CÓMO CORTÉS, DESPUES DE BIEN INFORMADO DE QUIÉN ERA CAPITAN Y QUIÉN Y
CUÁNTOS VENIAN EN LA ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS DE GUERRA QUE TRAIA, Y
DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS QUE Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ
AL CAPITAN É Á OTROS SUS AMIGOS, ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE DUERO,
SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y TAMBIEN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA
ORO Y ROPA AL NARVAEZ, Y LAS PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DECIR EL NARVAEZ
AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO VENIA EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LÚCAS
VAZQUEZ DE AILLON, OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE SANTO DOMINGO, É LA
INSTRUCCION QUE TRAIAN.
Como Cortés en todo tenia cuidado y advertencia, y cosa ninguna se le
pasaba que no procuraba poner remedio, y como muchas veces he dicho
ántes de ahora, tenia tan acertados y buenos capitanes y soldados,
que, demás de ser muy esforzados, dábamos buenos consejos, acordóse
por todos que se escribiese en posta con indios que llevasen las
cartas al Narvaez ántes que llegase el clérigo Guevara, con muchas
caricias y ofrecimientos que todos á una le hiciésemos, y que hariamos
todo lo que su merced mandase; y que le pediamos por merced que no
alborotase la tierra, ni los indios viesen entre nosotros disensiones;
y esto deste ofrecimiento fué por causa que, como éramos los de Cortés
pocos soldados en comparacion de los que el Narvaez traia, porque nos
tuviese buena voluntad y para ver lo que sucedia; y nos ofrecimos por
sus servidores, y tambien debajo destas buenas palabras no dejamos de
buscar amigos entre los capitanes de Narvaez: porque el padre Guevara y
el escribano Vergara dijeron á Cortés que Narvaez no venia bienquisto
con sus capitanes, y que les enviase algunos tejuelos y cadenas de
oro, porque dádivas quebrantan peñas: y Cortés les escribió que habia
holgado en gran manera él y todos nosotros sus compañeros con su
llegada á aquel puerto; y pues son amigos de tiempos pasados, que le
pide por merced que no dé causa á que el Montezuma, que está preso, se
suelte y la ciudad se levante, porque será para perderse él y su gente,
y todos nosotros las vidas, por los grandes poderes que tiene: y esto,
que lo dice porque el Montezuma está muy alterado y toda la ciudad
revuelta con las palabras que de allá le ha enviado á decir; é que cree
y tiene por cierto que de un tan esforzado y sábio varon, como él
es no habian de salir de su boca cosas de tal arte dichas, ni en tal
tiempo, sino que el Cervantes el chocarrero y los soldados que llevó
consigo, como eran ruines lo dirian.
Y demás de otras palabras que en la carta iban, se le ofreció con su
persona y hacienda, y que en todo haria lo que mandase.
Y tambien escribió Cortés al secretario Andrés de Duero y al oidor
Lúcas Vazquez de Aillon, y con las cartas envió ciertas joyas de oro
para sus amigos; y despues que hubo enviado esta carta secretamente,
mandó dar al oidor cadenas y tejuelos y rogó al padre de la Merced que
luego tras la carta fuese al real de Narvaez; y le dió otras cadenas
de oro y tejuelos, y joyas muy estimadas que diese allá á sus amigos,
y así como llegó la primera carta que dicho habemos que escribió
Cortés con los indios ántes que llegase el padre Guevara, que fué el
que Narvaez nos envió, andábala mostrando el Narvaez á sus capitanes,
haciendo burla della y aun de nosotros; y un capitan de los que traia
el Narvaez, que venia por veedor, que se decia Salvatierra, dicen que
hacia bramuras desque la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, que
para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él
estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á
vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la
una dellas; y decia otras liviandades.
Por manera que no quiso responder á la carta ni nos tenia en una
castañeta.
Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su Real,
y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran servidor
del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas ciudades
que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que le será
servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por paz y sin
ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire el señor
Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la gente que
trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias; pues hay
tierras hartas donde se pueden albergar.
É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con el
padre Guevara y con el Amaya, que no los queria despues más ver ni
escuchar; y desque los del real de Narvaez los vieron ir tan ricos
al padre Guevara y al escribano Vergara é á los demás, y les decian
secretamente á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é de todos
nosotros, é que habian visto tanta multitud de oro que en el real
andaba en el juego de los naipes, muchos de los de Narvaez deseaban
estar ya en nuestro real; y en este instante llegó nuestro padre de
la Merced, como dicho tengo, al real de Narvaez con los tejuelos que
Cortés les dió y con cartas secretas, y fué á besar las manos al
Narvaez, é á decille cómo Cortés hará todo lo que le mandare, é que
tenga paz y amor; é como el Narvaez era cabezudo y venia muy pujante,
no lo quiso oir; ántes dijo delante del mismo padre que Cortés y todos
nosotros éramos unos traidores; é porque el fraile respondió que ántes
éramos muy leales servidores del Rey, le trató mal de palabra; y muy
secretamente repartió el fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien
Cortés le mandó y convocaba y atraia á sí los más principales del real
de Narvaez.
Y dejallo hé aquí, y diré lo que al oidor Lúcas Velazquez de Aillon y
al Narvaez les aconteció, y lo que sobre ello pasó.