Promedio 21.176.528 28.846.583

El resumen de estos datos demuestra que en el año 1879 la exportación

sólo superaba á la importación en 500.000 pesos, y que en el año 1889

el fomento de la producción es tal en Filipinas, que duplicando la

exportación supera en más de 10 millones de pesos á la importación.

La agricultura es lo que más prospera en la fértil Filipinas. Fuera

del consumo local, que no debe ser insignificante, exportó en el

año 89, 12.500.000 pesos en azúcares, más de 14 millones en abacá,

2.500.000 en café, más de 3 millones en tabaco y cerca de 500.000

en cocos; es decir, que casi su total exportación, ó sean más de 30

millones de pesos de los 35 á que ésta se eleva, tienen su origen en

la agricultura; y como quiera que el chino no se dedica á las faenas

del campo, y la emigración peninsular tampoco aporta esta clase de

elementos, tenemos, que aquella raza tan vejada, el indio, que por no

prestarse á las indignas explotaciones que de él requiere el ignorante,

incapaz de apreciar los sanos preceptos de la colonización española,

después de cubrir todas sus necesidades, lanza al exterior enormes

cantidades de los apreciadísimos productos de su suelo.

Ahora bien; si el problema de los cambios sobre la península acarrea

á Filipinas una atmósfera preñada de desconfianzas y suspicacias,

con notable perjuicio del comercio español y de las relaciones

estrechas que deben existir entre dos pueblos cobijados por una misma

enseña nacional, esto no hay que cargarlo en el debe de aquel país;

de ello son directamente responsables los que toleran tan indignas

explotaciones, amasadas con su propio desprestigio. Filipinas remite á

España más productos que de ella recibe. Desde Filipinas se remesan á

Inglaterra y otros países enormes cantidades de productos agrícolas,

que superan en algunos millones de pesos á lo que aquellos importan

en el Archipiélago.

De ésto resulta, que la producción filipina sitúa en Europa cantidades

suficientes para responder con exceso á cuantas garantías pudieran

exigir de un país floreciente las naciones que con él sostengan

relaciones mercantiles.

Fácil es deducir por los anteriores datos, que en Filipinas esos

elementos productores que son el nervio y la vida del comercio, y que

tan ineptos se les cree en nuestro país, ponen en juego mayor suma de

actividad en las explotaciones agrícolas que el raquítico comercio,

intermediario entre el productor y los mercados consumidores de Europa

y América.

La usura es otra de las calamidades que afligen en grado superlativo

á la agricultura filipina; tan escandalosa es en aquel país la

explotación por este medio hecha del pequeño agricultor, que puede

decirse, con toda seguridad, que su monopolio es causa de porfiadas

luchas en la provisión de los cargos de funcionarios municipales,

puesto que la autoridad del _Gobernadorcillo_ es la que facilita el

cobro de las cantidades ó productos que remuneran tan _honradísimo

comercio_.

Esto, como es natural, aminora el estímulo por la escasez de beneficio

y determina una notable disminución en la riqueza por el menor número

de cultivadores.

Resumiendo cuanto llevamos dicho, á fin de robustecer y justificar

nuestra opinión en tan interesante asunto, somos de parecer que un

pueblo como el filipino, que etnográficamente considerado se encuentra

en la misma situación que se hallaba hace tres siglos, cuando el

país fué ocupado de un modo efectivo por nuestros antepasados, en el

que los caracteres etnológicos de sus moradores no han sufrido más

transformación que la variante en sus creencias religiosas, y que,

á pesar de ésto, tan admirablemente se adapta á los adelantos de la

época, es forzoso concederle que camina á pasos agigantados en la

senda del progreso. La agricultura, que hace cincuenta anos tenía

limitadas sus operaciones á satisfacer las necesidades del consumo

local, crece de un modo fabuloso, traspasa sus ordinarios límites,

y llega á Europa y América con sus productos, logrando que se los

tenga en grande estima.

El comercio secunda estas iniciativas prestándose á la obra con que

el agricultor le brinda, aunque cegado por la avaricia neutraliza

una gran parte de las energías productoras.

La industria se asimila los adelantos más adecuados á la perfección

y bondad de sus productos, viendo su importancia restringida en

la parte de fabricación por la especial constitución geológica del

país. La población se duplica en cuarenta años. El indio presiente

el espíritu democrático del siglo, y todo en fin, refleja en aquel

país las ansias de una perfección retardada por los accidentes de

la historia. Sólo una cosa conserva allí la secular organización y

carácter que se le imprimiera hace siglos: la Administración del

Estado en sus diferentes ramos. Esta, se distingue en un todo de

cuanto rige en las demás colonias del mundo.

Si bien el carácter del legislador resulta simpático por la democracia

que de sus disposiciones emana, los encargados de vigorizar éstas

mismas las desfiguran en su aplicación á la práctica, exornándolas

de una aureola de suspicacias y recelos que les dá carácter despótico

y anti-nacional de que en su esencia se encuentran desposeídas y que

estuvo siempre lejos del ánimo del legislador.

El rehuir la enseñanza del idioma patrio y las trabas puestas á la

radicación del elemento peninsular son los dos grandes borrones de

la Administración de España en Filipinas, constituyendo formidable

barrera interpuesta entre el europeo y el indígena, imposibilitados

de fraternizar sin mediadores tan poderosos como son la comunidad en

la familia y en el idioma, cuando la unidad de creencias religiosas

estrecha la distancia de dos pueblos tan profundamente identificados,

á pesar de la enorme distancia etnográfica con que la naturaleza les

ha separado.

Esta es la exposición del estado en que según nuestra apreciación se

encuentran hoy las Filipinas, si bien dejando de tratar algunas de

las condiciones sociológicas y políticas, de las que hemos creído

prudente prescindir por no lanzar censuras en las cuales haríanse

resaltar las suspicacias injustificadas, causantes del abandono en

que los principios que informan el derecho civil se tienen en aquel

país, en el que no existiendo palpitaciones políticas que repercutan

unísonas al compás del gran corazón de la patria, mantienen en la

más punible orfandad á los que veneran los principios de una unidad

imperecedera como origen de próspera fraternidad, dejando el campo

libre sin otro atractivo en estos ideales á aquellos que por ambición

desmedida é injustificada sustentan las bastardas pasiones de un

prematuro separatismo.

De estos principios hemos de partir para fundamentar el concepto

formado de aquellas reformas consideradas indispensables por la

opinión, si España ha de modelar en las Filipinas bases robustas en

que se asientan las aspiraciones de un porvenir venturoso, libre de

las asechanzas y turbulencias que sin fruto agotan las energías de

nuestros hermanos de América, debilitando su unidad y poniéndolos en

el trance bochornoso de encontrarse fustigados en su soberanía por

aquel coloso del Norte, que hambriento de dominio aspira á relegarlos

al triste estado de provincias conquistadas.

El porvenir de Filipinas estriba en la oportunidad con que se planteen

las dos reformas hace tiempo señaladas por aquella parte de la opinión,

que imparcial y conocedora del país, juzga como suyos los triunfos de

una administración continuadora de los sanos principios que atesoran

las sabias leyes dictadas por nuestros antepasados, celosos de que la

preponderancia del poderío colonial de España estuviese fundamentada

en la hidalguía de sus principios humanitarios.

Estas reformas, que son la colonización y el encauzamiento del

comercio hacia la metrópoli, tienen una aspiración única, y ésta es

la españolización del país por la extensión de la raza peninsular,

que en su mezcla con la indígena dá origen á ese otro pueblo vigoroso

y enérgico que hoy lleva el nombre de mestizo. Esta nueva raza tiene

demostrado que desde el claustro universitario al campo de batalla,

sin dejar en claro la atmósfera ideal del arte, todo lo domina,

contando con aptitudes para servir de base á una nación briosa, que

tanto frente al poderío japonés como ante las colonias de explotación

con que le rodean ingleses y holandeses, sea gallarda representación de

la gran moralidad y extraordinarias facultades que para la colonización

atesora el pueblo ibero.

Para conseguir esto, es necesario prescindir de la suspicaz y

sistemática enemiga que nuestra burocracia mantiene contra esta raza

mezclada, y dejar á un lado temores imaginarios que hacen apreciar

á las Filipinas como fosa siempre abierta para el europeo.

Es necesario que en grandes cantidades llevemos allí nuestra sangre;

pero no la sangre anémica que engendra la atmósfera impura de las

grandes ciudades, sino la vigorosa que anima y dá energías á nuestros

cultivadores para no desmayar en las rudas faenas con que fructifican

sus campos, yermos ya de tanto producir.

Ha llegado el momento en que la colonización de las Filipinas con

elementos peninsulares se impone; pero no una colonización en la que

se pretenda abusar de la superioridad de raza de uno de los elementos

sobre el otro para establecer una esclavitud más ó menos embozada.

No una colonización como la seguida por civilizado país de Europa en

vecina próxima de las Filipinas; me refiero á Holanda y Java.

En aquel territorio, la perversión del sentido moral llega á su más

alto grado; allí se encuentra organizado por los que representan

el progreso un plan de explotación cual no se registra otro ejemplo

en las colonias contemporáneas, manteniendo á sus habitantes en el

mismo estado de atraso en que hace siglos se encontraban, con la

sola diferencia de que en época más remota fueron los árabes la raza

superior y explotadora; y hoy se encuentra en el pleno goce de tan

inícuo monopolio, una de las naciones que, si no por su extensión

territorial, sí por su cultura, blasona en Europa de encontrarse á

la cabeza del progreso intelectual.

Las bases fundamentales que conforme á los progresos de la ciencia y

á las leyes de la historia estamos obligados á implantar de un modo

enérgico en Filipinas, si hemos de españolizarlas, están claramente

marcadas en aquellos principios sociológicos que huyendo de las

utópicas teorías de nuestras antiguas leyes, hacen de la industria

y el comercio el más seguro agente para la divulgación del progreso,

quedando la fuerza relegada á mero auxiliar de la obra civilizadora

que se ejecuta.

De ésto se deduce, que la colonización debe efectuarse en condiciones

que llene aquellos fines, armonizando el bienestar del elemento

colonizador y del colonizado, y fomentando el desarrollo de la riqueza

mediante una acertada explotación de sus productos naturales, que

lo mismo beneficie á los indígenas, sin distinción alguna de castas,

que á los nacidos en la península, cuya misión allí no es de dominio

ni de conquista, puesto que las colonias, como sabiamente disponen

nuestras leyes, sólo deben ser una continuación de la metrópoli por la

extensión de la raza, que al confundirse con la indígena le presta

los elementos indispensables para su transformación etnológica,

poniéndola en condíciones de alcanzar el nivel intelectual de los

pueblos civilizados.

Practicando rigurosamente este principio, lograremos contrarrestar

esa ley fatal de la Historia que impide en nuestra raza el que la

influencia directa de la metrópoli obre sobre la colonia hasta su

completa mayoría de edad moral.

¿Queremos que no ocurra en Filipinas lo que con la América latina? Pues

hagamos dos cosas: explotemos convenientemente el suelo haciéndole

producir los ricos tesoros de su fecundización, y no perdamos medio

para que miles de familias peninsulares lleven á aquellos lejanos

países sus energías, sus conocimientos y adelantos, mezclen su sangre

con la del indio, creen allí intereses y alejen por completo la más

remota sospecha de una separación violenta.

Por último, nos permitiremos hacer algunas indicaciones que, aunque

no se fundamenten en bases de origen conocido, el patriotismo,

que presiente á veces con delicado instinto la más tenue nube que

pueda empañar el claro horizonte que circunda la tranquilidad de la

nación, nos obliga á manifestar algunos recelos nacidos al comparar

los distintos elementos que constituyen la población y la riqueza en

el estado actual de las Filipinas.

Lo mismo que anteriormente, consideramos como un deber el sincerar al

filipino del erróneo concepto en que se le tiene en nuestra patria,

distanciando así dos pueblos íntimamente ligados por lazos que

pueden llegar á ser indestructibles; también creemos que aquel país

se encuentra muy próximo, á la resbaladiza pendiente que vendría

á determinar graves conflictos, funestos para la gran patria que

veneran todos los buenos españoles.

Por eso nos permitimos recordar á los poderes constituídos

que en Filipinas el comercio peninsular no tiene arraigo y la

representación de nuestra raza es muy raquítica para poder neutralizar

el incontrastable empuje del elemento asiático que allí impera, no

sólo por el número, que ya hacen respetable los cien mil mestizos

sangleyes que existen, sino por ser los principales acaparadores de

la riqueza del país y encontrarse perfectamente organizados y con una

unión que distan mucho de imitar nuestros compatriotas, por más que

ésto obedezca á manejos que, si hoy no alcanzan á llamarse políticos,

pudieran ser precursores de una hostilidad que en momento dado diese

funestos resultados para la integridad de la patria, ocasionando

desquiciamientos siempre dolorosos cuando no están justificados por

las leyes naturales del progreso.

Las islas Filipinas, que comprenden una gran porción de la subdivisión

Oceánica llamada Malasia, ocupan un área de 80.000 leguas cuadradas, en

la que se encuentran repartidas sobre unas 1.200 islas que alcanzan en

junto á más de 300.000 kilómetros cuadrados de territorio. Entre éstas,

las más importantes, aquellas de que nos hemos de ocupar, no exceden

de 20, que son las que por su situación geográfica, su extensión

y riqueza, historia, usos y costumbres, determinan la formación de

grupos distintos cuyo estudio es de interés en esta ocasión.

Entre todas, y á modo de ramilletes gigantescos festoneados con las

espléndidas frondas de aquella exuberante y rica vegetación tropical,

circundan limitándola una gran porción de agua; mar interior que

á semejanza del Mediterráneo en nuestra Europa, ha sido y será

por largo tiempo el foco convergente de las más potentes energías

del Archipiélago, de la industria y del comercio, y donde la mayor

densidad de población acusa con su plétora de vida el bienestar que

la riqueza proporciona.

Sus aguas son surcadas de contínuo por frágiles embarcaciones que

transportan los productos de unas á otras islas, sosteniendo un activo

tráfico de cabotaje, que reuniendo las mercancías en los puertos de

Cebú, Ilo-Ilo y otros menos importantes, los ponen en condiciones

de abastecer el gran mercado del Archipiélago, Manila, y exportar

directamente al exterior enormes cantidades de azúcar, café, cacao,

abacá, tabaco y otra infinidad de productos que por su bondad son

tenidos en grande estima.

El mar de Joló ó de Mindoro, que con ambos nombres se le designa, está

limitado al N. por la costa S. de Luzón, comprendiendo las provincias

de Batangas, Tayabas, Camarines y Albay. Por el E. Mindoro y la

dilatada isla de Paragua, que corriéndose desde esta última hasta

la de Borneo lo cierra por aquella parte formando el estrecho de

Balábac. Al O. Samar, Leyte y Mindanao le separan del Pacífico, con

el que sólo comunica por algunos estrechos de tan corta latitud que

en la subida y bajada de mareas su navegación es peligrosisima por la

impetuosa corriente de las aguas que los cruzan. Por el S. constituyen

su barrera una serie de pequeñas islas que forman los Archipiélagos de

Joló y Tauitaui, grupos insignificantes por su extensión territorial,

pero el más poderoso baluarte, desde el cual las feroces y piráticas

huestes mahometanas han sembrado la desolación y la ruina de aquellas

costas, las más ricas del Archipiélago, llevándolo todo á sangre y

fuego, esclavizando á los hombres robustos, violando á las doncellas

y dando muerte cruel al anciano, cuyos músculos no fuesen capaces de

soportar la dura faena del remo.

En el NO. del mar de Mindoro que dejamos reseñado, y como espléndido

remate á la admirable posición geográfica con que la naturaleza ha

dotado á las Filipinas, tanto en relación con los países inmediatos

como también para facilitar el fomento de la propia riqueza, se

encuentra el grupo de las Visayas, islas hasta hace poco relegadas

al más vergonzoso atraso bajo la tiránica opresión de la piratería

joloana, pero que influídas hoy por el ambiente de paz que hace años

disfrutan, constituyen con las inmediatas provincias del S. de Luzón

el emporio verdadero de la riqueza y de la producción en aquel país.

_Panay._--La más rica comercial y la que por su producción es llamada,

con justicia, el granero de Filipinas. Sus 11.500 km. superficiales

albergan cerca de un 1.000.000 de habitantes. En sus costas se

encuentra el puerto de Ilo-Ilo, el segundo del Archipiélago por la

cuantía de la exportación y por su importancia mercantil.

_Negros._--Que deshabitada hace cuarenta años cuenta hoy con 250.000

habitantes en un territorio de 8.000 km.2 Está reputada de que en

sus fértiles vegas se cosecha en gran parte la enorme exportación

azucarera que sostiene el Archipiélago.

_Cebú._--La más industrial de todas; la que con Panay comparte la

fabricación del riquísimo _nipis_, tela preciosa que sostiene con

ventaja la competencia con los más preciados tejidos extranjeros.

Nos dá el ejemplo de su valía, con la construcción, sin el auxilio

oficial, de líneas férreas que den salida á los carbones que en sus

entrañas atesora; y que en sus 4.183 km. de superficie, cuenta con

una industriosa población de más de 350.000 habitantes.

_Leyte._--Aunque no tan rica y habitada como las que dejamos

reseñadas, Leyte vá progresando rápidamente, llegando hoy á contar

con más de 250.000 almas en los 9.500 km. que constituyen su extensión

superficial. En día no lejano las riquísimas minas de hierro que en sus

entrañas esconde esta isla, darán lugar á reproductivas explotaciones,

como hoy ya se hacen con los azufrales de Burauen.

La isla de Bohol ó Bojol, esa á la que Cavada llama la hija desheredada

de esta espléndida naturaleza intertropical, comprende una superficie

de 3.250 km., ocupada por 250.000 habitantes.

El calificativo aplicado por Cavada á este territorio pudo ser

de oportunidad en otra época; hoy Bojol aumenta rápidamente las

explotaciones agrícolas, cosechando en gran cantidad el café más

apreciado, cuyo cultivo concluirá por invadir una gran parte de los

territorios que se mantienen incultos.

_Masbate._--Próxima á las costas de Luzón; en sus feraces territorios

apacentan las más famosas ganaderías del Archipiélago.

_Mindoro._--Muy extensa, pero tan despoblada, que sólo cuenta con unos

67.000 habitantes en los 10.167 km. superficiales que la constituyen.

La riqueza forestal de esta isla es tan grande y variada, que puede

compensar con exceso las dificultades que la roturación presentara para

el cultivo de sus campos, efectuado por una inteligente explotación

agrícola.

Allí abundan las maderas preciosas, representadas por el ébano y

sándalo: las de utilidad, como el molave, dungón, ipil y otras,

que aparte su aplicación en las edificaciones urbanas alcanzarían

gran estima si llegasen á ser empleadas en la construcción de líneas

férreas.

El Ilang-Ilang, ese árbol precioso que en la esencia de su flor, no

sólo encierra el más preciado de los perfumes, sino también un elemento

de riqueza, forma en Mindoro bosques extensos donde la codicia del

hombre, ciega por el deseo del lucro, no se contenta con el producto

de la flor, y destruye miles de plantas para obtener de su jugo una

pequeñísima parte del codiciado líquido; exígua recompensa que pone

de manifiesto _él exceso de avaricia, la falta de sentido práctico_

que se observa en la explotación de los veneros de riqueza que atesora

el Archipiélago.

La despoblación de esta isla está plenamente justificada.

Los moros necesitaban un punto de apoyo y refugio en el progresivo

desarrollo que hacia el N. del Archipiélago daban contínuamente á sus

periódicas excursiones piráticas, y ésto lo encontraron sin tener que

vencer grandes resistencias, en las magníficas ensenadas de Mamburao

y Paluan, donde se mantuvieron hasta nuestro siglo.

Los naturales, sujetos á la más terrible esclavitud, emigraron á las

provincias próximas, quedando reducida la población á los infieles,

que parapetados en lo abrupto de los montes, supieron mantener su

independencia.

_Samar._--La más próxima á Luzón, de la que sólo le separa el estrecho

de San Bernardino. Hace cincuenta años la isla de Samar estaba

casi despoblada, siendo grande el atraso de su reducido número de

habitantes. La asombrosa fertilidad del suelo ha hecho afluír á ella

gran número de capitales dedicados exclusivamente á las explotaciones

agrícolas, donde se cosechan con excelentes resultados todos aquellos

productos que, como el café y tabaco, se prestan más á la exportación.

Samar goza de tan excelente salubridad, y sus terrenos admirables

son tan ricos y de topografía tan adecuada para el cultivo, que al

fundarse hace pocos años una colonia agrícola compuesta de peninsulares

exclusivamente, procedentes del regimiento de Artillería que guarnece

á Manila, fué elegido por unanimidad como punto el más adecuado y

donde podían esperarse más brillantes resultados, esperanza que los

hechos han coronado del éxito más completo.

Su extensión superficial es de 12.175 km. y 200.000 próximamente el

número de sus habitantes.

En el confín opuesto á Samar y Leyte, y sirviendo de barrera entre

el mar de Mindoro y el de China, se encuentra la isla de la Paragua,

extensa faja terrestre de 420 km. de longitud y que no alcanza á 40

km. en su mayor anchura, y á 14.000 de extensión superficial. Su

riqueza forestal es enorme, y en la actualidad hay hechas en ella

importantísimas concesiones para la colonización de su territorio.

Terminada esta ligerísima reseña de las más importantes islas que

componen el grupo central del Archipiélago, resta sólo esbozar lo que

son y valen aquellas dos grandes islas que la limitan, la una por el

N. y la otra por el S., Luzón y Mindanao.

La isla de Luzón, la que constituye el extremo N. de aquellos

territorios, requeriría por sí sola un grueso volumen si hubiésemos

de dar somera idea de las castas que la pueblan, de su territorio y de

la inmensa riqueza minero-forestal con que la naturaleza le ha dotado.

Cuenta con una extensión superficial de más de 100.000 kilómetros,

ó sea, próximamente, igual á la de la isla de Cuba, y su población

excede de 3.500.000 habitantes. Al N. Cagayán. La Isabela é Ilocos

producen el riquísimo tabaco de su nombre, el más apreciado del

Archipiélago. En el centro Cavite. Pampanga y Batangas bastan por sí

solas para desterrar el concepto de holgazanes de que en la península

disfrutan los filipinos; las más ricas de nuestras provincias no

superan en la maestría de sus cultivos á las que dejamos mencionadas;

pruébalo la bondad de los productos, el activo comercio que sostienen,

el bienestar que sus habitantes disfrutan y el rápido aumento de

población que en pocos años han experimentado.

Ambos Camarines y Albay al S. concluyen de patentizar la inmensa

riqueza de Luzón. El abacá, ese preciado filamento que constituye

un privilegio exclusivo de las Filipinas, tiene en estos volcánicos

terrenos el mayor centro de producción, fomentando la riqueza de

estas provincias hasta hace poco empobrecidas é incultas.

La isla de Mindanao, aunque algo menor en extensión que la de Luzón, no

cede á ésta en la fecundidad de sus tierras y bondad de los productos,

si bien con la enorme ventaja que le dá su riqueza mineralógica

sobre las demás islas del Archipiélago. En el Museo Biblioteca de

Ultramar, que tantas cosas útiles, tantos objetos valiosos para el

estudio y conocimiento de nuestras colonias encierra, y gracias á

la amabilidad de su ilustrado director y distinguido amigo nuestro,

el Sr. D. Francisco Vigil, hemos podido encontrar manuscritos en

los que se dá á conocer con toda clase de detalles la existencia de

grandes yacimientos hulleros en la jurisdicción del pueblo de Naanan,

del segundo distrito de Mindanao (Surigao.) Tanto en éste como en el

de Misamis, se encuentran inmensas porciones de terrenos que atesoran

riquezas auríferas, tanto ó más reproductivas que las de Australia,

cuya existencia ha sido confirmada por los reconocimientos que en

distintas épocas ha practicado el Ingeniero de minas Sr. Centeno.

Los distritos de Cottabato, Zamboanga y Davao, aunque poblados por

la raza fanática é indolente de los malayos mahometanos, producen

abundancia grande de arroz y café, ambos productos de tan excelente

calidad que pueden competir con los más acreditados del mundo,

dando origen á un comercio reproductivo, suficiente á subvenir á las

necesidades de aquel pueblo, cuya preferente ocupación es la guerra.

A pesar de ésto, gran porción de Mindanao se encuentra inculta,

sin que en ella se hayan notado hasta ahora esos signos indelebles

que acusan los progresos de una civilización ávida de remover las

riquezas de tan espléndidos países, donde el reino mineral guarda

tesoros incalculables recubiertos de bosques, cerrados hoy por las

frondas de una exuberante vejetación que se propaga y crece, no al

cuidado de un cultivo inteligente, basado en los adelantos de las

ciencias agronómicas, sino libre y salvaje, fecundada por lluvias y

rocíos al amparo de las tibias caricias de aquel clima incomparable.

Mindanao: Su Historia y Geografía · 第 8 / 15 题