que llama «un modelo de deprecacion.»

[18] Porque en el original sin duda la fuerza del consonante hizo que

esos dos versos salieran inconexos.

Y acaso hasta las nubes me subiste

Por verme descender desde la luna

Si subió á las nubes no podia vérsele descender de la luna. Plácido

hubiera hecho mejor en decir

Para eclipsar despues tanta fortuna

Para hacer más amarga mi fortuna

O cualquiera otro semejante. Este soneto lo tradujo tambien Mr.

Mazade, Revue des deux mondes 1851, el cual inserta tambien el Canto

al Pan de Matanzas, concluyendo que el mérito de sus poesías está en

su inspiracion y originalidad. No se inserta en la Trad. _Poesies

completes_ de Plácido Valdés, 1867, 2.e edition. Denné Schmitz,

Paris.

[19] Tradujeron tambien ese soneto los poetas norte-americanos

Longfellow y Bryant: la version del segundo aparece en un interesante

articulo sobre literatura cubana, inserto, 1849, en la citada _North

American Review_. Tomo 68, página 129, número 162. Enero.

Héla aquí.

The appointed lot has come upon me mother,

The mournfull ending of my years of strife

This changing world I leave and to another

In blood and terror goes my spirit's life.

But thou grief-smitten, cease thy mortal weeping

And let thy soul her wanted peace regain

I fall for right, and thoughts of thee are sweeping

Across my lire to wake its dying strains.

A strain of joy and gladness, free, unfailing

All glorious and holy, pure, divine

And innocent, unconscious as the wailing.

I uttered on my birth; and I resign

Even now, my life; even now descending slowly

Faith's mantle folds me to my slumbers holy

Mother farewell! God keep thee........ and for ever!

Es la despedida comun, y por cierto bastante sentimental, que da á

su madre un hijo que va á morir; pero no es la despedida especial de

Plácido, de aquel hombre que en todo salia de lo comun. El defecto

principal consiste en haberse omitido la conjuncion condicional con

que empieza y que es la esencia de la composicion. Es preciso tener

presente que Plácido se despide con melancolía, con nobleza, con

respeto, con todo lo que se quiera; pero no con cariño, ni podia:

quizás escribió _adios, señora, adios_ y borró para poner _Adios,

mi madre, adios_. Debia emitir más dignidad que ternura, y por eso

es que el _grief-smitten_ y el _mortal-weeping_, adicionados por el

traductor, alteran el carácter, y por tanto echan á perder el soneto.

[20] El único ejemplar que hemos podido examinar de esta traduccion

se halla en poder de D. José A. Echeverría. Poems by a slave in the

Island of Cuba recently liberated, translated from the spanish, by

R. R. Maddens, M. D. wish the history of the early life of the negro

poet, written by himself, to which are prefixed two pieces descriptive

of cuban slavery, and the slave traffic by R. R. M. London. Thomas

Ward and Co. 27 Paternoster Row: and may be had at the office of the

British and Foreign antislavery Society 27 New-Broad street. 1840.

(J. I. Rodriguez, Washington, carta á V. Morales. Habana, 1877.)

[21] Sin duda tomando ese dato de las _Memorias de un matancero_, por

Pedro A. Alfonso, Matanzas 1854.

[22] Las frases de entre comillas son tomadas de los _Apuntes

Autobiográficos_, y los puntos suspensivos indicarán los trozos que

saltamos.

[23] Gutierrez de Zayas.

[24] De Cárdenas y Manzano.

[25] Véanse en nuestro Diccionario-Biográfica-Cubano los artículos

Saco y Las Casas.

[26] En el original estas palabras están con letra comun: las

subrayamos para llamar la atencion sobre ellas. ¡Qué sublime

sencillez, qué mansedumbre! Quintana hallando innoble la palabra

_vaca_ usó de este circunloquio «La mansa esposa del celoso toro.» Y

el pobre esclavo se vale de esa ingénua perífrasis para no decir la

inmunda, la asquerosa palabra _bocabajo_.

[27] Matanzas.

[28] En 1821 se publicaron sus _Cantos á Lesbia_ poesías de Juan

Francisco Manzano, un tomo de más de 15 fojas, bajo garantía, pues no

podian los esclavos publicar nada: se libertó en 1837 durante diez y

seis años fué por lo tanto poeta y esclavo.

[29] En nuestro círculo literario casi todos la conocen ó de oidas ó

por haberla leido: tanto que cuando se dice _la autobiografía_, ya por

antonomasia se entiende que se habla de la de Manzano.

[30] Existia cuando Manzano escribió esto, pero no existe hoy.

[31] San Juan.

[32] Este pasage nos parece oscuro y no comprendemos qué aplicacion se

diera al dinero ó en qué sentido se recibiera, pues no podemos creer

que dolosamente y contra su derecho lo guardara la señora. Los que

hayan leido la autobiografía recordarán que Manzano se consideraba

con derecho á su libertad, que en cierta ocasion habiéndole dado su

ama una bofetada que le hizo sangre, le dijo arrebatada de furia:

«Te he de matar ántes que llegues á la edad» palabras que el esclavo

no se podia esplicar. Despues de la muerte de María del Pilar, á

insinuaciones de una tia libre, el esclavo dirije á su ama algunas

tímidas palabras sobre el asunto, y ésta contesta: «Tan apurado estás

por tu herencia, no sabes que soy heredera de mis esclavos? A pesar de

estos y otros cabos nos negamos á creer que se defraudará al esclavo y

preferimos confesar que no comprendemos el pasage.

[33] Nuestros lectores saben lo que es un _novenario_, y nos alegramos

no tener que esplicarlo: á los cinco dias, descubierta su inocencia

se suspendió el castigo, y...... ¡nada más! El esclavo cuenta con una

resignacion que horroriza hasta los disparates con que durante el

castigo contestaba al interrogatorio inquisitorial que se le hacia.

[34] Y cuando esto ya sus versos se habian leido en Europa.

[35] Pelar ó cortar el cabello era un castigo que se consideraba

ignominioso, pero ¡ay! no escluia el látigo; no era más que un

suplemento.

[36] Alude á otro paso que no hemos estractado. Por el presente se va

notando que no era el valor cualidad que resplandeciera en Manzano: el

terror y sobresalto contínuos en que habia pasado su desvalida niñez

habia engendrado sin duda la pusilanimidad de su corazon. Delmonte

en su breve paralelo, Paris 1845, sobre el cual hemos dado nuestra

opinion en Plácido representa á éste altivo sin dignidad, á Manzano

tímido y humilde, simpatiza con los versos del segundo admirando

más los del primero. Nosotros hubiéramos dicho más brevemente que

Plácido amó y bebió la inspiracion en los ojos de su amada. ¡Manzano

no pudo odiar y lloró; y por lo mismo que no lloró más que su propia

infelicidad, sus lágrimas, como la muerte de Plácido, son una mancha

de su época y el recuerdo más triste que nos legará esa institucion

que hoy felizmente se trata de abolir.

[37] En eso concuerdan tambien José A. Echevarría y el traductor

Maddens. Este en el prólogo de su traduccion dice: «the work was

written in two parts: the second one fell into the hands of persons

conected with the former master, and I fear it is not likely to be

restored to the person to whom I am indebted for the first portion of

this manuscript.» Las poesías que traduce Maddens, como apéndice á la

autobiografía, son: _A la muerte, A la calumnia_, una oda titulada

_La Religion_, el soneto _Mis treinta años, El cocuyo, El Reloj que

adelanta, El Sueño, A Cuba_, todo lo que ocupa 22 páginas de la obra,

y la autobiografía 40.

[38] Manzano era devoto, con aquella devocion mezclada de fanatismo

de las personas ignorantes de su época. En una ocasion lo apadrinó

un eclesiástico á quien el ama dijo: «Mire usted que ese va á ser

más malo que Rousseau y Voltaire, acuérdese que yo lo digo.» Y

continúa Manzano: «Estas palabras me hacian andar averiguando quienes

eran esos demonios. Cuando supe que eran unos enemigos de Dios, me

tranquilicé porque desde mi infancia mis directores me enseñaron á

amarlo y temerlo; porque hasta tal punto llegaba mi confianza en él,

que pidiendo al cielo suavizase mis trabajos, me pasaba casi todo

el tiempo de la prima noche, rezando padrenuestros y avemarías á

todos los santos, y si al dia siguiente me acontecía alguno de mis

comunes y dolorosos apremios, lo atribuia á mi falta de devocion y á

enojo de algun santo que habia echado en olvido.» ¿Seria de carácter

rebelde quien así discurria y así obraba? No era más que un ignorante

manso. Por otra parte la observacion de su señora nos hace ver que se

adivinaba su talento.

[39] Con lo que mejoró su suerte, sin ser feliz. En carta á Delmonte

Octubre 16 de 1835 dice: «Mi actual situacion es capaz de postrar al

corazon más firme: la sensibilidad y el pundonor luchan en mi corazon,

y el silencio de mis pesares es el mejor partido que me queda inter

recurro á la bondad con que me he visto favorecido de su merced.

[40] 1837 Escribió un epitafio que reprodujo D. Manuel Gonzalez del

Valle en su Diccionario de las Musas.

[41] La idea de este soneto se asemeja á una del poeta italiano

Ricchardi, pero no es imitacion: el pobre esclavo no habia leido

hasta entónces más que rezos. Era ya conocido en manuscrito cuando

se publicó, 1837, en _El Aguinaldo_ con nota laudatoria de J. A.

Echevarría.

[42] Despues de su coleccion _Cantos á Lesbia_, 1821, citada por

Bachiller, pero poco conocida (la única que hemos visto se halla en la

coleccion de Vidal Morales) se publicó en _La Moda_ ó _Recreo semanal_

del bello sexo, 1829, su primera composicion «En el feliz nacimiento

de la Sma. Infanta D.ª María Isabel Luisa de Borbon» con una nota que

decia: «El autor de esta poesía es un pardo jóven esclavo, del que no

es la primera vez que el público ha visto composiciones.» &.ª

[43] En _El Album_ dió, 1838, _Ilusiones_ tambien con una nota de

la Redaccion llamando la atencion sobre la destituida condicion del

autor. En _El Aguinaldo Habanero_ se publicó _Una hora de tristeza_,

_El Reloj adelantado_, _La Cucuyera_ y _A Matanzas_, tras una larga

ausencia.

[44] Sin embargo, estamos con Suarez que llama á Manzano «mal

dramático y excelente lírico.» No debia ser de otro modo, porque para

la lírica podia bastarle su estro y lo poco que habia leido; mientras

que para la dramática necesitaba el estudio, requeria una escuela de

que el infeliz nunca pudo disfrutar: porque como advierte en su libro

inédito el mismo crítico, en Cuba un hombre de color liberto es casi

lo mismo, en cuanto á medios de instruirse y remontar el vuelo, que

un hombre de color esclavo. Mucho tiempo se les prohibió escribir y

si algo imprimian era clandestinamente y por anónimo. El drama se

imprimió en 1842 en la imprenta de Mier y Terou. Habana.

[45] Escribió dichos Apuntes autobiográficos á vivas y repetidas

instancias del propio Delmonte, á quien asimismo debemos el que se

hayan conservado. Se guardan aun varias de sus ingenuas cartas en

que contestaba desde la Habana á las de aquel insigne humanista,

residente entonces en Matanzas: todas concluyen: «_A los piés de Su

Merced, su humilde siervo Juan Francisco Manzano_.» En una de ellas

dice: «Me he preparado para hacer á Su Merced una parte de la historia

de mi vida, reservando los más interesantes sucesos de ella para

si algun dia me hallo sentado en un rincon de mi patria tranquilo,

asegurada mi suerte y subsistencia, escribir una novela propiamente

cubana»......... «Mañana empezaré á hurtar á la noche algunas horas

para el efecto.» (Manzano Habana carta á Delmonte, Matanzas, Junio 4,

1835)......... «He estado más de cuatro ocasiones por no seguirla: un

cuadro de tantas calamidades no parece sino un exagerado protocolo de

embusterías, y más cuando desde tan tierna edad los crueles azotes me

hacian conocer mi humilde condicion»...... «Me abochorna el contarlo,

y no sé como demostrar los hechos dejando la parte más terrible en el

tintero, y ojalá tuviera otros con qué llenar la relacion de mi vida,

sin recordar el escesivo rigor con que me ha tratado mi antigua ama,

poniéndome en la forzosa necesidad de apelar á una arriesgada fuga

para aliviar mi triste cuerpo de las contínuas mortificaciones que no

podia ya sufrir más.» (25 Junio 1835.)

En otra de igual fecha y tambien contestando á las insinuaciones

para que escribiera su historia, dice: «Idos preparando á ver á una

débil criatura, rodando en los más graves padecimientos, entregada á

diversos mayorales, siendo sin la menor ponderacion el blanco de los

infortunios. Temo desmerecer de su aprecio un ciento por ciento, pero

acuérdese Su Merced cuando lea, que yo soy un esclavo y que el esclavo

es un ser muerto ante su señor; y no pierda en su aprecio lo que he

ganado. Considéreme un mártir, y hallará su merced que los infinitos

azotes que han mutilado mis carnes aún no formadas, jamás envilecieron

á su afectísimo siervo; que fiado en la prudencia que lo caracteriza

á su merced, se atreve á emitir una palabra sobre esta materia, y

más cuando vive aún quien me ha dado tan largos ratos que gemir.»

(carta Junio 1835). Nadie negará que á través de sus incorrecciones

esas cartas resplandecen en la sublime resignacion de los mártires

cristianos.

[46] En la escuela de Belen, fundada en el siglo pasado, 1712, por D.

Juan Francisco Carballo, se admitían indistintamente blancos y negros:

la academia de dibujo de San Alejandro, fué fundada en 1817 por el

Intendente D. Alejandro Ramirez. Hasta ahora no ha dado ningun alumno

digno de mencion.

[47] Tambien conserva fragmentos inéditos de un drama caballeresco

de asunto Italiano _Rogerio el bandido_. De pequeño asistió á una

escuelita de su barrio: para suministrarse libros se asoció á dos

compañeros de su clase á quienes indujo al estudio, uno de ellos

Luis Heredia que tambien cultivó y pronto abandonó las musas. Entre

los tres, uniendo sus fondos, lograron comprar la primer _Retórica_

que disfrutaban alternativamente 15 dias cada uno: despues por

medio de otra asociacion de los mismos se hicieron de un texto de

Lógica; un tercer triunvirato les dió para una Gramática Francesa

y un Diccionario que aún guarda nuestro protagonista con cariño.

Es verdaderamente conmovedora la sencillez con que cuenta estas

primeras dificultades de su carrera, ese honrado maestro que por su

perseverancia se hizo, por decirlo así, _La Luz_ de los de su clase.

Más tarde logró tomar algunas lecciones de Mr. Duplesis, á quien pagó

religiosamente. El soneto _La Cena_ que citamos más adelante, dice así:

De sus fieles discípulos rodeado

De la divina gracia circuido

Un banquete celebra conmovido

El que es señor de todo lo creado.

Lleno de santo amor y con agrado

Aun sabiendo que hay uno fementido,

En pan les dá su cuerpo convertido

Y su sangre que en vino ha trasformado.

Sublime institucion, cambio grandioso

Que á la par que sencillo al mundo asombre

Por la gran majestad de un Dios bondoso.

No hay en la historia semejante ejemplo

Feliz transformacion que hace del hombre

De la divinidad sagrado templo.

Poetas de color · 第 26 / 26 题