ENJEMPLO XV

De lo que contesció a don Lorenzo Suarez sobre la cerca de Sevilla.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta

guisa:

--Patronio, a mi acaesció que hobe un rey muy poderoso por enemigo: et

desque mucho duró la contienda entre nos, fallamos entramos por nuestra

pro de nos avenir. Et como quiera que agora estamos por avenidos et

non hayamos guerra, siempre estamos a sospecha el uno del otro. Et

algunos también de los suyos como de los míos métenme muchos miedos, et

dícenme que quiere buscar achaque para ser contra mí; et por el buen

entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en

esta razón.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, este es muy grave consejo de

dar por muchas razones; lo primero, que todo homne que vos quiera

meter en contienda ha menester muy grant aparejamiento para lo facer,

ca dando a entender que quiere vuestro servicio et vos desengaña, et

vos apercibe, et se duele de vuestro daño, vos dirá siempre cosas

para vos meter en sospecha; et por la sospecha habredes a facer tales

apercibimientos que serán comienzo de contienda, et homne del mundo non

podrá decir contra ellos; ca el que dijiere que non guardedes vuestro

cuerpo, davos a entender que non quiere vuestra vida, et el que dijiere

que non labredes, et guardedes, et bastescades vuestras fortalezas, da

a entender, que non quiere guardar vuestra heredat, et el que dijiere

que non hayades muchos amigos et vasallos et les dedes mucho por los

haber et los guardar, da a entender, que non quiere vuestra honra, nin

vuestro defendimiento: et todas estas cosas non se faciendo, seríades

en grand periglo, et puédese facer en guisa que sería comienzo de

roido; pero pues queredes que vos conseje lo que entiendo en esto,

dígovos, que querría que sopiésedes lo que contesció a un buen

caballero.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, el sancto et bienaventurado rey don

Ferrando tenía cercada a Sevilla; et entre muchos buenos que eran

y con él, había y tres caballeros que tenían por los mejores tres

caballeros d’armas que entonce había en el mundo: et decían al uno don

Lorenzo Suarez Gallinato, et al otro don García Periz de Vargas, et del

otro non me acuerdo del nombre. Et estos tres caballeros hobieron un

día porfía entre sí cual era el mejor caballero d’armas. Et porque non

se pudieron avenir en otra manera acordaron todos tres que se armasen

muy bien, et que llegasen fasta las puertas de Sevilla, en guisa que

diesen con las lanzas a la puerta.

Et otro día de mañana, armáronse todos tres et enderezaron a la villa;

et los moros que estaban por el muro et por las torres, desque vieron

que non eran más de tres caballeros cuidaron que vinían por mandaderos,

et non salió ninguno a ellos, et los tres caballeros pasaron la cava,

et la barbacana, e llegaron a la puerta de la villa, et dieron de los

cuentos de las lanzas en ella; et desque hobieron fecho esto volvieron

las riendas a los caballos et tornáronse para la hueste.

Et desque los moros vieron que non les dicían ninguna cosa, toviéronse

por escarnidos et comenzaron a ir en pos dellos; et cuando ellos

hobieron abierto la puerta de la villa, los tres caballeros que se

tornaban su paso, eran ya cuanto alongados; et salieron en pos dellos

más de mil et quinientos homes a caballo, et más de veinte mil a

pié. Et desque los tres caballeros vieron que vinían cerca dellos,

volvieron las riendas de los caballos contra ellos et asperáronlos.

Et cuando los moros fueron cerca dellos, aquel caballero de que olvidé

el nombre, enderezó a ellos et fuelos a ferir. Et don Lorenzo Suarez

et don García Periz estudieron quedos; et desque los moros fueron más

cerca don García Periz de Vargas fuelos ferir; et don Lorenzo Suarez

estudo quedo, et nunca fué a ellos fasta que los moros le fueron ferir;

et desque lo comenzaron a ferir, metiose entrellos et comenzó a facer

cosas maravillosas d’armas.

Et cuando los del real vieron aquellos caballeros entre los moros,

fuéronles acorrer. Et como quier que ellos estaban en muy grand priesa

et ellos fueron feridos, fué la merced de Dios que non murió ninguno

dellos. Et la pelea fué tan grande entre los cristianos et los moros,

que hobo de llegar y el rey don Ferrando: et fueron los cristianos ese

día muy bien andantes. Et desque el rey se fué para su tienda, mandolos

prender diciendo que merescían muerte, pues que se aventuraran a facer

tan grant locura, lo uno en meter la hueste en rebato sin mandado del

rey, et lo al, en facer perder tan buenos tres caballeros. Et desque

los grandes homnes de la hueste pidieron merced al rey por ellos,

mandolos soltar.

Et desque el rey sopo que por la contienda que entrellos hobiera fueron

a facer aquel fecho, mandó llamar cuantos buenos homnes eran con él,

para judgar cual dellos lo ficiera mejor. Et desque fueron ayuntados,

hobo entrellos grand contienda, ca los unos dicían que fisiera mayor

esfuerzo el que primero los fuera ferir, et los otros que el segundo, e

los otros que el tercero. Et cada uno desía tantas buenas razones que

parescía que desía razón derecha: et en verdad tan bueno era el fecho

en sí, que cualquier podría haber muchas buenas razones para lo alabar;

pero, a la fin del pleito el acuerdo fué este: que, si los moros que

vinían a ellos fueran tantos que se pudiesen vencer por esfuerzo o

por bondad que en aquellos caballeros hobiese, que el primero que los

fuese a ferir, era el mejor caballero, pues comenzaba cosa que se podía

acabar; mas, pues los moros eran tantos que por ninguna guisa non los

podrían vencer, que el que iba a ellos non lo facía por vencerlos,

mas la vergüenza le facía que non fuyese; et pues non había de foir,

la queja del corazón, porque non podía sofrir el miedo, le fizo que

les fuese ferir. Et el segundo que les fué ferir et esperó más que el

primero, tovieron por mejor, porque pudo sofrir más el miedo. Mas, don

Lorenzo Suarez que sufrió todo el miedo et que esperó fasta que los

moros le ferieron, aquel judgaron que fuera mejor caballero.

Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que estos son miedos et

espantos, et es contienda que aunque la comencedes non la podedes

acabar, cuanto más sufriéredes estos miedos et estos espantos

tanto seredes más esforzado, et demás, faredes mejor seso; ca pues

vos tenedes recabdo en lo vuestro et non vos pueden facer cosa

arrebatadamente de que grand daño vos venga, conséjovos yo que non vos

fuerce la queja del corazón. Et pues grand colpe non podedes recebir,

esperat ante que vos fieran, et por aventura veredes, que estos miedos

et espantos que vos ponen, que no son con verdat, sinón lo que estos

vos dicen que lo facen porque cumple a ellos, ca non han bien sinón en

el mal. Et bien cred, que estos tales tambien de vuestra parte como de

la otra, que non querrían grand guerra nin grand paz, ca non son para

se parar a la guerra, nin querrían paz complida; mas, lo que ellos

querrían, sería un alborozo con que pudiesen ellos tomar et facer mal

en la tierra et tener a vos et a la vuestra parte en premia para llevar

de vos lo que habedes et non habedes, et non haber recelo que los

castigáredes por cosa que fagan: et por ende, aunque alguna cosa fagan

contra vos pues non vos pueden mucho empecer en sofrir que se mueva del

otro la culpa, venirvos ha ende mucho bien: lo uno, que habredes a Dios

por vos, que es una ayuda que cumple mucho para tales cosas; et lo al,

que todas las gentes ternán que facedes derecho en lo que ficierdes.

Et por aventura, que si non vos movierdes a facer lo que non debedes,

non se movrá el otro contra vos, et habredes paz et faredes servicio

a Dios, et pro de los buenos, et non faredes vuestro daño por facer

placer a los que querrían guarescer faciendo mal et se sintirían poco

del daño que vos viniese por esta razón.

E al conde plogo deste consejo que Patronio le daba, et fízolo así, et

fallose ende bien.

Et porque don Johán tovo este ejiemplo, que era muy bueno, mandolo

escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por queja non vos agan ferir,

Ca siempre vence quien sabe sofrir[21].

[21] Mención de este hecho en la _Crónica del santo Rey Don

Fernando_, cap. LX. Fernán Pérez de Guzmán afirma que el caballero

de quien don Juan Manuel no recordaba el nombre, era Payo de Correa,

Adelantado de Cazorla, y Lope García de Salazar cree fué Alonso

Tello, criado de Rey. (Cf. Puibusque.)

El conde Lucanor · 第 23 / 91 题