De lo que contesció a un homne bueno con su fijo.
Otra vez acaesció que el conde Lucanor fablaba con Patronio, su
consejero, et dijol: como estaba en grant coidado et en grant queja de
un fecho que quería facer; ca, si por aventura lo ficiese, sabía que
muchas gentes le trabarían en ello, et otrosí, si non lo ficiese, que
él mismo entendíe, quel podrían trabar en ello con razón. Et díjole
cuál era el fecho, et rogol quel consejase lo que entendía que debía
facer sobre ello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--bien sé yo que vos fallaredes
muchos que vos podrían consejar mejor que yo, et a vos dió Dios muy
buen entendimiento, que sé, que mi consejo vos face muy pequeña mengua,
mas pues lo queredes, decirvos he lo que ende entiendo. Señor conde
Lucanor--dijo Patronio--mucho me placería que parásedes mientes a un
ejiemplo de una cosa que acaesció una vegada a un homne bueno con su
fijo.
E el conde le rogó quel dijiese, que como fuera aquello.
Et Patronio dijo:
--Señor, así contesció, que un homne bueno había un fijo; e como
quier que era mozo segund sus días, era asaz de sotil entendimiento.
Et cada que el padre alguna cosa quería facer, porque pocas son las
cosas en que algún contrallo non puede acaescer, dicial el fijo: que
en aquello que él quería facer, que veía él, que podría acaescer el
contrario. Et por esta manera le partía de algunas cosas quel cumplían
para su facienda. Et bien cred que cuanto los mozos son más sotiles
de entendimiento, tanto son más aparejados para facer grandes yerros
para sus faciendas; ca han entendimiento para comenzar la cosa, mas
non saben la manera como se puede acabar, et por esto caen en grandes
yerros, si non han quien los guarde dellos. Et asi, aquel mozo por la
sotileza que había del entendimiento et quel menguaba la manera de
saber facer la obra complidamente, embargaba a su padre en muchas cosas
que habie de facer. Et de que el padre pasó grant tiempo esta vida
con su fijo, lo uno por el daño que se le seguía de las cosas que se
le embargaban de facer, et lo al, por el enojo que tomaba de aquellas
cosas que su fijo le dicía, et señaladamente lo más, por castigar su
fijo et darle ejiemplo como ficiese en las cosas quel acaesciesen
adelante, tomó esta manera segunt aquí oiredes:
El homne bueno et su fijo eran labradores et moraban cerca de una
villa. Et un día que facían y mercado dijo a su fijo: que fuesen amos
allá para comprar algunas cosas que habían mester: et acordaron de
llevar una bestia en que lo trajiesen: et yendo amos a mercado llevaban
la bestia sin ninguna carga et iban amos de pié et encontraron unos
homes que vinían daquella villa do ellos iban. Et de que fablaron
en uno et se partieron los unos de los otros, aquellos homes que
encontraron, comenzaron a departir ellos entre sí et dicían que no les
parescían de buen recabdo aquel homne et su fijo, pues llevaban la
bestia descargada et ir entre amos de pie. E el homne bueno, después
que aquello oyó, preguntó a su fijo que quel parescía daquello que
dicían. Et el fijo dijo, que decían verdat, que pues la bestia iba
descargada que non era buen seso ir entre amos de pié: et entonce mandó
el omne bueno a su fijo que subiese en la bestia.
Et yendo asi, por el camino fallaron otros homnes: et de que se
partieron dellos, comenzaron a decir que lo errara mucho aquel homne
bueno, porque iba él de pié que era viejo et cansado, et el mozo que
podría sofrir laceria iba en la bestia. Preguntó entonce el omne bueno
a su fijo que quel parescía de lo que aquellos dicían; et él dijol quel
parescía que dicían razón. E estonce mandó a su fijo, que descendiese
de la bestia et subió él en ella.
Et a poca pieza toparon con otros, et dijieron que facía muy
desaguisado de dejar el mozo que era tierno et non podría sofrir
laceria, ir de pié et ir el homne bueno que era usado de pararse a las
lacerias, en la bestia. E estonce preguntó el homne bueno a su fijo que
quel parescíe desto que estos dicían. Et el mozo dijol que segund él
cuidaba, que dicían verdat. E estonce mandó el homne bueno a su fijo
que subiese en la bestia porque non fuese ninguno dellos de pié.
Et yendo así, encontraron otros homes et comenzaron a decir que aquella
bestia en que iban era tan flaca que a ves podría andar bien por el
camino, et pues asi era, que facian muy grant yerro en ir entramos en
la bestia. Et el homne bueno preguntó a su fijo, que quel semejaba
daquello que aquellos homes buenos dicían: et el mozo dijo a su padre,
quel semejaba verdat aquello. E estonce el padre respondió a su fijo en
esta manera:
--Fijo, bien sabes que, cuando saliemos de nuestra casa que amos
veniamos de pié et traíamos la bestia sin carga ninguna: et tu dicías,
que te semejaba que era bien. Et despues fallamos homes en el camino
que nos dijieron que non era bien, et mandete yo sobir en la bestia
et finqué de pié; et tu dijiste, que era bien. Et despues fallamos
otros homes que dijieron que non era bien, et por ende descendiste tu
et subí yo en la bestia, et tu dixiste que era aquello lo mejor. Et
porque los otros que fallamos dijieron que non era bien, mandete subir
en la bestia comigo; et tu dijiste que era mejor que non fincar tu
de pié et ir yo en la bestia. Et agora estos que fallamos, dicen que
facemos yerro en ir entre amos en la bestia; et tu tienes que dicen
verdat. Et pues que así es, ruégote que me digas que es lo que podemos
facer en que las gentes non puedan trabar; ca ya fuemos entramos de
pié, et dijieron que non faciamos bien; et fuí yo de pié et tu en la
bestia, et dijieron que errábamos; et fu yo en la bestia et tu de
pié, et dijieron que era yerro; et agora imos amos en la bestia, et
dicen que facemos mal. Pues en ninguna guisa non puede ser que alguna
destas cosas non fagamos e ya todas las ficiemos, et todas dicen que
son yerros. Et esto fiz yo porque tomases ejiemplo de las cosas que te
acaesciesen en tu facienda; ca cierto sey que nunca faras cosa de que
todos digan bien; ca si fuere buena la cosa, los malos et aquellos a
que se non sigue pro de aquella cosa, dirán mal della; et si fuera la
cosa mala, los buenos que se pagan del bien non podrían decir que es
bien el mal que tu feciste. Et por ende, si tu quieres facer lo mejor
et más a tu pro, cata que fagas lo mejor et lo que entendieres que te
cumple más, et sol que non sea mal, non dejes de lo facer por recelo
del dicho de las gentes, ca cierto es que las gentes a lo demás siempre
fablan en las cosas a su voluntad, et non catan lo que es más a su pro.
Et vos, señor Conde Lucanor, en esto que me decides que queredes facer
et que recelades que vos trabarán las gentes en ello, et si non lo
facedes que eso mismo farán, pues me mandades que vos conseje en ello,
el mi consejo es este: que ante que comencedes el fecho, que cuidedes
toda la pro e el dapno que se vos puede ende seguir, et que non vos
fiedes en vuestro seso, et que vos guardedes que non vos engañe la
voluntad, et que vos consejedes con los que entendiéredes que son de
buen entendimiento, et leales et de buena poridat. Et si tal consejero
non falláredes, guardat que vos non arrebatedes a lo que hobiéredes
a facer, a lo menos fasta que pase un dia et una noche, si fuere cosa
que se non pierda por tiempo. Et de que estas cosas guardáredes en lo
que hobiéredes de facer, et lo falláredes que es bien et vuestra pro,
conséjavos yo que nunca lo dejedes de facer por recelo de lo que las
gentes podrían dello decir.
E el conde tovo por buen consejo lo que Patronio le consejaba. Et
fízolo así, et fallose ende bien.
Et cuando Don Johan falló este ejiemplo, mandolo escribir en este
libro, et fizo estos viesos en que está abreviadamente toda la
sentencia deste ejiemplo. Et los viesos dicen así:
Por dicho de las gentes, sol que non sea mal,
Al pro tenet las mientes, et non fagades al[8].
[8] De los muchos textos que Knust cita por sus relaciones con este
apólogo, basta la mención del VI capítulo del libro de Gobin _Les
coupes ravissantes_: procede de una fábula esópica. La Fontaine
tiene una con el mismo asunto. En España recuerdo el bello apólogo
_As Opiniós_ del poeta gallego J. Pérez Ballesteros, publicado en su
libro _Foguetes_. Coruña, 1888, p. 151.