QUIEN vá? --preguntó Brittles entreabriendo la puerta y poniendo su
mano ante la vela para ver mejor.
--Abrid --respondió un hombre --Somos los agentes de policía que se han
mandado llamar esa mañana.
Tranquilizado por estas palabras Brittles abrió la puerta de par en par
y se encontró cara á cara con un hombre vestido de redingote largo
quien entró magestuosamente sin decir palabra y restragó sus piés
sobre la estera con tanta sangre fria como si entrára en su casa.
--Enviad á alguien para que dé un golpe de mano á mi camarada! Lo
entendeis jóven --dijo el agente de policía. --Está en el _gig_ para
guardar el caballo. Teneis una cochera donde se pudiera meter á este
último bajo cubierto por algunos minutos?
Brittles respondió afirmativamente señalando una pequeña cuadra
destinada para este objeto.
--Queréis anunciar á vuestro amo que los Señores _Blathers_ y _Duff_
están aquí? --dijo el primero pasando la mano por sus cabellos y
colocando un par de manillas sobre la mesa --Ah! Buenas noches caballero!
Me permitireis dos palabras en particular?
Estas espresiones se dirijian á Mr. Losberne, que apareció en este
momento y que habiendo hecho señal á Brittles de retirarse, hizo entrar
á los dos señores y cerró la puerta.
--Ahí teneis á la señora de la casa. --dijo volviéndose hácia la
señora Maylie.
Mr. Blathers se inclinó respetuosamente é invitado para que se
sentára, dejó su sombrero en el suelo, tomó una silla é hizo señal
á Duff de que hiciera lo mismo. Luego pidieron los informes mas
minuciosos sobre el suceso. El doctor que deseaba ganar tiempo, les
contó los detalles con toda la latitud posible. Ellos escuchaban con
ademan de interés el mas vivo como gentes que lo entienden.
--Pero qué significa ese muchacho de que hablan los criados? --preguntó
Blathers.
--Es verdad que uno de los criados se ha metido en la cabeza la idea de
que ese muchacho estaba para algo en el asunto; ¡pero esta idea es un
absurdo! No hay nada de todo esto.
--Es muy fácil de decir! --observó Duff.
--Tiene razon! --dijo Blathers haciendo con la cabeza una señal de
aprobacion y jugando _instintivamente_ con las manillas como se haria con
unas castañuelas. --Quién es ese niño? Qué dice de sí mismo? De
dónde viene? Qué diablo! No puede haber caido de las nubes! No es
cierto caballero!
--Sin duda. --contestó el doctor haciendo un guiño significativo á las
dos señoras. --Estoy enterado de toda su historia; pero hablarémos
luego de esto . . . Tal vez no os vendrá mal ver antes la ventana que
han roto los ladrones hé?
--Ciertamente! --respondió Blathers --Mejor será que primero
inspeccionemos los lugares . . . Luego interrogarémos á los criados . . .
Esta es nuestra costumbre de proceder.
Trajeron luces y los Señores Blathers y Duff acompañados del
_constable_ del distrito, de Brittles, de Giles y en fin de todos los
comensales de la casa, se dirijieron á la pequeña bodega situada al
estremo de la entrada.
Despues de haber examinado su ventana, dieron la vuelta por el prado,
examinaron de nuevo la ventana y luego el postigo y con la ayuda de un
farol siguieron la huella de las pisadas y batieron los zarsales con una
orquilla.
Hecho esto en presencia de todos los concurrentes que observaron durante
este tiempo el silencio mas riguroso se entró otra vez en la sala y
allí Giles y Brittles fueron requeridos á dar la representacion
dramática del papel que habian desempeñado la noche anterior, y se vino
en conocimiento el que despues de haber repetido esta escena cinco ó
seis veces, no se contradijeron mas que sobre un solo hecho importante en
la primera y sobre una docena á lo mas en las últimas.
Agotada la volubilidad de nuestros dos actores, Blathers y Duff se
retiraron á la habitacion vecina y tuvieron consejo entre ambos. La
naturaleza y la importancia de su coloquio fueron tales, que una consulta
de los mas hábiles doctores sobre el caso mas espinoso en materia de
medicina, comparada con él no hubiera sido mas que un juego de niños.
Entre tanto el doctor que habia quedado solo con las dos señoras se
paseaba arriba y abajo de la sala, sumamente agitado mientras que Rosa y
la Señora Maylie se miraban con aire de inquietud.
--Por vida mia! --dijo parándose en seco --Verdaderamente no sé que
hacer!
--Estoy segura que la historia de este niño contada francamente á esos
hombres bastaria para disculparle á sus ojos. --dijo Rosa.
--Yo lo dudo mucho querida! --contestó el doctor meneando la cabeza --No
creo que ella pueda producir buen efecto en el ánimo de esas gentes . .
ni mas ni menos que en el de los de un grado superior. En resúmen quién
es? (objetarán) Un vagamundo y no mas. Si juzgamos por las apariencias y
las consideraciones del mundo, su historia es bastante dudosa.
--Pero vos, la teneis por verdadera, no es cierto? --repuso vivamente la
jóven.
--Sí; sin duda. Creo en ella por estraña que sea y por eso puedo ser
muy bien un solemne papanatas replicó el doctor --Pero no creo (como os
lo he dicho poco hace), que sea este el género de historia que pueda
interesar á un agente de policía algo versado en la gramática de su
profesion.
--Por qué no? --preguntó Rosa.
--Por qué bella niña? --contestó el doctor. --Porque considerada bajo
cierto aspecto y sobre todo por esas gentes, hay en ella bastante de
obscuro. Ese niño no puede probar mas que las circunstancias que están
en contra suya y ni una de las que podrian militar en su favor --El
diablo se lleve á los agentes de policía! Querrán tener los _si_ y los
_porqué_ y de pronto no nos harán concesion alguna! Segun nos ha dicho
él mismo ya veis que por espacio de algun tiempo ha estado con ladrones!
Ha sido llevado á un tribunal de policía como autor del hurto de un
pañuelo á un caballero, luego evacuando una comision de este mismo
caballero que lo ha tratado con todas las consideraciones posibles, es
arrastrado en un sitio que no puede describir y del que no tiene la menor
idea . . . Es el caso, que les dá el capricho á unos hombres de
conducirlo á Chertsey á su pesar; se le hace pasar por una ventana con
el intento de pillar la casa y justamente en el instante en que quiere
dar el grito de alarma (el único hecho que hubiera podido probar en su
favor si se hubiese ejecutado), llega el mayordomo y le tira un
pistoletazo, como para impedirle el obrar en su propio interés! Se ha
visto nunca cosa semejante?
--No digo que no; --respondió Rosa sonriéndose de la vivacidad del
doctor --Pero no veo en todo esto nada que demuestre la culpabilidad de
ese pobre niño.
--No; sin duda. --contestó el doctor --Gracias á la belleza de vuestro
sexo no veréis nunca mas que un lado de la cuestion; sea bueno ó malo,
siempre es el que primero se presenta.
Esto diciendo, el doctor metió las manos en sus faltriqueras y se paseó
de nuevo arriba y abajo con mayor agitacion que antes.
--Cuanto mas lo reflecsiono --dijo mas entreveo el sin número de
dificultades que tendrémos que vencer. Si contamos á esos hombres la
cosa tal como ella es, estoy cierto que no nos creerán y aun suponiendo
que mas tarde acaben por disculpar á ese niño, la publicidad que darán
á este asunto y la duda que lo envolverá, destruirán todo el afecto de
la buena accion que os proponeis, sacándole de este mal paso.
--Entónces qué hacer? --esclamó Rosa --Dios mio! Dios mio! ¿Por qué
se ha dicho á esos hombres que vinieran?
--Es verdad! --dijo la Señora Maylie --Lo daria todo en el mundo, porque
no hubieran venido!
--Lo mejor que hay que hacer, segun mi opinion --dijo Mr. Losberne
dejándose caer en una silla, como hombre que ha perdido toda esperanza
--es revestirnos de una buena dósis de audacia . . . No veo otro medio . . .
Nuestra intencion es laudable y en ello hay escusa . . . Ese niño
tiene fuertes síntomas de fiebre y no se encuentra en situacion de poder
hablar. Este es ya un buen recurso . . . Harémos todo lo posible y sino
salimos con la nuestra á fé mia no tendrémos de ello la culpa! Entrad!
--Y bien paisano --dijo Blathers seguido de su compañero y cerrando la
puerta --No era esto un golpe premeditado?
--Eh! á qué diablos llamais un golpe premeditado? preguntó el doctor
con impaciencia.
--Nosotros llamamos un golpe premeditado --respondió Blathers,
(dirijiéndose con preferencia á las señoras como si tuviera compasion
de su ignorancia á la vez que despreciaba la del doctor.) --cuando los
criados de la casa están para algo en el asunto.
--Nadie ha tenido la menor sospecha de ellos en esta circunstancia.
--dijo la Señora Maylie.
--No digo lo contrario. --replicó Blathers --Con todo no es menos
cierto, que podrian muy bien estar en él.
--Con mayor razon sabiendo que tienen la confianza de sus amos --repuso
Duff.
--Tenemos motivos para creer que el golpe ha sido dado por _pegres de la
alta banda_ prosiguió Blathers --Nosotros reconocemos al momento esto
por la clase de _trabajo_ que es de mano maestra.
--Y algo _pulido_ que digamos! --añadió Duff á media voz.
--Eran dos. --continuó Blathers --Y no cabe duda que con ellos iba un
niño. Ello es muy fácil de adivinar viendo la ventana . . . Esto es lo
que podemos decir por el presente. Nos falta ver al muchacho que teneis
arriba. Si gustais guiarnos.
--No tomarán antes un vaso de cualquier cosa? --dijo el doctor ufano de
haber encontrado este medio para entretenerles un poco.
--Ciertamente! --dijo Rosa adivinando la atencion de este último. --Al
instante si os place?
--Con mucho gusto señorita. --dijo Blathers pasando la mano por sus
lábios. Esta clase de _faena_ no deja de ser fatigosa. No os incomodeis
por nosotros señorita. Dadnos lo primero que tengais á mano.
--Qué queréis tomar? --preguntó él doctor dirigiéndose con Rosa á
la alacena. Decid vuestro gusto señores!
--Una gotita de licor si os es igual paisano --dijo Blathers. --Señora
no hacia calor que digamos cuando hemos salido esta mañana de Lóndres y
paréceme que no hay nada mejor para reanimarse que un vasito de licor.
El doctor aprovechándose del momento en que la señora Maylie decia algo
lisonjero, en respuesta á la reflexion de este último se escaballó con
destreza.
Los Señores Duff y Blathers se pusieron á contar hazañas de ladrones y
á encarecer su utilidad para realzarse á los ojos de las señoras que
los escuchaban con complacencia á fin de dar tiempo al doctor, para
prepararlo todo. Al cabo Mr. Losberne apareció.
--Ahora, señores, si gustais venir conmigo?
--Allá vamos! --dijo Blathers y los dos agentes de policía siguieron á
Mr. Losberne que los condujo al aposento de Oliverio, precedidos de Giles
que los alumbraba.
Oliverio habia dormido; pero tenia un recargo de fiebre y parecia estar
sumamente malo. Cuando el doctor le ayudó á incorporarse, miró á los
dos forasteros sin dar muestras de saber donde estaba ni lo que sucedia
á su alrededor.
--Mirad! --dijo Mr. Losberne hablando con dulzura; pero sin embargo con
firmeza. Mirad al niño que habiendo sido herido casualmente por un fusil
de viento al pasar por la propiedad del señor . . . (cómo le llamais
vosotros? Quién habita detrás de aquí?) ha venido esa mañana para
pedir socorro y ha sido indignamente maltratado por ese individuo que
veis con la vela en la mano y que es causa de que la vida de ese muchacho
está en el mayor peligro, como puedo afirmarlo en mi cualidad de médico.
--MM. Blathers y Duff flecharon su vista sobre Mr. Giles quien á su vez
miró alternativamente á los dos agentes de policía, al jóven enfermo
y al doctor con la espresion mas cómica de inquietud y de temor.
--Creo que no podeis decir lo contrario? --prosiguió el doctor acostando
otra vez á Oliverio con precaucion.
--Todo lo que he hecho, ha sido con . . . con buen fin. --respondió
Giles --Os aseguro que no tengo mal carácter. Si no hubiese creido que
ese era . . . el niño de . . . del . . . de los . . . me habria guardado
muy bien . . .
--El niño de quiénes decís? --preguntó Mr. Duff.
--El niño de uno de los ladrones. --contestó Giles --Es la pura verdad
que llevaban . . . con ellos . . . un . . . un niño.
--Y estais aun en la conviccion de que ese sea el mismo? --preguntó
Blathers.
--Qué sea el mismo quién? --contestó Giles mirando á Blathers con
aire despavorido.
--El mismo niño imbécil! --dijo Blathers perdiendo la paciencia.
--No podria deciros . . . A la verdad no sé. --respondió Giles
completamente desconcertado . . . --No podria afirmarlo . . . Pienso . . .
--Qué pensais? --preguntó Blathers.
--No sé que pensar. --replicó el pobre Giles --No pienso, en verdad que
ese sea el mismo niño. Estoy cuasi seguro de que no es él . . . Vos
mismo sabeis bien que no puede ser él.
--Acaso ese hombre ha bebido? --dijo Blathers dirijiéndose al doctor.
--Sois un famoso avestruz! Largaos. --añadió Duff dirijiéndose á
Giles con el tono del mas profundo desden.
--Mr. Losberne que durante este diálogo habia tomado el pulso del
enfermo, se levantó de su silla y dijo á los señores de la policía,
que si abrigaban la menor duda sobre este asunto, no tenian mas que pasar
al aposento inmediato para interrogar á su vez á Brittles.
Habiendo gustado la proposicion, se mandó subir á Brittles quien, con
sus contradicciones innumerables, no hizo mas que embrollar el hecho en
vez de esclarecerlo. Dijo entre otras cosas que le seria imposible
reconocer al niño, aun cuando en aquel momento estuviera, ante su vista:
y que habia pensado que era Oliverio porque el mismo Mr. Giles, lo habia
creido; pero que este último acababa de confesar en la cocina aun no
hacia cinco minutos, que empezaba á temer no hubiera sido demasiado vivo
de genio.
Conforme esta deposicion, se trató de saber si Mr. Giles habia realmente
herido á alguno y verificado el exámen de la segunda pistola, se vió
que no estaba cargada mas que con pólvora y un poco de taco cosa que
sorprendió considerablemente á todos; escepto al doctor, que diez
minutos antes habia sacado de ella la bala. Pero, sobre el ánimo de
quien ese descubrimiento hizo mas impresion fué sobre el de Mr. Giles
quien despues de haber sido atormentado durante algunas horas por el
temor de haber herido mortalmente á uno de sus semejantes se tragó el
anzuelo con la mayor satisfaccion del mundo.
Al fin, sin ocuparse ya mas de Oliverio, los agentes de policía, dejaron
en la casa al _constable_ de Chertsey y se fueron á dormir á la ciudad,
despues de haber prometido volver á la mañana siguiente muy de mañana.
En dicha mañana muy de mañana corrió la voz de que en la prision de
Kingston habia dos hombres y un niño que habian sido presos la noche
precedente como sospechosos. En consecuencia MM. Blathers y Duff hicieron
rumbo hácia Kingston.
El crímen de aquellos hombres consistia en haberlos encontrado dormidos
en un rimero de heno, crímen que aun que sea enorme que digamos, no es
castigado mas que con pena de prision: porque á los ojos de la ley
inglesa (esta ley tan dulce y tan buena para todos los vasallos del rey.)
no hay en esta accion de dormir bajo el _bello fulgor de las estrellas_
prueba suficiente de que los que se han hecho culpables de ella hayan por
esto cometido un robo con escalamiento y fractura é incurrido de
consiguiente en la pena de muerte. MM. Blathers y Duff volvieron pues á
casa la señora Maylie tan _sabios_ como habian partido de ella.
En fin, despues de una conferencia bastante larga, respecto á Oliverio
fué convenido que la señora Maylie y Mr. Losberne, serian sus fiadores;
en el caso de que la justicia volviera á este asunto y un escribano de
los alrededores fué llamado á este efecto para otorgar la caucion.
Nuestros dos agentes de policía despues de haber recibido un par de
_guineas_ por la pena que se habian dado, regresaron á Lóndres cada uno
con opiniones del todo diversas respecto á su espedicion: El uno (Duff.)
despues de maduras reflecsiones, sosteniendo que la banda de Pett estaba
para algo en la tentativa de robo; y el otro (Blathers.) atribuyendo todo
el mérito de ella al famoso Conney Chickweed.
Gracias á los cuidados de la Señora Maylie, de Rosa y del benévolo Mr.
Losberne, Oliverio se restableció poco á poco.