De lo que contesció a un falcón sacre del Infante don Manuel con una
águila et una garza.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio su consejero en esta
manera:
--Patronio, a mi contesció de haber muchas veces contiendas con muchos
homes et después que la contienda es pasada, algunos conséjanme que
huelgue et esté en paz, et algunos conséjanme que comience guerra et
contienda con los moros. Et por que yo sé que ninguno otro non me
podría consejar mejor que vos, por ende vos ruego que me consejedes lo
que faga en estas cosas.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos en esto acertedes en
lo mejor, sería bien que sopiésedes lo que contesció a los muy buenos
falcones garceros, et señaladamente lo que contesció a un falcón sacre
que era del infante don Manuel.
El conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--el infante don Manuel andaba un día
de caza cerca de Escalona, et lanzó un falcón sacre a una garza, et
montando el falcón con la garza vino al falcón una águila. E el falcón,
con miedo del águila dejó la garza et comenzó a foir: et el águila
desque vió que non podía tomar el falcón fuese. Et desque el falcón
vió ida el águila tornó a la garza et comenzó a andar muy bien con ella
por la matar.
Et andando el falcón con la garza, tornó otra vez el águila al falcón,
et el falcón comenzó a foir como el otra vez; et el águila fuese, et
tornó el falcón a la garza: et esto fué asi bien tres o cuatro veces
que cada que el águila se iba, luego el falcón tornaba a la garza; et
cada que el falcón tornaba a la garza, luego vinía el águila por le
matar.
E desque el falcón vió que el águila non le quería dejar matar la
garza, dejola et montó sobre el águila et vino a ella tantas veces
feriéndola fasta que la fizo desterrar daquella tierra. Et desque la
hobo desterrado tornó a la garza, et andando con ella muy alto vino el
águila otra vez por lo matar. E desque el falcón vió que non le valía
cosa que feciese, subió otra vez sobre el águila et dejose venir a
ella et diol tan grand colpe quel quebrantó el ala. Et desque él la
vió caer, el ala quebrantada, tornó el falcón a la garza et matola. Et
esto fizo, porque tenía que la su caza non la debía dejar, luego que se
fuese desembargado de aquella águila que gelo embargaba.
Et vos señor conde Lucanor, pues sabedes que la vuestra caza et la
vuestra honra et todo vuestro bien paral cuerpo et paral alma es que
fagades servicio a Dios, et sabedes que en cosa del mundo, segund el
vuestro estado que vos tenedes, non le podedes tanto servir como en
haber guerra con los moros para ensalzar la sancta et verdadera fe
católica, conséjovos yo que luego que podades seer seguro de las
otras partes, que hayades guerra con los moros. Et en esto faredes
muchos bienes; lo primero faredes servicio de Dios; e lo al, faredes
vuestra honra et viv[i]redes en vuestro oficio et vuestro mester et
non estaredes comiendo el pan de valde que es una cosa que non paresce
bien a ningund grand señor; ca los señores cuando estades sin ningund
mester, non preciades las gentes tanto como debedes, nin facedes por
ellos todo lo que debríades facer, et echádevos a otras cosas que
serían a las veces muy bien de las escusar. Et pues a los señores vos
es bueno et aprovechoso haber algund mester, cierto es que de los
mesteres non podedes haber ninguno tan bueno et tan honrado et tan
a pro del alma et del cuerpo, e tan sin daño como la guerra de los
moros. Et si quier, parat mientes al enjiemplo tercero que vos dije en
este libro, del salto que fizo el Rey Ricalte de Inglaterra, et cuanto
ganó por él; et pensat en vuestro corazón que habedes a morir et que
habedes fecho en vuestra vida muchos pesares a Dios, et que Dios es
derechurero et de grand justicia que non podedes salir sin pena de los
males que habedes fecho; pero veed si sodes de buena ventura en fallar
carrera para que vos en un punto podades haber perdón de todos vuestros
pecados, ca si en la guerra de los moros morierdes estando en verdadera
penitencia sodes martir et muy bienaventurado, e aunque por armas non
murades, las buenas obras et la buena entención vos salvará.
E el conde tovo este por buen enjiemplo et puso en su corazón de lo
facer, et rogó a Dios que gelo guisase como él sabe que lo él desea.
Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fízolo
escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si Dios te guisare de haber seguranza,
Puña de ganar la complida bien andanza[37].
[37] Cuenta aquí Don Juan Manuel un sucedido de su casa, pues no se
ignora que el Infante Don Manuel, hijo de San Fernando, era su padre.