El resumen de estos datos demuestra que en el año 1879 la exportación
sólo superaba á la importación en 500.000 pesos, y que en el año 1889
el fomento de la producción es tal en Filipinas, que duplicando la
exportación supera en más de 10 millones de pesos á la importación.
La agricultura es lo que más prospera en la fértil Filipinas. Fuera
del consumo local, que no debe ser insignificante, exportó en el
año 89, 12.500.000 pesos en azúcares, más de 14 millones en abacá,
2.500.000 en café, más de 3 millones en tabaco y cerca de 500.000
en cocos; es decir, que casi su total exportación, ó sean más de 30
millones de pesos de los 35 á que ésta se eleva, tienen su origen en
la agricultura; y como quiera que el chino no se dedica á las faenas
del campo, y la emigración peninsular tampoco aporta esta clase de
elementos, tenemos, que aquella raza tan vejada, el indio, que por no
prestarse á las indignas explotaciones que de él requiere el ignorante,
incapaz de apreciar los sanos preceptos de la colonización española,
después de cubrir todas sus necesidades, lanza al exterior enormes
cantidades de los apreciadísimos productos de su suelo.
Ahora bien; si el problema de los cambios sobre la península acarrea
á Filipinas una atmósfera preñada de desconfianzas y suspicacias,
con notable perjuicio del comercio español y de las relaciones
estrechas que deben existir entre dos pueblos cobijados por una misma
enseña nacional, esto no hay que cargarlo en el debe de aquel país;
de ello son directamente responsables los que toleran tan indignas
explotaciones, amasadas con su propio desprestigio. Filipinas remite á
España más productos que de ella recibe. Desde Filipinas se remesan á
Inglaterra y otros países enormes cantidades de productos agrícolas,
que superan en algunos millones de pesos á lo que aquellos importan
en el Archipiélago.
De ésto resulta, que la producción filipina sitúa en Europa cantidades
suficientes para responder con exceso á cuantas garantías pudieran
exigir de un país floreciente las naciones que con él sostengan
relaciones mercantiles.
Fácil es deducir por los anteriores datos, que en Filipinas esos
elementos productores que son el nervio y la vida del comercio, y que
tan ineptos se les cree en nuestro país, ponen en juego mayor suma de
actividad en las explotaciones agrícolas que el raquítico comercio,
intermediario entre el productor y los mercados consumidores de Europa
y América.
La usura es otra de las calamidades que afligen en grado superlativo
á la agricultura filipina; tan escandalosa es en aquel país la
explotación por este medio hecha del pequeño agricultor, que puede
decirse, con toda seguridad, que su monopolio es causa de porfiadas
luchas en la provisión de los cargos de funcionarios municipales,
puesto que la autoridad del _Gobernadorcillo_ es la que facilita el
cobro de las cantidades ó productos que remuneran tan _honradísimo
comercio_.
Esto, como es natural, aminora el estímulo por la escasez de beneficio
y determina una notable disminución en la riqueza por el menor número
de cultivadores.
Resumiendo cuanto llevamos dicho, á fin de robustecer y justificar
nuestra opinión en tan interesante asunto, somos de parecer que un
pueblo como el filipino, que etnográficamente considerado se encuentra
en la misma situación que se hallaba hace tres siglos, cuando el
país fué ocupado de un modo efectivo por nuestros antepasados, en el
que los caracteres etnológicos de sus moradores no han sufrido más
transformación que la variante en sus creencias religiosas, y que,
á pesar de ésto, tan admirablemente se adapta á los adelantos de la
época, es forzoso concederle que camina á pasos agigantados en la
senda del progreso. La agricultura, que hace cincuenta anos tenía
limitadas sus operaciones á satisfacer las necesidades del consumo
local, crece de un modo fabuloso, traspasa sus ordinarios límites,
y llega á Europa y América con sus productos, logrando que se los
tenga en grande estima.
El comercio secunda estas iniciativas prestándose á la obra con que
el agricultor le brinda, aunque cegado por la avaricia neutraliza
una gran parte de las energías productoras.
La industria se asimila los adelantos más adecuados á la perfección
y bondad de sus productos, viendo su importancia restringida en
la parte de fabricación por la especial constitución geológica del
país. La población se duplica en cuarenta años. El indio presiente
el espíritu democrático del siglo, y todo en fin, refleja en aquel
país las ansias de una perfección retardada por los accidentes de
la historia. Sólo una cosa conserva allí la secular organización y
carácter que se le imprimiera hace siglos: la Administración del
Estado en sus diferentes ramos. Esta, se distingue en un todo de
cuanto rige en las demás colonias del mundo.
Si bien el carácter del legislador resulta simpático por la democracia
que de sus disposiciones emana, los encargados de vigorizar éstas
mismas las desfiguran en su aplicación á la práctica, exornándolas
de una aureola de suspicacias y recelos que les dá carácter despótico
y anti-nacional de que en su esencia se encuentran desposeídas y que
estuvo siempre lejos del ánimo del legislador.
El rehuir la enseñanza del idioma patrio y las trabas puestas á la
radicación del elemento peninsular son los dos grandes borrones de
la Administración de España en Filipinas, constituyendo formidable
barrera interpuesta entre el europeo y el indígena, imposibilitados
de fraternizar sin mediadores tan poderosos como son la comunidad en
la familia y en el idioma, cuando la unidad de creencias religiosas
estrecha la distancia de dos pueblos tan profundamente identificados,
á pesar de la enorme distancia etnográfica con que la naturaleza les
ha separado.
Esta es la exposición del estado en que según nuestra apreciación se
encuentran hoy las Filipinas, si bien dejando de tratar algunas de
las condiciones sociológicas y políticas, de las que hemos creído
prudente prescindir por no lanzar censuras en las cuales haríanse
resaltar las suspicacias injustificadas, causantes del abandono en
que los principios que informan el derecho civil se tienen en aquel
país, en el que no existiendo palpitaciones políticas que repercutan
unísonas al compás del gran corazón de la patria, mantienen en la
más punible orfandad á los que veneran los principios de una unidad
imperecedera como origen de próspera fraternidad, dejando el campo
libre sin otro atractivo en estos ideales á aquellos que por ambición
desmedida é injustificada sustentan las bastardas pasiones de un
prematuro separatismo.
De estos principios hemos de partir para fundamentar el concepto
formado de aquellas reformas consideradas indispensables por la
opinión, si España ha de modelar en las Filipinas bases robustas en
que se asientan las aspiraciones de un porvenir venturoso, libre de
las asechanzas y turbulencias que sin fruto agotan las energías de
nuestros hermanos de América, debilitando su unidad y poniéndolos en
el trance bochornoso de encontrarse fustigados en su soberanía por
aquel coloso del Norte, que hambriento de dominio aspira á relegarlos
al triste estado de provincias conquistadas.
El porvenir de Filipinas estriba en la oportunidad con que se planteen
las dos reformas hace tiempo señaladas por aquella parte de la opinión,
que imparcial y conocedora del país, juzga como suyos los triunfos de
una administración continuadora de los sanos principios que atesoran
las sabias leyes dictadas por nuestros antepasados, celosos de que la
preponderancia del poderío colonial de España estuviese fundamentada
en la hidalguía de sus principios humanitarios.
Estas reformas, que son la colonización y el encauzamiento del
comercio hacia la metrópoli, tienen una aspiración única, y ésta es
la españolización del país por la extensión de la raza peninsular,
que en su mezcla con la indígena dá origen á ese otro pueblo vigoroso
y enérgico que hoy lleva el nombre de mestizo. Esta nueva raza tiene
demostrado que desde el claustro universitario al campo de batalla,
sin dejar en claro la atmósfera ideal del arte, todo lo domina,
contando con aptitudes para servir de base á una nación briosa, que
tanto frente al poderío japonés como ante las colonias de explotación
con que le rodean ingleses y holandeses, sea gallarda representación de
la gran moralidad y extraordinarias facultades que para la colonización
atesora el pueblo ibero.
Para conseguir esto, es necesario prescindir de la suspicaz y
sistemática enemiga que nuestra burocracia mantiene contra esta raza
mezclada, y dejar á un lado temores imaginarios que hacen apreciar
á las Filipinas como fosa siempre abierta para el europeo.
Es necesario que en grandes cantidades llevemos allí nuestra sangre;
pero no la sangre anémica que engendra la atmósfera impura de las
grandes ciudades, sino la vigorosa que anima y dá energías á nuestros
cultivadores para no desmayar en las rudas faenas con que fructifican
sus campos, yermos ya de tanto producir.
Ha llegado el momento en que la colonización de las Filipinas con
elementos peninsulares se impone; pero no una colonización en la que
se pretenda abusar de la superioridad de raza de uno de los elementos
sobre el otro para establecer una esclavitud más ó menos embozada.
No una colonización como la seguida por civilizado país de Europa en
vecina próxima de las Filipinas; me refiero á Holanda y Java.
En aquel territorio, la perversión del sentido moral llega á su más
alto grado; allí se encuentra organizado por los que representan
el progreso un plan de explotación cual no se registra otro ejemplo
en las colonias contemporáneas, manteniendo á sus habitantes en el
mismo estado de atraso en que hace siglos se encontraban, con la
sola diferencia de que en época más remota fueron los árabes la raza
superior y explotadora; y hoy se encuentra en el pleno goce de tan
inícuo monopolio, una de las naciones que, si no por su extensión
territorial, sí por su cultura, blasona en Europa de encontrarse á
la cabeza del progreso intelectual.
Las bases fundamentales que conforme á los progresos de la ciencia y
á las leyes de la historia estamos obligados á implantar de un modo
enérgico en Filipinas, si hemos de españolizarlas, están claramente
marcadas en aquellos principios sociológicos que huyendo de las
utópicas teorías de nuestras antiguas leyes, hacen de la industria
y el comercio el más seguro agente para la divulgación del progreso,
quedando la fuerza relegada á mero auxiliar de la obra civilizadora
que se ejecuta.
De ésto se deduce, que la colonización debe efectuarse en condiciones
que llene aquellos fines, armonizando el bienestar del elemento
colonizador y del colonizado, y fomentando el desarrollo de la riqueza
mediante una acertada explotación de sus productos naturales, que
lo mismo beneficie á los indígenas, sin distinción alguna de castas,
que á los nacidos en la península, cuya misión allí no es de dominio
ni de conquista, puesto que las colonias, como sabiamente disponen
nuestras leyes, sólo deben ser una continuación de la metrópoli por la
extensión de la raza, que al confundirse con la indígena le presta
los elementos indispensables para su transformación etnológica,
poniéndola en condíciones de alcanzar el nivel intelectual de los
pueblos civilizados.
Practicando rigurosamente este principio, lograremos contrarrestar
esa ley fatal de la Historia que impide en nuestra raza el que la
influencia directa de la metrópoli obre sobre la colonia hasta su
completa mayoría de edad moral.
¿Queremos que no ocurra en Filipinas lo que con la América latina? Pues
hagamos dos cosas: explotemos convenientemente el suelo haciéndole
producir los ricos tesoros de su fecundización, y no perdamos medio
para que miles de familias peninsulares lleven á aquellos lejanos
países sus energías, sus conocimientos y adelantos, mezclen su sangre
con la del indio, creen allí intereses y alejen por completo la más
remota sospecha de una separación violenta.
Por último, nos permitiremos hacer algunas indicaciones que, aunque
no se fundamenten en bases de origen conocido, el patriotismo,
que presiente á veces con delicado instinto la más tenue nube que
pueda empañar el claro horizonte que circunda la tranquilidad de la
nación, nos obliga á manifestar algunos recelos nacidos al comparar
los distintos elementos que constituyen la población y la riqueza en
el estado actual de las Filipinas.
Lo mismo que anteriormente, consideramos como un deber el sincerar al
filipino del erróneo concepto en que se le tiene en nuestra patria,
distanciando así dos pueblos íntimamente ligados por lazos que
pueden llegar á ser indestructibles; también creemos que aquel país
se encuentra muy próximo, á la resbaladiza pendiente que vendría
á determinar graves conflictos, funestos para la gran patria que
veneran todos los buenos españoles.
Por eso nos permitimos recordar á los poderes constituídos
que en Filipinas el comercio peninsular no tiene arraigo y la
representación de nuestra raza es muy raquítica para poder neutralizar
el incontrastable empuje del elemento asiático que allí impera, no
sólo por el número, que ya hacen respetable los cien mil mestizos
sangleyes que existen, sino por ser los principales acaparadores de
la riqueza del país y encontrarse perfectamente organizados y con una
unión que distan mucho de imitar nuestros compatriotas, por más que
ésto obedezca á manejos que, si hoy no alcanzan á llamarse políticos,
pudieran ser precursores de una hostilidad que en momento dado diese
funestos resultados para la integridad de la patria, ocasionando
desquiciamientos siempre dolorosos cuando no están justificados por
las leyes naturales del progreso.
Las islas Filipinas, que comprenden una gran porción de la subdivisión
Oceánica llamada Malasia, ocupan un área de 80.000 leguas cuadradas, en
la que se encuentran repartidas sobre unas 1.200 islas que alcanzan en
junto á más de 300.000 kilómetros cuadrados de territorio. Entre éstas,
las más importantes, aquellas de que nos hemos de ocupar, no exceden
de 20, que son las que por su situación geográfica, su extensión
y riqueza, historia, usos y costumbres, determinan la formación de
grupos distintos cuyo estudio es de interés en esta ocasión.
Entre todas, y á modo de ramilletes gigantescos festoneados con las
espléndidas frondas de aquella exuberante y rica vegetación tropical,
circundan limitándola una gran porción de agua; mar interior que
á semejanza del Mediterráneo en nuestra Europa, ha sido y será
por largo tiempo el foco convergente de las más potentes energías
del Archipiélago, de la industria y del comercio, y donde la mayor
densidad de población acusa con su plétora de vida el bienestar que
la riqueza proporciona.
Sus aguas son surcadas de contínuo por frágiles embarcaciones que
transportan los productos de unas á otras islas, sosteniendo un activo
tráfico de cabotaje, que reuniendo las mercancías en los puertos de
Cebú, Ilo-Ilo y otros menos importantes, los ponen en condiciones
de abastecer el gran mercado del Archipiélago, Manila, y exportar
directamente al exterior enormes cantidades de azúcar, café, cacao,
abacá, tabaco y otra infinidad de productos que por su bondad son
tenidos en grande estima.
El mar de Joló ó de Mindoro, que con ambos nombres se le designa, está
limitado al N. por la costa S. de Luzón, comprendiendo las provincias
de Batangas, Tayabas, Camarines y Albay. Por el E. Mindoro y la
dilatada isla de Paragua, que corriéndose desde esta última hasta
la de Borneo lo cierra por aquella parte formando el estrecho de
Balábac. Al O. Samar, Leyte y Mindanao le separan del Pacífico, con
el que sólo comunica por algunos estrechos de tan corta latitud que
en la subida y bajada de mareas su navegación es peligrosisima por la
impetuosa corriente de las aguas que los cruzan. Por el S. constituyen
su barrera una serie de pequeñas islas que forman los Archipiélagos de
Joló y Tauitaui, grupos insignificantes por su extensión territorial,
pero el más poderoso baluarte, desde el cual las feroces y piráticas
huestes mahometanas han sembrado la desolación y la ruina de aquellas
costas, las más ricas del Archipiélago, llevándolo todo á sangre y
fuego, esclavizando á los hombres robustos, violando á las doncellas
y dando muerte cruel al anciano, cuyos músculos no fuesen capaces de
soportar la dura faena del remo.
En el NO. del mar de Mindoro que dejamos reseñado, y como espléndido
remate á la admirable posición geográfica con que la naturaleza ha
dotado á las Filipinas, tanto en relación con los países inmediatos
como también para facilitar el fomento de la propia riqueza, se
encuentra el grupo de las Visayas, islas hasta hace poco relegadas
al más vergonzoso atraso bajo la tiránica opresión de la piratería
joloana, pero que influídas hoy por el ambiente de paz que hace años
disfrutan, constituyen con las inmediatas provincias del S. de Luzón
el emporio verdadero de la riqueza y de la producción en aquel país.
_Panay._--La más rica comercial y la que por su producción es llamada,
con justicia, el granero de Filipinas. Sus 11.500 km. superficiales
albergan cerca de un 1.000.000 de habitantes. En sus costas se
encuentra el puerto de Ilo-Ilo, el segundo del Archipiélago por la
cuantía de la exportación y por su importancia mercantil.
_Negros._--Que deshabitada hace cuarenta años cuenta hoy con 250.000
habitantes en un territorio de 8.000 km.2 Está reputada de que en
sus fértiles vegas se cosecha en gran parte la enorme exportación
azucarera que sostiene el Archipiélago.
_Cebú._--La más industrial de todas; la que con Panay comparte la
fabricación del riquísimo _nipis_, tela preciosa que sostiene con
ventaja la competencia con los más preciados tejidos extranjeros.
Nos dá el ejemplo de su valía, con la construcción, sin el auxilio
oficial, de líneas férreas que den salida á los carbones que en sus
entrañas atesora; y que en sus 4.183 km. de superficie, cuenta con
una industriosa población de más de 350.000 habitantes.
_Leyte._--Aunque no tan rica y habitada como las que dejamos
reseñadas, Leyte vá progresando rápidamente, llegando hoy á contar
con más de 250.000 almas en los 9.500 km. que constituyen su extensión
superficial. En día no lejano las riquísimas minas de hierro que en sus
entrañas esconde esta isla, darán lugar á reproductivas explotaciones,
como hoy ya se hacen con los azufrales de Burauen.
La isla de Bohol ó Bojol, esa á la que Cavada llama la hija desheredada
de esta espléndida naturaleza intertropical, comprende una superficie
de 3.250 km., ocupada por 250.000 habitantes.
El calificativo aplicado por Cavada á este territorio pudo ser
de oportunidad en otra época; hoy Bojol aumenta rápidamente las
explotaciones agrícolas, cosechando en gran cantidad el café más
apreciado, cuyo cultivo concluirá por invadir una gran parte de los
territorios que se mantienen incultos.
_Masbate._--Próxima á las costas de Luzón; en sus feraces territorios
apacentan las más famosas ganaderías del Archipiélago.
_Mindoro._--Muy extensa, pero tan despoblada, que sólo cuenta con unos
67.000 habitantes en los 10.167 km. superficiales que la constituyen.
La riqueza forestal de esta isla es tan grande y variada, que puede
compensar con exceso las dificultades que la roturación presentara para
el cultivo de sus campos, efectuado por una inteligente explotación
agrícola.
Allí abundan las maderas preciosas, representadas por el ébano y
sándalo: las de utilidad, como el molave, dungón, ipil y otras,
que aparte su aplicación en las edificaciones urbanas alcanzarían
gran estima si llegasen á ser empleadas en la construcción de líneas
férreas.
El Ilang-Ilang, ese árbol precioso que en la esencia de su flor, no
sólo encierra el más preciado de los perfumes, sino también un elemento
de riqueza, forma en Mindoro bosques extensos donde la codicia del
hombre, ciega por el deseo del lucro, no se contenta con el producto
de la flor, y destruye miles de plantas para obtener de su jugo una
pequeñísima parte del codiciado líquido; exígua recompensa que pone
de manifiesto _él exceso de avaricia, la falta de sentido práctico_
que se observa en la explotación de los veneros de riqueza que atesora
el Archipiélago.
La despoblación de esta isla está plenamente justificada.
Los moros necesitaban un punto de apoyo y refugio en el progresivo
desarrollo que hacia el N. del Archipiélago daban contínuamente á sus
periódicas excursiones piráticas, y ésto lo encontraron sin tener que
vencer grandes resistencias, en las magníficas ensenadas de Mamburao
y Paluan, donde se mantuvieron hasta nuestro siglo.
Los naturales, sujetos á la más terrible esclavitud, emigraron á las
provincias próximas, quedando reducida la población á los infieles,
que parapetados en lo abrupto de los montes, supieron mantener su
independencia.
_Samar._--La más próxima á Luzón, de la que sólo le separa el estrecho
de San Bernardino. Hace cincuenta años la isla de Samar estaba
casi despoblada, siendo grande el atraso de su reducido número de
habitantes. La asombrosa fertilidad del suelo ha hecho afluír á ella
gran número de capitales dedicados exclusivamente á las explotaciones
agrícolas, donde se cosechan con excelentes resultados todos aquellos
productos que, como el café y tabaco, se prestan más á la exportación.
Samar goza de tan excelente salubridad, y sus terrenos admirables
son tan ricos y de topografía tan adecuada para el cultivo, que al
fundarse hace pocos años una colonia agrícola compuesta de peninsulares
exclusivamente, procedentes del regimiento de Artillería que guarnece
á Manila, fué elegido por unanimidad como punto el más adecuado y
donde podían esperarse más brillantes resultados, esperanza que los
hechos han coronado del éxito más completo.
Su extensión superficial es de 12.175 km. y 200.000 próximamente el
número de sus habitantes.
En el confín opuesto á Samar y Leyte, y sirviendo de barrera entre
el mar de Mindoro y el de China, se encuentra la isla de la Paragua,
extensa faja terrestre de 420 km. de longitud y que no alcanza á 40
km. en su mayor anchura, y á 14.000 de extensión superficial. Su
riqueza forestal es enorme, y en la actualidad hay hechas en ella
importantísimas concesiones para la colonización de su territorio.
Terminada esta ligerísima reseña de las más importantes islas que
componen el grupo central del Archipiélago, resta sólo esbozar lo que
son y valen aquellas dos grandes islas que la limitan, la una por el
N. y la otra por el S., Luzón y Mindanao.
La isla de Luzón, la que constituye el extremo N. de aquellos
territorios, requeriría por sí sola un grueso volumen si hubiésemos
de dar somera idea de las castas que la pueblan, de su territorio y de
la inmensa riqueza minero-forestal con que la naturaleza le ha dotado.
Cuenta con una extensión superficial de más de 100.000 kilómetros,
ó sea, próximamente, igual á la de la isla de Cuba, y su población
excede de 3.500.000 habitantes. Al N. Cagayán. La Isabela é Ilocos
producen el riquísimo tabaco de su nombre, el más apreciado del
Archipiélago. En el centro Cavite. Pampanga y Batangas bastan por sí
solas para desterrar el concepto de holgazanes de que en la península
disfrutan los filipinos; las más ricas de nuestras provincias no
superan en la maestría de sus cultivos á las que dejamos mencionadas;
pruébalo la bondad de los productos, el activo comercio que sostienen,
el bienestar que sus habitantes disfrutan y el rápido aumento de
población que en pocos años han experimentado.
Ambos Camarines y Albay al S. concluyen de patentizar la inmensa
riqueza de Luzón. El abacá, ese preciado filamento que constituye
un privilegio exclusivo de las Filipinas, tiene en estos volcánicos
terrenos el mayor centro de producción, fomentando la riqueza de
estas provincias hasta hace poco empobrecidas é incultas.
La isla de Mindanao, aunque algo menor en extensión que la de Luzón, no
cede á ésta en la fecundidad de sus tierras y bondad de los productos,
si bien con la enorme ventaja que le dá su riqueza mineralógica
sobre las demás islas del Archipiélago. En el Museo Biblioteca de
Ultramar, que tantas cosas útiles, tantos objetos valiosos para el
estudio y conocimiento de nuestras colonias encierra, y gracias á
la amabilidad de su ilustrado director y distinguido amigo nuestro,
el Sr. D. Francisco Vigil, hemos podido encontrar manuscritos en
los que se dá á conocer con toda clase de detalles la existencia de
grandes yacimientos hulleros en la jurisdicción del pueblo de Naanan,
del segundo distrito de Mindanao (Surigao.) Tanto en éste como en el
de Misamis, se encuentran inmensas porciones de terrenos que atesoran
riquezas auríferas, tanto ó más reproductivas que las de Australia,
cuya existencia ha sido confirmada por los reconocimientos que en
distintas épocas ha practicado el Ingeniero de minas Sr. Centeno.
Los distritos de Cottabato, Zamboanga y Davao, aunque poblados por
la raza fanática é indolente de los malayos mahometanos, producen
abundancia grande de arroz y café, ambos productos de tan excelente
calidad que pueden competir con los más acreditados del mundo,
dando origen á un comercio reproductivo, suficiente á subvenir á las
necesidades de aquel pueblo, cuya preferente ocupación es la guerra.
A pesar de ésto, gran porción de Mindanao se encuentra inculta,
sin que en ella se hayan notado hasta ahora esos signos indelebles
que acusan los progresos de una civilización ávida de remover las
riquezas de tan espléndidos países, donde el reino mineral guarda
tesoros incalculables recubiertos de bosques, cerrados hoy por las
frondas de una exuberante vejetación que se propaga y crece, no al
cuidado de un cultivo inteligente, basado en los adelantos de las
ciencias agronómicas, sino libre y salvaje, fecundada por lluvias y
rocíos al amparo de las tibias caricias de aquel clima incomparable.