XXVI

Familia predilecta.--Conversaciones íntimas.--El maíz y las

molenderas.--Las tortillas.--El pan.--Bibliotecas.--Nuestro amigo

Luis.--Biblioteca de Astor S. Aznar.--Instituto Cooper.--Otras

Bibliotecas.

Tengo una seccion de mi familia, que así le llamo, de procedencia

habanera, que forma el verdadero contento de mi espíritu.--Hombres

distinguidos por sus talentos, mujeres llenas de gracia y virtudes,

viejos platicadores y complacientes y niños como arcángeles de rostro,

y como diablillos de vivos y traviesos: hé aquí la parentela, que

con _aquel meneo_ y _con aquella sal de los ijleños_ comentan las

costumbres, me hacen fijar en mil particularidades que se escapan

teniéndolas á la vista, y me recuerdan mis tertulias de México, con

solo la diferencia de que aquel _no sé qué_ de la patria, con nada se

reemplaza.

--No deje vd. de escribir sobre las máquinas de costura, me decia una

Pepita bulliciosa, de ojos negros, parlanchina y que conoce México. ¿Se

acuerda vd. que valian hasta cien pesos? Pues ahora valen una bicoca.

--Eso depende, replicaba D. Ramon, viejo observativo y camandulero, de

voz desparramada y movimientos desembarazados, de que miéntras dura

el monopolio que temporalmente concede la "Patente de invencion," el

precio es alto; acaba el monopolio, se produce la competencia, y ella

trae la baratura.

Ahora pueden conseguirse las máquinas que hemos comprado en cien pesos,

hasta por veinticinco.

--A no ser, dijo D. Pedro, vecino viejo de Nueva-York y entusiasta

por las mejoras materiales, que se haga cualquiera modificacion á

la máquina, en cuyo caso continúa el privilegio. Así sucedió con

una de esas máquinas. No tenia buen remate la puntada: esto era la

desesperacion de todos. Un dia uno de estos yankees aguzados presentó

una aguja con un ojo cerca de la punta. El problema estaba resuelto, el

privilegio continuó.

--Pobres costureras! dijo Doña Ambrosia, protesta viva contra el

progreso: los _yankotes toscos_ y las brujerías de sus máquinas.

Juanito (jovencito entusiasta por todo lo americano).--Pues buenos

pesos se pescan las costureras lo mismo que las lavanderas. Pobres

costureras, ¡pero feliz el que puede tener una camisa flamante por seis

reales!

--En mi tierra, observé yo, trabajan mucho las lavanderas.

--¿Cómo se lava la ropa en su tierra de vd?

--Restregándola en una losa.

--Se tiene la doble ventaja, observó con cierta sorna D. Ramon, de que

la ropa se desgarre y de que se destrocen las manos de las lavanderas,

sin contar con que lavan de rodillas y que ese ejercicio las enferma.

El instrumento en que aquí se lava, es un cuadro con fajillas de madera

ó metal; se pone la ropa albeando con solo tantear bien la potasa que

se le pone al agua. El tendedero es de carretilla, la plancha tiene

la lumbre dentro; se fija la ropa en el tendedero con unas pequeñas

mordacillas de madera, lo que evita que se rompa como cuando se enrosca

en el lazo.

--Vea vd. D. Ramon, dijo otro, yo quisiera para México, que es mi

segunda patria, la adopcion de muchas pequeñeces que nada dicen, y que

importarian alivio para las clases infelices.

La escoba para barrer sin doblarse, deberia generalizarse para ahorro

de tiempo, compostura y salud de las sirvientas. La pequeña escoba

mexicana obliga á estar casi boca abajo á las que barren, enfermando á

muchas.

--Yo no sé cómo no quieren vdes. que se haga el barrido con máquina

como en las calles.

--Ya se ve que es muy bueno, dije yo: es un gran cepillo cilíndrico

unido á un carro de dos ruedas con sus cortinas para que contenga el

polvo, y la limpieza se hace al momento. Nosotros tendriamos que poner

pequeñas escobas.

--No, yo no llevo mi patriotismo hasta desconocer lo bueno, dijo

Adelaida, mujer de raro juicio y de completa hermosura.

--Mi tia, prosiguió, repugna que se pongan en la mesa calientes los

platos para servirse el asado y otras viandas con salsa: á mí me parece

bien no solo por el mejor sabor de la comida, sino porque se evita la

mala vista de la grasa coagulada, que es repugnante.

--Bien parlao, dijo D. Pedro, no puede traer sino bienes la

generalizacion de ciertos usos; es más eficaz contra las moscas la

botella en alto agujerada del asiento ó papel del que se vende en las

boticas, que las inmensas ramazones de que nos servimos: con muy poco,

y de barro vidriado, se harian comunes mucho más limpios que los que

usamos; unos pedazos de jabon ó preparacion desinfectante, quitaria el

mal olor y los focos de enfermedad de lugares de desahogo, depósitos de

palidez y de fiebre.

--Tiene mucha razon Adelaida, expuse yo con íntima conviccion. He visto

unos grandes carros ó pipas de las que pende un cañon de gutta perca

adherido á la maquinaria de una bomba. El tubo se aplica al lugar que

se desea limpiar, cae la inmundicia en el cajon cerrado herméticamente

que forma el carro, y se verifica dándole á la bomba la limpieza, sin

esfuerzo, sin que se perciba mal olor alguno.

Ese aparato aplicado á nuestras atarjeas y letrinas, repito que

ahorraria mil vidas.

La limpia como se hace en México condena á vivir en el fango á la

poblacion entera, cada desahogo de albañal es inmundo, y miéntras la

poblacion se degrada en la zahurda, las enfermedades eruptivas, el tifo

y las perniciosas, diezman los barrios que habita la gente infeliz.

--Bueno, decia D. Ramon; pero la adopcion de esas máquinas no es

compatible con los negocitos que pudieran hacerse á la sombra de la

limpia.

--Eso no tiene, réplica, dije yo confundido.

Comentando mi conversacion con Francisco despues de esta visita, me

dijo:

--En lo que yo quisiera que te fijaras muy sériamente, es en _las

máquinas de moler maíz_.

La máquina de moler maíz seria en México la redencion de la mujer.

La preparacion de la tortilla ó pan azteca absorbe todo su tiempo,

sujetándola á verdadera esclavitud.

Para una familia de seis personas, se requieren lo ménos otras tantas

horas de trabajo.

El metate es una tosca piedra cuadrilonga que descansa en tres piés.

En uno de los extremos se coloca la india, junto á una lumbrada en que

hay tres piedras, sobre las que descansa el _comalli_ ó disco de barro

cocido en que se cuecen las tortillas.

La india está de rodillas, con el estómago pegado al metate y la

mitad del cuerpo suspendido sobre la piedra; tiene en las manos el

_metlapile_ ó bolillo de piedra delgado en sus extremos, con que

quiebra y remuele el maíz hasta volverlo masa, ayudada del peso del

cuerpo.

El vaiven de su cuerpo es la rueda motriz de ese molino; una, dos y

tres horas en la mañana y otras tantas en la tarde dura la fatiga, que

se aumenta con el humo de la leña encerrado en el jacal ó en el pequeño

cuarto, el golpeo de la tortilla, que se forma de pequeñas pellas de

maíz, que se redondean á palmadas, y el contacto del barro convertido

en ascua.

La mujer reducida á esa condicion de máquina, ni se asea ni piensa en

su sexo, sus formas se descomponen, la sed la devora y la precipita

en la embriaguez; sucia, desgarrada, abyecta, apénas se levanta del

metate para hacer otros trabajos y para corregir á sus hijos que vagan

abandonados, desnudos y como animales en el hogar.

Tan dura es la tarea que hemos descrito, que muchos hombres condenados

á moler en las prisiones, prefieren los trabajos de limpieza y otros

más penosos.

La madre casi no existe para el indio; las caricias, los cuidados

y la enseñanza, le son desconocidos. La india vive poco y enferma,

destrozándola la tísis desde su edad temprana. Entre los indios son

frecuentes las deformidades que provienen del trabajo que tiene la

india estando grávida.

La coquetería seductora de la mujer, su propension al cultivo de lo

bello, las gracias, que son las flores del hogar, nada de esto se

conoce donde la madre es á la vez molendera y donde no siempre se

resiente de ese defecto el que de una manera casi irónica se llama

_bello sexo_.

Dentro de la capital misma las _tortillerías_ son antros de suciedad,

con furias infernales que en cuatro piés, llenas de sucios harapos y

envueltas en negro humo, cumplen con su ruda tarea.

¿Se comprende toda la trascendencia de libertar á la mujer de este

trabajo?

Se dice que la harina que resulta de la máquina no se adapta á la

confeccion de la tortilla, y eso no es exacto, porque en las pequeñas

experiencias se ha visto lo contrario. Se pone de manifiesto la

obstinacion de la costumbre, y eso quiere decir que la reforma se

tendrá que hacer lentamente, poniendo de manifiesto tambien con

obstinacion, los beneficios de la máquina. La frustracion de una, de

dos y de cien tentativas, no debe desalentar.

Los municipios en las cárceles y hospitales, deben adoptar la máquina

de moler maíz; ella hará avances, conquistará terreno, persuadirá con

el ejemplo. Los dueños de las haciendas, sobre todo, deberian tomar por

su cuenta revolucion tan benéfica.

Entónces la mujer emancipada, ocuparia sus horas en sus trabajos

domésticos; entónces serviria de dócil instrumento á la instruccion, y

regeneraria y dulcificaria las costumbres del hombre, dotando su hogar

de encantos que hoy le son desconocidos.

Una generacion vigorosa vendria á celebrar el advenimiento de la mujer

á la familia, y el instinto brutal cederia el puesto al amor, revestido

de las seducciones de la inteligencia y de la gracia.

La costumbre es la sola razon poderosa que puede oponerse; pero las

costumbres bárbaras están condenadas á morir bajo la planta de la

civilizacion; resistencias análogas se vieron cuando se introdujo

la vela para que sustituyese al ocote; el calzado á la _tehua_; el

_tecomate_ ó _el cajete_, al vaso.

El indio que ha comido aunque sea _pambazo_, se habitúa á él y

abandona fácilmente la tortilla. La máquina de moler maíz es toda una

regeneracion para la clase indígena, y no se debe perdonar medio para

adoptarla.

* * * * *

Los libros extranjeros son carísimos, merced al bárbaro arancel que

rige. En cambio los nacionales, y que se refieren á la instruccion, son

de una baratura extraordinaria.

Ya hablaremos de librerías y periódicos; por ahora, contaré á mis

lectores mis visitas á la Biblioteca de Astor, y á la Biblioteca del

Instituto Cooper.

A ambas visitas me ha acompañado un amigo á quien voy á presentar á mis

lectores.

Es mi amigo D. Andrés, chiquitin y moreno, de barba negra y ojos de

relámpago, dentadura como perlas y franco de fisonomía.

Desembarazao y alegre de movimientos, fácil de lengua y de piés

incansables.

Adora en los adelantos materiales de los americanos, y tiene adoptadas

sus modas con fanático ardor. Saco holgado, pantalon de rayadillo,

zapato bajo con enorme hebilla y suela del grueso de dos dedos,

sombrero de paja con su liston negro, su enorme navajon entre los

dedos, su paraguas de á setenta y cinco centavos debajo del brazo, y su

abanico listo en la bolsa del costado izquierdo del saco.

Apechuga con el maíz guisado y con la mostaza, como cualquier labriego

del _Kentuky_; no le hace gesto al _whiskey_; los tomates, los limones

y las hojas de yerbabuena, son sabores que sus labios codician.

Entra con el mayor desenfado á las tabaquerías á prender con un palillo

su puro en la lámpara de gas que arde en ellos, se sopla _sans façon_

en cualquier _bar-room_ á sus desahogos corporales, sonríe con los

muchachos papeleros y limpiabotas, estrecha la mano á los policías, y

los cocheros le saludan con cierta inteligencia, como si conocieran sus

secretos.

Tan pronto está Andrés en el muelle presenciando una descarga, como

en una Sinagoga con su libro en hebreo en la mano; tan listo se le

ve al rayo del sol en una carrera de caballos, como en el teatro más

aristocrático, embebecido con las producciones de Shakespeare. Salta

por aquí y por allí en el mercado, entre los pescados, las legumbres y

los trastos, y deja el mercado para seguir al cementerio una comitiva

de duelo.

Lo más curioso de D. Andrés es que no sabe una sola sílaba de inglés,

y no solo ignora sino que tergiversa, de suerte que si le señalan la

derecha toma la izquierda, y si le desvían corre á la espalda. Basta

que le digan _hat_, que significa sombrero, para que él se presuma,

como yo, que quieren agua.

De suerte que anda diez veces un camino, va donde no quiere, vuelve por

donde no piensa.

¿Ya ven vdes. todo esto?.... Pues D. Andrés es adorable. Ama á México

con delirio, porque allí está su raza, hasta la médula de los huesos, y

ese afan de verlo todo y de instruirse, es porque quisiera trasportar á

México todas las mejoras, y que su patria sobrepujara á ésta y á todas

las naciones del globo.

Su cuarto está lleno de dibujos y modelos de máquinas, tiene á mano los

reglamentos de todos los establecimientos de beneficencia y caridad.

Libros de lectura, pizarras, jises, esferas; y cuanto en la instruccion

primaria se inventa ó mejora, está á su alcance.

Una escoba, una plancha, un aparato para ensartar agujas, todo lo

tiene con sus propios recursos, sin ver á nadie, sin consultar á alma

viviente sobre su mérito personal, y recompensado liberalmente con

la idea de que su pueblo, como él llama con cariño á Y.... su suelo

nativo, adelante y valga más cada dia. ¿No tengo dicho que D. Andrés

es adorable?

D. Andrés fué mi compañero á la visita de las Bibliotecas, y empezamos

por ver la de Astor.

La Biblioteca de Astor está situada en la calle de Lafayette

(_Lafayette Place_), y se distingue por su severidad romana. Subimos

una alta escalera de mármol blanco, y me hizo notar mi guía que toda

la luz que recibe el edificio es vertical, producida por una elegante

claraboya que tiene cincuenta y cuatro piés de largo por catorce de

ancho.

La escalera desemboca en un espacioso salon, en el que se abren otros

y otros, limitados por delgadas columnas y formando departamentos

separados.

Los salones se dividen por angostos corredores que los circuyen á cinco

varas de altura y pueden transitarse. Las paredes todas están tapizadas

de libros, de suerte que es un edificio de libros con sus columnas y

sus tránsitos en que se apagan las pisadas.

A la derecha de la escalera está el despacho de los bibliotecarios, y

un mostrador saliente con varios libros abiertos, que son los índices

con sus registros, en muy buen órden.

Al opuesto lado hay otro mostrador con cajones, que tienen divisiones

paralelas llenas de tarjetas colocadas con cierta holgura, que forman

índices tambien.

A proporcionadas distancias se ven mesas y sillones con lectores. La

concurrencia era numerosa y no se oia el más ligero ruido; parecian los

salones poblados por estatuas; las pocas palabras que se hablan son

casi en voz imperceptible.

Quise tomar en las manos uno de los libros de índice del mostrador, y

D. Andrés sonrió al ver mi sorpresa, porque aquellos libros abiertos

tienen la pasta fija y pegada al mostrador, permitiendo que se hojeen,

pero que no se manejen, lo que los mantiene en buen estado.

[Ilustración: BIBLIOTECA ASTOR.]

Los índices del opuesto lado son más curiosos. En las líneas paralelas

de los cajones descritos, hay colocadas sueltas tarjetas en órden

alfabético, con el nombre cada una de una obra y razon de sus

particularidades.

El índice se aumenta ó disminuye, sin que las correcciones se hagan

visibles; permite que varios lo registren á la vez, y se hagan

anotaciones curiosas.

La Biblioteca contiene 152,000 volúmenes, fué fundada por Juan Astor,

que dió cuatrocientos mil pesos para su instalacion; hoy cuenta con un

capital de más de setecientos mil pesos. En el año de 1875 concurrieron

á la Biblioteca 75,549 lectores, y de éstos solo cinco mil fueron

lectores de novelas.

Al salir de la Biblioteca de Astor, me fijé en la casa de la Biblia,

situada entre las Avenidas Tercera y Cuarta y las calles 8 y 9.

El edificio es tosco, pero imponente; ocupa una manzana entera, tiene

seis pisos, descansando en el primero las cinco séries ó fajas de

ventanas verdes; el primer piso es el de elegantísimos cristales de las

grandes casas de comercio.

Las paredes están pintadas de encarnado.

Antonio Bachiller me hizo comprender toda la grandeza de esa asociacion

de propaganda, que cuenta hoy productos de cinco millones de pesos.

Sobre diez y seis millones de Biblias se han repartido en aquel

establecimiento, distribuyéndolas grátis, desde en los vapores que

cruzan el Océano, hasta en el seno de las más oscuras familias.

Son infinitas las ediciones que se han hecho para todas las sectas

cristianas. Hasta ahora, en más de veinticuatro lenguas y dialectos

se imprimen allí Biblias, segun Bachiller. El me aseguraba, y lo

ví despues en su Guía, que de 600 á 700 personas se ocupan en las

dependencias de aquel espacioso edificio, que ha tenido de costo

trescientos mil pesos.

Para la difusion de libros de propaganda religiosa, existen las

siguientes sociedades:

_American and Foreign Bible Society_ (Sociedad Americana y

extranjera de la Biblia).

_New-York Bible Society_ (Sociedad de Nueva-York de la Biblia).

_City Bible Society_ (Sociedad de la Biblia de la Ciudad).

_New-York Bible Common prayer Book Society_ (Sociedad de Nueva-York

para la Biblia y libros de rezos).

_American Trait Society_ (Sociedad de Nueva-York de publicaciones).

_American Sabbat Tract Society_ (Sociedad dominical americana para

la publicacion de Tratados).

Sociedad de publicaciones de Nueva-York, etc., etc.

El escritor español Blanco, conocido entre nosotros con el nombre de

_Blanco White_, ha escrito varios de esos Tratados en español, con

marcada elegancia, y los difunden protestantes españoles.

Además de estos medios de propaganda, hay misiones para el interior y

el exterior del país, que dirige y fomenta la Sociedad de la Biblia, y

seminarios y colegios establecidos con grandes riquezas y que funcionan

con el mayor arreglo.

Salimos de la Biblioteca Astor para el Instituto Cooper.

El Instituto, dedicado al adelantamiento de las ciencias y de las

artes, ocupa una manzana entera; su frente es una doble hilera de

altísimas ventanas góticas; al piso primero se asciende por amplias

escaleras exteriores.

El salon espacioso ó calle del interior del edificio, está ocupado por

varias oficinas de particulares, que con sus rentas acrecen los fondos

del Instituto. Están arrendadas tambien las accesorias exteriores.

Adornan las paredes de la escalera interior cuadros y dibujos: la

escalera conduce á corredores de los varios departamentos que tiene el

edificio.

[Ilustración: INSTITUTO COOPER.]

D. Andrés y yo nos dirigimos á la Biblioteca: á la entrada nos dieron

á cada uno una especie de moneda de cobre que sirve para pedir los

libros, quedando en prenda en poder de quien da el libro y teniéndose

que recogerla para poder salir. Esta sencilla operacion ha sido eficaz

para evitar la pérdida de libros en un lugar á que asisten anualmente

sobre seiscientos mil lectores.

El salon de la Biblioteca que estamos viendo tiene sobre cuarenta varas

de largo por veinticinco de ancho. Está inundado de luz por rasgadas

ventanas abiertas casi desde el techo, en airosos intercolumnios de la

parte exterior.

Forman valla de uno y otro lado á las cinco hileras de mesas colocadas

en el centro, sendos atriles en que están puestos en órden los

periódicos en sus varillas y con sus candados.

Allí se lee de pié y se renueva frecuentemente la concurrencia, sin

interrumpir á los otros lectores.

Vense en los atriles periódicos de todas las partes del mundo. _Yo,

aunque busqué, no encontré periódicos mexicanos._

En el centro hay mesas pequeñas y sillas para los lectores.

En el fondo del salon se ve un inmenso cuadro con los retratos de

cuerpo entero de los grandes inventores que ha tenido este país.

La veneracion con que se contempla por todo el mundo este cuadro,

inspira profundo respeto. Se percibe sobre él, el reflejo de la

verdadera gloria.

Como una curiosidad me mostró D. Andrés, al lado del gran cuadro, un

cuadrito pequeño, retrato de Cooper hecho á la pluma; sus perfiles y la

pureza de las líneas me llamaron la atencion.

--Vea vd. bien, vea vd., no está en eso la gracia; acérquese vd. más.

Lo hice así, y me cercioré que las líneas todas, sombras, cabellos y

pestañas, eran letras. Son yo no sé cuántos salmos ó pasajes bíblicos,

que se leen con microscopio y tienen correccion extrema.

El Instituto encierra, como hemos indicado, varios departamentos

en que se enseñan gratuitamente, matemáticas, geografía, mecánica

completa, arquitectura, dibujo lineal, natural y adorno. Numerosos

dibujos, planos é instrumentos, se ven en cada una de las secciones,

conforme á las especialidades que se dedican.

Lo que aquí se llama el _bassement_ es un inmenso salon en que se dan

lecturas, á que son muy afectos los americanos.

[Ilustración: BIBLIOTECA MERCANTIL.]

En ese salon leyó el Dr. Boyerton sus luminosas lecciones de geología;

allí el orador italiano Gavazzi, desplegó su elocuencia en memoria de

Maum; allí Worcester hizo ostentacion de sus talentos.

El establecimiento, como casi todos los de educacion, instruccion y

caridad, está sostenido por fondos que suministran las rentas del

edificio y donaciones particulares, dirigido por una junta privada que

sin embargo publica una Memoria anual para satisfaccion del público.

Todo el edificio fué costeado por Mr. Peter Cooper, gran filántropo que

vive aún en Nueva-York, objeto de la veneracion universal.

Las principales Bibliotecas de los Estados-Unidos son las siguientes,

segun el _Educador Popular_:

La del Congreso de Washington, que tiene 300,000 volúmenes; la de

Boston, 1.500,000; la de Astor, de que hemos hablado, 152,000; la de la

Universidad de Harvard, 118,000; la Mercantil (Nueva-York), 104,500; la

del Ateneo de Boston, 100,000; la de la Compañía de Filadelfia, 85,000;

la de Albany, 70,000; la de la Ciudad de Nueva-York, 57,000; la del

Colegio de New-Haven, 50,000.

Estas son las principales Bibliotecas; pero existen multitud que no se

mencionan, adheridas á los establecimientos científicos, literarios, y

de caridad; de suerte que no hay aldea sin recursos para esta clase de

instruccion.

Viaje a los Estados Unidos, Tomo II · 第 84 / 94 题