CÓMO DESQUE LLEGAMOS CON CORTÉS Á TEZCUCO CON TODO NUESTRO EJÉRCITO
Y SOLDADOS, DE LA ENTRADA DE RODEAR LOS PUEBLOS DE LA LAGUNA, TENIAN
CONCERTADO ENTRE CIERTAS PERSONAS DE LOS QUE HABIAN PASADO CON NARVAEZ,
DE MATAR Á CORTÉS Y Á TODOS LOS QUE FUÉSEMOS EN SU DEFENSA; Y QUIEN
FUÉ PRIMERO AUTOR DE AQUELLA CHIRINOLA FUÉ UNO QUE HABIA SIDO GRAN
AMIGO DE DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA; AL CUAL SOLDADO CORTÉS
LE MANDÓ AHORCAR POR SENTENCIA; Y CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS Y SE
APERCIBIÓ TODO EL REAL Y LOS PUEBLOS NUESTROS AMIGOS, Y SE HIZO ALARDE
Y ORDENANZAS, Y OTRAS COSAS QUE MÁS PASARON.
Ya he dicho, como veniamos tan destrozados y heridos de la entrada por
mí nombrada, pareció ser que un gran amigo del gobernador de Cuba, que
se decia Antonio de Villafaña, natural de Zamora ú de Toro, se concertó
con otros soldados de los de Narvaez, los cuales no nombro sus nombres
por su honor, que así como viniese Cortés de aquella entrada, que le
matasen, y habia de ser desta manera: que, como en aquella sazon habia
venido un navío de Castilla, que cuando Cortés estuviese sentado á la
mesa comiendo con sus capitanes é soldados, que entre aquellas personas
que tenian hecho el concierto, que trujesen una carta muy cerrada
y sellada, como que venia de Castilla, y que dijesen que era de su
padre Martin Cortés, y que cuando la estuviese leyendo le diesen de
puñaladas, y así al Cortés como á todos los capitanes y soldados que
cerca de Cortés nos hallásemos en su defensa.
Pues ya hecho y consultado todo lo por mí dicho, los que lo tenian
concertado, quiso nuestro Señor que dieron parte del negocio á dos
personas principales, que aquí tampoco quiero nombrar, que habian ido
en la entrada con nosotros, y aun á uno dellos en el concierto que
tenian le habian nombrado por uno de los capitanes generales despues
que hubiesen muerto á Cortés; y asimismo á otros soldados de los de
Narvaez hacian alguacil mayor é alférez, y alcaldes y regidores,
y contador y tesorero y veedor, y otras cosas deste arte, y aun
repartido entre ellos nuestros bienes y caballos; y este concierto
estuvo encubierto dos dias despues que llegamos á Tezcuco; y nuestro
Señor Dios fué servido que tal cosa no pasase, porque era perderse la
Nueva-España y todos nosotros muriéramos, porque luego se levantaran
bandos y chirinolas.
Pareció ser que un soldado lo descubrió á Cortés, que luego pusiese
remedio en ello ántes que más fuego sobre aquel caso se encendiese;
porque le certificó aquel buen soldado que eran muchas personas de
calidad en ello; y como Cortés lo supo, despues de hacer grandes
ofrecimientos y dádivas que le dió á quien se lo descubrió, muy presto
secretamente lo hace saber á todos nuestros capitanes, que fueron Pedro
de Albarado é Francisco de Lugo, y á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de
Sandoval, é Andrés de Tapia é á mí y á dos alcaldes ordinarios que eran
de aquel año, que se decian Luis Marin y Pedro de Ircio, y á todos
nosotros los que éramos de la parte de Cortés; y así como lo supimos,
nos apercebimos, y sin más tardar fuimos con Cortés á la posada de
Antonio de Villafaña, y estaban con él muchos de los que eran en la
conjuracion, y de presto le echamos mano al Villafaña con cuatro
alguaciles que Cortés llevaba, y los capitanes y soldados que con el
Villafaña estaban comenzaron á huir, y Cortés les mandó detener y
prender algunos dellos.
Y cuando tuvimos preso al Villafaña, Cortés le sacó del seno el
memorial que tenia con las firmas de los que fueron en el concierto
que dicho tengo; y como lo hubo leido vió que eran muchas personas en
ello de calidad, é por no infamarlos, echó fama que comió el memorial
el Villafaña, y que no le habia visto ni leido, é luego hizo proceso
contra él; y tomada la confesion, dijo la verdad, é con muchos
testigos que habia de fe y de creer, que tomaron sobre el caso, por
sentencia que dieron los alcaldes ordinarios, juntamente con Cortés y
el maestre de campo Cristóbal de Olí, y despues que se confesó con el
padre Juan Diaz, le ahorcaron de una ventana del aposento donde posaba
el Villafaña; y no quiso Cortés que otro ninguno fuese infamado en
aquel mal caso, puesto que en aquella sazon echaron presos á muchos
por tener temores y hacer señal que queria hacer justicia de otros; y
como el tiempo no daba lugar á ello, se disimuló; y luego acordó Cortés
de tener guarda para su persona, y fué su capitan un hidalgo que se
decia Antonio de Quiñones, natural de Zamora, con doce soldados, buenos
hombres y esforzados, y le velaban de dia y de noche, y á nosotros de
los que sentia que éramos de su banda, nos rogaba que mirásemos por su
persona.
Y desde allí adelante, aunque mostraba gran voluntad á las personas que
eran en la conjuracion, siempre se recelaba dellos.
Dejemos esta materia, y digamos cómo luego se mandó pregonar que
todos los indios é indias que habiamos habido en aquellas entradas
los llevasen á herrar dentro de dos dias á una casa que estaba
señalada para ello; y por no gastar más palabras en esta relacion
sobre la manera que se vendia en la almoneda, más de las que otras
veces tengo dichas en las dos veces que se herraron, si mal lo habian
hecho de ántes, muy peor se hizo esta vez, que, despues de sacado el
real quinto, sacaba Cortés el suyo, y otras treinta socaliñas para
capitanes; y si eran hermosas y buenas indias las que metiamos á
herrar, las hurtaban de noche del monton que no parecian hasta de ahí
á buenos dias; y por esta causa se dejaban de herrar muchas piezas que
despues teniamos por naborías.
Dejemos de hablar en esto, y digamos lo que despues en nuestro real se
ordenó.