ENMIENDA HONROSA DE UNA DESCORTESÍA HECHA Á UNA SEÑORA, QUE HEMOS
DEJADO DE LA MANERA MAS IMPOLITICA EN EL CAPITULO XXV.
COMO no seria muy conveniente á un humilde autor, el hacer esperar, de
espaldas al fuego y con las manos metidas bajo los faldones de su
leviton, á un personaje tan distinguido como lo es un pertiguero y que
seria además muy poca galanteria de su parte el comprender en este
olvido de las atenciones debidas, á una señora sobre quien el dicho
pertiguero habia echado una mirada de ternura y cariño y á la que habia
dirijido, dulces palabras que procediendo de tal personage, hubieran
podido conmover el corazon de toda jóven ó de toda muger cualquiera que
fuera su rango, el historiador fiel cuya pluma traza esta historia,
sabiendo á lo que su deber la obliga y poseido de la mayor veneracion
por las personas elevadas á altas dignidades, se apresura á tributarles
los honores que les son debidos y á tratarles con todas las
consideraciones que su rango en el mundo y como consecuencia de sus
_sublimes virtudes_ reclaman de él.
Mr. Bumble habia recontado las cucharas para thé, pesado de nuevo las
tenazillas para lomar el azúcar, examinado con mas atencion el jarro de
la leche y hecho el inventario exacto del moviliario hasta asegurarse de
la calidad de la crin, que formaba el asiento de las sillas y habia
repetido esta tarea hasta cinco ó seis veces, antes de pensar que era ya
tiempo de que la Señora Corney volviese. Un pensamiento lleva otro y
como no se oia el menor ruido que anunciase el regreso de la Señora
Corney, vino á las mientes de Mr. Bumble, que bien podria sin escrúpulo
y solo para pasar el tiempo satisfacer plenamente su curiosidad echando
una ojeada rápida en la cómoda de la matrona.
Despues de haber aplicado el oido al ojo de la llave para escuchar si
alguien se acercaba, Mr. Bumble empezando por la parte inferior se
enteró de los objetos contenidos en tres grandes cajones llenos de ropa
blanca y de vestidos á la última moda envueltos entre dos cubiertas de
periódicos sembrados de flor de _espliego_ seco, los que parecieron
causarle una viva satisfaccion.
Llegado al cajoncito á la derecha de arriba, en el que estaba la llave y
habiendo visto una caja pequeña cerrada con cadenillas, la sacudió y
sintiendo salir de su interior un sonido grato, como de plata acuñada
Mr. Bumble volvió gravemente cerca el fuego y habiendo tomado su primera
posicion se dijo á sí mismo con tono resuelto: --Vamos! está hecho! Me
declararé.
En este momento la Señora Corney entró precipitadamente en el aposento,
se dejó caer en una silla cerca el fuego y manifestó respirar con pena.
--Ah! Me siento ya mejor ahora --dijo ésta reclinándose en el respaldo
de su silla despues de haber vaciado la taza en una mitad.
--Es menta! --añadió --con voz lánguida y sonriendo afectuosamente al
pertiguero --Gustadla! No hay solo menta, sino tambien otra cosa muy
buena.
Mr. Bumble gustó el brebaje con aire indeciso hizo castañear sus
labios, lo llevó otra vez á la boca y vació enteramente la taza.
--Esto es muy confortante. --dijo la señora Corney.
--A fé mia es muy bueno! (Esto diciendo el pertiguero se sentó al lado
de la matrona y le preguntó con acento de interés que era lo que le
habia sucedido.)
--Menos que nada --respondió la Señora Corney --Soy una _simple_ y
débil criatura!
--No sois _débil_ señora. --repusó el pertiguero acercando su silla á
la de la matrona. --Por ventura seriais vos una _débil criatura_ señora
Corney?
--Segun nuestra naturaleza todos somos _débiles criaturas_! dijo la
Señora Corney aventurando una máxima general.
--Es verdad. --contestó el pertiguero.
A esta respuesta siguió un silencio de algunos minutos durante los
cuales Mr. Bumble habia dado una prueba de la _debilidad humana_
retirando su brazo izquierdo que descansaba sobre el respaldo de la silla
de la señora Corney.
--Señora Corney! --dijo Bumble, inclinándose sobre la espalda de la
matrona. --Qué teneis Señora? Os ha sucedido algo Señora? respondedme
os lo suplico! Estoy sobre . . . sobre . . . --y como en su turbacion no
pudo encontrar al momento la palabra _espinas_ . . . sobre _botellas
rotas_. --añadió.
--Oh! Señor Bumble! esclamó la dama; --he sido horriblemente
desconcertada!
--Desconcertada Señora! esclamó á su vez Mr. Bumble. --Y . . . quién
ha sido tan audaz para? No me cabe duda --dijo interrumpiéndose con
dignidad . . . Habrán sido esas _atrevidas_! _pordioseras_!
--Da horror solo el pensarlo --continuó la dama temblando . . . de todo
su cuerpo.
--Entonces no lo penseis! repuso Mr. Bumble.
--Me es imposible! replicó esta con voz entrecortada por los sollozos.
--Tomad algo! --dijo el pertiguero habiendo arrumacos . . . un poco de
vino!
--Por todo el oro del mundo no tomaria una gota! O Dios! Dios! --en el
estante de arriba . . . en el rincon de la derecha --O Dios! (Al mismo
tiempo la buena señora señalando con el dedo el armario, parecia presa
de convulsiones internas.)
Mr. Bumble corrió al armario; cojiendo de sobre el estante en cuestion
la botella que se le habia señalado llenó una taza del thé del licor
que ella contenia y la llevó á los labios de la matrona.
--Este aposento señora es muy _confortante_. --dijo Mr. Bumble lanzando
una mirada á su alrededor. --_Una sola pieza añadida_ á esta
constituiria una pequeña y hermosa habitacion!
--Seria demasiado grande para una sola persona.
--Si; pero para dos --repuso tiernamente Mr. Bumble --he? Señora Corney?
A estas palabras del pertiguero, la Señora Corney inclinó la cabeza y
Mr. Bumble hizo otro tanto para ver su rostro. Esta volviendo con rubor,
alargó su mano para cojer su pañuelo y la colocó insensiblemente en la
del pertiguero.
--La administracion os abona el carbon no es esto Señora Corney?
--preguntó Mr. Bumble apretando afectuosamente aquella mano.
--Como la luz. --contestó la Señora Corney, volviendo ligeramente el
apreton.
--El carbon, la luz y el alquiler además? --añadió Mr. Bumble --Oh!
señora Corney sois un ángel!
Esta no pudo resistir un transporte tan dulce; se dejó caer en los
brazos del pertiguero, quien en su agitacion imprimió un casto beso en
la nariz de la matrona.
--Una perfeccion tan _parroquial_! esclamó Mr. Bumble con arrobamiento.
Sabeis bella encantadora, que Mr. Lloret, está mas malo esta noche?
--Lo sé. --respondió la señora con aire tímido.
--El médico asegura que no pasará esta semana --prosiguió Mr. Bumble . . .
Es el director de este establecimiento . . . Su muerte vá á dejar
su plaza vacante . . . Esta plaza debe ser llenada! Oh! Señora Corney!
Qué perspectiva tan brillante! Qué favorable ocasion para unir dos
corazones que se aman y desean fundar una familia.
La señora Corney sollozó.
--Vaya la palabrita! --dijo Mr. Bumble inclinando su cabeza sobre la de
la púdica beldad . . . La dulce palabrita mi divina Corney!
--S . . . s . . . si. --dijo la matrona suspirando.
--Aun otra palabra! --prosiguió el pertiguero --Reponeos de vuestras
cándidas emociones por una sola palabra mas ¿Cuándo será el
matrimonio?
La Señora Corney intentó por dos veces hablar y por dos veces la
palabra espiró en sus lábios. Al fin armándose de valor arrojó sus
brazos al rededor del cuello de Mr. Bumble y dijo que eso seria cuando
él quisiera y que era un _ser irresistible_.
Asi arregladas las cosas amistosamente y con satisfaccion de ambas
partes, el convento fué rectificado solemnemente, con otra taza de menta
que la agitacion de la señora habia hecho necesaria. Durante este tiempo
ésta participó á Mr. Bumble la muerte de la vieja.
--Muy bien! --dijo el pertiguero saboreando su licor. --Voy á pasar á
mi regreso por casa Lowerberry y le diré que mañana por la mañana se
llegue acá --Es esto lo que os ha espantado hermosa mia?
--Querido mio, en ello no ha habido nada de extraordinario! --dijo la
señora con tono evasivo.
--Sin embargo es indispensable que haya habido algo --replicó el
pertiguero. --No quereis decirlo á _vuestro_ Bumble?
--Ahora no; --repuso la señora. --uno de estos dias . . . cuando
estarémos casados.
--Cuando estarémos casados! --esclamó Mr. Bumble --Acaso seria una
imprudencia de esos _audaces_ pobres?
--No, no, querido mio! --contestó súbitamente la matrona.
--Si creyera tal! --prosiguió Mr. Bumble --si creyera que uno de esos
_atrevidos hubiese_ osado levantar sus ojos _vulgares_ sobre este _noble
rostro_.
--No se hubieran atrevido perrillo mio! --replicó la Señora.
--Obrarán santamente --dijo Mr. Bumble cerrando los puños. --Que vea yo
á un hombre, cualquiera que el sea _parroquial ó extra-parroquial_, ser
_presuntuoso_ para ello y puedo muy bien asegurarle que no lo intentára
por segunda vez.
Sin gesticulacion ni sin vehemencia, esta amenaza tal vez hubiera
producido pésimo efecto en el ánimo de la señora Corney; pero, como
las palabras del pertiguero fueron acompañadas de gestos _guerreros_
esta Señora quedó profundamente afectada de tal prueba de afeccion y
altamente admirada esclamó que era un verdadero _tortolillo_.
Entonces el _tortolillo_ levantó el cuello de su leviton y habiendo
enviado con su futura mitad, un robusto beso desafió de nuevo el viento
y el frio, no sin, detenerse antes algunos instantes en el patio de los
pobres (el de los hombres bien entendido.) para brutalizarles un poco con
el solo fin, de ensayar si podria llenar con toda la severidad debida la
plaza de director de la casa de la Caridad.
Adquirida la certidumbre de que poseia para ello todas las cualidades
requeridas dejó el establecimiento con el corazon alegre y lleno de
esperanza y la brillante perspectiva de su futuro ascenso ocupó su alma
hasta que hubo llegado ante la tienda del empresario de los entierros.
Como el Señor y la Señora Sowerberry habian ido á pasar la velada en
alguna parte, Noé Claypole que jamás se hallaba dispuesto para hacer
mas ejercicio que el que se necesita para beber y comer, no habia aun
cerrado la tienda á pesar de que la hora de cerrarla ordinariamente,
hacia largo tiempo que habia sonado. Mr. Bumble golpeó con su baston
sobre el mostrador repetidas veces; pero no obteniendo respuesta y viendo
luz á través de la ventana de la trastienda, se tomó la libertad de
mirar, para ver lo que aeontecia y cuando hubo visto lo que _acontecía_,
no quedó poco sorprendido.
Los manteles estaban puestos para cenar y la mesa se hallaba cubierta de
pan, manteca, platos, vasos, un jarro lleno de _porten_ y una botella de
vino. Al cabo de la mesa Noé Claypole se pavoneaba en un sillon. A su
lado estaba Carlota tomando de un pequeño tonel, ostras que abria y que
el susodicho jóven tragaba con una avidez notable. Un encarnado, algo
mas subido que de lo ordinario en la punta de su nariz y cierto pestañeo
en su ojo derecho anunciaban bastante claro, que estaba un si es ó no es
_calamucano_.
--Hé ahí una de bien gorda y que parece muy deliciosa --dijo Carlota
--Gustadla Noé! Vamos no mas que esta!
--Qué cosa tan deliciosa es una ostra! dijo maese Claypole despues de
haberla engullido. --Lástima, que el comer demasiado de esto, pueda
hacer daño! ¿no es cierto Carlota?
--Es una cosa _inaudita_! dijo esta.
--Sin duda; es una _verdadera crueldad_ --repuso Claypole-- No os gustan
á vos las ostras Carlota?
--No las tengo demasiada aficion que digamos. --Me gusta mas véroslas
comer Noé, que comerlas yo misma.
--Qué barbaridad! --esclamó Noé con aire pensativo.
--Vaya; otra continuó Carlota --Esta tiene una hermosa barba!
--No comeré ni una mas! Aun que quisiera seria imposible . . . dijo
Noé. --Estoy ya harto de ellas --Venid Carlota, venid que os abraze!
--Muy bien! --esclamó Mr. Bumble entrando bruscamente en la sala
--Repetid esto caballero!
Carlota lanzó un chillido y se ocultó el rostro con el delantal en
tanto que maese Claypole, contentándose solo con retirar sus piernas de
sobre el brazo del sillon, miró al pertiguero con un terror báquico.
--Repetid esto, jóven _audaz_! --dijo Mr. Bumble --Cómo teneis valor
para decir tales cosas! Y vos desenvuelta pillastrona! como osais
sufrirlo y aun anunciarle. Abrazar! --gritó Monsieur Bumble, sumamente
indignado --puahá!
--No tenia de ello intencion! --balbuceó Noé --Ella es la que me abraza
siempre quiera ó no quiera.
--Oh! Noé! --esclamó Carlota con acento de reproche.
--Si, es cierto! demasiado lo sabeis! --respondió Noé. Ella es la que
me abraza siempre señor Bumble! Me toma por la cara y me hace toda clase
de arrumacos.
--Silencio! --gritó el pertiguero con ademan severo --Señorita bajad á
vuestra cocina! Vos Noé cerrad la tienda y no desplegueis el lábio
hasta que regrese vuestro amo y cuando esté de vuelta le direis que
mañana por la mañana envie un ataud para una vieja de la Casa de
Caridad! Lo entendeis caballero! Abrazar! Qué horror! --esclamó
levantando sus manos al cielo.
Esto diciendo el pertiguero salió gravemente de la tienda del empresario.