DETALLES OBSCUROS EN APARIENCIA; PERO QUE NO DEJA DE SER DE ALGUNA
IMPORTANCIA EN ESTA HISTORIA.
LA que habia venido á turbar la calma y la paz que reinaban en el
aposento de la matrona, era realmente una mensagera de muerte; su cuerpo
estaba encorvado por la edad, sus miembros paralíticos temblaban
contínuamente, su marcha era lenta y la fijeza de sus ojos, la espresion
horrible de su fisonomía y el movimiento convulsivo de sus labios, le
daban mas bien la apariencia de un retrato grotesco que la de una obra de
la creacion.
La vieja subió la escalera vacilando y frotó lo mejor que pudo por lo
largo de los corredores barbullando algunas palabras ininteligibles en
respuesta á las reprimendas de su compañera. Al fin obligada á
detenerse para respirar entregó su luz á ésta y siguió aun cojeando
mientras que la matrona, mas ágil se fué en derechura al aposento de la
moribunda.
Era este una miserable guardilla iluminada por la pálida luz de una
lámpara. Una vieja de la casa estaba sentada á la cabecera de la
enferma y el aprendiz del farmacéutico de la parroquia en pié ante la
chimenea, se entretenia en hacer un mondadientes de un cañon de pluma.
--No hace calor señora Corney! --dijo viendo entrar á la matrona.
--Es muy cierto que no hace aquí calor! --contestó esta, con el tono
mas gracioso y haciendo una cortesia.
--Vuestros proveedores deberian llevar mejor carbon! --dijo el aprendiz
farmacéutico atizando el fuego con el hurgon. --Este no sirve para un
frio tan riguroso.
En este momento la conversacion fué interrumpida por un gemido de la
enferma.
Oh! --hizo el estudiante volviéndose incontinenti hácia el lecho como
si hubiese olvidado del todo á la parienta: --B. O. bó. Se acabó
Señora Corney!
--Se acabó no es cierto? --preguntó la matrona.
--Me sorprenderia infinito, si viviera dos horas mas --dijo el jóven,
ocupado en concluir la punta de su monda-dientes --En ella el sistema
moral como el físico, están gastados . . . ¿Permanece --aun amodorrada
buena muger?
La enfermera á quien se dirijia esta pregunto se inclinó sobre el lecho
para cerciorarse y respondió afirmativamente con un movimiento de cabeza.
--Entonces es muy posible que se vaya en esta disposicion, si no haceis
demasiado ruido. --dijo el jóven --Colocad la luz en el suelo. Así no
podrá verla.
La enfermera hizo lo que se le insinuaba, balanceando la cabeza sin duda
para dar á entender que la enferma no moriria con tanta holgura como se
pensaba y fué á sentarse al lado de la otra vieja que habia entrado en
este intermedio. La matrona se arrojó con su chal con aire de
impaciencia y se sentó tambien al pié del lecho.
El estudiante que al fin habia concluido su monda-dientes, lo paseó por
su boca durante un buen cuarto de hora que estuvo plantado delante del
fuego; despues de lo cual, pareciendo fastidiarse, deseó á la Señora
Corney _mucho placer_ y se fué de puntillas.
Despues de haber permanecido un cuarto de hora en esta posicion la
señora Corney pareció fastidiarse tambien y viendo que la vieja se
obstinaba en permanecer amodorrada iba á salir de prisa, cuando las dos
mugeres dieron un grito que la hizo retroceder. La enferma se habia
incorporado sobre el lecho y las tendia los brazos.
--Quien está ahí? --prorrumpió con voz sorda.
--Silencio! silencio! --dijo una de las dos viejas acarcándose á la
cama --Acostaos! Acostaos!
--Me volveré á acostarme viva! --gritó la enferma forcejando. --Quiero
que _ella_ sepa . . . Venid acá! mas cerca . . . que os lo diga muy bajo
al oido.
Cojió á la matrona por el brazo y atrayéndola hácia una silla que
estaba á su cabecera la hizo sentar en ella.
Iba á hablar, cuando al arrojar una mirada á su alrededor, vió á las
dos viejas que con el cuello tendido y el cuerpo adelantado, prestaban
atento oido á lo que iba á decir.
--Mandad que salgan! continuó con vos letárgica --Pronto! pronto!
Las dos viejas gritando á duo se quejaron amargamente de verse
desconocidas por su antigua camarada y protestaron contra la injusticia
que habria en separarlas de ella en sus últimos momentos; pero la
matrona las empujó fuera del aposento, les echó la puerta encima y
volvió á sentarse á la cabecera de la enferma.
--Ahora escuchad con atencion! --dijo la moribunda con voz mas fuerte
como para exitar en ella una última chispa de energia. --Eneste aposento
en este lecho, asistí en otro tiempo á una jóven y hermosa criatura
que habian llevado á esta casa. Sus piés magullados y rasgados por la
marcha estaban cubiertos de sangre y polvo. Dió á luz un niño y
murió! Esperad . . . esperad! En que año fué?
--Poco importa el año! --dijo la impaciente matrona --Y bien que . . .
qué hay respecto á esa muger?
--Ah! --murmuró la enferma, recayendo á su primer amodorramiento
--Respecto á la jóven no es esto? Respecto á . . . a . . . ella? Ah!
si! (rompió en llanto, arrojó un grito penetrante y saltó sobre el
lecho con ademan furioso; su rostro se volvió purpúreo y sus ojos le
salian de la cabeza.) --La robé! Si! De toda verdad . . . La robé! Aun
no estaba fria! Si . . . lo repito . . . estaba aun tibia cuando la robé!
--Qué le robaste? Por el amor de Dios hablad! --esclamó la matrona con
un movimiento como para pedir socorro.
--Voy á decirlo! --replicó la moribunda, poniendo la mano en la boca de
la otra. La única prenda que poseia . . . Carecia de todo . . . de
vestidos para cubrirse y de pan para subsistir . . . pero habia
conservado preciosamente sobre su seno . . . Era oro . . . yo lo digo . . .
oro magnífico que hubiera podido salvarle la vida!
--Oro! --repitió la matrona abalanzando su cuerpo sobre el lecho de la
moribunda, á medida que esta volvia á caer sobre la almohada
--Continuad! y despues? Quién era la madre? En qué tiempo? En qué
época? Hablad! hablad!
--Me habia suplicado que la guardara --prosigió la otra dando un suspiro
profundo --Me la habia confiado, por ser la única persona que estaba á
su lado en la hora de la agonía . . . Yo la codicié, en el fondo de mi
corazon . . . la robé de pensamiento cuando se la ví por primera vez al
rededor de su cuello! --Y lo peor, es que sin duda tengo que reprocharme
la muerte del niño! Ciertamente lo hubieran tratado mejor si hubieran
sabido todo esto!
--Sabido qué? --preguntó la matrona --Hablad!
--El pequeñuelo se parecia tanto á su madre, á medida que se hacia
grande (continuó la otra, sin hacer caso de la pregunta.) que cada vez
que la veia, no podia librarme de pensar en ella . . . Pobre jóven!
Pobre muchacha! Era tambien tan tierna . . . Un hermoso corderito!
Esperad! Es verdad que no os lo he dicho todo? Me parece que aun me queda
algo que deciros!
--Sí! sí! --replicó la comadre pegando su oreja á los labios de la
moribunda para cojer las palabras que salian ya lentamente de su boca
--Decid pronto . . . ó ya no habrá tiempo!
La madre. --dijo aquella haciendo un último esfuerzo para elevar la voz
--La madre sintiendo acercarse el momento de su muerte me dijo al oido
que: _si su hijo venia al mundo vivo y llegaba á poder recibir
educacion, vendria un dia en que podria pronunciar el nombre de su pobre
madre sin ruborizarse --Y vos oh Dios mio!_ añadió juntando sus manos
flacas y delicadas --_Sea un niño ó una niña proporcionadle amigos en
esta tierra de dolor y de destierro y apiadaos de un pobre huerfanito
abandonado á la merced de estraños!_
--El nombre del niño? --preguntó la comadre.
--Le llamaban Oliverio --respondió la moribunda con voz débil --El oro
que he robado era . . .
--Oh! sí, sí . . . que era? --esclamó vivamente la matrona.
En el momento en que se encorvaba con ansiedad para recibir la respuesta
de la agonizante, esta volvió lentamente y con tirantez á su primera
posicion y empuñando con ambas manos el cobertor de la cama barbulló
con voz gutural, algunas palabras ininteligibles y cayó sin vida sobre
la almohada.
--Muerta ya! --dijo una de las dos viejas entrando precipitadamente luego
que la puerta fué abierla . . .
--Y sin haberle sacado una palabra! --añadió la comadre yéndose.