CABOS SUELTOS
Literatura y Lingüística
[Ilustración]
PERLADO, PÁEZ Y COMP.ª
SUCESORES DE HERNANDO
Arenal, 11, y Quintana, 31 y 33.--Madrid.
1907
Esta obra es propiedad
del autor.
Queda hecho el depósito
que marca la ley.
Á MI QUERIDO DISCÍPULO
DON JOSÉ ORTEGA GASSET
Allá te van dedicados, mi querido Pepe, esos articulejos, que según
iban saliendo en revistas y periódicos con tanto gusto leiste y más
de lo que ellos se merecían me alabaste. Niñerías habrán de parecerte
ahora, según son de hondas las filosofías en que andas metido por la
docta Alemania, y ricas y cada día más nuevas las humanidades que te
traen tan sabrosamente entretenido. Pero como lleven alguna doctrina,
para aquí algún tanto nueva, me ha parecido recogerlos en un tomito,
que, si no á los maestros, pudieran ser de provecho á los que ya
comienzan á aficionarse á estas cosas por esta nuestra España. Y ya
era hora que retoñase en ella, ó apuntase al menos, algún renuevo de
aquellas tan arraigadas aficiones filológicas que dieron lustre á
nuestras letras, renombre á nuestros humanistas y donosura á nuestra
lengua castellana. Con ser tan corrientes y molientes fuera de aquí las
más de mis doctrinas lingüísticas, tiénenlas no pocos por desusadas y
aun revolucionarias: tan recio es el tesón de nuestra casta, tan grande
el apego á lo que una vez se le asentó, tan no hacedero el desasirla y
destrabarla de lo que con empeño aferró y prendió.
Por otro cabo, la gente moza, que siente en el rostro las blandas
caricias con que le halagan los aires extranjerizos que corren, más que
en el corazón las grandezas nacionales que pasaron y ellos tienen por
áurea y embustera leyenda, bien así como tiene por quimera el ver aquel
que nació ciego, ó por quijotismos extravagantes cualquier empresa
levantada el que se crió con pecho apocado y mezquino, no saben ni
quieren apreciar nuestra lengua en lo que se aparta de la francesa,
ni reconocer la reciura del sentir y la naturalidad del fantasear de
nuestros añejos escritores.
Traer por acá lo bueno de lo moderno y despertar las ganas de conocer
lo bueno de lo viejo y castizo, son los dos intentos que, como
siempre me he propuesto, espero se dejen traslucir en estos ligeros
escritos. En los cuales en lo tocante á la manera del decir no poco
te desagradará, como á mí mismo me descontenta, por ser algunos ya
trasañejados y de mis primeros escritos. Supla la sinceridad y buena
intención mía, y la indulgencia tuya y de mis amigos que los hayan de
leer.
Tu siempre afectísimo amigo,