OLIVERIO ADQUIERE RELACIONES CON NUEVOS PERSONAGES.

OLIVERIO solo y entregado á si mismo en la tienda del empresario de

entierros, colocó su lámpara sobre el _banco de obra_ y poseído del

miedo arrojó una mirada timída en torno suyo. Un ataud recien acabado y

puesto en medio de la tienda sobre dos caballetes negros se parecía

tanto á la imágen de la muerte que el pobre jóven sentia recorrer por

todos sus miembros un frio glacial acompañado de un temblor convulsivo,

cada vez que su vista se fijaba involuntariamente sobre este horrible

objeto esperando á cada momento ver un espectro espantoso levantar de el

su cabeza repugnante hasta volverle loco de terror.

A la mañana siguiente le despertó un ruido redoblado de punta piés

dados á la parte exterior de la puerta de la tienda. Estos se renovaron

por cerca veinte y cinco ó treinta veces mientras se vestía á tientas;

pero cuando empezaba á descorrer los cerrojos los piés cesaron de

golpear oyendose una voz.

--Abrirás esta puerta? --dijo la voz perteneciente á los piés que

habian golpeado.

--Al instante señor. --respondió Oliverio descorriendo los cerrojos y

volviendo la llave.

--Sin duda serás el aprendiz que se esperaba? --repuso la voz á travez

del agujero de la cerradura.

--Si señor. --replicó Oliverio.

--Que edad tienes?

--Diez años señor.

--Siendo así voy á estrangularte en cuanto entre. --prosiguió la voz

--Ya lo verás aborto de la inclusa!

Despues de una promesa tan galante la voz se puso á silvar.

Oliverio estaba harto acostumbrado á la realizacion de tales amenazas

para tenor ninguna duda de que el dueño de la voz fuera qnien fuera

cumpliese en palabra. Dcscorrió los cerrojos con mano trémula y abrió

la puerta. Miro por algun tiempo al frente á derecha y á izquierda

persuadido de que el incógnito que acababa de hablarle por el ojo de la

llave, habia dado algunos pasos de mas para calentarse; porque no vió á

nadie mas que un gordo muchacho de la escuela de la caridad, sentado

sobre un guarda canton frente la tienda y ocupado en comer una rebanada

de pan con manteca que cortaba en pedazos de la medida de su boca con una

mala navaja y que tragaba en seguida con mucha voracidad.

―Perdon caballero. --dijo al cabo Oliverio no viendo parecer á nadie

mas ―Sois vos el que habeis llamado?

--He dado punta piés. --respondió el otro.

--Necesitais un ataud? --repuso Oliverio con ingenuidad.

A esta pregunta el muchacho de la caridad se puso furioso en grado

superlativo y juró que Oliverio antes de poco necesitaria uno si se

permitia bromear así con sus _superiores_.

--Mal espósito! Ignoras acaso quien soy yo? --dijo levantándose de

guarda canton y adelantándose manos en la faltriquera y con insigne

gravedad.

--No señor. --respondió Oliverio.

--Soy el _Señor_ Noé Claypole. --prosiguió el otro --y tu estás bajo

mi dependencia. Al avío! abre la tienda y saca las muestras. --Al mismo

tiempo el _señor_ Claypole administró un punta pié á Oliverio, entró

en la tienda con un ademan magestuoso que le dió mucha importancia y se

dirijió á la cocina para almorzar.

--Noé, acercaos á la lumbre. --dijo Carlota --He apartado para vos este

pedacito de tocino que he eliminado del almuerzo del amo. Tu Oliverio

--dijo á este que acababa de entrar despues de haber cumplido la

comision de Noé --cierra esta puerta y coje esos mendrugos de pan que

son para tí. Toma tu thé sobre ese cofre que está en aquel rincon y

despacha pronto pues tienes que ir á guardar la tienda; ¿lo entiendes?

--Oyes espósito? --dijo Noé Claypole.

--Noé, sois muy terco. --repuso Carlota --Vaya! Dejareis tranquilo á

ese niño?

--Que lo deje tranquilo? Pues ya escampa! No hay peligro de que su padre

ni su madre vengan á limpiarle los mocos . . . Todos sus parientes le

han dado carta blanca para gobernarse á su modo . . . he! he! he!

--Sois un truhan! --replicó Carlota soltando una carcajada imitada por

Noé y ambos á dos arrojaron una mirada de desden al pobre Oliverio que

sentado sobre un cofre en el rincon mas frio de la cocina comia

titiritando los mendrugos de pan que se habian señalado especialmente

para él.

Noé era un niño de la escuela de la caridad; pero no un espósito de la

casa de caridad. Tampoco era el niño del _acaso_; porque podia trazar su

genealogía subiendo hasta sus padres que vivían cerca de aquel sitio.

Su madre era lavandera ysu padre un soldado veterano, viejo, borracho,

con una pierna de palo y una pension diaria de cinco sueldos seis

dineros. Los aprendices de las tiendas de la vecindad habian tenido por

largo tiempo la costumbre de insultar á Noé en medio de la calle

motejándole de lo lindo y él lo había sufrido con la mayor paciencia

del mundo; pero ahora que la fortuna habia arrojado en su camino á un

pobre huérfano sin nombre á quien el ser mas abyecto podia señalar con

el dedo é insultar impunemente; le hizo expiar con usura las faltas de

que los otros se habian hecho culpables para con él.

[Illustration: Un ataud á medio hacer estaba colocado en el centro de la

tienda.]

Los Ladrones de Londres · 第 15 / 79 题