En confusiones tan grandes?
Fernando es muerto, y mi hija
Está en su poder. ¡Mudable
Condicion de la fortuna,
Que á tal estado me trae!
FÉNIX.
¿Qué es esto, señor? Pues viendo
Mi persona en este trance,
Mi vida en este peligro,
Mi honor en este combate,
¡Dudas qué has de responder!
¿Un minuto, ni un instante
De dilacion te permite
El deseo de librarme?
En tu mano está mi vida,
¿Y consientes (¡pena grave!)
Que la mia (¡dolor fiero!)
Injustas prisiones aten?
De tu voz está pendiente
Mi vida (¡rigor notable!),
¿Y permites que la mia
Turbe la esfera del aire?
A tus ojos ves mi pecho
Rendido á un desnudo alfanje,
¿Y consientes que los mios
Tiernas lágrimas derramen?
Siendo Rey, has sido fiera;
Siendo padre, fuiste áspid;
Siendo juez, eres verdugo:
Ni eres Rey, ni juez, ni padre.
REY.
Fénix, no es la dilacion
De la respuesta negarte
La vida, cuando los cielos
Quieren que la mia acabe.
Y puesto que ya es forzoso
Que una ni otra se dilate,
Sabe, Alfonso, que á la hora
Que Fénix salió ayer tarde,
Con el sol llegó al ocaso,
Sepultándose en dos mares
De la muerte, y de la espuma,
Juntos el sol y el Infante.
Esta caja humilde y breve
Es de su cuerpo el engaste.
Da la muerte á Fénix bella:
Venga tu sangre en mi sangre.
FÉNIX.
¡Ay de mí! Ya mi esperanza
De todo punto se acabe.
REY.
Ya no me queda remedio
Para vivir un instante.
D. ENR.
¡Válgame el cielo! ¿qué escucho?
¡Qué tarde, cielos, qué tarde
Le llegó la libertad!
D. ALF.
No digas tal; que si ántes
Fernando en sombras nos dijo
Que de esclavitud le saque,
Por su cadáver lo dijo,
Porque goce su cadáver
Por muchos templos un templo,
Y á él se ha de hacer el rescate.—
Rey de Fez, porque no pienses
Que muerto Fernando vale
Ménos que aquesta hermosura;
Por él, cuando muerto yace,
Te la trueco. Envía, pues,
La nieve por los cristales,
El enero por los mayos,
Las rosas por los diamantes,
Y al fin, un muerto infelice
Por una divina imágen.
REY.
¿Qué dices, invicto Alfonso?
D. ALF.
Que esos cautivos le bajen.
FÉNIX.
Precio soy de un hombre muerto;
Cumplió el cielo su homenaje.
REY.
Por el muro descolgad
El ataud, y entregadle;
Que para hacer las entregas
A sus piés voy á arrojarme.
_(Quítase del muro.—Bajan el ataud con cuerdas por el muro.)_
D. ALF.
En mis brazos os recibo,
Divino Príncipe mártir.
D. ENR.
Yo, hermano, aquí te respeto.
ESCENA XIV.
EL REY, DON JUAN, CAUTIVOS.—DICHOS.
D. JUAN.
Dáme, invicto Alfonso, dáme
La mano.
D. ALF.
Don Juan, amigo,
¡Buena cuenta del Infante
Me habeis dado!
D. JUAN.
Hasta su muerte
Le acompañé, hasta mirarle
Libre, vivo y muerto estuve
Con él: mirad dónde yace.
D. ALF.
Dadme, tio, vuestra mano;
Que aunque necio é ignorante
A sacaros del peligro
Vine, gran señor, tan tarde,
En la muerte, que es mayor,
Se muestran las amistades.
En un templo soberano
Haré depósito grave
De vuestro dichoso cuerpo.—
A Fénix y á Tarudante _(Al Rey.)_
Te entrego, Rey, y te pido
Que aquí con Muley la cases,
Por la amistad que yo sé
Que tuvo con el Infante.
Ahora llegad, cautivos,
Vuestro Infante ved, llevadle
En hombros hasta la armada[10].
[10] La muerte de D. Fernando fué en el año 1443; el rescate de
sus reliquias en 1472.
REY.
Todos es bien le acompañen.
D. ALF.
Al són de dulces trompetas
Y templadas cajas marche
El ejército con órden
De entierro, para que acabe,
Pidiendo perdon humilde
Aquí de sus yerros grandes,
El lusitano Fernando,
_Príncipe en la fe constante_.
ÍNDICE.
Págs.
ESTUDIO CRÍTICO V
La vida es sueño 1
La devocion de la Cruz 117
El mágico prodigioso 211
El Príncipe constante 329