Una noticia que nos produjo á Lara y á mí gran efecto al llegar á
Hontoria fué la de que la mujer de Martinillo, al saber su viudedad,
había muerto.
La Teodosia acababa de tener una niña. Debilitada por el puerperio y
triste por estar separada de su marido, no se restablecía rápidamente.
Fermina la Navarra le había dicho que Martinillo estaba en la Vid.
La Teodosia se resignaba á no ver á su marido á su lado, cuando
entraron una mañana en su cuarto unas comadres, y por sus reservas y la
compasión que le manifestaron, comenzó la enferma á tener vehementes
sospechas de una desgracia.
La Teodosia pidió á gritos que le dijeran lo que pasaba, y al saber la
muerte de su marido le dió un síncope y quedó muerta.
Le avisaron á Fermina, y ésta, furiosa, no se contentó con menos que
con echar á latigazos de la casa á las dos viejas comadres que por su
estupidez habían producido aquella desgracia. A los guerrilleros todos
les pareció muy bien el arrebato de Fermina.
Fermina la Navarra, que era una buena mujer, á pesar de su barbarie y
de su crueldad con el enemigo, decidió adoptar á la niña, á quien se
bautizó y se llamó Teodosia, como su madre.
Fermina decidió llevar á la niña á una nodriza de Huerta del Rey,
y con frecuencia Lara y yo solíamos ir á ver á la chica, á quien
considerábamos como hija adoptiva...
Estuvimos casi completamente en paz unos meses, sin tener grandes
encuentros. La guerra de partidas se iba haciendo más regular á medida
que los núcleos crecían y se uniformaban.