Raras veces, Excmo. Sr., dedicatoria alguna se elevó como en la
ocasión presente, desde modesto nivel á la elevada posición de
conspicua personalidad, sin que fuese guiada por interesada mira.
Esto, que al fin no fuera de extrañar en España, donde la pluma, bien
ó mal manejada, se consideró siempre como patrimonio casi exclusivo
del necesitado de bienes de fortuna, no es aplicable á mí en el
presente caso.
Educado desde muy joven, casi un niño, en la ruda franqueza que
con moralidad ejemplar constituye hábito inseparable del soldado,
no pretendo con esta dedicatoria el apoyo del hombre superior, cuyos
talentos, aquilatados ya en las luchas políticas, le han conquistado
posición envidiable en las más altas esferas gubernamentales, sino
demostrar así mi afecto respetuoso al militar bizarro, que rodeado
de merecidos prestigios y del cariño de sus subordinados constituye
una legítima esperanza para el Ejército.
Dígnese pues, Excmo. Sr., aceptar este testimonio de respetuosa
consideración de su afectísimo subordinado y s.s.
q.b.s m.