El parte alarmó extraordinariamente á Bontemps. Temía ser cortado y
atacado en el monasterio. Al instante hizo fortificar el parapeto
mandado construir á su llegada por Bremond y formar otro en el extremo
del puente próximo al monasterio. Colocó cincuenta soldados de
infantería para defender estos dos puntos.
Suponía que, ayudados por los fuegos de las ventanas del convento,
podrían resistir largo tiempo en caso de asalto. Pocos hombres en este
sitio bastaban para contener á Merino si se presentaba.
Luego montó á caballo, corrió á Vadocondes con una escolta de diez
húsares, decomisó los carros que pudo y cerró también allí la cabeza
del puente.
Había hecho de antemano salir del monasterio cincuenta soldados de
infantería y mandado le siguieran.
Cuando llegaron éstos, la barricada del puente de Vadocondes se hallaba
concluída.
Volvió después Bontemps á la Vid y envió un pelotón de húsares y de
gendarmes á patrullar por el camino de legua y media que va del puente
de la Vid al de Vadocondes. Consideraba imposible el paso de los
españoles por El Duero; el río venía muy crecido por las lluvias.
Como todavía le quedaba gente disponible, ordenó á una partida de
húsares rondase San Juan del Monte, en observación del camino de
Aranda, por la derecha del río y las avenidas del monasterio.
Mientras tanto, Merino, poco decidido á probar fortuna, ó no queriendo
deslucir la jornada de Hontoria, después de alarmar los contornos nos
ordenó la vuelta á la sierra.
El comandante Bontemps, al pasar dos días y no verse atacado, exploró
él mismo el camino de Aranda y lo vió, con sorpresa, sin enemigos.
Temía una emboscada; pero como le iban faltando los víveres, decidió
partir al día siguiente con todas las tropas y con el coronel herido.
El abad don Pedro de Sanjuanena le prestó cincuenta hombres de las
granjas de Guma y de Zuzones, colonos del convento.
Remudándose á cortos trechos, llevarían al coronel herido hasta Aranda.
Bontemps pensaba marchar con toda la velocidad posible y recorrer en
cinco ó seis horas las tres leguas y media que hay desde la Vid á
Aranda de Duero.
Hechos los preparativos, al anochecer se retiraron los húsares de la
avanzada de San Juan del Monte y se unieron con los expedicionarios.
Colocaron en la camilla un jergón, dos colchones y varias almohadas,
para que el coronel Bremond fuese sentado. El comandante Bontemps envió
un propio á los soldados del puente de Vadocondes avisándoles que por
la noche se reuniría con ellos. El convoy se puso en marcha rápidamente.
Cincuenta húsares marchaban á vanguardia; después cien infantes; en
medio de ellos el coronel en su camilla, y á retaguardia los gendarmes
y dragones salvados del desastre de Hontoria.
El cirujano don Juan Perote iba á caballo al lado del herido.
Llegó la columna á Vadocondes y se le reunieron los cincuenta soldados
de infantería que guardaban el puente.
Aseguraron éstos no había novedad por los contornos; se dió un
refrigerio de pan y vino á los granjeros y á la tropa, y se dispuso
seguir adelante.
El comandante del convoy ordenó á un pelotón de húsares, al mando de un
sargento, se adelantara hasta Fresnillo de las Dueñas y se enteraran de
si el camino estaba libre.
Pronto volvieron dos jinetes á decir que no se advertía nada sospechoso.
Siguió el convoy á Fresnillo, y desde aquí mandó Bontemps un parte á
Courtois preguntándole si pasaba algo.
Courtois contestó diciendo: «No hay novedad en la villa; se ignora el
paradero de Merino; han desaparecido las avanzadas enemigas de Quemada
y Zazuar. Podéis avanzar».
En vista de estas noticias, continuó el convoy su marcha, y al amanecer
llegaban los franceses á las puertas de Aranda. Courtois les esperaba
en la cabeza del puente con parte de la guarnición.
Entraron las fuerzas en la villa, llevaron al herido á casa de don
Gabino Verdugo, una de las personas más importantes de la población, y
le subieron en la camilla al cuarto dispuesto para él.
Bremond mandó se repartiese su dinero entre los granjeros que le habían
llevado. Bontemps y los soldados fueron á sus respectivos cuarteles.
Al día siguiente el cirujano Perote, acompañado de un médico francés
de regimiento, visitó al coronel, sondaron entre los dos la herida y
extrajeron la bala.
Los facultativos aseguraron que antes de un mes el coronel se hallaría
completamente bien y podría montar á caballo.