CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS EN TEZCUCO, Y CÓMO VINO NUEVA QUE HABIA
VENIDO AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN NAVÍO, Y LOS PASAJEROS QUE EN ÉL
VINIERON; Y OTRAS COSAS QUE PASARON DIRÉ ADELANTE.
Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con gran presa de esclavos, y
otros muchos que se habian habido en las entradas pasadas, fué acordado
que luego se herrasen; y de que se hubo pregonado que se llevasen á
herrar á una casa señalada, todos los más soldados llevamos las piezas
que habiamos habido, para echar el hierro de su majestad, que era una
G, que quiere decir guerra, segun y de la manera que lo teniamos de
ántes concertado con Cortés, segun he dicho en el capítulo que dello
habla, creyendo que se nos habia de volver despues de pagado el real
quinto, que las apreciasen cuánto podia valer cada pieza; y no fué
ansí, porque si en lo de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra
vez dicho tengo, muy peor se hizo en esto de Tezcuco, que despues que
sacaban el real quinto, era otro quinto para Cortés y otras partes
para los capitanes; y en la noche ántes cuando las tenian juntas nos
desaparecieron las mejores indias.
Pues como Cortés nos habia dicho y prometido que las buenas piezas
se habian de vender en el almoneda por lo que valiesen, y las que no
fuesen tales por ménos precio, tampoco hubo buen concierto en ello,
porque los oficiales del Rey que tenian cargo dellas hacian lo que
querian; por manera que si mal se hizo una vez, esta vez peor; y desde
allí adelante muchos soldados que tomábamos algunas buenas indias,
porque no nos las tomasen, como las pasadas, las escondiamos y no las
llevábamos á herrar, y deciamos que se habian huido; y si era privado
de Cortés, secretamente la llevaban de noche á herrar y las apreciaban
en lo que valian y les echaban el hierro y pagaban el quinto; y otras
muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deciamos que eran naborías
que habian venido de paz de los pueblos comarcanos y de Tlascala.
Tambien quiero decir que como ya habia dos ó tres meses pasados que
algunas de las esclavas que estaban en nuestra compañía y en todo el
real conocian á los soldados cuál era bueno é cuál malo, y trataba bien
á las indias naborías que tenia ó cuál las trataba mal, y tenian fama
de caballeros, y de otra manera cuando las vendian en el almoneda, y
si las sacaban algunos soldados que las tales indias ó indios no les
contentaban ó las habian tratado mal, de presto se les desaparecian que
no las vian más, y preguntar por ellas era por demás; y en fin, todo se
quedaba por deuda en los libros del Rey, ansí en lo de las almonedas y
los quintos; y al dar las partes del oro se consumió, que ningunos ó
muy pocos soldados llevaron partes, porque ya lo debian, y aun muchos
más pesos de oro que despues cobraron los oficiales del Rey.
Dejemos esto, y digamos cómo en aquella sazon vino un navío de
Castilla, en el cual vino por tesorero de su majestad un Julian de
Alderete, vecino de Tordesillas, y vino un Orduña el viejo, vecino
que fué de la Puebla, que despues de ganado Méjico trajo cuatro ó
cinco hijas, que casó muy honradamente; era natural de Tordesillas; y
vino un fraile de San Francisco que se decia fray Pedro Melgarejo de
Urrea, natural de Sevilla, que trajo unas bulas de señor San Pedro, y
con ellas nos componian si algo éramos en cargo en las guerras en que
andábamos; por manera que en pocos meses el fraile fué rico y compuesto
á Castilla; trajo entónces por comisario y quien tenia cargo de las
bulas á Jerónimo Lopez, que despues fué secretario en Méjico; vinieron
un Antonio Carvajal, que ahora vive en Méjico, ya muy viejo, capitan
que fué de un bergantin; y vino Jerónimo Ruiz de la Mota, yerno que
fué, despues de ganado Méjico, del Orduña, que ansimismo fué capitan
de un bergantin, natural de Búrgos; y vino un Briones, natural de
Salamanca; á este Briones ahorcaron en esta provincia de Guatimala por
amotinador de ejércitos, desde á cuatro años que se vino huyendo de lo
de Honduras; y vinieron otros muchos que ya no me acuerdo, y tambien
vino un Alonso Diaz de la Reguera, vecino que fué de Guatimala, que
ahora vive en Valladolid; y trajeron en este navío muchas armas y
pólvora, y en fin como navío que venia de Castilla, é vino cargado de
muchas cosas, y con él nos alegramos, y de las nuevas que de Castilla
trajeron no me acuerdo bien; más paréceme que dijeron que el Obispo
de Búrgos ya no tenia mano en el Gobierno, que no estaba su majestad
bien con él desque alcanzó á saber de nuestros muy buenos é notables
servicios, y como el Obispo escribia á Flandes al contrario de lo
que pasaba y en favor de Diego Velazquez, y halló muy claramente su
majestad ser verdad todo lo que nuestros procuradores de nuestra parte
le fueron á informar, y á esta causa no le oia cosa que dijese.
Dejemos esto, y volvamos á decir que como Cortés vió los bergantines
que estaban acabados de hacer, y la gran voluntad que todos los
soldados teniamos de estar ya puestos en el cerco de Méjico, y en
aquella sazon volvieron los de Chalco á decir que los mejicanos venian
sobre ellos, y que les enviasen socorro; y Cortés les envió á decir
que él queria ir en persona á sus pueblos y tierras, y no se volver
hasta que á todos los contrarios echase de aquellas comarcas; y mandó
apercebir trecientos soldados y treinta de á caballo, y todos los más
escopeteros y ballesteros que habia, y gente de Tezcuco; y fué en su
compañía Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, y
ansimismo fué el tesorero Julian de Alderete, y el fraile fray Pedro
Melgarejo, que ya en aquella sazon habia llegado á nuestro real; é yo
fuí entónces con el mismo Cortés, porque me mandó que fuese con él; y
lo que pasamos en aquella entrada diré adelante.