Nuestra fuerza quedó fuera del foco de la lucha.
En vista de ello, abandonamos el pinar y escalamos un cerro.
Desde aquel punto podíamos presenciar la acción.
El coronel francés mandó á la primera fila de los dragones, más
acostumbrados que los gendarmes á esta clase de luchas, que echaran pie
á tierra y comenzaran el fuego. Los que se encontraban á la orilla del
camino bajaron de sus caballos y comenzaron á disparar.
Mientras los dragones, á pie, contestaban á nuestra fuerza, por detrás
de ellos fueron pasando de dos en dos los demás jinetes, encorvándose
sobre el cuello del caballo para ofrecer menos blanco.
Los guerrilleros seguían con su fuego graneado; los franceses lanzaban
sus descargas con una precisión automática.
Cuando el camino quedó desembarazado, los dragones franceses se
guarecieron detrás de los caballos.
Entonces toda la línea enemiga se batió admirablemente. Se detenían
unos y recogían los heridos mientras los otros disparaban. Después
continuaban de nuevo la marcha.
En tanto, los pelotones franceses que se habían agrupado en la salida
del desfiladero al mando del comandante Fichet, se acercaron á la loma
en donde estaba el Jabalí y le desalojaron de ella. El Jabalí tenía
orden de Merino de no trabar combate y de retroceder.