MIENTRAS estos acontecimientos tenian lugar en la casa de Caridad, en
cuestion. Mr. Fagin se hallaba en su vieja guarida (la misma que Oliverio
habia dejado en compañia de Nancy.) sentado ante la chimenea y teniendo
sobre sus rodillas un fuelle con el que sin duda habia procurado avivar
el fuego, cuyo humo se esparcia por todo el aposento, con tufo sofocante.
Sus codos sobre el fuelle y su cara apoyada sobre sus muñecas, miraba el
hogar con aire distraido y parecia sumergido en profunda reflecsion.
En una mesa detrás de él, Cárlos Bates, Monsieur Chitling y el
Camastron hacian una partida de _wist_, el último solo contra los otros
dos. Su fisonomía expresiva siempre, se hizo todavia mas chocante por la
seriedad con que estudiaba la partida y los vistazos que lanzaba de
cuando en cuando, segun se presentaba la ocasion sobre las cartas de
Monsieur Chitling, arreglando sábiamente su juego al tenor de las
observaciones que habia hecho sobre el de este último. Como hacia frio,
(segun su costumbre) tenia puesto su sombrero. Apretaba entre los dientes
una pipa de barro que no dejaba sino cuando juzgaba necesario recurrir á
una medida de cobre colocada sobre la mesa y que de ante mano habia sido
llenada de _grog_ para el bien de la compañia.
Maese Bates prestaba tambien mucha atencion á su juego; pero siendo de
un carácter mucho mas jocoso que su incomparable amigo, recurrió mas á
menudo á la medida de cobre y de consiguiente se permitió ciertas
graciosidades y ciertas observaciones, del todo intempestivas, que de
ningun modo convienen á un buen jugador, especialmente en el juego, de
_wist_, que ecsije silencio y atencion. En vano el Camastron usando del
derecho que le daba su intimidad para con él, le reprochó mas de una
vez la inconveniencia de su conducta; Maese Bates se rió de él (y para
servirme de su espresion) lo _envió á paseo_ y por sus reincidencias
tan vivas como espirituales, exitó en el mas alto grado la admiracion de
Mr. Chitling.
Lo mas asombroso es que este último y su pareja perdian siempre y que
esta circunstancia lejos de enfadar á maese Bates parecia divertirle
infinito pues que reia á carcajadas al fin de cada partida asegurando
que _en su vida ni en sus dias_, se habia divertido tanto.
Al diablo las cartas! --dijo Chitling, con acento irritado sacando del
bolsillo de su chaleco una _media corona_ --Vaya una suerte insolente la
que tienes Jac. Nos ganarias hasta el último sueldo . . . Por bueno que
tengamos el juego Cárlos y yo, siempre perdemos!
A tal observacion hecha con tono lamentable, Bates soltó una carcajada
que sacó al judío de sus reflecsiones y preguntó que sucedia.
--Señor Fagin! --esclamó Cárlos --Quisiera, que hubiereis podido ver
el juego . . . Tomás Chitling no ha hecho un solo punto y yo era su
pareja contra el Camastron.
--Ah! ah! --dijo el judío sonriendo de un modo que daba á comprender
que no ignoraba la causa --Toma tu revancha Tom . . toma tu revancha!
--No Fagin; gracias. No quiero mas juego . . . El Camastron tiene una
ventaja que no se puede resistir.
--Ah! ah! querido! --repuso el judío . . . Es preciso levantarse muy de
mañana para poder ganar al Camastron.
--Levantarse muy de mañana? --esclamó Cárlos Bates. --No basta el
levantarse de mañana! Es preciso que os pongais las botas en la
víspera, tener un doble telescopio y unos anteojos entre vuestras dos
espaldas si quereis lograr tal cosa.
Mr. Dawkins recibió este elogio lisongero con la mayor modestia y
prometió decir al primer venido por la sencilla retribucion de un
_Sheling_ cada vez, la carta que éste hubiere pensado. Como nadie
aceptó el desafio y su pipa estaba ya apagada, se divirtió en trazar el
plano de la prision de Newgate con el lapiz que le habia servido para
apuntar el juego silvando entre tanto de una manera muy particular.
--Parece que no tienes humor de divertirte Tom! --dijo el Camastron,
rompiendo el silencio que duraba desde mas de cinco minutos --Apuesto
Fagin que no adivinais lo que le preocupa.
--Cómo quieres que lo adivine querido mio? --contestó el judío
levantando la cabeza y volviendo el fuelle á su puesto. --Tal vez piensa
en su dinero ó mejor en el _asueto_ que acaba de hacer en la _granja del
tio negro_. Ah! ah! ¿no es esto Tom?
--No dais en el _quid_. --replicó el Camastron en el momento que
Chitling iba á responder --Qué dices tu de ello Cárlos?
--Yo! --respondió este --Yo pienso que se muere por Betsy --No lo dije!
Mirad como le suben los colores! He ahí un mortal dichoso! Oh! Dios! Es
posible! Tomás Chitling enamorado! Oh! Fagin, Fagin! que bella farsa!
--No hagas caso de ello Tom! --dijo el judío haciendo una señal de
inteligencia á Dawkins y dando á Cárlos un golpecillo con el tubo del
fuelle --Va . . . no les escuches! Betsy os amable . . es una muy buena
muchacha! Tom adhiérate á ella! Sigue tus dulces impulsos!
--Y aun qué asi fuera! --replicó Chitling todavia mas colorado --Y aun
que así fuera . . . es cosa que á nadie le imperta . . .
El judío viendo que le picaba la mosca á Chitling se apresuró á
asegurarte de que nadie se burlaba y para prueba de lo que decia llamó
á maese Bates el principal ofensor. Desgraciadamente al ir á decir este
que en su vida habia estado mas serio, se le escapó tal carcajada que
Chitling viéndose mistificada, se abalanzó de improviso sobre el zumbon
y le descargó un puñetazo, que éste evitó felizmente, el cual cayendo
pesadamente sobre el pecho del _viejo chulo_, lo envió al otro estremo
del aposento contra la pared en donde abria toda su boca para respirar
mientras que le miraba cas aire consternado.
--Escuchad! --esclamó el Camastron en este momento --dijo la
_bachillera_.
Esto diciendo tomó la luz y subió cautelosamente la escalera.
Mientras que la compañia estaba á obscuras, sonó otra vez la
campanilla con violencia. Un instante despues, volvió el Camastron y
habió misteriosamente á Fagin al oido.
--Viene solo? --esclamó éste.
El Camastron hizo un movimiento de cabeza afirmativo y poniendo su mano
ante la luz indicó á Cárlos que haria muy bien en detener su loca
alegria por un cuarto de hora; luego fijó la vista en el judío como
para esperar sus órdenes.
El viejo llevó sus dedos violados á la boca y reflecsionó un momento.
Los músculos de su rostro parecian rudamente contraidos todo este tiempo
como si sospechára alguna desgracia y temiera saberla. Al fin levantó
la cabeza.
--Dónde se halla? --preguntó al Camastron.
--Este señaló con el dedo el piso superior y se disponia á dejar el
aposento.
--Sí! --dijo el judío adivinando la pregunta --Díle que baje.
Silencio! Cállete tu Cárlos! Poco á poco Tom! Amigos mios pasad á
vuestro cuarto! Dejadnos solos!
Cárlos y Chitling se retiraron sin hacer el menor ruido. Un profundo
silencio reinaba en el aposento cuando el Camastron bajó la escalera
llevando la luz y seguido de un hombre vestido de blusa, quien despues de
haber lanzado una rápida ojeada á su alrededor desató una red de lana
que le envolvia toda la parte inferior del rostro y dejó ver la
fisonomia del _flamante_ Tobias Crachit pálido hosco y horriblemente
fatigado.
--¿Cómo vamos Fagin? --dijo el jóven elegante, haciendo una señal de
cabeza al judío. --Tu Camastron mete esta red dentro mi castor para que
lo encuentre cuando me iré . . . Aquí . . . esto es! Serás algun dia
un famoso _hurraca_ y valdrás algo mas que los antiguos.
Esto diciendo levantó su blusa y la arrolló en su cintura; luego
acercó una silla al fuego y puso sus piés sobre el guarda cenizas.
--Mirad Fagin! --dijo con tono lastimero, señalando con el dedo sus
botas llenas de barro. Ni una sola gota de lustre desde que sabeis! Vaya
no me mireis así! Cada cosa á su tiempo. Me es imposible hablar de
negocios antes de comer un bocado. Con que poned el _rancho_ sobre la
mesa. --Van ya tres dias que no me ha pasado nada por el _gaznate_.
El judío hizo señal al _Camastron_ de que llevára lo que hubiera de
comestibles y sentándose frente del bandido esperó que le diera la gana
de hablar.
A juzgar por las apariencias Tobias no llevaba ninguna prisa de entablar
conversacion. Por de pronto el judío se contentó con observar su
fisonomía, para procurar adivinar en ella, la noticia que traia; pero
fué trabajo inútil.
--Fagin pues espiaba con una ansiedad indefinible cada tajada que Tobias
llevaba á la boca, paseando arriba y abajo del aposento para matar el
tiempo que le parecia tan largo; nada adelantó por eso. Este continuó
engullendo hasta que no pudo mas y entonces despues de haber dicho al
Camastron que se largára al objeto de quedar solo con el judío y
despues de haberle cerrado él mismo la puerta, se llenó un vaso de
_grog_ y se dispuso á hablar.
--En primer lugar Fagin . . . dijo.
--Ah! sí, sí! --replicó el otro acercando su silla á la mesa.
El Señor Crachit se paró para tragar su vaso de _grog_ y para declarar
que la ginebra era escelente; luego estirando sus piernas sobre el suelo
del hogar, para contemplar con mas satisfaccion sus botas continuó
tranquilamente.
--En primer lugar Fagin ¿cómo vá Guillermo?
--Qué! --esclamó el judío levantándose bruscamente de la silla.
--Cómo? --dijo Tobias palideciendo . . . ¿No queréis decir?
--No quiero decir! --gritó el judío pateando el suelo con furor
--¿Dónde están Sikes y el niño? Dónde están? Dónde han estado?
Dónde se ocultan? Por qué no han venido aquí?
--El golpe ha fracasado! --dijo Tobias con acento triste.
--Lo sé! --contestó el judío sacando un periódico de su faltriquera y
señalándole con el dedo al artículo que hablaba de ello --¿Y luego?
--Han disparado y herido al _nene_. Hemos jugado las piernas por entre
las Layas y las zanjas llevándole entre los dos. Corriamos mas que el
viento. Nos han dado la caza. Condenacion! todo el pais estaba en pié y
los perros nos tenian la pista!
--El niño? --dijo el judío con tono azorado.
--Guillermo lo habia puesto sobre sus espaldas y brincaba con él; nos
hemos detenido para llevarlo entre los dos; su cabeza pendia sobre su
pecho y estaba frio como el mármol. Ya nos pisaban los talones . . .
entonces cada uno para si y sálvese quien pueda! Cada uno ha tirado por
su lado despues de haber dejado al chiquillo dentro una zanja muerto ó
vivo. Esto es todo lo que sé.
--Sin dar tiempo á Tobias para reponerse el judío lanzó un grito agudo
arrancándose los cabellos y se precipitó del aposento á la escalera y
de la escalera á la calle.