Antagonismos entre americanos y europeos acerca del Jurado

Uno de los organismos más importantes de las Exposiciones universales

es el del Jurado. La garantía de los intereses generales y la

cortesía internacional exigen que las naciones extranjeras que

concurren á un certamen, conozcan de antemano, cómo y cuándo ha

de funcionar un organismo que, debiendo reunir las condiciones de

competencia, imparcialidad y saber requeridos en esta clase de

servicios, satisfaga aquellas condiciones, sin las cuales la función

del Jurado se convertiría en una farsa indigna de hombres serios.

Y sin embargo, en América se entiende todo esto de otra manera; en

primero de mayo se abrió la _World’s Fair_, y á estas horas no hay

reglamento especial de jurados, ni fecha en que han de funcionar

estatuída, ni cosa alguna que revele un plan serio y definido. Y

¿cómo ha de haberlo, si acaba de estallar una escisión hondísima

entre la Comisión general de la Exposición y los Delegados generales

de todas las naciones de Europa y de la América Central y del Sud,

excepto la del Ecuador, Costa Rica y Venezuela, por discrepancias tan

esenciales entre una y otros que se han visto obligados á declarar

resuelta y solemnemente, dando de ello cuenta á los respectivos

gobiernos, que si no se modifica el criterio que ha servido de

norma para redactar el proyecto de ley para la constitución del

Jurado, Inglaterra, Rusia, Alemania, Francia, Italia, España, etc.,

quedarán de hecho fuera de concurso, renunciando á que se juzguen

las instalaciones que las representan, y á ser premiadas por la gran

nación de la América del Norte?

Semejante resolución no pudo tomarse sin mediar motivos

trascendentales y opinar que la ley, tal como intentan promulgarla,

no ofrece la garantía de imparcialidad suficiente para que los

expositores extranjeros queden al amparo de las demasías de un

panamericanismo tan exagerado que acabaría por poner á las naciones

de Europa, y á algunas de la América del Sur, á los pies de los

caballos.

Y para que pueda comprenderse el alcance y el motivo de resolución

tan importante, jamás tomada hasta ahora, ni siquiera soñada, ni

comprendida, en el antiguo continente, voy á concretar cuanto pueda

la causa de ello, y que no ha sido otra que suprimir por completo

el Jurado, y sustituirlo por Jueces periciales, en su mayor parte

americanos, que, sin apelación, resuelvan de plano acerca de la

concesión del premio _único_ que pretende otorgar á los expositores

la Dirección y Comisión general de este gran Certamen. De modo que la

nación demócrata por excelencia, suprime el Jurado en la Exposición,

cuando lo aplica á vidas y haciendas, é iguala lo que siempre estará

fuera del alcance del hombre, ó sea, la inteligencia, el mérito, la

pericia y cuanto constituye los más preciados dones del alma humana.

Contra todo esto, Europa debía protestar y ha protestado

enérgicamente; nosotros no podemos entregar á nuestros expositores

atados de pies y manos á las justicias severas de hombres que no

piensan ni sienten como nosotros pensamos y sentimos; y sin discutir

aquí, si esta civilización será algún día superior á la nuestra, y si

los rumbos seguidos hasta ahora son direcciones más ó menos borrosas

que se modificarán en lo porvenir, la verdad es que no podemos

aceptarlos, porque nuestros principios y criterios, propios de una

civilización claramente definida, no pueden conciliarse con los

puntos de vista tan nuevos y tan extraños que informan las leyes de

este país.

Cierto es que admiten peritos extranjeros, pero aun así no se

necesita ser muy lince para ver, en lontananza, el ejercicio

constante de las represalias, hasta tal punto, que todo lo americano

sería malo para nosotros y todo lo europeo detestable para el

americano; y en esta lucha de intereses no es difícil vaticinar que

saldríamos vencidos.

Además, hay aquí tanta ignorancia en lo que al desarrollo intelectual

é industrial de Europa se refiere, que llegaron á ofrecer á Francia,

que ha hecho aquí un grande esfuerzo y que consideran como á su

hermana en el viejo mundo, cuatro jueces peritos, dos para Bellas

Artes, uno para vinos y uno para sederías; de modo que, en lo demás,

Francia no cuenta, ó vale tan poco, que no se la considera digna

siquiera de ser oída.

No sé aun lo que tocaría en suerte á España, cuando uno de los

hombres más reputados por su saber en los Estados Unidos, preguntaba

por qué queríamos terreno en Artes Liberales, no sabiendo, como no

sabía, lo que _podríamos_ presentar en tan interesante sección.

Por lo que respecta al premio único, si piden privilegio de

invención, les auguro poco negocio en Europa. No sé hasta donde pueda

llegar la manía igualitaria; dudo, sin embargo, que nadie admita ahí

que puedan igualarse dos inteligencias, ni siquiera dos productos

de inteligencias distintas. Pensar que dos fabricantes de objetos

similares consientan, cuando no salta á la vista la perfección, la

posibilidad de alcanzar el mismo premio, aun siendo único, y que por

este solo hecho no tiene valor alguno, es tener muy poco conocimiento

de las pasiones y los intereses de los hombres.

Siendo, pues, todo esto tan incompatible con el modo de pensar de las

naciones que concurren á este Certamen, creo que esos criterios van

á modificarse, aun que sea difícil lo segundo, por ser ley votada en

las Cámaras, y que, convencida la Dirección de que el fin principal

de toda Exposición quedaría contrariado desde el momento en que las

naciones extranjeras desisten de entrar en lucha pacífica con las de

este país, volverá sobre su acuerdo, como lo ha hecho ya en puntos de

mucha menor importancia, y en que, más que cuestión de intereses se

trataba de asuntos de amor propio nacional.

Los comisarios extranjeros entramos ya en la Exposición sin haber

puesto el retrato en las entradas de admisión, y se nos obliga

únicamente á entregar en la puerta una tarjeta de visita, _pro

formula_, y para los efectos de la estadística.

Otro punto interesante y que causa á todo el mundo muchos sinsabores,

es el de los robos en los recintos de la Exposición. La queja es tan

general y tan sentida que los Delegados y Comisarios protestan cada

día, sin que se vea el medio de que la Dirección general atienda

eficazmente tan justas reclamaciones. La sección puesta á mi cargo

ha sufrido, como todas, los efectos de la desorganización observada

en todas partes y en todos los servicios, pero hasta ahora se ha

reducido sólo á raterías de escasa importancia que han motivado, sin

embargo, enérgicas reclamaciones y, por mi parte, la propuesta al Sr.

Delegado general de una guardería bien montada que recorra y ampare

constantemente los productos españoles expuestos en Manufacturas,

propuesta que ha aceptado el Sr. Dupuy de Lome con el entusiasmo que

tiene por cuanto se refiere al lucimiento de la producción española

en este Certamen.

La breve interrupción de unas cuantas horas en continuar esta

correspondencia, me permite dar cuenta de un nuevo conflicto; los

que quieren vender en el recinto de la Exposición han de pagar el 45

por 100 del valor de los productos á la aduana, y el 25 por 100 á la

Comisión del certamen. Un suizo, relojero, cayó en la red tendida por

una señora, que resultó ser una _detective_ ó agente de policía, para

que le vendiera un reloj de poco precio, y á las pocas horas se le

puso en la cárcel, imponiéndole dos mil dollars de multa.

No he de ser yo el que abone la conducta incorrecta del suizo; no he

de juzgar tampoco, porque ya lo harán mis lectores, el proceder de

una administración pública que emplea determinados procedimientos

para averiguar el delito tentando al delincuente, lo que sí haré

constar es que salimos á conflicto por día, que la Delegación suiza

mandó cerrar todas las instalaciones de su país y que se produjo

una marejada hondísima, que ha reclamado los buenos oficios del

Ministro de la Confederación helvética en Washington, y una serie de

concesiones y componendas que no han logrado calmar la efervescencia

producida por la mentada causa, en los expositores extranjeros.

Todas estas cosas dan lugar á correspondencias pesimistas que

publican los periódicos españoles, leídos aquí con mucha fruición

por lo que exageran y dicen, sin duda, con más tendencia humorística

que otra cosa. Alguien ha dicho en un periódico, cuyo nombre no

recuerdo en este instante, que la seguridad personal está aquí

constantemente en peligro, dando cuenta con mucha sal de episodios en

que intervienen los porteros, cuando esta _institución_ europea es

planta exótica en Chicago, y no se halla en toda esta ciudad un solo

portero, ni para contado, ni para descrito.

[Ilustración: LAS ACERAS MOVIBLES]

Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico · 第 28 / 37 题