EN una noche negra y fria el judío despidió á todos sus educandos y
despues de haberse envuelto en un largo redingote y tomado todas las
precauciones necesarias, se enredó en el laberinto de callejuelas
sucias, que tanto abundan en el barrio populoso de Bethnal-Green. Al cabo
de una hora de marcha entre la niebla sobre un suelo cubierto de un barro
espeso, llamó á una puerta y despues de haber cambiado algunas
espresiones en voz baja con el que habia venido á abrirle subió la
escalera.
Un perro se puso á ladrar, cuando colocó la mano en el pestillo de la
puerta y una voz de hombre preguntó: --¿Quién va ahí?
--Soy yo Guillermo; soy yo. --dijo el judio lanzando una mirada por todo
el aposento.
--Descubrid vuestro esqueleto. --dijo Sikes --Échate ahi vil animal!
¿Acaso no conoces al diablo cuando lleva su largo redingote?
No cabe duda de que el perro habia sido engañado por el traje de Fagin,
porque en cuanto este se hubo desabrochado y puesto su redingote en el
respaldo de una silla, se volvió á su rincon meneando la cola, para
demostrar que estaba tan contento como podia estarlo.
--Y bien? --dijo Sikes.
--Y bien querido? --respondió el judío --Ah! Nancy!
Estas palabras fueron pronunciadas con alguna vacilacion porque era la
primera vez que Fagin y Nancy volvian á encontrarse desde el dia en que
esta habia tomado la defensa de Oliverio con tanto calor. Sin embargo
todas sus dudas sobre este punto (dado caso que las hubiera) quedaron
pronto desvanecidas por la conducta de la jóven respecto á él. Apartó
sus piés del guarda cenizas, retiró la silla é invitó al judío para
que acercára la suya, pues hacia un frio excesivo. Luego guardó
silencio profundo.
--Caramba que frio hace, Nancy! --dijo el judío acercando al fuego sus
manos descarnadas --Penetra hasta los huesos. --añadió llevando la mano
al costado izquierdo.
--Acaso se necesita un famoso frio para que se os arrime basta los
huesos? dijo Sikes --Dale algo para beber Nancy. ¡Mil truenos! Despacha!
Solo con oir como cruje su esqueleto al igual de un espectro feo que
saliera de la tumba, hay para caer enfermo!
Nancy trajo al momento una botella que tomó de una alacena en la que
habia muchas otras que parecian contener diferentes licores y Sikes
habiendo llenado un vaso de aguardiente dijo al judío que lo bebiera de
una vez.
--No: gracias Sikes, tengo bastante! --dijo Fagin, volviéndo el vaso
sobre la mesa despues de haber pasado solamente los labios por el borde.
--Teneis miedo de que esto os vuelva mejor de lo que sois? --preguntó
Sikes fijando en el judío una mirada de desprecio.
Habiendo arrojado al mismo tiempo en las cenizas el licor que quedaba en
el vaso, volvió á llenarlo para si propio.
Mientras que tragaba su aguardiente, el judío lanzó una mirada al
rededor del aposento (no por curiosidad por que lo conocia; pero por un
sentimiento de temor que le era natural.) El mueblaje era grosero y los
solos objetos amontonados en el armario eran suficientes para persuadir
de que el amo de la habitacion distaba mucho de ser un artesano. Dos ó
tres alza primas colocadas en un rincon y un par de pistolas colgadas á
la cabecera del lecho, eran al cabo los únicos objetos que podian
infundir alguna sospecha.
--Vaya! --dijo Sikes haciendo castañear sus labios --Ya estoy pronto.
--Para la _tarea_ he? --preguntó el judío.
--Para la _tarea_. --respondió Sikes --Con que . . . hablad!
--Sobre esa casa de Chertsey Guillermo? --dijo el otro arrimando su silla
y hablando muy bajo.
--Si. Adelante!
--Ah querido! Bastante sabeis lo que quiero decir! No es verdad Nancy que
lo sabe?
--No á fé mia; _no_ lo sabe! --contestó Sikes sonriéndose --O mejor
no quiere saberlo que poco mas ó menos es lo mismo. Qué diablos! Hablad
francamente! Llamad las cosas por su nombre! Cuando dejareis de guiñar
el ojo y de andaros con rodeos como si no fuerais vos el primero que ha
ideado ese robo? Trueno de Dios, esplicaos!
--Chit, Guillermo! Hablad mas bajo! --dije el judío procurando
inútilmente calmar á su amigo. --Van á oirnos!
Y bien que nos oigan! --repuso Sikes --Me importa un comino!
Con todo es probable que despues de un momento de reflecsion le importó
algo mas, porque se puso blando y habló un poco menos alto.
--La, la . . . --dijo Fagin con aire de gazmoñeria --Os lo advertia solo
por prudencia querido! Ahora volviendo al asunto de esa casa de Chertsey
¿cuando será ocasion de emprender la _tarea_? Cuando Guillermo? Tanta
plata hijos mios! Tanta plata! --prosiguió frotándose las manos y
levantando los ojos al techo transportado de antemano de alegria á la
idea del botin.
--No hay que pensar ya mas en ello. --replicó friamente Sikes.
--No hay que pensar en ello? --repitió el judío dejándose caer en el
respaldo de la silla.
--No hay que pensar mas en ello. Al menos no es cosa tan fácil como
creiamos.
--Esto será por causa de la torpeza en el obrar! --replicó el judío
pálido de cólera --No me digais . . . .
--A mi me dá la gana de decíroslo! --esclamó el otro --Quién sois vos
para que no se os pueda hablar? Os digo que hace quince dias que Toby
Crachit tiene sus _emboscadas_ al rededor de la plaza y ni siquiera ha
podido _engatusar_ un criado.
--Quereis decir Guillermo --repuso el judío calmándose á medida que el
otro sé enardecia --que ninguno de los dos criados podrá ser
_persuadido_.
--Eso mismo, pues no habla en gringo. Hace veinte años que están al
servicio de la vieja y aun que les dieran quinientas libras rehusarian
entrar en el complot.
--Si; pero quereis decir tambien Guillermo que no habrá un medio para
que las mugeres sean de los nuestros?
--Ninguno.
--Ni el del flamante Tobias Crachit? --preguntó el judío con tono de
duda --Guillermo! No ignorais lo que son las mugeres!
--Voto va! Ni el del flamante Tobias Crachit. Ha dicho que mientras ha
estado allí, ha llevado favoritos postizos y se ha puesto un chaleco y
guantes color de canario; pero que de nada le han servido.
--Hubiera debido probar el uniforme militar y los bigotes querido!
--replicó el judío despues de un momento de reflecsion.
--Tambien los ha ensayado; --pero parece que este medio no ha tenido
mejor fortuna que el otro.
El judío pareció quedar desconcertado con esta respuesta y habiendo
reflecsionado algunos minutos con la cabeza caida Sobre el pecho dijo
suspirando: que si el flamante Tobias Crachit decia verdad, seria preciso
renunciar á la empresa --Y sin embargo-añadió dejando caer las manos
sobre sus rodillas --es muy duro querido tener que perder un negocio
sobre el que habiamos fundado nuestras mas hermosas esperanzas y que
considerábamos ya como nuestro!
--Es verdad. Esto es lo peor.
Siguió un largo silencio durante el cual el judío con el rostro livido
y la mirada hosca, estuvo profundamente sumido en sus pensamientos. Sikes
le miraba por intervalos y Nancy temiendo sin duda irritar al bandido,
permaneció sentada ante la chimenea, los ojos fijos en el fuego y con la
indiferencia del sordo respecto á lo que se hablaba en su presencia.
--Fagin! --dijo Sikes rompiendo de pronto el silencio --Me tocarán
cincuenta guineas mas en el reparto, si logramos buen éxito en el
exterior?
--Si! --contestó el judío súbitamente, como si dispertára de un
sueño.
--Queda convenido el pacto?
--Si querido, si! Queda convenido! --respondió el judío cojiéndole la
mano.
Esto diciendo sus ojos chispeaban y los rasgos de su fisonomía revelaban
el efecto que habia producido en él la proposicion de Sikes. --Entonces
--repuso éste rechazando la mano del judío con desden --esto se hará
cuando querais. La ante penúltima noche estábamos con Tobias Crachit
sobre la pared del jardin inspeccionando la puerta. Ella queda cerrada
como una prision; pero hay un sitio que podemos franquear seguramente sin
meter ruido.
--Cual? --preguntó el judío con ansia.
--¿No recordais lo que viene despues que se ha atravesado el prado?
--dijo el otro en voz baja.
--Si, si! --contestó el judío ladeando la cabeza para poder oir mejor y
abriendo tanto los ojos que parecian quererse salir de sus órbitas.
--Basta! --dijo Sikes, parándose en seco á una señal de cabeza de
Nancy que le hacia notar la expresion del rostro del judío --No importa
el sitio. Se bien que nada podeis hacer sin mi; pero vale mas ponerse en
guardia cuando se trata con vos.
--Cómo querais querido, como querais! --repuso el judío mordiéndose
los labios --¿Creeis que Tobias Crachit y vos podais lograr el fin sin
el concurso de nadie?
--Ciertamente. No necesitamos mas que un _berbiqui_ y un niño. El
primero ya le tenemos; en cuanto al otro será preciso encontrarlo.
--Un niño! --esclamó el judío --Oh! entonces será para un postigo
alto he?
--Nada os importa. Necesito un niño que no sea demasiado gordo. Ah! Si
tuviera solamente el muchacho de Ned el limpia chimeneas me saldria con
la mia! Le impedia el engordar espresamente para esto y cuando era
ocasion lo alquilaba. Pero el padre se ha dejado _pinchar_ y he aquí que
metiéndose por medio la _Sociedad de jóvenes delincuentes_ le dá la
humorada de _retirar_ al niño de un _oficio_ en que ganaba tanto dinero,
le hace aprender de leer y escribir y por añadidura lo pone de aprendiz!
Así obra el mundo! --continuó con indignacion --Así obra el mundo! Y
si tuvieran el dinero que les hace falta (á Dios gracias,) el año que
viene, no quedarian en el comercio seis muchachos á nuestra disposicion.
--Esta es demasiada verdad! --replicó el judío que absorvido en sus
profundas meditaciones no habia cojido mas que las últimas palabras de
Sikes. --Guillermo!
--Qué quereis? --preguntó éste.
El judío señaló con su vista á la jóven que la tenia siempre fija en
el fuego, para insinuar á Sikes cuan prudente seria que ella se
marchára del aposento. Este se encojió de hombros con ademan
impaciente, pensando que la precaucion era inútil y acabó por mandar á
Nancy que fuera á buscarle una botella de cerveza.
--Tú no quieres cerveza! --esclamó esta cruzando los brazos y no
moviéndose de su silla.
--Te digo que quiero! --replicó Sikes.
--Farza! --contestó Nancy friamente --Vaya soltad el pico Fagin! Se lo
que vais á decir á Guillermo y yo no estorbo.
El judío insistió de nuevo y Sikes los miró á ambos con asombro.
--Acaso Nancy os dá miedo? --dijo al fin --La conoceis de bastante
tiempo para que tengais confianza en ella, ó el Diablo se ha metido de
por medio! No creo sea muchacha capaz de _bachillerear_. ¿No es cierto
Nancy?
--Así me lo parece. --contestó la jóven acercándose á la mesa y
poniendo sus dos codos sobre de ella.
--No, no querida mia! Estoy bien persuadido de que eres incapaz! --dijo
el judío --pero . . . --y el viejo insistió de nuevo.
--Cómo quedamos? --preguntó Sikes.
--Es que ignoro si está en tan mala disposicion cómo la noche aquella
que ya sabeis, Guillermo? --respondió el judío.
Nancy soltó una carcajada y tragándose un vaso de aguardiente meneó la
cabeza como mofándose de Fagin. Luego se puso á talarear á toda voz:
_Seguid siempre vuestro camino buen hombrecillo_! _No hableis jamás de
volveros_! --y otras cosas semejantes que parecieron tranquilizar del
todo á los dos hombres.
--Vaya Fagin! --dijo Nancy riendo --Dadnos cuenta de vuestras intenciones
respecto á Oliverio.
--Ah querida! Eres una mosca muy fina! Eres la jóven mas _ladina_ que
conozco! --dijo el judío dándole golpecitos sobre la espalda. --En
efecto de Oliverio es de quien quiero hablar! ah! ah! ah!
--Qué quereis decir? --preguntó Sikes.
--Es el muchacho que os conviene, querido! --contestó el judío con aire
de misterio poniendo el dedo sobre su nariz y haciendo un visage horrible.
--El! --esclamó Sikes.
--Tómalo Guillermo. --dijo Nancy --Yo si fuera que tú lo tomaria. Pueda
que no sea tan _listo_ como los otros; pero que le importa si no hay mas
que abrirte una puerta? Es un niño con el que puedes contar, te lo
aseguro Guillermo.
--Tiene razon. --repuso Fagin --Desde hace algunas semanas está en muy
buen camino; ya es hora de que empieze á hacerse útil, aun que no sea
mas que para ganarse el pan que come. Además los otros son demasiado
gordos.
--A la verdad, tiene justamente la talla que me conviene. --dijo Sikes
despues de un momento de reflecsion.
--Y hará todo lo que vos querais amigo mio. --replicó el judío --No
podrá menos . . . es decir si la amedrentais un tan lo.
--Amedrentarle! --esclamó Sikes --No, no será un miedo falso, podeis
creerlo. Si tiene la desgracia de hacerme jugarretas una vez estará en
la _tarea_, no volvereis á verle vivo Fagin. Pensadlo sériamente antes
de enviármelo! --añadió el bandido levantando una enorme alza-prima
que sacó de debajo su lecho.
--He pensado en todo esto. --dijo el otro con fuerza --Le he velado de
cerca amigos mios de muy cerca! Qué comprenda en una buena ocasion que
es uno de los nuestros! Que tenga la certeza de _haber sido ladron_ y nos
pertenece por toda la vida! Ah! ah! no podia ofrecerse mejor ocasion!
--Esto diciendo el viejo cruzó sus brazos sobre su pecho, hundió su
cabeza dentro sus espaldas y dió un grito de alegria.
--Para nosotros? --dijo Sikes --Para vos quereis decir!
--Pueda que si, querido! --repuso el judío con una espantosa mueca
--Para mi; si bien os place Guillermo.
--Y porque ese mal polluelo os ocupa tanto por si solo --dijo el otro,
con tono huraño --cuando no ignorais, que hay una infinidad que picotean
cada noche por los alrededores de Covent Garden [4] y entre los cuales
podriais escojer?
--Porque me son del todo inútiles. --replicó Fagin con algun embarazo
--No merecen que se ocupe uno de ellos. Cuando se han hecho _pinchar_ su
fisonomía les acusa y yo los pierdo todos. Con ese niño si fuera bien
dirijido, haria lo que no podria hacer nunca con veinte de los otros.
Además --continuó reponiéndose de su turbacion --nos conviene que sea
absolutamente de los nuestros sin mirar el modo de lograrlo. Lo que deseo
es llevarle á _picotear con las hurracas_. Y vale mas que sea esto así
que no vernos obligados á _deshacernos_ de él, lo que no dejaria de ser
peligroso para nosotros, sin contar la pérdida que podria reportarnos.
--Cuándo será el negocio? --preguntó Nancy conteniendo una
esclamacion, que iba á escapársele á Sikes fuertemente disgustado de
las pretensiones humanitarias de Fagin.
--En efecto cuando se llevará á cabo Guillermo? --añadió el judío.
--Estoy convenido con Tobias para pasado mañana, si de aquí á entonces
no le doy contra órden. --contestó Sikes con ademan sombrio.
--Bueno. --dijo el judío --No habrá luna.
--No --repuso Sikes.
--Y habeis tomado vuestras medidas para llevaros la _hucha_. ¿no es
cierto?
Sikes hizo una señal de cabeza afirmativa.
--Con el objeto de . . . ?
--Si, si; todo está arreglado. --interrumpió Sikes sin darle tiempo de
concluir la frase --No os inquieteis por los detalles. Cuidad solo de
traerme el niño mañana por la noche. Yo dejaré á Lóndres una hora
antes de amanecer. A vos os toca guardar silencio, tener el crisol listo,
y nada mas.
Despues de una breve discusion quedó convenido que Nancy que antes habia
tomado el partido de Oliverio, se encargaria de traerle al lado de Sikes
y que éste luego de empezada la obra, tendria pleno poder sobre él.
Salvo la reserva á Tobias Crachit de apoyar las resoluciones del
susodicho Sikes.
Arreglados de este modo los preliminares, éste se coló algunos vasos de
aguardiente, se puso á blandir la alza-prima de un modo espantoso y
cantó ó mas bien berreó algunas estrofas, acompañadas de horribles
imprecaciones. Luego, en un exceso de entusiasmo por su _carrera_ fué á
buscar la caja de sus _chismes_ que colocó sobre la mesa y abrió para
esplicar la naturaleza y uso de cada uno de los objetos que estaban
encerrados en ella. Apenas habia abierto la cobertera cuando cayó
pesadamente con ella al suelo y en seguida se durmió.
--Buenas noches! --dijo el judío metiéndose el redingote.
--Buenas noches! --contestó Nancy.
El viejo al pasar dió un puntapié al borracho en tanto que Nancy estaba
vuelta de espaldas y bajó la escalera á tientas.
--Siempre lo mismo. --murmuró entre dientes cuando estuvo solo en la
calle --Lo malo en las mugeres es, que un nada basta para resucitar en
ellas los recuerdos del pasado y lo bueno que no duran. Ha! ha! El hombre
contra el niño por un talego de oro!
Embebido en estas lisongeras reflecsiones, Fagin regresó á su morada
sombría, en la que el Camastron velaba esperando con impaciencia su
vuelta.
--Oliverio está acostado? Tengo que hablarle. --dijo bajando la escalera.
--Hace ya rato. --respondió el Camastron abriendo la puerta de un
aposento --Miradle allí.
El niño estaba acostado sobre un mal jergon tendido en el suelo y dormia
con un sueño profundo. El abatimiento, la inquietud y la tristeza de su
prision le habian vuelto tan pálido que parecia muerto.
--Ahora no! --dijo el judío alejándose de puntillas. --Hasta mañana,
hasta mañana!