Pasa-calle 461

[Ilustración]

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PRÓLOGO,

ADVERTENCIA, PRELUDIO...

Ó LO QUE USTEDES QUIERAN

_El asunto es que algunos de mis paisanos, muy pocos, afortunadamente,

han creído hallar en más de una página de mis_ ESCENAS MONTAÑESAS

_motivo suficiente para que se sobrexcite y alarme su amor patrio; y

que yo, que me guardaría muy bien de rebelarme contra el fallo del más

incompetente crítico, á quien se le antojase apreciar aún en menos de

lo poco que vale mi chirumen, como buen montañés, amante fervorosísimo

de mi bella patria, no puedo, ni debo... ni quiero resignarme á no

oponer algunos reparos á los escrúpulos patrióticos de los mencionados

señores, antes de darles á conocer esta segunda serie de_ ESCENAS,

_en las cuales, juzgándolas con el criterio con que juzgaron á las

primeras, han de hallar nuevas causas de resentimiento contra mi

pluma, y, por consiguiente, contra la intención que la ha guiado._

_El cargo que se me hace (y, por cierto, entre piropos que siento no

merecer) es la friolera de haber_ agraviado _á la Montaña, presentando

á la faz del mundo muchos de sus achaques peculiares, y hasta en son de

burla algunos; es decir, con delectación pecaminosa_.

_Confieso que no ha podido hacérseme una imputación más cruel, ni más

injusta, ni que más me lastime. Cruel, porque lo fuera, aun siendo

muy notoria la perversidad del alma de un hijo, acusarle de ser capaz

de hallar deleite en burlarse de su propia madre; injusta, por lo que

vamos á ver._

_De dos maneras puede representarse á los hombres: como son, ó como

deben ser. Para lo primero, basta el retratista; para lo segundo,

se necesita el pintor de genio, de inspiración creadora. Concedo

sin esfuerzo que el mérito de éste es superior, en absoluto, al de

aquél; pero que, tratándose de_ dar á conocer _á un individuo, haya de

representársele_ como debe ser _y no_ como es, _no lo concedo aunque me

aspen_.

_Retratista yo, aunque indigno, y esclavo de la verdad, al pintar las

costumbres de la Montaña, las copié_ del natural; _y como éste no es

perfecto, sus imperfecciones salieron en la copia_.

_Á este modo de pintar es á lo que se ha llamado, por algunos

montañeses_, delito de lesa patria.

_Un pintor del riñón de Castilla se decide un día á copiar en el lienzo

á su país; pero tiende por él la vista, y observa que el suelo es árido

y monótono; que no le cruza un mal arroyo, ni le sombrea un árbol, ni

le limita una montaña; teme que la representación de aquella sábana

de tierra calcinada y de cardos agostados infunda un sentimiento de

repulsión en el ánimo del observador del cuadro, y que por éste se

adquiera mala idea de la poesía del famoso granero de España; y sin

pararse en barras, copia, de todo lo que ve, un grupo de casas que no

ofrecen mal aspecto, dos recodos de una era, media docena de borregos

y una mula, y echa por en medio un río como el Misisipí que baja

de unas montañas como los Andes, y adorna las orillas con sauces y

naranjos, y tapiza el suelo con flores y césped, y hasta le puebla de

zagales, cuyos modelos busca en un abanico. En seguida escribe debajo_:

«Panorama de Amusco», _y expone el paisaje al público como un_ cuadro

de costumbres castellanas. _¿Sería este sistema de_ retratar _la

naturaleza más patriótico que el mío? Sería lo que ustedes quieran;

pero el sentido común siempre vería en un cuadro tal, con semejante

rótulo, un embuste ridículo, una mentira bien ociosa._

_Otro caso.--Un señor, que sería el tipo de la hermosura si no tuviera

un ojo huero, y una verruga en la nariz, y un lobanillo en la frente,

y una cicatriz en los labios, va á_ retratarse; _pero el retratista,

por amor al modelo, ó por adularle quizá, no reproduce en el lienzo

ni el ojo huero, ni la verruga, ni el lobanillo, ni la cicatriz:

antes al contrario, pinta dos ojos como dos luceros, y hasta exagera

la corrección de los demás detalles de la cara. Concluida así la

obra, quiere sorprender con ella á los deudos y amigos del retratado:

examínanla atentamente, admiran todos la belleza del modelo; pero

ninguno de ellos le conoce. ¿Puede el retratado, sin ser tonto de

remache, deleitarse contemplando la supuesta imagen suya?_

_Pues bien: supongamos ahora que yo hubiera tenido ingenio bastante

para componer un libro de leyendas poéticas y edificantes, llenas de

madres resabidas y sentimentales, de padres eruditos y elocuentes, y

de hijos galanes, trovadores y sensibles como los pastores de la_

Galatea; _quiero imaginarme que, al pintar el concejo de mi tierra,

hubiera arrojado de él al tío_ Merlín, _y puesto por tema de discusión,

en vez del que allí se ventiló bajo la impresión de una suspicacia

casi estúpida y de una malicia lamentable, tal cual égloga de Virgilio

ó artículo del_ Código penal, _como para una asamblea de académicos

escrupulosos ó de sabios legisladores; supongamos que, en lugar de

exhibir á la familia del tío_ Nardo _vendiendo hasta las tejas para_

echar á América _al niño_ Andrés _con la esperanza de verle tornar un

día rico é influyente, sin hacerse cargo de los infinitos ambiciosos

montañeses que han perecido hambrientos y abandonados en aquellas

regiones, hubiera pintado un indiano poderoso en cada casa, arrojando

sin cesar talegas de onzas por la ventana y atando los perros con

longaniza; supongamos también que, en vez del sencillo mayorazgo_

Seturas, _hubiera presentado un patriarca venerable explicando, bajo

los bardales de una calleja, las maravillas de la botánica y de la

astronomía, deteniéndose extáticos, ante la majestad de su palabra,

los tardos bueyes, los fieles canes y los rizados borregos; supóngase

asimismo que, en lugar de admitir como base del carácter del campesino

montañés el_ puntillo _y la suspicacia_, _causa de tantos males en este

país_, _donde todos los días es una verdad el paso de_ Las Aceitunas

_del buen Lope de Rueda, le hubiera poblado de hombres infalibles y

longánimos, sin más tribunales que el de la penitencia, ni otras leyes

que las del Decálogo; supongamos, además, que, en lugar de_ Cafetera _y

de la nuera del tío_ Bolina _y de otros personajes_ ejusdem farinæ _que

andan por el libro, hubiera presentado algo parecido á los marineros

que bailan en el teatro la_ tarantela napolitana_, y á las bateleras

del_ demi-monde _en las regatas del Sena; supongamos, en fin, que

yo hubiera sido capaz de crear un país y un paisanaje con todos los

primores que caben en la naturaleza y en la humanidad, y de sacar á la

plaza pública esa creación con el título de_ ESCENAS MONTAÑESAS: _¿qué

hubieran dicho entonces de ella esos mismos señores á quienes dedico

estas líneas? De fijo:--«Hombre, esto es muy bueno sin duda; pero tiene

tanto de montañés como nosotros de turcos»._

_Supongamos, si no, que, sin añadir en el retrato una sola belleza

á las que tiene el original, me hubiera limitado á presentar las

más libres de toda mácula local y, por ende, semejantes en todo á

las de todos los pueblos sometidos al régimen estricto de la nueva

civilización. Entonces hubieran dicho mis escrupulosos censores:--«No

encontramos en este libro á nuestro vecino, ni á nuestro concejo, ni

la escuela en que aprendimos á leer, ni las fiestas de nuestros santos

patronos, ni la_ rioja _de nuestras tabernas, ni á los pescadores de

nuestra costa, ni el maíz de nuestras mieses, ni las deshojas del maíz,

ni el aire, ni el sol de nuestra hermosa campiña... Lo que aquí pasa,

pasa también en cualquiera otra provincia de España, y estas costumbres

lo mismo pueden llamarse montañesas que palentinas»._

_Y en ambos casos habrían desdeñado el libro, y éste no hubiera corrido

de mano en mano todos los rincones de la Montaña, ni á sus personajes

se les hubieran abierto todas las cocinas montañesas, como á_ gente

de la casa, _señal infalible de que es bueno el retrato en cuanto al

parecido, por más que, como obra mía, no luzca primores de arte._

_Pero supongamos ahora, y no es poco suponer (¡y vuelta á las

suposiciones!), que los susodichos mis paisanos me conceden que todas

las imperfecciones fisonómicas que aparecen en el cuadro existen en

el original, y que al copiarle, con la mejor intención del mundo, me

limité á cumplir estrictamente mi cometido de retratista escrupuloso;

todavía me dicen:--«Si creías que no podía hacerse de la Montaña un

retrato de color de rosa, ¿para qué la retrataste? Y si la retrataste,

¿para qué expusiste al público el retrato?_».

_La retraté, señores míos, cediendo á una tentación más fuerte que

mi voluntad: la misma que obliga al poeta á cantar á la naturaleza,

y al músico á robarle sus dispersas armonías; impulso irresistible,

incontrastable, quizá más que el que lanzó á algunos de vosotros

hasta el otro lado del Atlántico en busca de soñados torrentes de

acuñadas peluconas. Y le expuse al público, porque no juzgué ni juzgo

á ningún español tan mentecato, que sea capaz de creer á su país

exento de achaques tan gordos como los que yo cito del mío, ni tan

tonto que, si los concediera, se forje la ilusión de que el vecino

no los ha visto; le expuse al público, porque muchos de los vicios

que pregona apenas excitan la compasión, algunos la risa, y los más

el escasísimo interés que haya podido prestarles el esmero, ya que

no la destreza del pintor, y porque el más grave de ellos es, á Dios

gracias, mucho más leve que el más insignificante de los consignados

en la estadística_ viciosa _de cualquier otra provincia de España;

le expuse al público como se expone un cuadro de fotografías que ni

son obscenas ni injurian á nadie: para que las vea aquel caballero y

las juzgue... y las compre, si es posible; le expuse al público, en

fin, en la confianza de que, aun en el caso de tropezar con jueces

tan aprensivos, tan quisquillosos... tan_ montañeses _como ustedes,

podría responder, en abono de mi intención inmejorable:--«Creo, con

la mano sobre mi corazón, que exhibiendo resabios y picardías como

las de tío_ Merlín, _desdichas y miserias como las de la familia del_

Tuerto, _preocupaciones funestísimas como las de la de tío_ Nardo,

_etc., etc., y poniendo á su lado estimables cualidades y méritos que

no faltan en otros personajes del libro, se prueba mejor el patriotismo

que con ostentosos vanos alardes de tan noble virtud; y que la Montaña

perdería menos oyendo á los que, como yo, entre himnos entusiásticos á

sus bellezas, dedican una cariñosa censura á muchas de sus_ curables

_imperfecciones, que á los que transigen con todas ellas á trueque de

que nadie las vea»._

_En cuanto al estilo más ó menos irónico, más ó menos alegre de la

obra, ¡qué diablo! no es ella ninguna colección de elegías ni de

sermones de Ánimas; amén de que cada hombre tiene el que Dios le

concedió, y yo, al usar el que bajo este título me pertenece, malo y

todo, le he creído preferible, por mío, al mejor de los prestados._

_Y aquí debiera poner fin á este proemio, asaz enojoso para mí por

el fin que lleva; mas no quiero dejar la pluma sin resarcirla del

disgusto de escribirle, dedicándola un instante á más placentera

ocupación.--Sírvame, pues, en este momento, no del todo inoportuno,

para dar un público testimonio de mi gratitud profunda á mi querido

amigo Antonio de Trueba, cuyo solo nombre, puesto al frente de mi

libro, embelleció sus innumerables defectos al ser admitido, no de mala

gana, en la república literaria española; al inimitable autor de las_

Escenas Matritenses; _al insigne poeta y sabio crítico, D. Juan Eugenio

Hartzenbusch; al malogrado ingenio que dejó, por huella de su paso

por el mundo, el monumento literario_ Ayer, Hoy y Mañana, _y á otros

escritores no menos discretos, y á la prensa periódica en general,

cuyas felicitaciones conservo como prendas de inestimable valor; no

porque de ellas me juzgue digno, sino porque las considero como otras

tantas manos cariñosas que estrecharon la mía al acercarme por primera

vez á una región donde la censura de los doctos enerva y el desdén

mata._

_Otra deuda no menos sagrada, que también quiero pagar, tengo con

el público, especialmente el de la Montaña, que, aceptando mi

buena intención y dispensándome los pecados de inexperiencia ó de

incapacidad, acogió las_ ESCENAS _con una benevolencia que jamás me

hubiera atrevido á esperar._

_¡Quiera Dios que, al dar á luz esta segunda serie, no se arrepientan,

público y escritores, de haberme aplaudido la primera!_

Enero de 1871.

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Tipos y paisajes · 第 18 / 63 题